21 diciembre 2001

Críticas desde el Grupo PRISA contra la gestión de Redondo en el socialismo vasco por respaldar al PP vasco frente al nacionalistas y pro-terroristas

Nicolás Redondo Terreros dimite como líder del PSOE vasco (PSE-EE) en medio de las críticas por su discurso anti-nacionalista

Hechos

El 21.12.2001 D. Nicolás Redondo Terreros presentó su dimisión como Secretario General del PSE-EE-PSOE.

Lecturas

¿EL GRUPO PRISA CONTRA REDONDO TERREROS?

La Cadena SER el 16 de enero de 2002 y el diario EL PAÍS el 17 de enero de 2002 difundieron que D. Nicolás Redondo Terreros mantenía contactos directos con D. José María Aznar, presidente del Gobierno y del PP lo que debilitaba su posición de cara al ‘ala izquierda’ del PSE-EE que veía en el Sr. Redondo Terreros un ‘títere del PP’.

22 Diciembre 2001

Dimisión inesperada

EL CORREO vasco (Director: Ángel Arnedo)

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La sorpresiva dimisión de Nicolás Redondo de la secretaría general del PSE-EE representa una mala noticia en medios de las ya difíciles circunstancias por las que atraviesa la política vasca, y dando el papel crucial que en su paulatina normalización podrían desempeñar los socialistas. El hecho de que sea el secretario general quien, dejando de lado el debate de cara a la anunciada conferencia, recurra a la convocatoria de un congreso extraordinaria refleja hasta qué punto Redondo había llegado a sentirse cuestionado en su liderazgo. Probablemente su decisión contiene tanta intención política como cansancio personal. Pero sea cual sea su motivación última, la dimisión difícilmente contribuirá ni al reforzamiento de su posición como eventual aspirante a la secretaría general ni al desarrollo de un debate de ideas en un partido que desde hace años arrastra una dificultad endémica para dotarse de un liderazgo sólido y estable. Basta recordar que quienes han vencido en las distintas elecciones internas que se han desarrollado en el socialismo vasco durante los quince últimos años – Ramón Jáuregui primero y Nicolás Redondo después – lo han hecho con un resultado excesivamente ajustado como para que, en las condiciones que genera la dimisión de Redondo, alguien pueda pensar en una catarsis capaz de devolver fácilmente el equilibrio a la diversidad de corrientes, sensibilidades y grupos de poder que conviven en el PSE-EE. Máxime cuando toda exigencia de diálogo dirigida al Gobierno Ibarretxe requiere una disposición inequívoca por parte de los socialistas a asumir las consecuencias del mismo; y cuando la ya cercana convocatoria de elecciones locales y forales va a requerir de los socialistas una entereza de ánimo extraordinaria.

28 Diciembre 2001

PRISA contra el marco constitucional

Enrique de Diego

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El desmantelamiento del PSE como puntal del constitucionalismo, frente a la ultraderecha nacionalista y su proyecto totalitario, está relacionado con este factor PRISA, en el que dicho grupo ha decidido asumir las esencias del felipismo, porque para ellos cualquier tiempo pasado fue mejor.

La mayéutica entre Juan Luis Cebrián y Felipe González (“El futuro no es lo que era” o cualquier tiempo pasado fue mejor) tiene algunas características resaltables: a) es la conversación entre dos políticos, b) Cebrián se sitúa en una posición sistemáticamente más radical que la de Felipe González; c) Cebrián asume la legitimidad ideológica de un supuesto felipismo sociológico; d) Cebrián utiliza a Felipe González para arremeter contra Zapatero en dos cuestiones: País Vasco-pactos con el PP y política internacional.

Antes de entrar en la materia de mayor enjundia, es preciso hacer algunas consideraciones. Resultan abrumadoras las ocultaciones. Las dos más clamorosas son las relativas al terrorismo de Estado y al fracaso económico de los gobiernos felipistas, motivo fundamental de la derrota electoral (ya había corrupción cuando el PSOE obtenía mayoría absoluta y todos sus frentes desvelados en 1993 cuando aún ganó).

La importancia de un diálogo en sí insustancial estriba en que desde la publicación del libro, los acontecimientos en el partido socialista se han encaminado por la senda reaccionaria marcada. Zapatero está actuando al dictado. Se está siguiendo un proceso de suplantación por el que un grupo de comunicación termina por imponerse a un partido, con el agravante esquizofrénico de que el grupo no se presenta a las elecciones.

Algunas citas del ideólogo Juan Luis Cebrián son suficientemente significativas:

“Un pacto antiterrorista sellado sólo entre dos partidos me parece casi una aberración, porque es como dar por sentado que la lucha antiterrorista no corresponde al conjunto de las fuerzas democráticas. Y firmarlo entre dos organizaciones, e invitar a las demás a que se sumen, es toda una arrogancia”.

“Los acuerdos entre el PSOE y el PP, a mí me parece que pueden ser una trampa para la oposición”.

“Da la impresión de que Rodríguez Zapatero firma con el PP porque tiene una especie de mala conciencia, no sé si él o el partido, como si se hubieran asumido las acusaciones de la derecha, eso de que los socialistas tienen que purgar la corrupción y los crímenes de Estado. Independientemente de que haya habido crímenes y corrupción, esa mala conciencia que aparece en determinadas actitudes del partido socialista actual es rechazada por muchos de sus votantes. Es como si el nuevo líder del PSOE necesitara comportarse como un chico educado para volver a ser aceptado por la derecha”.

“Ahora los socialistas actúan como si tuvieran que dejar patente y claro que han purgado ya, que éste es otro partido y que el felipismo ha terminado”.

“También da la sensación de que Zapatero piensa que tiene tiempo por delante y puede administrarlo para llegar al poder. Claro que el problema no es si él tiene tiempo o no, el problema es que representa las voluntades de millones de españoles que miran otro calendario. La gente que vota una opción no está en plan de ver si dentro de doce años este hombre, tan simpático y educado, funciona y nos gobierna, lo que pretende es que haya una alternativa política, moral, de todo tipo, en las próximas elecciones. Y me preocupa, más todavía, la percepción de que hay a quien le encanta ser el segundo”.

Insistente es en la necesidad de una reforma constitucional, que no concreta, referida al País Vasco, con lo que, al margen de toscos y beatos ocultismos, sólo puede entenderse como un intento de abrir la espita para el secesionismo: “Me pregunto si tiene solución la convivencia en el País Vasco sin una reforma constitucional, o al menos sin una relectura de la Carta Magna”.

Tal es la visceralidad de Cebrián, que persona tan poco sospechosa como Felipe González tiene que tascar el freno: “no soy partidario de estar cambiando la Constitución, que debe dar estabilidad” y llega a considerar la postura de Cebrián movida por la “impaciencia”.

Éste no se recata en dar consignas chusqueras. “Pues habrá que decírselo a tus compañeros” (respecto a la defensa de los nacionalismos).

El desmantelamiento del PSE como puntal del constitucionalismo, frente a la ultraderecha nacionalista y su proyecto totalitario, está relacionado con este factor PRISA, en el que dicho grupo ha decidido asumir las esencias del felipismo, porque para ellos cualquier tiempo pasado fue mejor. No sólo condicionan cualquier interés general —como el de la libertad personal— al suyo, sino que han decidido situar a Zapatero (y al propio González) en la posición de títere. El País Vasco es la cuestión clave para esta estrategia de suplantación (letal para el partido que la padece, hay ya experiencias autonómicas). ¿Puede un grupo de comunicación, mediante la presión a los aparatos, modificar el sentir de un electorado, que ha respaldado a Nicolás Redondo con los mejores resultados de la historia del socialismo? La respuesta se dirime en los próximos meses. El objetivo final del grupo PRISA —si consideramos a Cebrián representativo de sus intereses e ideas— es acabar con el marco constitucional y favorecer la independencia de Euzkadi.

Enrique de Diego

22 Diciembre 2001

La dimisión de Redondo, prueba de fuego para Zapatero

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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La dimisión de Nicolás Redondo Terreros como secretario general del PSE ha tenido como detonante la negativa de la Ejecutiva del partido a respaldar su documento programático para una Conferencia Política que los socialistas vascos iban a celebrar en febrero.Pero es evidente que el acoso contra el líder del PSE por parte del sector crítico comenzó el día después de las elecciones del 13 de mayo. El relativo fracaso en las urnas de la estrategia de Redondo, basada en plantar cara al PNV y en el pacto antiterrorista firmado con el PP, impulsó a los críticos básicamente los socialistas guipuzcoanos y el presidente del partido, José María Benegas, a moverle la silla. Redondo ha aguantado el embate hasta que ha creído llegado el momento de forzar un Congreso extraordinario para medir las fuerzas de cada uno. El mismo confiesa hoy en EL MUNDO que se sentía «como un jabalí al que los perros no paran de moderle las patas».

Esta renuncia, sin embargo, tiene su oprigen en la eterna convivencia en el seno del PSE de dos sectores cuyas estrategias son difíciles de conciliar si no contrapuestas. Mientras que Redondo no quiere un entendimiento con el PNV si ello supone el reconocimiento del derecho de autodeterminación, sus críticos admiten la posibilidad de consultar al pueblo vasco sobre el particular y así lo reflejaba el documento de Jesús Eguiguren rechazado por Redondo. La situación de éste se ha visto agravada por las presiones que han surgido en las últimas semanas como consecuencia de la decisión del grupo socialista de Vitoria de ausentarse de la Cámara por no aceptar que el PNV cambie las reglas de juego para aprobar los Presupuestos.

Las consecuencias de esta dimisión órdago lanzada por Redondo no se limitan, sin embargo, a la política vasca. También tienen una lectura nacional. Las tesis de fondo del hasta ahora secretario general del PSE han sido siempre respaldadas por José Luis Rodríguez Zapatero, a pesar de que dirigentes de su confianza han discrepado de la estrategia electoral de los socialistas vascos.

La dimisión de Redondo se produce en un momento en el que, como se ha puesto de manifiesto con el polémico viaje a Marruecos, Zapatero parece estar sucumbiendo a las presiones del antiguo aparato felipista y sus aliados mediáticos. Sería lamentable que el líder socialista se dejara también influir por la vieja guardia en la cuestión vasca. El secretario general se enfrenta a una prueba de fuego porque si el PSE vuelve a convertirse en la coartada de un PNV cada vez más radical, el fracaso de Redondo sería también el del proyecto de Zapatero para cambiar el partido y dejar atrás las viejas obsesiones del felipismo. Y las consecuencias para el PSOE en el resto de España serían desastrosas.

20 Enero 2002

Otro Redondo al Zurrón

LA RAZÓN (Director: José Antonio Vera)

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Nicolás Redondo Terroros, recientemente dimitido como secretario general del Partido Socialista de Euskadi decidió ayer tirar la toalla y no presentará su candidatura en el próximo congreso extraordinario de su partido. La cacería política emprendida contra él en el seno de su propio partido, jaleada, cuando no organizada, por el Grupo PRISA, y largamente preparada por lo que se ha dado en llamar (por el mismo Redondo) el ‘entorno’ de Felipe González, ha dado su fruto. Redondo Terreros ha caído tras una confrontación ideológica soterrada con el felipismo del PSOE, como cayó su padre, Nicolás Redondo Urbieta, cuando osó plantar cara al ex presidente del Gobierno socialista.

No hay tantos políticos coherentes y honrados como para inmolarnos en el ara del dogmatismo ideológico fuerte. El PSOE de Zapatero ha jugado fuerte, bien es verdad que convenientemente jaleado desde los medios que imponen su ley en los socialistas. Va a tener mucho que explicar a su perpleja militancia del resto de España, y a muy buena parte de la que resiste en el País Vasco, tentada siempre a abanadonar porque su sacrificio, su resistencia democrática, no son valores apreciados. Mucho mejor el pasteleo con los mismos nacionalistas que practican una exclusión cuasi étnica de sus enemigos, salvo, naturalmente, cuando le sirven para consolidar su poder.

Arzallus, con la inestimable ayuda de Felipe González y de PRISA, ya tiene otra ieza en el zurrón. Pero ayer fue un día de luto para la política partidaria, que pocas veces ha caído tan bajo.

23 Enero 2002

“Te equivocas, Nicolás, te equivocas”

Luis María Anson

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Por un puñado de votos, por la presión del a dictadura del miedo, por el juego nacionalista de los intereses creados de sueldos, prebendas, subvenciones, PP y PSOE perdieron las elecciones. El diario felipista EL PAÍS lanzó alborozadamente las campanas al vuelo. Felipe tenía razón. Redondo no, Redondo se había equivocado. “Es urgente – sentenció el periódico – que los respectivos Gobiernos y los partidos políticos que los apoyan, entre los que todavía el PNV goza de mayor tradición y mejor pedigrí que los populares, lleguen a acuerdos concretos”.

Algunos columnistas denunciaron enseguida que un entramado político-empresarial estuvo siempre detrás de la operación entendimiento PSOE-PNV. No voy a entrar en esa cuestión del negocio como telón de fondo. Lo que está claro es que Felipe González y el diario EL PAÍS condenaron a Nicolás Redondo. La sentencia ya se ha cumplido y el líder vasco saltó por los aires. Zapatero se dio cuenta de que le ocurriría lo mismo ni no se sumaba a la tesis de Felipe. Ya lo ha hecho. Habrá acuerdo PSOE-PNV con algunas veladuras, pero con grave quebranto, en todo caso, para el bien común de los vascos y del resto de los españoles, con riesgo recrecido para la unidad de España, porque los peneuvistas albriciados políticamente pero cada vez más acollonados ante ETA, galopan hacia Estella II y plantearán agriamente el soberanismo. Ah, y no es seguro siquiera que Zapatero logre salvar la cabeza a pesar de su docilidad. Felipe González tiene crédito de pedernal. Y la sombra de Solana es cada vez más alargada.

Luis María Anson

24 Diciembre 2001

Socialismo vasco

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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La dimisión de Nicolás Redondo Terreros como secretario general del Partido Socialista de Euskadi y la convocatoria de un congreso extraordinario son la consecuencia retardada de los resultados de las elecciones autonómicas vascas del 13 de mayo. La victoria de Juan José Ibarretxe en las urnas y su compromiso electoral, cumplido hasta el momento, de no contar con Batasuna en su política de alianzas abrió un nuevo panorama en el País Vasco que repercutió en el PSE.

Ibarretxe y el PNV no han hecho ninguna autocrítica sobre su etapa de pactos con ETA y HB en la anterior legislatura. El lehendakari tampoco supedita los objetivos soberanistas del PNV a la defensa de la vida y las libertades, que es la prioridad política del País Vasco ante el permanente acoso de ETA. Pero no es menos cierto que el Ibarretxe de la actual legislatura no es el mismo que el de la anterior, marcada por su pacto con EH y el del PNV con ETA. Esta nueva situación ha animado a un amplio sector de los socialistas vascos a impulsar el regreso a sus tradicionales señas de identidad, a retomar su proyecto autónomo, al margen del PNV y del PP, partido éste con el que ha mantenido, desde 1998, un acercamiento más allá de la política antiterrorista como respuesta al Pacto de Lizarra.

En este marco, el secretario general del PSE de Guipúzcoa, Jesús Eguiguren, que, con Mario Onaindía, desde Álava, apoyaron el liderazgo de Redondo cuando relevó a Ramón Jáuregui en 1997, presentó una propuesta alternativa a la política de Redondo sobre el País Vasco. Redondo, que tiene el mérito indiscutible de haber dirigido el PSE en una etapa muy difícil, marcada por el desafío del Pacto de Lizarra combinado con un fuerte acoso terrorista, no ha sabido pilotar la crisis abierta por su anterior socio y ha perdido numerosos apoyos en la organización socialista en Vizcaya y la casi totalidad de Guipúzcoa. La situación ha conducido al PSE al bloqueo y el secretario general dimisionario ha preferido finalmente tirar la toalla y convocar un congreso extraordinario.

Lo que ahora está en juego en este proceso abierto en el PSE no es si los socialistas vascos deben pactar preferentemente con el PP o con el PNV. Ni tampoco un debate burdo entre ‘españolistas y nacionalistas’, como lo presentan los medios afines al Gobierno de Aznar, y menos aún un debate sobre la política antiterrorista que comparte con el PP. Lo que realmente se dirime es quién lidera el proyecto autónomo del PSE, el de sus principios tradicionales de defensa de las libertades, del pluralismo y del Estatuto de Gernika.

17 Enero 2002

Redondo, en Moncloa

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Que el secretario general de los socialistas vascos se entreviste con el presidente del Gobierno, a petición de éste, puede ser normal. Lo anormal es la forma en que Nicolás Redondo ha conducido desde el principio dicha entrevista. Esa torpeza es la que ha convertido en sospechoso un tema que debía haber sido inocuo.

Existe torpeza en no haber informado rápida y claramente a Zapatero, su jefe natural, a cuya ejecutiva pertenece. Existe torpeza en haber elegido como acompañantes a dos de las personas que más desconfianza pueden suscitar en la dirección actual del PSOE y más en general en toda la familia socialista: su padre, Nicolás Redondo, que convocó la huelga general que más daño hizo a los gobiernos socialistas de Felipe González, dentro de la estrategia de la pinza con la derecha, y el defensor del Pueblo, Enrique Múgica, uno de los correveidiles más gratos al Partido Popular, y especialmente a Aznar, cuya propuesta para su actual cargo aceptó también sin consultar al partido. Existe torpeza añadida, en fin, en la forma en que Redondo ha defendido el asunto una vez en la calle: con un secretismo absurdo en relación al quinto asistente, que, según todos los indicios, resultó ser Javier Zarzalejos, interlocutor del PSOE (no del PSE) en todo lo relacionado con la aplicación del Pacto Antiterrorista.

Redondo ha reconocido que la entrevista fue apalabrada después de las elecciones vascas y que la atrasó hasta finales de julio, una vez celebrado el debate sobre el estado de la nación. Luego no fue algo imprevisto: tuvo dos meses para informar a Zapatero antes de consumar la cita. En el marco de los compromisos mutuos adquiridos en el Pacto Antiterrorista por el PP y el PSOE no puede decirse que fuera una reunión irrelevante. En todo caso habría evitado todos estos malentendidos que sin duda le debilitarán si decide optar de nuevo a la secretaría general. Resulta difícil no ver en la actitud de Redondo al menos una imprudencia, agravada por la elección de sus sorprendentes acompañantes. Es cierto que ha hablado con Arzalluz, por ejemplo, sin que nadie dedujera que iba a recibir instrucciones sobre su estrategia. Pero esa entrevista, y otras celebradas con diversos dirigentes políticos, fueron públicas o informó de ellas de inmediato.

Estas circunstancias son las que han hecho que un tema que el propio Zapatero ha calificado públicamente como menor haya actuado de espoleta en medio del debate interno de los socialistas vascos. El encuentro sería en todo caso trascendente si su celebración probase la supeditación de la estrategia del PSE a los intereses del Partido Popular, aunque nadie ha ido tan lejos. Lo lamentable es que estas peleas intestinas dejen en segundo término otros aspectos de la realidad vasca mucho más lacerantes; por ejemplo, lo sucedido en Zumárraga, cuyos habitantes han visto drásticamente limitada su representación democrática. Al final, lo más importante es que los socialistas vascos, inmersos en pleno debate precongresual, mantengan con coherencia los principios enunciados en el Pacto de las Libertades, cuyo promotor y garante es Rodríguez Zapatero. A veces conviene recordar lo obvio.