1 septiembre 1951

María Eva Duarte de Perón renuncia a su candidatura a la Vicepresidencia de Perón

Hechos

El 1 de septiembre de 1951 María Eva Duarte renunció a su candidatura.

Lecturas

María Eva Duarte de Perón no será vicepresidenta de la República Argentina. En un discurso transmitido por la red oficial de radiodifusión, Eva Perón ha renunciado a la candidatura para la que fue propuesta hace diez días, por aclamación, en un acto multitudinario convocado por la CGT y celebrado en la Avenida 9 de julio en la ciudad de Buenos Aires. Las elecciones serán en noviembre 1951. 

«Nunca tuve ni tengo más que una ambición personal – subrayó la esposa del presidente – la que en el capítulo que la historia dedique al general Perón, se diga que a su lado se encontró una mujer que recogió las esperanzas del pueblo que Perón convirtió en realidades».

Al parecer dentro de la propia cúpula directiva del peronismo, que reflejaba el malestar de un apreciable número de militares, era vista con inquietud la candidatura de ‘Evita’ que en el caso de incapacidad o muerte del general Perón, se convertirá en jefa de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

La idea de entronizar oficialmente al binomio Perón-Evita, cuya realidad política es incontrovertible, parece haber surgido en sectores de la CGT, que imprudentemente la proclamaron sin pasar por el filtro presidencial. Sólo un acto personal de renuncia podía frenar el proyecto.

Evita es un símbolo en España desde su visita en 1947

Evita morirá en 1952. 

El Análisis

El No de Evita

JF Lamata

María Eva Duarte de Perón ha renunciado, en un emotivo y cuidadosamente orquestado discurso radiofónico, a la candidatura a la vicepresidencia de la República Argentina. Con ello se disipa, al menos por ahora, la posibilidad —tan inédita como inquietante para ciertos sectores— de ver a la esposa de un presidente militar ascender institucionalmente al segundo puesto del poder. Su renuncia ha sido presentada como un sacrificio personal, un gesto de amor hacia el pueblo y lealtad al general Perón, aunque el trasfondo político es menos sentimental y mucho más tenso.

La aclamación popular que impulsó su candidatura, promovida por la CGT en un acto multitudinario, se encontró con el muro de contención que representa el Ejército, aún celoso de mantener su primacía dentro del régimen. En las altas esferas militares, la idea de una primera dama como comandante en jefe en caso de sucesión sonaba demasiado disruptiva. Ni Perón ni los uniformados estaban dispuestos a correr ese riesgo, por mucho que Evita fuera ya, de facto, un pilar del poder peronista y un fenómeno de masas.

El episodio no es menor: por primera vez en América Latina, una mujer estuvo a punto de alcanzar la vicepresidencia no como consorte decorativa, sino como figura política con agenda propia. Que haya tenido que renunciar a ello bajo la presión de las estructuras tradicionales revela los límites del populismo argentino, que mezcla modernidad simbólica con prácticas profundamente conservadoras. Evita no será vicepresidenta, pero queda claro que tampoco ha sido una primera dama al uso.

J. F. Lamata