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Robles Piquer es cuñado de Manuel Fraga al que Romero viene atacando desde el periódico PUEBLO desde que dejó de ser ministro

Polémica entre el político Carlos Robles Piquer y el periodista Emilio Romero por si dimisión del Instituto Nacional del Libro Español

HECHOS

En diciembre de 1969 se produjo un intercambio de cartas entre D. Emilio Romero Gómez y D. Carlos Robles Piquer.

22 Diciembre 1969

MISCELANIA

Emilio Romero

Ha arreciado estos días, en cierta Prensa de provincias, su atención a mi persona. En realidad son siempre los mismos. Gentes a quienes mi vida profesional, atareada y sufrida, ofrece tema habitual para sus comentarios. Son puras y fieles animadversiones que tienen nombre y apellidos. Concretamente dos: una, en Asturias y otra en Navarra. Tampoco puedo evanecerme de enemigos; ni son muchos ni importantes. Esto no me produce ninguna rentabilidad. Hay además una curiosidad más antigua por lo que hago, aunque mejor intencionada. Se localiza en Gijón. En su último artículo sospecha que estoy en una situación “entre el sonambulismo y el surmenage”. ¿Me supone alguien en Madrid sonámbulo y con surmenage, con todo lo que está pasando? Esos son lujos para ejercer en Gijón.

Lo más pintoresco de todo lo que se escribe por ahí fuera de esta sección, lo he leído en un periódico de Orense y firmado, lógicamente, por Correveidile; y en otro de Navarra mediante un suelto de Mariano del Mazo. Según estas informaciones, don Carlos Robles Piquer – a quien profeso verdadero afecto y gratitud – antiguo director general de Información y Espectáculos del Ministerio de Información, diplomático y cuñado del ex ministro señor Fraga, había dimitido la presidencia del Instituto Nacional del Libro Español por razones éticas, al estimar que mi referencia al ex ministro Fraga en un reciente artículo, no estaba justificada en una persona como yo que había sido designado ‘Periodista de Honor’ por el señor Fraga, ‘Al ser nombrado el Sr. Romero director de la Escuela Oficial de Periodismo – dice – encuentro que mi solidaridad con el señor Fraga no me permite seguir en un puesto de este Ministerio”. Si esto fuera verdadero resultaría, graciosamente, que mi nombramiento para dirigir la Escuela de Periodismo había ocasionado una especie de dimisión de rebote. Esto no es serio. ¿A qué ponerme de pantalla? Por si acaso, vamos a aclarar: los nombramientos de periodistas de Honor se han hecho estos últimos años a propuesta de la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa: el ministro no hacía otra cosa que rubricar esta propuesta. Por lo tanto, quien e honró con la petición de esta distinción fue la profesión periodística española. El señor Fraga no lo vetó. Yo se lo agradecí. U dato más para enriquecer el archivo de don Mariano del Mazo y, por supuesto de Correveidile: el Premio Nacional de Literatura me fue también discernido por el Ministerio de Información, mediante un Jurado constituido por personas libres y dignísimas de nuestro mundo intelectual, presididas por don Carlos Robles Piquer. La aceptación de esta alta distinción también estuvo a cargo del señor Fraga. ¿Pero qué se quiere decir con esto? ¿Qué el periodista de honor y el Premio Nacional de Literatura debe callar la boca, renunciar a sus deberes oxidar su oficio intelectual y pasarse la vida hinchado como un pavo por los títulos recibidos, haciendo reverencias? ¿De cuándo a la recta discrepancias e le involucra con la ética, y qué consecuencia es esa de clamar por la libertad que ejerzo yo? La ley de Prensa no desampara a los que se consideran afectados por la crítica, y por ello ha establecido para los gobernantes el derecho de rectificación, y para los particulares el derecho de réplica. No hay, por ello, abuso de situación. Quien únicamente puede abusar es quien estando en un plano de poder acabara con el discrepante de un plumazo. En este caso al pobre discrepante no te valdría apelar en ningún derecho, ni de rectificación ni de réplica. El silencio y el agradecimiento es, a veces, un matrimonio incestuoso.

Como contrapartida de estas actitudes desde dentro, me escribe desde fuera del Régimen, no poca gente. El tono de las últimas cartas es admirable. Naturalmente entran en diálogo, discrepancias siempre, coinciden a veces y no se deciden a firmar. No sé por qué. Me gustaría conocer a gentes tan respetuosas aunque sean reticentes.

Una es de un socialista que sostiene su fe en el triunfo, a nivel continental, del nuevo socialismo libre y democrático. Suecia, Inglaterra, Alemania. Analiza la irremediabilidad del compromiso del socialismo histórico español en la guerra civil.

Otra carta la firma J. Montanes y pasa revista a todos mis artículos de la última época. Le ha hecho mucha gracia el de la monarquía biológica, de Florez Tascón (absoluta en lo biológico y constitucional y democrática en lo psicosomático).

Y una tercera carta firmada por Manuel Muñoz que me hace una pregunta: “¿Puede el rey aceptar la Jefatura Nacional del Movimiento? Pues verá. El jefe nacional del Movimiento es el presidente del Gobierno por delegación del Jefe del Estado. La figura del Jefe de Estado en nuestra Constitución, es abarcadora. Es el representante supremo de la Nación: personifica a la soberanía nacional; ejerce el poder supremo político y administrativo.

Me han pedido la referencia de estas cartas. Están satisfechos. Pero no me pidan esto. Esta no es una sección pensada para despachar correspondencia política. Se trata de ofrecer un puente de comunicación entre poder y opinión pública.

27 Diciembre 1969

Réplica

Carlos Robles Piquer

El comentario que con motivo de mi reciente dimisión de la presidencia del INLE has dedicado a justificar tu actitud profesional me obliga a evitar que se produzca un matrimonio innecesario entre mi agradecimiento por el amable modo con que me mencionas y mi silencio que podría parecer aquiescente. En consecuencia, doy involuntaria publicidad a una pequeña historia a través de las siguientes puntualizaciones.

1 – A finales de noviembre, los autores – tú fuiste uno de ellos, hace algún tiempo – los editores y los libreros que rigen el Instituto Nacional del Libro Español en su nivel profesional visitaron al nuevo ministro de Información y Turismo para saludarle, exponerle temas que les preocupan y solicitarle algo que él mismo ya me había ofrecido, e incluso pedido antes, con afectuosa insistencia: mi continuación en la presidencia de dicho Instituto. Acepté con gusto, no sólo movido por el afecto que profeso a unos y otros, sino por el sincero deseo de servir la noble causa de nuestros libros.

2 – En la mañana del 11 de diciembre y con verdadero disgusto, hube de enviar a dicho ministro, mi respetado y querido amigo don Alfredo Sánchez Bella, una carta en la que le comunicaba mi renuncia irrevocable al citado cargo presidencial y a cualquier otro dependiente del mismo Departamento, agradeciéndole de nuevo los elogios que me había dedicado en ésta y en otras ocasiones. Debo señalar que nunca escribí el texto que, entrecomillado, citas como mío; pero sí es cierto que mi renuncia se debía a tu nombramiento hecho público la víspera para la dirección de la Escuela Oficial de Periodismo. Aun no compartiendo mi punto de vista, el señor Sánchez Bella  tuvo la bondad de comprenderlo y de aceptar mi dimisión. Espero que pronto provea también, como en la misma carta le pedía, a mi sustitución como vocal representante del Ministerio de Información y Turismo en el Consejo de Administración del Instituto Nacional de Industria.

3 – Para desvanecer cualquier equívoco sobre ellos, quiero apresurarme a aclarar que los motivos éticos sobre los que fundé mi renuncia son estrictamente míos, personales e intransferibles: yo nunca administro la ética ajena, sea cualquiera el juicio que ésta me merezca. Enteramente identificado con la persona y la gestión ministerial de don Manuel Fraga Iribarne, consideré que no debía permanecer en un puesto análogo al que te ha sido otorgado, ya que los ataques que dirigiste al ex ministro Fraga muy pocos días después de su cese, primero desde el periódico de la Organización Sindical y en seguida desde un semanario publicado por los editores de EL CASO en el que calificabas de injusto el editorial de ABC titulado ‘Fraga, un gran ministro’, me parecieron ofensivos para la persona, injustos para su obra política – para usar un vocablo de moda – un tantico coyunturales. Por supuesto se trata de una simple opinión mía que puede ser errónea y que quizá sólo comparten un periodista de Orense y otro de Navarra: pero he fortalecido esta opinión al leer después de tu nombramiento, y mi renuncia, tus nuevas críticas a una actuación posterior de la misma persona.

4 – En tu comentario te refieres con amplitud a una cuestión que juzgo accesoria y que no fue la causa principal de mi renuncia: la de que el ministro Fraga te hubiese concedido, previos los oportunos trámites legales, un premio nacional de Periodismo (1962), un premio nacional de Literatura (1964) y el rango de Periodista de Honor (1969), ya que es indudable, como tú mismo sostienes, que dicho ministro y quienes le elevamos las respectivas propuestas no deseábamos de ninguna manera, premiar otra cosa que tus méritos literarios o periodísticos, ni mucho menos pretendíamos comprometer tu insobornable independencia respecto a los Poderes Públicos. Quede en claro, por tanto, que no te he puesto de pantalla para ninguna dimisión de rebote, fundada en motivos distintos de los que impulsados por tus palabras, acabo de exponer.

Confío en que tu reconocida caballerosidad no me hará necesario invocar el derecho de réplica que me concede la vigente ley de prensa e imprenta – a la que tú has denominado Ley de Fraga – para que esta carta vea pronto la luz en la misma Tercera Página en la que se galleó el texto que la motiva.

Aprovecho la oportunidad para enviarte un atento saludo, con el deseo de que el próximo año incremente la paz sobre la tierra y entre todos los españoles.

Carlos Robles Piquer

29 Diciembre 1969

Nota

Emilio Romero

Don Carlos Robles Piquer ha sentido la necesidad de informar sobre las razones que le han aconsejado dimitir de la presidencia del Instituto Nacional del Libro, y que han sido – según ha explicado en este periódico – las de mi nombramiento para dirigir la Escuela Oficial de Periodismo, y ello porque me permití algunos juicios – por otra parte mínimos y ocasionales – sobre la intervención de su cuñado el ex ministro señor Fraga en el Consejo nacional, y también sobre la gestión ministerial de éste, en réplica de mera precisión a un editorial de ABC, que me pareció poco generoso, y en ocasiones inexacto para la memoria del ex ministro Arias Salgado.

La actitud del señor Robles Piquer pertenece al género de la eutrapelia política. Le honra su afirmación de que esta enteramente identificado con la persona y la gestión ministerial del antiguo ministro; pero tal vez hubiera sido más puntual en la identificación política y en el afecto familiar, si no hubiera aceptado otra dependencia ministerial, tras su cese como director general de Cultura Popular y del Espectáculo. Ha tenido que producirse mi nombramiento para hacerte recordar que la pasada gestión ministerial era tan inconmovible como el sistema de los astros en el universo; entonces nos ha reprendido severamente a todos con una dimisión y ha dejado con ello al libro español en una dolorosa orfandad.

Renuncio a la réplica. La carta de Robles Piquer tiene todo el aire de una inocentada. Se habría publicado ayer, si no hubiera sido domingo. La verdad es que si todos los nombramientos aparecen en el Boletín Oficial del Estado con su solemne laconismo, algunos actitudes políticas de las vostrimerías del año 69 debieran ser de inserción obligatoria en las verosímiles criadas e independentientes páginas de LA CODORNIZ.

Emilio Romero

30 Diciembre 1969

EMILIO ROMERO Y SUS GALLADAS

José Antonio Flaquer

Continúan los absurdos e inconcebibles ejercicios dialécticos en la cuerda floja – cuidado señor Romero, que a veces uno corre el riesgo de resbalar y darse de narices en el mismísimo suelo – del director del diario PUEBLO. Ejercicios que si no fuera para llorar, la verdad, serían para reír. Y recapitulemos que a menudo es un verbo necesario e imprescindible para que no quede nada en el tintero: desde hace cierto tiempo y con recalcitrante contumacia, digna de mejor causa, don Emilio Romero, que es también, a parte de otras muchas cosas, director de la Escuela Oficial de Periodismo, cargo para el que fue nombrado recientemente, se mete con poquísima oportunidad y mucha menos elegancia y ética profesional con don Manuel Fraga Iribarne, ex ministro de Información y Turismo. De estos extemporáneos y desafortunadísimos ataques – muchos piensan aquí como nosotros, que conste – ya nos ocupamos el otro día en estas mismas páginas.

Ahora don Carlos Robles Piquer, ex director general de Cultura Popular y Espectáculos y cuñado del señor Fraga Iribarne, ha presentado su dimisión como presidente del Instituto Nacional del Libro Español. El mismo señor Robles Piquer ha explicado los motivos que le han inducido a tomar tan radical decisión en una carta de réplica que ha dirigido a don Emilio Romero y que el diario PUEBLO publicó el pasado sábado.

“Es cierto que mi renuncia se debía a tu nombramiento para la Escuela Oficial de Periodismo”. Eso es lo que espeta, para que no haya dudas don Carlos Robles Piquer al señor Romero. Asimismo el ex director general, tras destacar que los motivos morales sobre los que fundó su renuncia ‘son estrictamente mío, personales e intransferibles’, ha puntualizado que ‘consideré que no debía permanecer en un puesto análogo al que te ha sido otorgado, ya que los ataques que dirigiste al ex ministro Fraga muy pocos días después de su cese (Primero desde el periódico de la Organización Sindical y en seguida desde un semanario publicado por los editores de ELCASO, en el que calificadas de injusto el editorial de ABC titulado ‘Fraga, un gran ministro’) me parecieron ofensivos para la persona, injustos para su obra política y – para usar un vocablo de moda – un tantico coyunturales”.

Aclaremos que el director de PUEBLO se refirió a la misma el pasado 23 de diciembre para afirmar que si fuera cierto que había dimitido por razones éticas, al estimar que las referencias del periodista de honor al señor Fraga no estaban justificadas, “resultaría graciosamente que mi nombramiento para dirigir la Escuela de Periodismo había ocasionado una dimisión de rebote. Esto no es serio. ¿A qué ponerme de pantalla?”.

Y el señor Robles Piquer en el último párrafo de su misiva dice que en su comentario el señor Romero se refiere con amplitud a una cuestión que juzga accesoria y que no fue la causa principal de su renuncia: la de que el ministro Fraga le hubiese concedido, previos los oportunos trámites legales, un premio nacional de Periodismo (1962), un premio nacional de Literatura (1964) y el rango de Periodista de Honor (1969), ya que es indudable, como él mismo sostiene, que dicho ministro y quienes “le elevamos las respectivas propuestas, no deseábamos, de ninguna manera, premiar otra cosa que los méritos literarios o periodísticos, ni mucho menos pretendíamos comprometer tu insobornable independencia respecto a los Poderes Públicos. Quede bien claro, por tanto, que no he puesto de pantalla para ninguna ‘dimisión de rebote’, fundada en motivos distintos de los que, impulsado por tus palabras, acabo de exponer”.

El señor Robles Piquer concluía deseando al Sr. Romero “que el próximo año incremente la paz sobre la tierra y entre todos los españoles”.

El señor Romero, no obstante, se ha creído obligado a contestarle al señor Robles Piquer. Y lo ha hecho ayer lunes en una nota en la que leemos entre otras cosas lo siguiente: “La carta de Robles Piquer tiene todo el aire de una inocentada. Se habría publicado  ayer, si no hubiera sido domingo. La verdad es que si todos los nombramientos aparecen en Boletín Oficial del Estado, con su solemne laconismo, algunas actitudes políticas de las postrimetrías del año 69 debieran ser de inserción obligatoria en las verosímiles orladas e independientes páginas de LA CODORNIZ”. Y antes, con innecesaria, hiriente e inelegancia ironía ‘matiza’ que con su dimisión, el señor Robles Piquer ha dejado en una dolorosa orfandad al libro español.

Allá el señor Romero con su conciencia… Pero creemos sinceramente que se ha equivocado de nuevo. Afirmar en letra impresa que la carta del señor Robles Piquer tiene ‘aire de inocentada’ nos parece, aparte de triste y lamentable, ofensivo. ¿Por qué no afina un poco más la puntería el Sr. Romero? Y lo preguntamos porque muchos, muchos, no comprendemos dónde dirige en la actualidad sus tiros. Sus sorprendentes, increíbles y agrios tiros.

Pero, a lo mejor, Emilio Romero está convencido de que España es un corral de gallinas y él, el gallo. Aunque cuando la suspensión del Diario MADRID, el gallo no kikirikeó.

José Antonio Flaquer

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