28 abril 1973
Gray ha sido acusado de obstaculizar la investigación del caso Watergate y de trabajar más para los intereses de Nixon que para los intereses del FBI
Aumenta el escándalo político Watergate en EEEUU: Dimite el director del FBI, L. Patrick Gray cercando aún más la presión sobre el presidente Nixon
Hechos
El 27 de abril de 1973 dimitió el director general del FBI L. Patrick Gray
Lecturas
Nixon había sido reelegido presidente de EEUU en noviembre de 1972.
El presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, afirmó este 30 de abril de 1973 por televisión que ‘las investigaciones’ sobre el caso Watergate no deben recortar las atribuciones presidenciales. Tras el allanamiento ilegal llevado a cabo en la sede del Partido Demócrata por hombres vinculados estrechamente a la Casa Blanca, las sospechas recaen cada vez más sobre el propio presidente.
Las investigaciones judiciales y periodísticas han demostrado que el allanamiento formaba parte de las tareas habituales encargadas a ciertos agentes por personas íntimamente vinculadas a Nixon. Varias personalidades consideradas hasta ahora por encima de toda sospecha, están claramente implicadas en el espionaje político y han tenido que renunciar a sus cargos.
Entre estas personalidades figuran el jefe del FBI, Patrick Gray; el ministro de Justicia, Richard Kleindienst; el jefe del Estado Mayor de la Casa Blanca, Harry Haldeman, y el consejero de policía interior, John Ehrlichman.
Ninguno de ellos pudo actuar sin conocimiento de Nixon.
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La caída de Gray
El 21 de junio de 1972, Gray se reunió con John Dean y John Ehrlichman en la oficina de este último. Durante la reunión, Gray recibió varios sobres llenos de documentos de la caja fuerte personal de E. Howard Hunt . Dean le indicó a Gray, en presencia de Ehrlichman, que los documentos eran «documentos de seguridad nacional. Estos nunca deberían ver la luz del día». Dean, además, le reiteró a Gray que los documentos no estaban relacionados con el Watergate.
Seis meses después, Gray dijo que finalmente revisó los documentos mientras los quemaba en una chimenea de Connecticut. «El primer conjunto de documentos contenía cables falsos de alto secreto que indicaban que la administración Kennedy tuvo una gran influencia en el asesinato del presidente vietnamita (Diem) «, dijo Gray. «El segundo conjunto de documentos contenía cartas supuestamente escritas por el senador Kennedy que incluían algunas de sus desviaciones, por así decirlo».
Tras enterarse por Ehrlichman de que Dean estaba cooperando con el Fiscal de los Estados Unidos y revelaría lo sucedido el 21 de junio, Gray se lo comunicó a su más firme partidario en el Congreso, el senador Lowell Weicker , para que estuviera preparado para esa revelación. Como resultado, Weicker filtró esta información a algunos periodistas seleccionados.
Tras esta revelación, Gray se vio obligado a dimitir del FBI el 27 de abril de 1973.
El Análisis
El 27 de abril de 1973 quedará como un día más en el calendario de un escándalo que no para de desmoronar los cimientos del poder en Washington. L. Patrick Gray, director interino del FBI y llamado a ser el heredero de J. Edgar Hoover, ha presentado su dimisión en medio del huracán Watergate. Desde aquella noche de junio de 1972 en que una banda vinculada a la Casa Blanca fue sorprendida irrumpiendo en las oficinas del Comité Nacional Demócrata, el caso ha evolucionado de ser un simple episodio de espionaje político a un símbolo de corrupción y abuso de poder que envuelve a los más altos niveles de la administración Nixon.
Aunque la investigación no impidió la reelección del presidente en noviembre, los meses siguientes han sido una lenta pero imparable cercanía al círculo más íntimo de Nixon. La caída en desgracia de su ministro de Justicia, Richard Kleindienst, el jefe de gabinete Haldeman y el consejero Ehrlichman demuestra que Watergate no es solo un escándalo menor, sino un drama de poder que ha infiltrado la propia cúpula del Gobierno. Gray, que pretendía ser un nuevo Hoover, ha terminado siendo una víctima más de la crisis, acusado de haber ocultado pruebas y manipulado la investigación para proteger a sus jefes.
El papel del Washington Post, con periodistas como Woodward y Bernstein, ha sido crucial para mantener la presión y arrojar luz sobre los entresijos de un escándalo que la Casa Blanca ha intentado inicialmente minimizar y enterrar. Para abril de 1973, Nixon mantiene un discurso firme negando cualquier implicación directa, pero el cerco se estrecha y la sombra del Watergate proyecta dudas irreversibles sobre la legitimidad de su mandato. La dimisión de Gray es un paso más en la caída en picado de una administración que parecía intocable y que ahora comienza a mostrar grietas profundas, anunciando que nada será igual en la política estadounidense.
J. F. Lamata