28 marzo 1973

Fin del gobierno cívico-militar formado en noviembre de 1972

Nueva crisis de Gobierno en la Chile de Salvador Allende: Los ministros militares abandonan el Gobierno, les suceden ministros socialistas

Hechos

En marzo de 1973 se produjo una nueva remodelación al Gobierno de Chile.

Lecturas

La presencia de militares en el gobierno chileno duraba desde noviembre de 1972

El General Carlos Prats abandona el cargo de ministro de Interior y es reemplazado por Gerardo Espinoza Carrillo, socialista.

De igual modo en Obras Públicas y Vías de Comunicación se retira Daniel Arellano y queda en su lugar Humbarto Martones, radical.

En Minería, sale el general Claudio Sepúlveda, le reemplaza el izquierdista Sergio bitar.

El descontento de sectores derechistas estallaría con toda su fuerza con ‘el Tanquetazo‘.

El Análisis

Un gabinete más rojo en un Chile al rojo vivo

JF Lamata
En un nuevo volantazo, Salvador Allende ha remodelado su gobierno, deshaciéndose del barniz militar que había intentado proyectar en noviembre de 1972. El general Carlos Prats, símbolo de la lealtad del ejército, deja el Ministerio del Interior, reemplazado por el socialista Gerardo Espinoza Carrillo. En Minería, el general Claudio Sepúlveda cede su puesto al izquierdista Sergio Bitar, mientras en Obras Públicas, Daniel Arellano es sustituido por el radical Humberto Martones. Este cambio, que purga a los militares y refuerza el perfil socialista del gabinete, es un giro arriesgado en un Chile que se desangra en polarización, escasez y protestas. Apenas cuatro meses después de un gobierno cívico-militar que buscaba calmar al ejército y a la oposición, Allende apuesta por un equipo más alineado con su Unidad Popular, pero lo hace en un momento en que su liderazgo se tambalea bajo la presión interna y la mirada hostil de Washington.
¿Qué pasó para que el experimento cívico-militar se desmoronara tan rápido? La respuesta está en el caos que envuelve a Chile. La nacionalización del cobre y la reforma agraria han disparado la inflación, que supera el 180%, mientras el desabastecimiento y las colas para alimentos básicos alimentan el descontento. La huelga de camioneros de octubre de 1972, que paralizó el país, mostró la fuerza de la oposición de derecha, encabezada por la Democracia Cristiana y el Partido Nacional, que acusan a Allende de llevar a Chile hacia una dictadura marxista. La visita de Fidel Castro en 1971 y el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic por extremistas de izquierda han envenenado el ambiente, mientras el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) presiona a Allende para radicalizarse. El nombramiento de militares como Prats en noviembre fue un intento de apaciguar a las Fuerzas Armadas y proyectar estabilidad, pero la desconfianza mutua entre los generales y la izquierda radical hizo insostenible la alianza. Los militares, incómodos en un gobierno acosado por la crisis, prefirieron volver a los cuarteles, dejando a Allende sin el escudo que necesitaba.
Este gabinete más socialista es un desafío de Allende, pero también un reconocimiento de su aislamiento. La oposición, fortalecida tras las elecciones legislativas de marzo, donde la Unidad Popular no logró la mayoría esperada, lo pinta como un líder débil, incapaz de controlar a los extremistas de su propio bando. En el exterior, Richard Nixon y la CIA, que ya han cortado créditos y financiado a la oposición, ven en este giro una confirmación de sus temores: un Chile cada vez más cerca de Cuba y la URSS. Allende, con Espinoza, Bitar y Martones, intenta consolidar su base, pero el precio es alto: la derecha clama por su caída, el ejército se distancia y la sociedad chilena, agotada por la crisis, se polariza aún más. En este marzo de 1973, Allende no solo cambia ministros; apuesta su revolución a todo o nada. La pregunta es si podrá resistir el vendaval que él mismo ha avivado. Chile, al borde del precipicio, espera una respuesta.
JF Lamata