13 julio 1931
Sustituyó a Miguel Moya como presidente de la Asociación de la Prensa, cargo que ha ocupado hasta su muerte
Muere José Francos Rodríguez, referente periodístico, político y exalcalde de Madrid
Hechos
El 13 de julio de 1931 fallece D. José Francos Rodríguez.
Lecturas
Nació el 5 de abril de 1862 en Madrid en el seno de una familia humilde; su padre era cochero. Estudiante de medicina en el Hospital San Carlos, compatibilizó sus estudios con un trabajo vespertino de recadero en el Museo Antropológico. Después ingresó como interno en el Hospital de la Princesa, situado en Areneros.
Graduado, ejerció la profesión de médico durante una década. Miembro de la masonería iniciado en la Logia Amor.
Fue amigo del periodista y escritor asesinado Antonio Rodríguez García-Vao, con quien compuso algunas obras teatrales. Afiliado al partido demócrata, fue diputado por primera vez por este partido en 1898 representando a Coamo (Puerto Rico), y, sucesivamente, a Almansa y Alicante, hasta mayo de 1923, en que fue nombrado senador vitalicio. Se distinguió como periodista y fue director del Heraldo de Madrid (el periódico de D. José Canalejas). Como periodista adoptó el seudónimo de Juan Palomo. Fue colaborador de ABC, donde publicó la serie «Memorias de un gacetillero», y director de La Justicia (1894) y El Globo (1896-1902). Célebre por su oratoria, fue alcalde de Madrid en dos ocasiones, la primera entre el 10 de febrero de 1910 y el 16 de marzo de 1912 y la segunda entre el 17 de junio de 1917 y el 30 de abril de 1918, y dio nombre a una calle de dicha capital.
También fue gobernador civil de Barcelona entre el 22 de junio y el 30 de octubre de 1913; durante su mandato intentó mediar en la huelga de obreros y obreras textiles del verano de 1913 iniciada por trabajadores de La Constancia. Nombrado director de Correos y Telégrafos, en cuyo cometido encargó un plan para hacer un proyecto de ley por el que se crearía un Instituto Nacional de Telefonía bajo la supervisión de Telégrafos, proyecto que, pese a no ser promulgado, fue el antecedente más directo de la unificación llevada a cabo en 1924 en la CTNE o Compañía Telefónica Nacional de España.
Entre el 19 de abril y el 11 de junio de 1917 fue ministro de Instrucción Pública en un Gabinete presidido por García Prieto, y en 1921 de Gracia y Justicia en un Gabinete presidido por Antonio Maura entre el 14 de agosto de 1921 y 8 de marzo de 1922. Fue también elegido tesorero en 1903 y presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, relevando a Miguel Moya, desde a junio de 1920 hasta su muerte en junio de 1931, ya que no se aceptó su dimisión por enfermedad en ese cargo fue el impulsor de la construcción del Palacio de la Prensa, edificio sito en la plaza del Callao, que inauguró el 7 de abril de 1930; sus compañeros le reconocieron eligiéndolo presidente perpetuo. Fue nombrado académico de la Española en 1924. Fue uno de los vicepresidentes de la Compañía Iberoamericana de Publicaciones fundada en 1924 y dirigida por Ignacio Bauer. Viajó a la Argentina con un cargo diplomático, y escribió al respecto un libro de viajes. En diciembre de 1930 recibió la medalla de Oro del Trabajo. En 1924 se convirtió en académico de la Real Academia Española (silla D), al tomar posesión del cargo con la lectura de El periódico y su desenvolvimiento en España. Escribió numerosas obras de medicina (en especial sobre higiene), teatro, literatura y ensayos en defensa de la igualdad de la mujer como La mujer y la política españolas (1920). Entre sus escritos políticos figuran Esceptismo político de la clase obrera, Las subsistencias y la serie de crónicas que recogió bajo el título general de Memorias de un gacetillero, a la que pertenecen entre otros los volúmenes Contar vejeces, En tiempos de Alfonso XIII, Días de la Regencia y Cuando el rey era niño, importantes para estudiar la vida menuda de entonces. Con Félix González Llana realizó numerosas adaptaciones y traducciones teatrales.Y pone nombre a una estación del metro de Madrid
El Análisis
La muerte de D. José Francos Rodríguez nos arrebata no solo a uno de los grandes nombres del periodismo español, sino a una figura que encarnó como pocos la complejidad —y en ocasiones, la contradicción— de su tiempo. Académico, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, impulsor de generaciones de reporteros y cronistas, Francos Rodríguez fue durante décadas maestro de periodistas y referencia obligada de la pluma bien templada. Su nombre figuró entre los fundadores del periodismo moderno en España, cultivando un estilo sobrio, reflexivo, siempre pendiente de la dignidad de la palabra escrita y de la función social de la prensa.
Pero junto a su brillante trayectoria en el mundo editorial —que lo llevó a dirigir importantes cabeceras y a ser elegido académico de la Real Academia Española—, su figura plantea también un dilema característico de toda una época: la difusa frontera entre prensa y política. Alcalde de Madrid, gobernador civil, ministro de Instrucción Pública y colaborador de distintos gobiernos monárquicos y constitucionales, Francos Rodríguez personificó esa generación de periodistas-políticos para los que la tribuna del diario y el escaño parlamentario eran prolongaciones naturales de una misma vocación de servicio público. Para sus admiradores, ello no fue incoherencia, sino coherencia cívica; para sus críticos, una confusión de roles que debilitaba la independencia del periodismo.
Con su desaparición, se clausura un estilo y una tradición, pero también se nos impone la necesidad de reflexionar sobre la autonomía del oficio periodístico. En un país que inicia el experimento incierto de la Segunda República, donde la prensa será más que nunca un campo de batalla político y moral, el legado de José Francos Rodríguez nos invita a honrar el periodismo comprometido, sí, pero también a delimitar con claridad sus contornos frente al poder. A su altura, ni panegíricos fáciles ni juicios severos: solo respeto profundo a una vida consagrada a escribir, pensar y actuar por y para España.
J. F. Lamata