26 febrero 2015
El ministro humilde del Franquismo
Muere Licinio de la Fuente, el último de los ‘siete magníficos’ fundadores de Alianza Popular
Hechos
El 26 de febrero de 2015 muere D. Licinio de la Fuente
26 Febrero 2015
El ministro humilde del Franquismo
Se afilió a Falange para que le dieran una beca en un Colegio Mayor y así poder estudiar la carrera de Derecho en Madrid. No fue una gracia, sino algo merecido por ser el más brillante alumno que había terminado en su año el bachillerato en la provincia de Toledo. Pero entonces, para algunos asuntos, hacía falta carné del partido y era gratis, máxime para un joven tan brillante en los estudios. Licinio de la Fuente y de la Fuente no sabía muy bien en aquella época qué era el Movimiento Nacional, pero pronto haría carrera en él, aunque sin aspavientos políticos.
Nacido en Noez ( Toledo) en 1922, de familia humilde, hizo honor a la beca ganada con su esfuerzo y, tras licenciarse en Derecho en la Universidad Complutense, obtuvo plaza en el prestigioso Cuerpo de Abogados del Estado en 1950. Ejerció hasta 1956, año en que le llamó la política y fue nombrado gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Cáceres, cargo que desempeñó hasta 1960 porque se le designó delegado nacional del Instituto Nacional de Previsión (lo que hoy es la Seguridad Social) hasta 1963. Dos años después fue director general de Servicio Nacional de Cereales y presidente del Fondo de Ordenación y Regulación de Producciones y Precios Agrarios (FORPPA).
En octubre de 1969, cuando estaba en el desempeño de este último puesto, fue nombrado ministro de Trabajo en un Gobierno en el que predominaban especialmente los tecnócratas encabezados por Laureano López Rodó, a quien se le conocía por la «eminencia gris». Por eso fue tildado de Gobierno «monocolor» y, para demostrar su pluralidad de procedencias, se manejaba ostentosamente a Licinio de las Fuente como excelencia de falangista, cuando en realidad lo fue, pero discreto y no beligerante. Y aunque nunca renegó de su condición política, tampoco se destacó por una enardecida defensa de los Principios Fundamentales. Pero sirvió como coartada falangista al entonces tándem Carrero-López Rodó.
En junio de 1973, designado Carrero Blanco presidente del Gobierno, realizó una importante remodelación ministerial, pero mantuvo a Licinio en su puesto aunque ya llevaba cerca de cuatro años en el cargo. Y tras el asesinato de Carrero, cuando Arias ascendió a presidente, no sólo le confirmó, sino que lo elevó a la vicepresidencia tercera con las mismas funciones ministeriales. Y en ese cargo estaría hasta enero de 1975, año en el que terminaba, en el mes de octubre, el mandato del presidente de las Cortes y del Consejo del Reino
Licinio de la Fuente se replegó a sus actividades privadas y el entonces príncipe de España, que como tanta gente, intuía el próximo fin del Generalísimo, en la primavera de 1975 buscaba el beneplácito de Franco para nombrar nuevo presidente del alto organismo a Torcuato Fernández-Miranda, cuando terminara el mandato de Rodríguez de Valcárcel. Y un día le dio abiertamente el nombre de su preferencia, tras ponderarle las cualidades y la inteligencia de su candidato. Y Franco se lo quitó de en medio al descubrirse: «Ya sé que Torcuato Fernández-Miranda es muy inteligente, pero Licinio también es muy inteligente y tiene menos antipatías». Don Juan Carlos se batió de inmediato en retirada pero tuvo la fortuna de que Franco murió seis días antes del nombramiento de tan fundamental cargo. Y pudo salirse con la suya y sacar el nombramiento de Fernández Miranda, cuyas antipatías se debían a su independencia dentro del Movimiento. De la Fuente no supo, en su momento, que Franco había pensado en él.
Tras la Ley de Reforma Política, se unió a Fraga. Fue cofundador de Alianza Popular y salió elegido diputado por Toledo en 1977 y ese mismo año tuvo discrepancias con la dirección colegiada de su partido, aunque se mantuvo en el grupo para no dar carnaza a sus adversarios. Pero en 1978 abandonó definitivamente la política. Trabajo no le iba a faltar. Fue consejero del Banco Hispano Americano, Dragados y Construcciones, entidades hoy absorbidas por Santander y ACS respectivamente, y de otras empresas punteras.
Por la singularidad de su patronímico, fue el único político a quien Franco llamó por su nombre, excepción hecha, obviamente, de sus parientes cercanos y escasos compañeros de armas. Decir Licinio, nombre de general, patricio o cónsul romano, luego cristianizado por un santo mártir, era señalar inequívocamente, con ahorro de apellidos, al humilde toledano que llegó a vicepresidente del Gobierno.
Licinio de la Fuente, político y empresario, nació el 7 de agosto de 1923 en Noez (Toledo) y murió el 26 de febrero de 2015 en Madrid.
El Análisis
Con la muerte de Licinio de la Fuente desaparece el último de los siete fundadores de Alianza Popular, el germen del actual Partido Popular. Pero ni Mariano Rajoy ni ningún dirigente de la formación que hoy gobierna España parece tener interés en recordar a este “padre” incómodo. Como sucedió con otros compañeros de aquella aventura, su figura es hoy casi un pie de página en la historia, eclipsada por el silencio y por la incomodidad de un legado que la derecha democrática prefiere no reivindicar.
Ministro de Trabajo en los años más agitados del franquismo, Licinio de la Fuente ocupó una cartera marcada por las huelgas obreras y la creciente conflictividad social. Su dimisión en el último Gobierno de Arias Navarro sigue envuelta en especulaciones: ¿se marchó por discrepar de la represión que se imponía a los trabajadores? ¿O, simplemente, porque intuía el fin de un régimen que ya no daba más de sí? Lo cierto es que nunca dejó de considerarse a sí mismo franquista.
Tras la muerte de Franco, De la Fuente se incorporó a la política de la Transición como diputado en la legislatura constituyente. Y allí dejó clara su diferencia de estilo: mientras Fraga prefería correr un velo sobre el pasado imitando la estrategia de Suárez, Licinio de la Fuente proclamaba sin complejos, en pleno hemiciclo, el 12 de mayo de 1978, que estaba orgulloso de haber sido ministro del dictador. También dejó claro su desacuerdo con el rumbo de la nueva derecha: cuando Alianza Popular votó oficialmente “sí” a la Constitución de 1978, él se abstuvo, distanciándose de la línea oficial que defendía Fraga. Aquella ruptura acabó alejándolo de la política activa.
A diferencia de Silva Muñoz o de Fernández de la Mora, que se convirtieron en voces públicas de la nostalgia, Licinio de la Fuente eligió el mutismo. Tras dejar el Congreso en 1979 se retiró de la vida pública y guardó silencio hasta el final de sus días. Y como discreto fue su retiro, discreta ha sido también su muerte.
Su trayectoria encarna, en cierto modo, la tensión irresuelta de la derecha española en la Transición: entre el orgullo por el pasado y la necesidad de adaptarse al presente, entre el continuismo y la modernización. Licinio de la Fuente eligió ser fiel a sí mismo, aunque ello lo condenara a la marginalidad política. Hoy, con su desaparición, se cierra también un capítulo de la historia de Alianza Popular que el Partido Popular en el poder prefiere no mirar demasiado de cerca.
J. F. Lamata