4 mayo 1973
Sus antecesores han sido Jaim Weizmann, Isaac Ben Zvi y Salman Shazar
El científico Efraim Katzir «Katchaiski», del Partido Laborista, se convierte en el nuevo Jefe de Estado de Israel
Hechos
El 24.05.1973 el Parlamento de Israel designó a Efraim Katzir nuevo Presidente de Israel.
Lecturas
Chaim Weizman falleció en 1952.
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El siguiente jefe de Estado será Isaac Navon de abril de 1978.
El Análisis
El 24 de mayo de 1973, el Parlamento israelí designó a Efraim Katzir como nuevo presidente del Estado, en sustitución de Zalman Shazar, que concluía su mandato tras diez años en el cargo. El relevo no alteraba el equilibrio del poder político en Israel, pues la jefatura del Estado es en gran medida honorífica, reservando el verdadero peso ejecutivo al primer ministro, en aquel momento Golda Meir, del Partido Laborista. Pero sí suponía un cambio de estilo y de perfil: Shazar, hombre de letras, escritor y periodista con larga trayectoria en el movimiento sionista, daba paso a Katzir, un prestigioso científico especializado en bioquímica y biología molecular, con reconocimiento internacional.
Shazar, también del Mapai/Laborismo, había aportado a la Presidencia un aire de continuidad histórica con las raíces culturales del sionismo y un tono conciliador en momentos especialmente duros para Israel, como la Guerra de los Seis Días. Katzir, por su parte, representaba otra faceta del joven Estado: el impulso al conocimiento científico y tecnológico que en paralelo reforzaba la defensa y la modernización del país. Su elección por la Knéset subrayaba la vocación de Israel de combinar identidad histórica y apuesta por el progreso, una fórmula que había sido motor del país desde 1948.
El cambio, sin embargo, no modificaba el centro real de poder. Golda Meir y el gobierno laborista seguían marcando el rumbo político y militar de Israel, en un entorno regional cada vez más volátil y hostil. Katzir aportaba prestigio y proyección internacional, y Shazar dejaba un recuerdo de hombre de consenso y dignidad institucional. Israel mostraba así que incluso en cargos simbólicos, la elección de sus presidentes proyectaba un mensaje hacia dentro y hacia fuera: el de un Estado que combina memoria y futuro en cada relevo de su corta pero intensa historia.
J. F. Lamata