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Quieren fomentar que el Gobierno de Carrero Blanco llegue lo más lejos posible en reformas políticas frente a las posiciones inmobilistas

Políticos democristianos constituyen el Grupo Tácito para defender la democracia con artículos semanales desde el diario YA

HECHOS

El 23.06.1973 el periódico YA publicó el primer artículo de ‘Tácito’.



PRINCIPALES LÍDERES (ANÓNIMOS) DE TÁCITO

landelinolavilla     ortega   osorio   oscar_alzaga

Los políticos D. Landelino Lavilla, D. Marcelino Oreja, D. José Antonio Ortega Díaz Ambrona, D. Alfonso Osorio o D. Óscar Alzaga son las principales figuras del Grupo Tácito en el que se juntan un destacado grupo de jóvenes políticos de manera anónima. Estos, sin ser antifranquistas ni partidarios de la ruptura, sí defienden una reforma del régimen franquista hasta adaptarlo a una democracia parlamentaria en contra de los partidarios del inmovilismo (el llamado ‘bunker’). Los cuatro se identifican con la ideología demócrata-cristiana o democristiana.

El Grupo Tácito estaba formado en la práctica por D. Abelardo Algora, D. Alfonso Osorio, D. Eduardo Carriles, D. Íñigo Cavero, D. Landelino Lavilla, D. Jacobo Cano,  D. Marcelino Oreja Aguirre, D. José Joaquín Puig de la Bellacasa, D. José Luis Álvarez, D. Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, D. José Giménez Mellado, D. Fernando Álvarez de Miranda, D. Andrés Reguera Guajardo, D. José Manuel Otero Novas, D. Juan Carlos Guerra Zunzunegui, D. Gabriel Cañadas, D. Gabriel Peña, D. José María Sanz Pastor, D. Juan Muñoz, D. Ignacio Gómez Acebo, D. Juan José Franch y D. Óscar Alzaga, todos ellos democristianos.

Aunque también figuraban personas que no tenían filiación democristiana: D. Leopoldo Calvo Sotelo, D. Alejandro Royo-Villanova y D. Joaquín Satrústegui. Además de la sombra del ministro de Información, D. Pío Cabanillas.

COMENTARIOS SOBRE TÁCITO EN OTROS MEDIOS:

“Pocas fuentes de plática política más sugestiva que las de ese joven grupo de políticos que bajo el seudónimo de Tácito alienta desde las páginas del YA” (D. Juan Manuel Fanjul, ABC, 23-08-1974)

Fanjul D. Juan Manuel Fanjul

“Interesante por otra parte es que se vayan dibujando los grupos políticos, entre los cuales ‘Tácito’ – el que tiene su altavoz en YA y muy buen acreditado – apuntándose el tanto de anunciar que se dispone a actuar como asociación política en el mismo momento en que el asociacionismo esté autorizado por la ley, si es que no le impiden al gobierno actual cumplir su programa. ¿Quién será el jefe de esa organización? Por el momento no lo hay, o lo hay in pectore, y naturalmente, casi todas las miradas se dirigen a la sólida y juvenil figura de Alfonso Osorio (Argos, ABC, 9-5-1974)

Hay también motivos – pero para alegrarse menos – de que Emilio Romero, en un ataque injustificado a todas luces, lanzado contra Tácito por cuanto es y representa, haga una interpretación personalísima de unas concretas palabras barcelonesas del presidente Arias, diciendo que fueron precisas. Se refiere a cuadro, marco o campo de juego. Y Romero añade: “Eso es el Movimiento. No otra cosa”. Pues como algunos conceptos se sigan aclarando de eta manera, ¡vamos dados! (Argos, ABC, 29-6-1974)

23 Junio 1973

Declaraciones Propósitos - Realizaciones

Tácito

Publicamos hoy el primero de los artículos firmados por Tácito. No se trata de una persona, sino de un grupo que quiere expresarse colectivamente bajo ese seudónimo. Sobre sus trabajos llamamos la atención de los lectores.

Que la designación de presidente del Gobierno, desdoblado de la Jefatura del Estado, ha sido bien acogida en los sectores políticos del país es evidente. Que la reciente declaración política, es cierto, ya que parece presagiar la intención de poner en rodaje los mecanismos previstos en la Ley Orgánica del Estado. Que tales acontecimientos hayan calado hondo en la malas del pueblo español, nos tememos desgraciadamente que es más dudoso.

¿Cuál es la razón de esta actitud? Quizá la misma declaración señala las causas y trata de arbitrar sus soluciones. El nuevo Gobierno resalta la necesidad, por un lado, de crear los cauces apropiados para una mayor participación de los españoles en el derecho y responsabilidad de intervenir en la ‘cosa pública’, y, por otro, pone especial énfasis en que el desarrollo económico debe traducirse como causa a efecto, en una mejor redistribución de la riqueza creada, que es tanto como lograr una más eficaz justicia social.

Ambos propósitos tienden, en definitiva, a dar una mayor fuerza a la relación gobernante-gobernados, base de toda legítima acción política.

Ahora bien, la declaración gubernamental que comentamos – ella misma lo reconoce al referirse a la continuidad con los anteriores Gobiernos presididos por el Jefe de Estado – reitera principios y propósitos que el español ha leído y escuchado en precedentes ocasiones. Si toda enunciación de las líneas maestras que han de inspirar la actuación de un nuevo Gobierno tiene, por su propia naturaleza, que ser genérica y amplia, no es menos cierto que el pulso de los gobernantes  se mide por las realizaciones concretas que con imaginación y realismo llevan a la práctica.

No es extraño escuchar en importantes sectores esta pregunta: ¿»Se abrirán, el fin esos cauces de participación, cuyo concreto estudio y propuestas se encarga por el Gobierno al Consejo Nacional cuando dicho organismo ya presentó hace menos de cuatro años un proyecto de asociaciones que nunca pasó de ser tal proyecto a pesar de su aprobación formal en el órgano colegiado del Movimiento?

Es preciso para que el pueblo no pierda la fe que esa duda sea resuelta en sentido afirmativo. Confiamos en que será así tanto por la fidelidad del gabinete a las formuladas por el proclamadas como porque estas se acomodan a la Ley Orgánica del Estado y demás Fundamentales del Reino. La actitud que el Gobierno ante las elecciones municipales convocadas para el próximo otoño serán la primera prueba de su espíritu y su talante.

Un último tema merece destacarse: el del regionalismo. El riesgo del regionalismo en España ha sido siempre el de cantonalismo, al que se llega cuando las tendencias centrífugas de la periferia prevalecen sobre las fuerzas centrípetas de la unidad nacional.

Pero es evidente también que la concentración total de los poderes en una instancia central suprema y única cuando lleva consigo la pérdida absoluta de toda intervención de las regiones conduce a la paradójica situación de que al efecto disgregador de los separatistas de la periferia se añada el efecto, igualmente nocivo, de los que actúan sin quererlo, como separadores desde el centro. Es necesario hoy día intuir fórmulas nuevas tal vez inéditas que soslayen ambos inconvenientes.

Uno de los hechos más característicos de la política contemporánea, incluida la propia de las democracias occidentales, viene dado por la conciencia colectiva que los ciudadanos tienen de ver reducida su intervención en la vida pública al hecho de emitir su voto en el acto electoral. Aunque ello no es poco, se tiende a crear instancias de decicisón administrativa e incluso político, de alcance reducido de radio inferior al nacional, ceñido a determinadas dimensiones territoriales que responden a áreas históricamente consolidadas y detro de las cuales el ciudadano puede intervenir con mayor frecuencia con más facilidad con mayor conocimiento de causa.

La futura ley de Régimen Local cuya discusión no debe demorarse podría recoger este propósito.

Dejaremos para otro trabajo el análisis de aquellas cuestiones que se refieren a las relaciones internacionales y con la Santa Sede.

Hoy solamente queremos expresar nuestra esperanza en las realizaciones consecuentes con los propósitos que se han hecho públicos por el Gobierno. Y confiar en que se  crearán las condiciones para que el español no se inhiba del quehacer cotidiano nacional para convertirse en un mero depositante de us confianza en unos gestores, por calificados que éstos sean, que le van resolviendo sus problemas mediante un crecimiento exclusivamente económico, pero a falta del desarrollo y la participación que nuestro pueblo reclama.

Tácito

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