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Alonso se oponía a la coalición con Ciudadanos

El presidente del PP, Pablo Casado Blanco, fulmina a Alfonso Alonso Aranegui como líder del partido en el País Vasco y lo reemplaza por Carlos Iturgaiz Angulo

HECHOS

El 23.02.2020 el Partido Popular designó a D. Carlos Iturgaiz como su candidato a la presidencia del Gobierno vasco en sustitución de D. Alfonso Alonso.

Convocadas las elecciones autonómicas para el País Vasco, la dirección del Partido Popular que preside D. Pablo Casado Blanco había ratificado a D. Alfonso Alonso Aranegui como el candidato del PP a lehendakari, presidente del PP vasco a pesar de que los principales dirigentes de los populares vascos respaldaron a Dña. Soraya Sáenz de Santamaría en las pasadas primarias del PP.

El 22 de febrero de 2020 la dirección del PP anuncia que el PP vasco hará coalición con Ciudadanos en el País Vasco. Una compleja decisión dado que Ciudadanos no tiene ninguna presencia real en esa comunidad y obliga al PP en un momento en que sus perspectivas ya son de por sí baja a dar puestos destacados a miembros de Ciudadanos. Ese mismo día D. Alfonso Alonso Aranegui expresa públicamente su rechazo a la coalición con Ciudadanos y su negativa a participar en la negociación de las listas con ese partido convocada para el día 23.

El 23 de febrero de 2020 la dirección nacional destituye a D. Alfonso Alonso Aranegui como candidato del PP a lehendakari y  este anuncia su retirada como presidente del PP vasco. D. Pablo Casado Blanco designa a D. Carlos Iturgaiz Angulo nuevo candidato del PP a lehendakari. El Sr. Iturgaiz Angulo reasume así un liderazgo que ya ocupó entre 1996 y 2001.

23 Febrero 2020

Intolerable desafío de Alfonso Alonso

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

EL DESAFÍO que el presidente del PP vasco ha planteado a la dirección nacional del partido es intolerable. Porque la irresponsable actitud de Alfonso Alonso en el marco de la negociación de un acuerdo entre PP y Cs para formar un bloque constitucionalista más fuerte ante las inminentes elecciones autonómicas sume al partido en una grave crisis.

Tiene Alonso, que ya había sido anunciado como cabeza de cartel, derecho a intentar defender la estrategia que considere más beneficiosa. Pero lo que ha hecho dista mucho de la responsabilidad que conlleva su cargo. Es inadmisible que se limitara a hacer público su malestar con un pacto que aún era preliminar y que se negara a acudir al encuentro con la cúpula del partido en la que se discutían justamente los términos de la alianza, máxime porque los populares sellaron con Cs un acuerdo final que, como hoy publicamos, recoge la mayoría de las pretensiones del PP vasco. Se verá en las urnas cuánto ha erosionado lo ocurrido la imagen de un partido que en Euskadi ya pasa por sus horas más bajas; errores de este calado pueden tener consecuencias desastrosas.

Este lamentable episodio deja la certeza de que el liderazgo de Alonso está en entredicho. La división es tal que ya son varias las voces del PP vasco que ensalzan las virtudes del pacto con Cs y critican abiertamente la actitud de su líder, que debe reflexionar; está obligado a anteponer a sus intereses los de su partido.

24 Febrero 2020

Difícil arranque de un proyecto vital

ABC (Director: Bieito Rubido Ramonde)

Aunque las formas no hayan sido las más adecuadas, Casado no podía permitir el desafío de Alonso porque la reunificación del centro-derecha es el imperativo político que necesita España

La decisión de Pablo Casado de que Alfonso Alonso no sea el candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno vasco, que finalmente racaerá en Carlos Iturgáiz, será difícilmente comprendida desde fuera del partido, pero responde a la lógica interna de un desafío que Pablo Casado no podía perder. La convergencia del PP con Ciudadanos es un imperativo político y electoral al que ambos partidos debían comprometerse. La fragmentación del voto de centro-derecha ha tenido un coste desproporcionado y era ya el momento de iniciativas conjuntas para sumar y reforzar la alternativa a la pinza social-nacionalista asentada en La Moncloa. Alfonso Alonso y el PP vasco que él representaba han tenido plena libertad desde hace años para decidir mensajes y estrategias en las sucesivas elecciones, tanto nacionales como autonómicas, en el País Vasco.

Los resultados han sido muy negativos y la actual dirección nacional del PP tenía la obligación de abrir otras vías para evitar que el constitucionalismo vasco quedara reducido a la nada e impedir que se extendiera la sensación de que los barones podían echar órdagos como el de Feijóo, a quien sí le respaldan las urnas. Es sorprendente cómo Alonso, al igual que, en su día, Borja Sémper, reciben encendidos elogios de los más furibundos adversarios del PP. El problema no es que no sean acreedores de esos elogios, que lo son, sino que los adversarios de los populares también elogian la irrelevancia en la que se encuentra el partido en el País Vasco. Las fórmulas localistas del PP, esas que se hacen al margen del proyecto nacional del centro-derecha, pasan factura antes o después a la propia organización territorial y, por extensión, a todo el partido a nivel nacional.

Es evidente que las formas empleadas desde Génova no han sido las más adecuadas para plantear y culminar la coalición con Cs en el País Vasco. Y que se hubo de gestionar de manera más engrasada, o con más tiempo, las discrepancias con el proyecto de Alonso. Se hubo de intentar resolverlas antes. No pudo ser y este primer paso hacia la reconfiguración del centro-derecha se ha dado a trompicones. Pero se ha dado porque era necesario. En el País Vasco, el PP ha sido verdaderamente fuerte cuando representaba el proyecto nacional del partido. Cuando los dirigentes locales creen que su futuro depende en parte de desmarcarse de la dirección nacional, no sólo están aceptando la propaganda de sus adversarios, sino que inducen a confusión a su electorado. El votante necesita certidumbres. Ahora, Pablo Casado debe gestionar con más tacto y mejor táctica la rápida recomposición del PP vasco para las elecciones del mes de abril. Ha movido ficha con Iturgaiz, el Domingo de Ramos veremos cómo sale la apuesta.

24 Febrero 2020

Reagrupación constitucionalista

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

CON LA DECISIÓN de apartar a Alfonso Alonso de la dirección del PP vasco, Pablo Casado ha acertado enviando varios mensajes simultáneos, tanto a los líderes regionales del partido como a los electores. El primero, que no tolerará la falta de lealtad que reflejan actitudes como la Alonso, que se negó el pasado viernes a reunirse con Teodoro García Egea en Madrid después de advertir en las redes sociales que la coalición pactada en Génova con Ciudadanos era «inasumible». El secretario general del partido tuvo que esperar hasta el domingo para debatir con él en persona sus objeciones al acuerdo, pero éste se negó a ceder sobre los nombres de los puestos de salida en las listas electorales de Álava y Vizcaya, las dos provincias en las que el PP tiene más fuerza. Esa obcecación hacía insostenible la continuidad de Alonso como candidato a lehendakari, ya que su empeño en decidir el nombre de todos los candidatos no significaba sino una desaprobación de facto del pacto que la dirección de Madrid había firmado con Arrimadas. Ayer, como no podía ser de otra forma, Alonso presentó su dimisión como presidente de los populares vascos.

Porque más allá de los desencuentros personales que hayan podido influir en la decisión –el de Alonso había sido un nombramiento de Sáenz de Santamaría y su apuesta por un poco verosímil liberalismo fuerista que le acercase al PNV había provocado un encontronazo con la dirección–, Casado ha querido dejar claro que el objetivo fundamental del PP para reconstruir una alternativa política fuerte al sanchismo no puede ser otro que la reunificación del centroderecha, que pasa inevitablemente por llegar a alguna fórmula de cooperación nacional con Cs. El partido naranja es prácticamente irrelevante en el País Vasco y ha conseguido un acuerdo ventajoso. Pero también ha cedido ante la negativa de Feijóo a formar listas conjuntas en las elecciones gallegas. Y en Cataluña fueron los ganadores de las autonómicas de 2017 en las que el PP solo obtuvo cuatro escaños, el peor resultado de su historia. El principal partido del centroderecha ha de asumir que la realidad política actual no es ni parecida a la que disfrutaron Aznar o Rajoy, y por ello no puede pretender, como Alonso, que el acuerdo con Cs signifique fagocitar a un partido que ha demostrado representar las aspiraciones centristas de una parte del electorado que se alejó del PP.

La llegada de Carlos Iturgaiz, cuyo compromiso se forjó en los años de plomo y obtuvo el mejor resultado del PP vasco, ayudará a cerrar la crisis en el PP vasco y a facilitar el éxito de la estrategia global de Casado, que va más allá de los resultados de las tres próximas citas electorales. Iturgaiz debe defender con convicción el pacto con Cs para reagrupar al constitucionalismo y debe también tratar de captar el voto útil de simpatizantes de Vox. La fragmentación solo beneficia a Sánchez y a sus socios radicales.

25 Febrero 2020

Casado impone

EL PAÍS (Directora: Soledad Gallego Díaz)

La coalición del PP con Cs es un paso más de la derecha hacia el extremo

El presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado, ha apartado al dirigente vasco Alfonso Alonso como candidato a lehendakari en las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo 5 de abril. Al mismo tiempo, Casado ha impuesto en su lugar a un histórico de la formación, Carlos Iturgaiz, quien había abandonado sus compromisos políticos en protesta por haber sido relegado en las listas del Partido Popular para el Parlamento Europeo. La chispa que ha provocado este movimiento electoral de última hora y la inmediata dimisión de Alonso como presidente del PP vasco ha sido el pacto de coalición con Ciudadanos, acordado en Madrid por Pablo Casado. Pero las causas de la crisis se remontan a la disputa por el liderazgo tras la dimisión del anterior presidente nacional, Mariano Rajoy, y a la controversia acerca de la estrategia de oposición al Gobierno de Pedro Sánchez. En ambos asuntos Alonso se encontraba alejado de la actual dirección, al haber apostado por Sáenz de Santamaría contra Casado y promover un discurso de oposición que no se cerrara a diferentes pactos.

La decisión de Casado tiene un significado más amplio que la simple elección de un candidato para las elecciones vascas, puesto que deja al descubierto el deficiente funcionamiento interno del Partido Popular. El retraso en confirmar la inicial candidatura de Alonso fue la primera señal de que Casado y su entorno recelaban de los mínimos procedimientos de democracia interna exigibles a cualquier partido político. La nominación de Iturgaiz, por su parte, ha sido la confirmación de que a partir de este momento no existe más poder que el de la dirección nacional, ni más estrategia que la que Casado decida. Solo que este doble gesto de autoridad a través de un único movimiento corre el riesgo de fragilizar a Iturgaiz, un candidato con el que no contaba la estructura territorial del partido. Y más aún cuando, por parte de Ciudadanos, el acuerdo de coalición con los populares ha sido suscrito por Inés Arrimadas antes del congreso que debe decidir la composición de la nueva dirección y la línea política del partido.

La defenestración de Alonso demuestra que Casado ha optado finalmente por perseguir la unidad de acción de la derecha, aunque sea al precio de profundizar las heridas que permanecen abiertas desde el último congreso. Esta alternativa resultaría arriesgada para él en cualquier circunstancia, pero más en la perspectiva de las dos elecciones que se celebrarán simultáneamente el 5 de abril. Los inciertos resultados del PP en el País Vasco, que, de cumplirse los pronósticos, Ciudadanos no contribuiría a mejorar, se medirán inexorablemente con los que obtenga en Galicia, donde Alberto Núñez Feijóo parte de una mayoría absoluta y ha decidido seguir el camino contrario al de Casado. Aun en el supuesto de que Feijóo perdiera apoyos, Casado no estará en condiciones de hacerle pagar ningún coste interno si su apuesta por Iturgaiz no resulta un éxito incontestable. Para Casado, la coalición con Ciudadanos en el País Vasco es el primer paso en una reunificación de la derecha en rumbo hacia el extremo. Falta por saber cuánto deberá Casado radicalizar aún su discurso para que Vox acabe entrando a un juego en el que, de mantenerse esta lógica, no sería una fuerza invitada, sino la que tiene la última palabra.

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