1 abril 1971
Nixon indulta al Teniente Calley, responsable de la masacre de My Lai durante la Guerra de Vietnam
Hechos
El 1 de abril de 1971 se hizo público el indulto al Teniente William Calley.
Lecturas
La matanza de My Lay se produce en marzo de 1968.
Condenado a cadena perpetua por el tribunal militar de Estados Unidos, el Teniente William Calley ha sido indultado este 1 de abril de 1971 por el presidente Richard Nixon. El tribunal, que dio a conocer el 30 de marzo su veredicto, encontró a Calley culpable del asesinato de 22 civiles (hombres, mujeres y niños) desarmados e inofensivos.
Los hechos imputados a Calley ocurrieron en la aldea vietnamita de My Lai, durante la escalada militar de Estados Unidos en el sureste asiático.
Cuando se conocieron los detalles de la matanza, el conjunto de la sociedad de Estados Unidos se mostró conmovido.
El Análisis
El presidente Richard Nixon ha indultado al teniente William Calley, condenado por su responsabilidad directa en la masacre de My Lai, donde 22 civiles vietnamitas desarmados —aunque algunos informes elevan la cifra a varios centenares— fueron asesinados a sangre fría. El juicio a Calley fue en su día la gran demostración de que Estados Unidos, a diferencia de sus enemigos comunistas, no pasaba por alto los crímenes de guerra. Que incluso un soldado propio podía ser juzgado y condenado cuando pisaba el umbral de la barbarie.
Pero aquel gesto de justicia —raro en tiempos de trincheras ideológicas— ha quedado hoy en entredicho. Con este indulto, Nixon ha querido enviar un mensaje a una parte de su electorado, la que no entendía por qué debía encerrarse a un oficial que simplemente, según su visión, «hacía su trabajo» en una guerra salvaje donde los amigos y enemigos se confundían. Ha calmado a los patriotas condecorados de barra de bar… pero ha incendiado los despachos de medio mundo.
Porque con esta decisión, Estados Unidos no solo ha liberado a un hombre, ha liberado también la sospecha de impunidad. Ha dado munición al enemigo propagandístico y ha complicado aún más la tarea de convencer al mundo de que, en esta guerra sucia, Washington sigue del lado limpio de la historia. Y si bien Calley sale libre, el relato moral de Estados Unidos, cuidadosamente construido a lo largo de décadas, sale hoy con barro hasta las rodillas.
JF Lamata