3 febrero 1912

El propietario del nuevo diario derechista es Pedro Milá

Nace el periódico LA TRIBUNA dirigido por Salvador Cánovas Cervantes para ejercer de portavoz mediático de Antonio Maura

Hechos

El 3.02.1912 se se publicó el primer número del nuevo diario LA TRIBUNA.

Lecturas

El 3. de febrero de 1912 se se publicó el primer número del nuevo diario LA TRIBUNA, que busca ser órgano de expresión de la derecha monárquica maurista (afín a D. Antonio Maura, líder del Partido Conservador).

Su defensa del Sr. Maura le llevaría a polemizar contra los periódicos que atacaran a su líder, especialmente al grupo de periódicos del Trust, contra los que haría campaña en 1913.  o contra EL PARLAMENTARIO en 1915.

Lector

LA TRIBUNA (Salvador Cánovas Cervantes)

3-2-1912

Leer

En la compleja trama de estas hojas volanderas, que a la inquieta curiosidad lanzamos, se suman, con la viva emoción del alumbramiento, el anhelo de su aplauso y el temor de tu censura.

En el azar de la empresa que iniciamos, con propósito de tenaz perseverancia, la sinceridad ha de ser nuestra guía. Pretendemos servirte la verdad desnuda buscando – como dijo aquel gran español que se llamó Quevedo – no que las vistas, sino que las consientas.

La independencia en que se han de basar nuestros comentarios no será sinónima de fría neutralidad; habrá en nuestras columnas vibración de vida y trepidar de marcha; pero jamás amañaremos la realidad del hecho con el prejuicio de una filiación política, ni con el ciego fanatismo de una secta.

Quizá la insinceridad ambiente, el diario falseamiento de las normas, los velos hipócritas con que de continuo la verdad se cubre, te induzcan a tomar por amargura, sequedad o desabrimiento, la descarnada expresión de lo cierto – higiene la más provechosa del espíritu – Es seguro que a tiempo te desengañes.

No hallarás en lo escrito otros eufemismos y recatos que aquellos que exige la cortesía del gusto y la templanza de la cultura. Ni el desalentó escepticismo de quien nada espera, dañosa atadura al vuelo poderoso de la idealidad y de la fe, ni el necio y confiado optimismo de quien ve en la estática quietud de lo presente la soñada visión de lo futuro. En todo caso preferiremos el bisturí a la cataplasma.

Es nuestro propósito reavivar y encender en saludables llamas de amor a España, el rescoldo patriótico de todos los españoles. Queremos sumar nuestro trabajo a esa evolución de la cultura latente en nuestra Patria, desde las últimas pérdidas coloniales; seguir ese movimiento incorporado a la gran corriente europea y que para nosotros se anuncia como clara mañana de un nuevo y más fecundo renacimiento.

Marcharemos a par de tu paso si juzgamos noble tu rumbo, precediéndote si te retrasas; nunca un pos de ti si en la ruta te impide una pasión desatentada o torpe.

La rapidez de la vida moderna demanda imperiosamente el periodismo un feliz consorcio de diario y revista, un estrecho maridaje de la amenidad y la experiencia. Si lo logramos granará nuestra semilla. Tú dirás del error o del acierto.

A los colegas que aportan fuerzas a la obra grande y generosa de la Prensa, la mano amiga de quien aspira a ser su amigo.

El Análisis

El Gran Giro de Salvador Cánovas Cervantes

JF Lamata

El 3 de febrero de 1912 marcó el debut de ‘La Tribuna’, el flamante diario fundado por Salvador Cánovas Cervantes. Este periódico de derecha monárquica nació con la misión de defender a capa y espada a Antonio Maura y su facción conservadora, y no se cortaba un pelo en apoyar a la Alemania del Kaiser cuando estalló la Primera Guerra Mundial. ¡Menudo comienzo!

Pero lo verdaderamente llamativo es la sorprendente metamorfosis de Cánovas Cervantes. Pasó de ser un ferviente defensor del monarquismo y del conservadurismo a liderar ‘La Tierra’ durante la II República, un periódico radicalmente opuesto a sus raíces: anti-monárquico, anti-empresas, y rozando el comunismo. Claro, su estilo polemista se mantuvo intacto, pero este zigzag ideológico dejó a todos perplejos. Al final, pese a tener lectores fieles, su reputación quedó en tierra de nadie, sin prestigio ni en la derecha ni en la izquierda. ¡Quién lo diría!

J. F. Lamata