21 febrero 2008

Solbes ofreció una imagen tranquila frente a un Pizarro que dio una imagen alarmista: "Prefiero no hablar de crisis, sino de turbulencias"

Debate sobre Economía entre el ministro Pedro Solbes (PSOE) y el empresario Manuel Pizarro (PP) en ANTENA 3 TV: el fichaje estrella de Rajoy no logra poner en evidencia al Gobierno

Hechos

  • El 21.02.2008 se realizó en las instalaciones de ANTENA 3 un debate sobre la situación económica de España entre D. Pedro Solbes (PSOE), Vicepresidente y ministro de Economía y D. Manuel Pizarro (PP), Nº2 de la candidatura del PP al Congreso en las elecciones.

Lecturas

UN TITULAR POLÉMICO

El mismo 18.02.2008 en que se conoció que se celebraría el debate, EL MUNDO de D. Pedro J. Ramírez tituló «El enfermo Solbes y el doctor Pizarro se verán las caras», en una toma de posición clara (el Sr. Pizarro había ayudado a EL MUNDO en la etapa en que era presidente de Endesa).

LA ENCUESTA DE ANTENA 3 TV DA A SOLBES COMO GANADOR

A3pizarrosolbes La propia encuesta de ANTENA 3 TV dio al Sr. Solbes como ganador frente al Sr. Pizarro.

LOS DIARIOS EL PAÍS Y PÚBLICO DAN POR VENCEDOR A SOLBES, MIENTRAS QUE LA RAZÓN ES EL ÚNICO QUE DA LA VICTORIA A PIZARRO

pizarrosolbes El periódico LA RAZÓN (dirigido desde hace unas semanas por D. Francisco Marhuenda) fue el único medio que dio el triunfo al Sr. Pizarro, frente al resto de medios que consideró ganador al Sr. Solbes. De manera especialmente entusiasta respaldaron al Sr. Solbes el diario EL PAÍS que dirige D. Javier Moreno y PÚBLICO de D. Ignacio Escolar.

El titular de portada de EL MUNDO de D. Pedro J. Ramírez trató de ser más equilibrado que los otros periódicos de Madrid. Aunque una encuesta del periódico daba también ganador a D. Pedro Solbes.

El titular de portada del ABC del recién estrenado director D. Ángel Expósito Mora, fue más bien favorable al Sr. Pizarro, aunque menos que sus competidores de LA RAZÓN, PÚBLICO y EL PAÍS.

D. Maurizio Carlotti y Dña. Gloria Lomana recibieron personalmente al Sr. Solbes en la sede de ANTENA 3 TV.

TELECINCO contraprogramó el debate entre los Sres. Solbes y Pizarro emitiendo a la misma hora una entrevista de D. Pedro Piqueras y D. José Luis Rodríguez Zapatero.

23 Febrero 2008

Cuestión de confianza

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

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Los estrategas políticos del PSOE y del PP plantearon el debate televisivo entre el vicepresidente, Pedro Solbes, y el número dos del PP por Madrid, Manuel Pizarro, como un duelo en el que debía dilucidarse quién de los dos ofrece más confianza para enfrentarse al presumible empeoramiento de la economía española. Desde esta perspectiva, caben muy pocas dudas de que Solbes triunfó con holgura. En su estilo poco ameno, el vicepresidente transmitió la serenidad que necesitan los ciudadanos, y en particular los inversores, en tiempos de incertidumbre. Y lo hizo con un diagnóstico más realista que la dramática insistencia en la ruina de los españoles y la retórica de «los males de la patria» de Pizarro.

Una primera conclusión del debate es que se impuso el diagnóstico económico de Pedro Solbes: la economía española se enfrenta a una desaceleración económica, causada por el fin del boom de la construcción y agravada por factores externos como el precio del petróleo, la crisis financiera y elevación de tipos. El diagnóstico alternativo ofrecido por Pizarro, que insiste en dibujar una tenebrosa crisis causada en todos sus términos por la incompetencia del Gobierno, simplemente no se sostiene. Las proyecciones económicas no avalan una recesión -la previsión peor augura un crecimiento del 2,7% para este año- y las tasas de crecimiento del PIB y del empleo durante los últimos cuatro años desmienten la tesis de los errores catastróficos.

En el debate entre los dos pesos pesados de la economía se dibujaron también las estrategias de ambos partidos para mitigar la desaceleración. Solbes ofreció un plan compacto, basado en limitadas rebajas fiscales, inversión intensificada en infraestructuras y la continuidad de políticas sociales dirigidas a proteger las rentas más bajas de las peores consecuencias de la menor creación de empleo y el previsible aumento del paro. La opción de Pizarro fue más imprecisa. Consiste en síntesis en un gran recorte fiscal, extremadamente costoso para las arcas públicas, y en la confianza absoluta de que la iniciativa privada actuará infaliblemente para reactivar el PIB y el empleo.

La contradicción del PP es que no se puede tener estabilidad presupuestaria aplicando un recorte de impuestos que cuesta 30.000 millones, salvo que se reduzca el gasto público. Nada más razonable que preguntarse dónde aplicaría el PP los inevitables recortes. El exabrupto de Pizarro citando el Ministerio de Vivienda, la oficina económica de la presidencia, el piso del ministro de Justicia o «el pago a los terroristas» es algo más que una grosería impropia de alguien que aspira a responsabilizarse de la política económica; indica que el PP carece de un plan económico articulado más allá de fabulosos recortes impositivos. Hoy por hoy, la credibilidad económica del Gobierno es superior a la del PP. El peso de Pizarro no ha minado la credibilidad de Solbes, más bien al contrario

22 Febrero 2008

Una oportunidad perdida para Pizarro

Miguel Jiménez

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Solbes y Pizarro lo dejaron claro desde el principio. No habría insultos ni malas maneras. Se presentaba un debate de guante blanco. Así transcurrió el primer bloque de 20 minutos, con una avalancha de cifras y porcentajes en las que Solbes adoptó el papel de profesor y Pizarro llegó a concedérselo («usted sabrá», «usted es el ministro», «yo no estaba allí»). La frase con más gancho de Pizarro fue la primera («España no va bien»), pero luego se manejó mal con las cifras y cometió errores conceptuales de bulto (como confundir los precios al consumo con los de producción al hablar de competitividad). Al hablar de macroeconomía, Pizarro intentó poner el acento en la fotografía de los últimos meses mientras que Solbes hizo un balance de la legislatura y llegó a lanzar reproches directos a su rival, aprovechando algunas meteduras de mata de los compañeros de partido de Pizarro: «No están buscando soluciones». Los expertos dicen que para ser creíble es bueno conceder algún punto al adversario. Pero quizá Pizarro se pasó de la raya al felicitar a Solbes una y otra vez por el superávit y reiterar que es un gran ministro de Hacienda.

Tras un primer bloque sobre grandes cifras que favorecía a Solbes, Pizarro entró en el capítulo de economía familiar enunciando sus planes de rebaja fiscal. El debate estaba ahí más equilibrado, pero Pizarro cometió quizá su mayor error al proponer como recetas para reducir el gasto suprimir el Ministerio de Vivienda, ahorrar en las reformas de pisos de los ministros y «dejar de pagar a los terroristas». Fueron los momentos más tensos del debate. Solbes le reprochó sus palabras a Pizarro («creí que íbamos a hablar de cifras y no de demagogia») y amagó por un momento con sacar a relucir los millonarios sueldos e indemnizaciones de Pizarro. Solbes, además, aprovechó el episodio más encendido del debate para sacar a relucir unas palabras de Pizarro de 1994 en las que se inclinaba por el modelo privado de pensiones. El representante del PP negó haberlo dicho, pero Solbes le leyó el titular y le enseñó la portada de un periódico de la época.

Cuando el debate alcanzaba su clímax, llegó la pausa y a la vuelta volvió el guante blanco y, por momentos, el aburrimiento. Tocaba el bloque de retos del futuro, pero ni uno ni otro candidato lograron conectar con la audiencia ni transmitieron mensajes convincentes. Ni siquiera las discrepancias elevaban el tono.

Pese a que llevar un ojo cerrado por una infección no favorecía su telegenia, el lenguaje no verbal de Solbes tanto durante sus intervenciones como, sobre todo, en los planos de escucha, transmitía más tranquilidad y seguridad. Solbes leía menos sus intervenciones, manejaba con más soltura los gráficos. A veces le fallaba el tono o se liaba un poco en razonamientos complejos en que salían a relucir de nuevo demasiadas cifras. Enfrente, Pizarro mostraba más labia, pero sus ataques no llegaban a hacer mucho daño. Apeló una y otra vez a la confianza, pero si hay algo que no transmite Solbes es incertidumbre.

Salvo por una breve introducción, Matías Prats pasó inadvertido, que es lo mejor que se puede decir de un moderador.

22 Febrero 2008

Pizarro y Solbes: el debate que nunca existió

Federico Jiménez Losantos

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En la noche del jueves, cuando veía a Pizarro en esa especie de nevera diseñada por Antena 3 para destruir el anisakis y congelar cualquier posible debate entre seres aproximadamente humanos, no conseguía quitarme de la cabeza el recuerdo del joven Aznar en su primer debate sobre economía en las Cortes. El entonces presidente de Castilla y León había llegado a la jefatura del PP gracias a la expedición veraniega de cuatro «barones» (Cascos, Rato, Trillo y Lucas) para convencer a Fraga de no presentar a la candidata que había elegido para las elecciones del 89, que era Isabel Tocino. Pero el neocandidato tuvo un mes o dos para preparar la campaña del 89, cuyo eslogan fue «Palabra» (palabra: lo fue) y que, en líneas generales, fue atropellada cuanto horrorosa. En su anuncio televisivo, Aznar no es que estuviera soso hasta extremos inenarrables, sino que, por no despertar, no despertaba ni animadversión. Pese a todo, mejoró en un escaño (Melilla) el resultado de Fraga, aliado con los democristianos del PDP y los liberales en el 86. Y empezó su andadura en las Cortes.

El primer debate serio que afrontó Aznar ese mismo año fue ni más ni menos que el de Presupuestos, decisión que casi todos los cronistas políticos consideraron suicida, hasta el punto de predecirle un futuro como el de Hernández Mancha, caído en una moción de censura improvisada contra un Tigrekán en el orto de su poder. Reinaba entonces en la economía, y por tanto en los Presupuestos, Carlos Solchaga, sin sombra que menguara su esplendor y con el apoyo de todos los poderes fácticos, los de la Izquierda con Polanco al frente y los de la Derecha, con Cuevas al frente de la CEOE. La fórmula que repetía la derecha era que la política de Solchaga era «la única posible». Y yo tuve feroces peleas con Cuevas, a quien rebauticé Cavernas, por defender tamaño dislate. Cuevas organizó una campaña con los empresarios andaluces que se dieron de baja en el ABC para echarme de ese periódico, al que llegué en 1987, lo cual prueba que hay una derecha, que, como suele decirse de los Borbones tontos, ni aprende ni olvida.

Aznar, que con los años llegó a convertirse en un parlamentario eficacísimo y temible, era entonces un polluelo con el cascarón pegado. Pero era un cascarón liberal, y eso supuso que, por primera vez en casi un siglo la Derecha abandonaba el estatalismo populista y volvía a los orígenes de la Restauración canovista, al menos hasta 1898, cuando Cánovas se declaró proteccionista. En el debate presupuestario todos dieron por perdedor a Aznar, y en el teatro del Hemiciclo tal vez lo fuera, pero yo defendí que le había ganado a Solchaga sin la menor duda, porque lo que había defendido era la verdad frente a la mentira «políticamente correcta» y, sobre todo, lo que le convenía a España, que era más libertad económica y menos intervencionismo, es decir, menos corrupción.

Aznar era peor parlamentario que Solchaga, pero tenía razón, y además tuvo la tenacidad de aprender a manejarse en el Parlamento haciendo todos los debates serios, pero ya digo que entonces todos dijeron que había ganado el PSOE, por experiencia y porque aunque mentían lo hacían con brillantez. Pizarro es más brillante que aquel Aznar y Solbes es mucho menos brillante que aquel Solchaga, pero tras el debate en la nevera de Antena 3, hay en la clásica derecha derrotista –variante ideológica del conservadurismo, que, por conservar, les lleva a conservar hasta el socialismo– cierta melancolía por lo que se entiende un resultado bastante equilibrado entre Pizarro, que hacía su primer debate en televisión, y Solbes, que lleva cuatro años de vicepresidente económico. Yo creo que ganó Pizarro, como Aznar en 1989, porque dijo la verdad sobre los males de la economía española y los remedios para curarlos. Pero, por alguna razón que tiene mucho que ver con la desconfianza de los españoles en sí mismos, esa Derecha tan de piedra como los Toros de Guisando asegura que o ganó Solbes o ganó Pizarro pero por poco, cuando tenía una gran ocasión para machacarlo.

La verdad es que Solbes no iba precisamente a dejarse machacar, como pronto demostró, y como Pizarro iba de vicepresidente económico alternativo, las expectativas de un duelo no a primera sangre sino hasta la última quedaron un tanto deslucidas. Por lo que vimos, nadie le había explicado a Pizarro en Génova 13 cómo comportarse en televisión, de ahí los dos fallos expresivos sustanciales: no fijar la vista en un lugar los primeros minutos, porque el astuto Solbes miraba los papeles para ponerlo nervioso, y quedarse demasiado serio cuando Solbes, hecho un pirata sin parche, mentía desdeñoso. Por supuesto, esté en el Gobierno o en la Oposición, Pizarro le ganará a Solbes, esté en la oposición o en el Gobierno en el debate de Presupuestos de este año, salvo que Rajoy se pida el balón. Porque Pizarro es más listo, sabe más de economía y cree en las ideas liberales que defiende, mientras que Solbes no cree en nada, salvo en su supervivencia. Se trata de que las cámaras de televisión reflejen esa realidad. Lo cual no es tan fácil como muchos creen pero tampoco tan difícil que no se pueda aprender.

Podríamos entrar en los contenidos, pero nos repetiríamos: Solbes mintió para mayor comodidad de la España sesteante y Pizarro dijo la verdad a una España que no parece muy dispuesta a aceptar que hay que trabajar, que nada es nunca gratis y que las vacas flacas ya están en la plaza, aunque el Gobierno trastee mirando al tendido en vez de lidiar al astado. Pero, en realidad, lo malo del debate Pizarro-Solbes es que como tal debate no existió; y lo peor es que ese mismo formato se ha pactado para los supuestos debates Rajoy-Zapatero, que serán simples monólogos sucesivos donde el Gobierno siempre llevará ventaja. No sólo porque juega en casa (en la Casa de Campo Vidal), sino porque prohibir la pelea dialéctica, el cuerpo a cuerpo de los púgiles, perjudica sobre todo al aspirante, es decir, a la Oposición. Con ese formato de monólogos en la nevera, que Solbes y Pizarro respetaron escrupulosamente, hubiera sido más cómodo para todos que fueran enviando de Ferraz y de Génova los videoclips de los contendientes, para que Matías Prats les fuera dando paso aunque, en rigor, nunca pudieran tropezarse. Por cierto, estuvo bien Matías cuando dijo que nunca un moderador había tenido que trabajar menos en un debate. ¡Como que no había debate! Y es muy de temer que Rajoy tampoco tenga esa oportunidad.

25 Febrero 2008

Y lo tumbó en la lona...

Joaquín Estefanía

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Solbes ganó a Pizarro porque su visión de la economía es más ajustada a la realidad

1. Orejeras ideológicas. Sólo teniendo puestas las orejeras ideológicas se puede creer que Pizarro había ganado a Solbes el debate en televisión. La superioridad del vicepresidente económico del Gobierno fue muy amplia y avanzó conforme pasaba el tiempo y al aspirante se le acababan las frases hechas que había traído apuntadas (por ejemplo, repitió más de una vez que la inflación es un impuesto para los pobres, con tal énfasis que parecía un descubrimiento suyo). Muchos analistas achacaron a posteriori la severa derrota de Pizarro a que es un principiante en el mundo de la política; a que se dejó arrastrar al terreno de los grandes números en vez de haber insistido en la microeconomía; etcétera. Pero pocos han señalado que la victoria de Solbes pudo deberse a algo más sencillo: a que la visión que dio de la situación económica española es más ajustada a la realidad que el catastrofismo de Pizarro.

2. Dos modelos. Se clarificaron los modelos que cada uno defiende. La de Antena 3 ha sido una de las pocas ocasiones en las que Solbes ha enseñado su alma socialdemócrata, ya que casi siempre se presenta como un tecnócrata ocupado en que no fallen los recursos, no en la forma de distribuirlos; en los últimos meses ha pasado de afirmar que aquí no ocurre nada a decir que estamos mejor preparados que otros para soportar los efectos de la desaceleración y que se protegerá a los perjudicados de ésta porque hay margen para hacerlo. Ese margen se destruiría con bajadas masivas de impuestos, como las que propuso Pizarro. Éste fue aún más explícito: el modelo que le gusta es el de la Comunidad de Madrid, que ha reducido algunos gravámenes (la parte autonómica del impuesto de la renta) y ha hecho desaparecer otros (por ejemplo, sucesiones y donaciones). Pero al modelo económico de la Comunidad de Madrid, además de su insolidaridad, le estallan por todas partes las costuras de sus servicios públicos (el mejor ejemplo es la sanidad) ante el incremento de la demanda y la ausencia de ingresos alternativos. Por si alguien sospechaba que esa adhesión a Esperanza Aguirre le llevaba a territorios demasiado neocons, Pizarro advirtió que él venía de Unión de Centro Democrático (no de la ultramontana Alianza Popular) y abominó de las pensiones por capitalización, que impulsó Pinochet en Chile.

3. Los silencios. Cada uno de los contendientes dejó de contestar a algunas cuestiones. Solbes no se inmutó cuando Pizarro le cuestionó -por dos veces- sobre qué iba a hacer con el impuesto de sucesiones y donaciones (en otros lugares ha dicho que establecerá un mínimo que habrá de pagarse en todas partes), y el representante del PP miró para otro lado cuando el vicepresidente le preguntó qué le parecían las declaraciones de Zaplana (sin mencionarlo) de que hay entidades financieras españolas que «sin duda» tienen problemas económicos, y que el Banco de España está ocultándolas por conveniencia política. Recuérdese que en su otra vida, Pizarro fue presidente de una caja de ahorros, presidente de la patronal de las cajas y presidente de la Bolsa de Madrid.

4. El peor momento. La única situación que dejó a Solbes un poco aturdido fue cuando Pizarro machacó con las cifras crecientes de desempleo, inflación y crecimiento, apoyado en las aportadas ese mismo día por el comisario europeo Joaquín Almunia. Almunia sustituyó a Solbes el día en que Zapatero le llevó a la vicepresidencia de Gobierno. Ahí perdió contundencia.

El peor momento para Pizarro fue cuando éste sacó a bailar el tipo de argumentos que tanto gustan a Acebes, Zaplana et altri. La reforma fiscal del PP costará 30.000 millones de euros, más del 40% de lo que cualquier año gastan todos los ministerios juntos.

¿De dónde recortará el PP para que no haya déficit?: suprimiendo el Ministerio de Vivienda, la Oficina Económica de la Presidencia, las reformas del piso de Mariano Fernández Bermejo y no pagando a los terroristas.

Solbes le contestó: yo pensaba que veníamos a hablar en serio de economía y no a hacer demagogia. Y lo tumbó en la lona.