29 junio 1973

El Congreso chileno, encabezado por la Democracia Cristiana, acusa a Allende de estar gobernando inconstitucionalmente

‘Tanquetazo’: Fracasa un intento de Golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende, que se mantiene gracias al apoyo de los mandos del ejército, Generales Prats y Pinochet

Hechos

El 29 de junio de 1973 se produjo un intento de Golpe de Estado en Chile, que fracasó

Lecturas

Tropas lideradas por el General Carlos Prats y el General Augusto Pinochet fueron quienes desbarataron el intento de golpe de Estado conocido como ‘El Tanquetazo’ respaldado por el grupo guerrillero derechista llamado ‘Patria y Libertad’.

El Tanquetazo es la reacción de militares derechistas contra el gobierno de Salvador Allende, gobierno al que acusan de querer implantar el marxismo en Chile, un temor que se disparó con la visita de Fidel Castro a Chile o el asesinato de Pérez Zujovic.

En sectores militares se desprecia al general Prats por su alineamiento con la política de Allende aceptando ser su ministro.

INTENTO DE CERRAR EL MERCURIO.

La crisis de ‘El Tanquetazo’ se produjo tan sólo una semana después de que el Gobierno Allende intentara cerrar el periódico EL MERCURIO por haber publicado un manifiesto del Partido Nacional (Onofre Jarpa) contra el Gobierno Allende.

Cambios militares.

Después del golpe de Estado fallido de ‘El Tanquetazo’ Allende y Prats optarán por hacer cambios en el ejército. El nuevo responsable del Ejército será Augusto Pinochet y el responsable de aviación será Gustavo Leigh. Pero estos nombramientos no evitarán un nuevo golpe de Estado, sino al contrario, precipitará el golpe será el 11 de septiembre de 1973.

23 Junio 1973

Ante la suspensión de EL MERCURIO

ABC (Director: Toruato Luca de Tena)

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Descontado el DIARIO DE LA MARINA por haber tenido inicialmente otro titular en su cabecera, EL MERCURIO de Santiago de Chile es el periódico más antiguo de la gran América en sus dos hemisferios, al norte y al sur de la línea ecuatorial. Periódico que ha cumplido ya centenarios, es, además, una auténtica institución en Chile; una independiente voz perenne del pueblo chileno.

Ahora, esa voz forjada con los acentos más enraizados en el proceso histórico de su nacionalidad, esa voz decantada con las consideraciones de mayor patriotismo y nobleza político ha sido compulsivamente acallada, por vez primera en su larguísima historia. Una orden judicial ha suspendido temporalmente durante un periodo de seis días la publicación de EL MERCURIO.

A lo que parece el poder judicial chileno, en instancia superior, recibió un requerimiento del Gobierno para que fuera aplicada al prestigioso periódico una norma de la legislación sobre la seguridad interior del Estado.

¿Qué ha publicado EL MERCURIO para verse reducido al silencio seis días?

EL MERCURIO no es, naturalmente, un diario gubernamental, ni servidor adepto y sumiso a la política del presidente Allende. No es, tampoco, una excepción, porque existen todavía, en la democracia chilena, partidos políticos alineados en la oposición. Uno de estos partidos, concretamente el denominado Partido Nacional, había elaborado hace pocos días un manifiesto en el cual se afirma que el Gobierno chileno, por actos y decisiones reiterados, se encuentran ya al margen de la Constitución y de la ley. Esta acusación, dado el sistema o régimen político, chileno, incluye al presidente Allende.

EL MERCURIO publicó el manifiesto del Partido Nacional y al estimar el Gobierno que el texto es sedicioso, ha recaído sobre el decano de la Prensa americana la sanción de temporal suspensión.

La dirección – René Silva Espejo y Arturo Fontaine Aldunate – ha declarado que se acata la resolución del magistrado – pues EL MERCURIO siempre acató la Constitución y las leyes – pero que se había presentado la oportuna apelación en legítimo intento de conseguir que se levante la sanción.

Colegas en la ardua y esencial función del periodismo, no podemos dejar de expresar una serena repulsa hacia la suspensión de EL MERCURIO, sin entrar en la dilucidación del juego concatenado de causas o razones políticas que se esgriman, para justificarla, por las autoridades chilenas.

A esta explicable reacción debemos añadir un presentimiento de temor y recelo que jamás querríamos ver cumplido.

No hace mucho la emisora de televisión de la Universidad de Chile fue asaltada por la Universidad de Chile fue asaltada por grupos que inutilizaron uno de los canales de la misma. Reanudadas las emisiones por otro canal nuevo, éste no ha sido autorizado. Y los Partidos Nacional y Demócratacristiano recurrieron – hasta ahora sin fruto – contra la decisión porque infringe las garantías constitucionales de la televisión universitaria de la autonomía de la Universidad y de la libertad de expresión.

No es ciertamente buen síntoma, no es augurio favorable para los periódicos privados de Chile, para los medios de comunicación que se expresan con independencia la línea de dureza coactiva aparecida en la política gubernamental chilena. Y no es, tampoco, señal de buena salud para el régimen de Allende, donde parece apuntar el ocaso o la drástica reducción de libertades elementales sustantivas.

Inscrito o no en los textos de la Constitución, el principio de una razonable libertad de prensa forma parte verdaderamente importante e imprescindible, de la vida y proceso de las sociedades políticas. Y toda merma injusta que en él se haga deteriora la básica libertad comunitaria.

01 Julio 1973

Fidelidad constitucional

LA VANGUARDIA (Director: Horacio Sáenz Guerrero)

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Grave error el cometido por el regimiento blindado número 2 del Ejército chileno. Su acción al intentar ocupar el palacio de la Moneda, sede de la Presidencia, ha sido uno de los más graves de la historia del país. Cualesquiera que sean las razones que puedan explicar – y alguien dirá: justificar – un intento violento contra el Gobierno del Presidente Allende y la Unidad Popular, hay otra razón suprema que obligaba a evitar la intentona del 29 de junio. Nos referimos a la posición tradicional de las Fuerzas Armadas chilenas que, como en casi ningún otro país americano al Sur del Río Grande, se ha caracterizado por su fidelidad a la legalidad constitucional vigente. En un continente en el cual la tradición del golpismo militar es una de las más arraigadas en la vida política de la mayoría de las Repúblicas iberoamericanas, Chile representa una excepción notable.

Desde 1927, en efecto, no se cuenta más golpe que el dado entonces por el coronel Ibáñez de Campo. Por fidelidad a la legalidad el Ejército chileno apoyó la llegada del presidente Allende al Poder como apoyaría dado el caso la sustitución legal del mismo en la Casa de la Moneda si se produjera por los caminos legales.

El regimiento blindado número 2 ha intentado romper esa tradición adoptando una postura rebelde, anti-constitucional y, por ende, violenta, para derribar al Presidente legalmente elegido y que – punto decisivo para el enjuiciamiento completo del incidente – no queda probado se haya apartado de la legalidad en cumplimiento de su programa de llegar al socialismo por las vías constitucionales, por tanto, dentro de la democracia y la libertad. Grave error el de la unidad militar sublevada. Y acertada actitud la de la mayoría aplastante de las Fuerzas Armadas que, al mando del comandante supremo, general Prats, han reducido rápidamente a los rebeldes. Porque, se puede tener el concepto que se quiera respecto a la situación chilena. Pero hay un punto de la misma que no ofrece duda en cuanto a su valoración positiva. Y es el factor de equilibrio y seguridad de las Fuerzas Armadas a la Constitución.

La postura garantizada, justamente, no sólo el curso de una experiencia que está en marcha y en desarrollo constitucional, como es el gobierno de la Unidad Popular; garantizada, también, que en el caso de que las urnas, en una venidera consulta electoral, mostraran que el país ha retirado su confianza al actual Gobierno, cualquier intento por parte de éste de perpetuarse en el Poder tropezaría con la fidelidad de las Fuerzas Armadas a la legalidad constitucional. De manera que el puesto del Ejército en la vida política chilena no se encuentra en un lugar político o en otro, sino que se sitúa en el fiel de la balanza o por encima de ella para garantizar su buen funcionamiento legal. La aventura del segundo regimiento blindado hace correr un grave peligro: que esa postura equilibrada y constitucional de las Fuerzas Armadas se transforme en una actitud de politización. Como la que desempeña tradicionalmente en casi todas las Repúblicas de la América Latina: tanto la de habla española como la del Brasil, Haití, etc., con los indudables matices que la situación ofrece según los países. Y que la posibilidad existe lo demuestra, en estos mismos días, precisamente lo que está sucediendo en Uruguay, donde las Fuerzas Armadas han roto su tradición de legalismo también vigente en el país hasta ahora: si bien en Montevideo, a diferencia de Santiago de Chile, parece que el movimiento ha sido mayoritario y que está en vías de triunfar con las enormes consecuencias que esto llevará consigo.

El Análisis

Chile esquiva una bala, pero el tambor sigue girando

JF Lamata
Chile contuvo el aliento cuando un grupo de tanques, liderado por el teniente coronel Roberto Souper y respaldado por el grupo ultraderechista Patria y Libertad, intentó derrocar al gobierno de Salvador Allende en lo que ya se conoce como “El Tanquetazo”. El golpe, un ataque torpe pero violento contra La Moneda, fue sofocado por las tropas leales encabezadas por el general Carlos Prats, comandante en jefe del ejército, y el general Augusto Pinochet, quien jugó un papel clave en mantener el orden. Pero este fracaso no trae alivio, sino más nubes negras. Apenas una semana después de que Allende intentara cerrar el periódico El Mercurio por publicar un manifiesto incendiario del Partido Nacional de Onofre Jarpa, este intento de golpe expone la fragilidad de un gobierno acorralado por la crisis económica, la polarización y la hostilidad internacional. Chile no se ha roto hoy, pero el crujido es ensordecedor.
El Tanquetazo no es un incidente aislado; es el síntoma de un país al borde del colapso. La Unidad Popular de Allende, golpeada por la inflación galopante, el desabastecimiento y las huelgas, enfrenta una oposición que ya no se conforma con protestas: Patria y Libertad y sectores de la derecha, apoyados por el dinero y la paranoia de Washington, ven en la fuerza la única salida. La lealtad de Prats, que ha emergido como el pilar militar de Allende, lo convierte en un héroe para la izquierda, pero también en un blanco para los oficiales que lo consideran demasiado alineado con el presidente. Pinochet, por su parte, sale reforzado, y tras el fiasco, Allende y Prats han decidido reorganizar el ejército: Pinochet asumirá como comandante en jefe y Gustavo Leigh liderará la aviación. Pero estos cambios, lejos de calmar las aguas, alimentan las sospechas de un ejército dividido. Mientras, las palabras de líderes marxistas como Luis Corvalán, del Partido Comunista, y Volodia Teitelboim, que han jurado defender la revolución “con las armas si es necesario”, dan munición a los que, desde la derecha y desde la Casa Blanca de Nixon, ven a Allende como una amenaza comunista que debe ser eliminada.
El mundo observa a un Allende cada vez más débil. En Estados Unidos, donde la CIA ya financia a la oposición y bloquea créditos al gobierno, el Tanquetazo refuerza la narrativa de un Chile al borde del caos, un segundo Cuba en ciernes. La derecha chilena, con El Mercurio como megáfono, clama que Allende no controla ni a su propio bando, señalando los discursos beligerantes de Corvalán y la presión del MIR como pruebas de una deriva autoritaria. El fracaso del golpe no fortalece a Allende; lo expone. Con Prats bajo escrutinio, Pinochet ascendiendo y la oposición oliendo sangre, el gobierno de la Unidad Popular parece un castillo de naipes en un vendaval. Allende puede haber esquivado una bala hoy, pero las palabras de Corvalán y los tanques de Souper advierten que el próximo disparo podría no fallar. En este junio de 1973, Chile no encuentra paz, solo la certeza de que el próximo round será aún más brutal.
JF Lamata