26 julio 1952

Su visita a España en los años del aislamiento del país marcó a todo una generaciones de españoles

Muere María Eva Duarte de Perón, ‘Evita’, primera dama de Agentina y todo un símbolo para argentinos y españoles

Hechos

El 26.07.1952 falleció María Eva Duarte de Perón a la edad de 33 años.

Lecturas

Evita había estado a punto de ser vicepresidenta en 1951.

Más de 700.000 personas han desfilado ya ante el cadáver de Eva Perón, vestido con un traje blanco de noche y expuesto en una capilla ardiente instalada en el ministerio de Trabajo de Buenos Aires.

Evita – como la llaman las clases populares de Argentina – ha muerto víctima de una leucemia, a los 33 años de edad. Su nombre de soltera, María Eva Duarte Ibarguren, testimonia sus orígenes vscos.

Se dice que era la hija de una mujer humilde, cocinera de profesión: nació en 1919, en Los Toldos, un polvoriento pueblecito de la provincia de Buenos Aires. Apenas tenía 15 años cuando, para huir del duro destino que se fugó a Buenos Aires con el cantante de tangos Agustín Magaldi. En la capital argentina, Evita se convirtió en actriz de radioteatro y emprendió una carrera cinematográfica destinada a ser breve: el 14 de enero de 1944 conoció al coronel Juan Domingo Perón, ministro de Trabajo y líder de un movimiento populista en el que se agrupaban los obreros industriales y a los peones del campo, junto con sectores del nacionalismo y del ejército.

En octubre de 1945, Perón fue depuesto y encarcelado: Evita, dotada de un gran magnetismo personal y de un gran magnetismo personal y de una aguda visión política, organizó el levantamiento de las masas obreras, que obligó al gobierno a liberar a Perón. Poco después, Perón triunfaba en las elecciones y se convertía en presidente.

Evita contribuyó decisivamente a organizar los sindicatos, aglutinó un vasto movimiento femenino (las mujeres pudieron votar por primera vez en Argentina) y se convirtió en una fuerza política de primera magnitud caracterizada por su oposición radical a la vieja oligarquía ganadera.

Para no pocos observadores extranjeros, la desaparición de Evita priva al gobierno de uno de sus apoyos más firmes, y a las masas argentinas de una bandera de lucha.

En un comunicado difundido por radio, el gobierno designa a Evita como ‘Jefa Espiritual de la Nación’.


Perón seguirá en el poder en Argentina en 1955.

El Análisis

EVITA ASCIENDE A MITO

JF Lamata

Con la muerte de Eva Perón a los 33 años, Argentina no pierde solo a una primera dama: pierde a un símbolo, una fuerza política y un fenómeno social sin parangón en el siglo XX latinoamericano. Evita no fue una figura decorativa al lado del general Perón; fue una arquitecta esencial del peronismo de masas, la voz de los «descamisados» y, para bien o para mal, una protagonista indiscutida de una era. Su vida, breve pero intensísima, alimenta desde ahora una mitología que combina melodrama, fervor popular y culto a la personalidad.

Desde sus orígenes humildes hasta su irrupción como actriz de radioteatro, Eva Duarte construyó un relato que sintonizó con las aspiraciones del pueblo trabajador. Organizó sindicatos, promovió el voto femenino y tejió una red de asistencia social a través de su Fundación. Pero su figura no estuvo exenta de sombras: su fulgurante ascenso también reflejó un sistema autoritario y clientelista, y su intransigencia frente a la oposición alimentó una polarización que aún perdura. Pese a todo, su carisma era innegable, y su muerte, en pleno ejercicio de poder, la convierte en mártir para unos y en leyenda para todos.

En España, donde fue recibida como heroína en su visita de 1947, Evita quedará en la memoria como “la gran amiga” que desafió el aislamiento diplomático del régimen franquista con gestos solidarios y acuerdos comerciales. No fue casual que el régimen español la idolatrase: compartían una retórica nacionalista, autoritaria y profundamente simbólica. Pero allí donde Franco era fuerza represiva, Evita fue ternura de multitudes. Convertida ahora en “Jefa Espiritual de la Nación”, Eva Perón comienza su segunda vida: la de los mitos que sobreviven a la política.

J. F. Lamata