14 julio 1977

Un Golpe de Estado en Pakistán acaba con el Gobierno de Ali Bhutto dando inicio a la dictadura del General Zia

Hechos

El 5.07.1977 un Golpe de Estado dirigido por el jefe del Estado Mayor de Pakistán derrocó al primer ministro, Zulfikar Ali Bhutto.

Lecturas

En 1971 se proclamó la independencia de Bangladesh.

ALI BHUTTO SERÁ CONDENADO A MUERTE

Zulfikar Alí Bhutto será condenado a muerte en la horca tras ser delcarado culpable de ordenar el asesinato de Ahmed Reza Kasuri, miembro de la oposición en 1974.

Ali Bhutto de 50 años fue derrocado del poder el pasado mes de julio por un golpe de Estado.

Además de Bhutto el Alto Tribunal de Lahore ha condenado a cuatro presos más, acusados de complicidad en el asesinato de Ahmed Reza. Los cinco condenados se han declarado inocentes de las imputaciones formuladas por el ministerio público, y pretenden recurrir contra la sentencia apelando al Tribunal Supremo Nacional y al presidente civil Fazal Elahi Chandhury. Pero lo más probable es que se cumpla la sentencia ya dictada.

Bhutto será ejecutado en abril de 1979. 

El Análisis

El fin del mandato de Ali Bhutto

JF Lamata

El 5 de julio, un golpe de Estado militar encabezado por el jefe del Estado Mayor, general Mohammed Zia-ul-Haq, derrocó al primer ministro paquistaní Zulfikar Ali Bhutto, poniendo fin a un mandato tan ambicioso como controvertido. Bhutto había llegado al poder tras la traumática derrota de Pakistán en la guerra de 1971 y la secesión de Bangladesh. Con un programa de inspiración socialista, fundó el Partido Popular de Pakistán, nacionalizó sectores estratégicos de la economía y buscó proyectar la imagen de un líder modernizador y carismático. Sin embargo, sus reformas no lograron estabilizar el país, crecieron las tensiones sociales y políticas, y las acusaciones de fraude en las recientes elecciones lo debilitaron aún más.

En política exterior, Bhutto trató de equilibrar a su país en la Guerra Fría: estrechó lazos con la Unión Soviética sin romper con Washington, y mantuvo una relación de permanente rivalidad con la India, especialmente tras la independencia de Bangladesh. Su habilidad diplomática lo convirtió en anfitrión de la cumbre islámica de 1974 y buscó fortalecer la identidad musulmana del Estado, pero la fractura política interna lo dejó sin apoyos sólidos. El Ejército, árbitro histórico de la política paquistaní, decidió intervenir una vez más para, según sus palabras, «restaurar el orden».

El nuevo hombre fuerte, general Zia-ul-Haq, representa un giro profundo: formado en la disciplina castrense y con una ideología marcada por el islamismo político, ha prometido convocar elecciones en el plazo de tres meses, aunque muchos observadores internacionales temen que su verdadero objetivo sea prolongar un régimen de carácter autoritario y religioso. Pakistán, que apenas había comenzado a ensayar una democracia bajo Bhutto, vuelve a estar bajo la sombra del uniforme, en una región donde la inestabilidad se convierte en norma y donde cada movimiento de Islamabad tiene repercusiones inmediatas en la India, en el mundo musulmán y en el tablero global de la Guerra Fría.

J. F. Lamata