26 julio 1931
Cambio en la dirección de LA CORRESPONDENCIA MILITAR: Rodríguez Tarduchy sustituye a Rafael Esbry
Hechos
En julio de 1931 se produce un cambio en la dirección de LA CORRESPONDENCIA MILITAR.
Lecturas
En julio de 1931 D. Rafael Esbry Sánchez es reemplazado como director del principal periódico militar de España, La Correspondencia Militar, por D. Emilio Rodríguez Tarduchy. El cambio se justifica en un cambio de empresa. El último cambio relevante se produjo al integrarse el periódico El Ejército Español en La Correspondencia Militar en 1928.
Durante la etapa del Sr. Esbry Sánchez el periódico La Correspondencia Militar se mantenido alineado con las posiciones conservadoras y monárquicas y, por tanto, contrario al nuevo régimen republicano.
El Sr. Rodríguez Tarduchy, alineado en posiciones de derecha radical, no parece pretender cambiar esa línea en un momento en que el Gobierno Azaña tiene previsto prohibir la prensa militar, una norma realizada expresamente para cerrar La Correspondencia Militar.
El Análisis
La designación de Emilio Rodríguez Tarduchy como nuevo director de La Correspondencia Militar marca una continuidad en uno de los órganos de prensa más influyentes dentro del Ejército español. Tarduchy, veterano articulista, ensayista e historiador militar, es una figura conocida por su firme adhesión a los valores tradicionales del estamento castrense, su profundo catolicismo y su explícita simpatía por la monarquía. Su llegada a este puesto clave coincide con un momento crítico: el Gobierno provisional de la República busca consolidar una nueva cultura militar compatible con los principios democráticos y civiles del régimen, mientras una parte no menor del Ejército —particularmente en las capas intermedias— permanece emocional e ideológicamente vinculada al viejo orden.
No puede pasarse por alto que La Correspondencia Militar no es un periódico cualquiera: es la voz que resuena en los cuarteles, el papel que leen oficiales y mandos, y que en muchos casos moldea opinión interna. La sustitución de Rafael Esbry por Tarduchy no augura un apaciguamiento, sino más bien una reafirmación del espíritu conservador y nostálgico que buena parte de los mandos aún mantienen. Es tarea del nuevo régimen saber hasta qué punto puede convivir con esa prensa castrense crítica y si está dispuesto a tolerar —o reconducir— su influjo sin caer en la tentación de imponer una disciplina ideológica, lo que sólo alimentaría la desafección. Tarduchy no es un revolucionario, pero tampoco será un aliado. Será, muy probablemente, el portavoz de una resistencia sorda, culta y persistente.
La evolución de Tarduchy le llevará luego ha posiciones más radicales.
J. F. Lamata