3 agosto 1977
Fue apartado del poder por un golpe de Estado en julio de 1974 pero restituido en diciembre de ese mismo año
Muere el jefe de Estado de Chipre, Makarios, cerrando un capitulo de la historia de un territorio marcado por las tensiones entre griegos y turcos
Hechos
El 3 de agosto de 1977 falleció el arzobispo Makarios, jefe de Estado de Chipre.
Lecturas
En diciembre de 1974 Makarios fue restituido como presidente de Chipre.
Este teólogo ortodoxo griego y político chipriota fue arzobispo de Chipre desde 1950. A partir de 1955 aproximadamente cooperó con la oposición contra los británicos (EOKA).
En 1956-1957 fue desterrado por los británicos a las islas Seychelles, de donde regresó en 1959 y, tras la independencia de la isla, asumió el cargo de presidente. Antes del golpe de Estado de 1974 por parte de golpistas griegos huyó al extranjero.
Sin embargo a finales de ese mismo año volvió a la isla de Chipre de nuevo como jefe de Estado.
El Análisis
El 3 de agosto de 1977 falleció el arzobispo Makarios III, figura central de la historia de Chipre moderno y primer presidente de la República tras la independencia en 1960. Durante diecisiete años, el prelado convirtió su autoridad espiritual en poder político, encarnando tanto la esperanza de un pueblo como las contradicciones de un Estado nacido bajo tensiones externas. ¿Fue el gobierno de Makarios democrático? En parte sí: Chipre tuvo elecciones, parlamento y cierta pluralidad política, pero la figura del arzobispo-presidente dominó la vida pública con un liderazgo que a menudo rozaba lo personalista. No se trataba de una dictadura al estilo mediterráneo de la época, pero tampoco de una democracia madura: el peso de la Iglesia ortodoxa, la centralización del poder en torno a Makarios y la represión de opositores nacionalistas o pro-turcos mostraban un sistema híbrido, a medio camino entre tradición teocrática y república moderna.
Su relación con Grecia y Turquía marcó siempre el rumbo de la isla. Con Atenas, pasó del respaldo a la enosis —la unión con Grecia— a un pragmatismo cada vez mayor, consciente de que insistir en esa idea arrastraba a Chipre al desastre, como ocurrió con el golpe de 1974 respaldado por la junta militar griega. Con Ankara, la convivencia fue imposible: Turquía se erigía en protectora de la minoría turcochipriota y acabó ocupando el norte de la isla tras la invasión de julio de 1974. Makarios, tras su regreso en diciembre de aquel año, gobernó un país fracturado, con un tercio de su territorio bajo control turco y con el horizonte de la reunificación cada vez más lejano. Supo mantener la legitimidad de la República de Chipre en el escenario internacional, pero no logró revertir la partición de facto que aún hoy marca la isla.
La muerte de Makarios abría una incógnita: ¿qué Chipre quedaba sin su líder histórico? El país seguiría siendo una república presidencialista, pero ahora sin la figura carismática que unía —o sometía— a griegos chipriotas bajo un mismo paraguas. Su sucesor provisional, Spyros Kyprianou, hereda un Estado en crisis permanente, atrapado entre las presiones de Grecia, Turquía, la ONU y las comunidades divididas en la isla. Makarios deja tras de sí un legado ambivalente: padre de la independencia y símbolo de resistencia, pero también responsable de un régimen con tintes autoritarios y de una política que nunca supo resolver la brecha entre griegos y turcos. Sin él, Chipre enfrenta el reto de demostrar si puede convertirse en una democracia plena o si seguirá siendo rehén de los fantasmas que marcaron el siglo XX.
J. F. Lamata