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El Gobierno Carrero está lleno de franquistas aperturistas partidarios de Don Juan Carlos de Borbón

Franco nombra a Carrero Blanco Presidente del Gobierno, que forma un nuevo gabinete con Torcuato Fdez Miranda de Vicepresidente

HECHOS

En junio de 1973 D. Luis Carrero Blanco fue designado por el Jefe de Estado nuevo Presidente del Gobierno.

Con un estado de salud cada vez más delicado, el dictador de España, General Francisco Franco, decidió abandonar la presidencia del Gobierno, pasando a ser sólo jefe del Estado.



El hasta entonces vicepresidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco asumió la presidencia y se formó el siguiente Gobierno:

NUEVO GOBIERNO

  • Jefe de Estado – General Francisco Franco
  • Presidente   -Almirante Luis Carrero Blanco
  • Vicepresidente y Movimiento- D. Torcuato Fernández Miranda
  • Exteriores- D. Laureano López Rodó
  • Gobernación- D. Carlos Arias Navarro
  • Justicia – D. Francisco Ruiz Jarabo
  • Ejército- D. Francisco Coloma Gallegos
  • Marina- D. Almirante Gabriel Pita da Veiga
  • Hacienda- D. Antonio Barrera de Irimo
  • Obras Públicas- D. Gonzalo Fernández de la Mora
  • Educación- D. Julio Rodríguez Martínez
  • Trabajo- D. Licinio de la Fuente
  • Industria- D. José María López de Letona
  • Agricultura- D. Tomás Allende
  • Aire – General Julio Salvador Díaz Benjumea
  • Comercio- D. Agustín Cotorruelo
  • Información y turismo- D. Fernando de Liñán Zofio
  • Subsecretario Presidencia- D. José Mª Gamazo
  • Vivienda- D. José Utrera
  • Relaciones Sindicales- D. Enrique García Ramal
  • Planificación Desarrollo- D. Cruz Martínez Esteruelas

1973.Torcuato D. Torcuato Fernández Miranda, Vicepresidente y Secretario General del Movimiento

El falangista D. Torcuato Fernández Miranda se mantiene al frente del Movimiento y además se convierte en el nº2 del Gobierno Carrero como presidente. El Sr. Fernández Miranda era un hombre de confianza del príncipe D. Juan Carlos de Borbón, del que había sido profesor y su misión era tratar de paliar el escepticismo que el monarca despertaba entre los falangistas.

1973.LópezRodó D. Laureano López Rodó, ministro de Exteriores

El tecnócrata y miembro del Opus Dei, D. Laureano López Rodó había sido uno de los políticos que más gestiones había realizado para intentar que el sucesor del General Franco a título del Rey fuera D. Juan Carlos de Borbón. Se convirtió en el ministro de más confianza del Sr. Carrero Blanco en aquel gabinete.

1973.Mora D. Gonzalo Fernández de la Mora, ministro de Obras Públicas

El político franquista Sr. Fernández de la Mora había sido un colaborador destacado del diario ABC y de D. Torcuato Luca de Tena y Brunet. Desde esa posición se había acercado a los monárquicos, lo que le convertía en un firme partidario de D. Juan Carlos de Borbón.

1973.Arias D. Carlos Arias Navarro, ministro de Gobernación

El hasta entonces alcalde de Madrid, D. Carlos Arias Navarro, aceptó el ministerio responsable de las Fuerzas de Seguridad del Estado, el Almirante Carrero lo incluyó por indicación directa del Jefe del Estado, General Franco (según asegura en sus memorias el Sr. Fernández Miranda, fue la esposa del General, Dña. Carmen Polo, la que más inistió en remplazar a Garicano Goñi por el alcalde). El Sr. Arias Navarro aparecía como un posible reformista, aunque en posiciones muy tímidas.

1973.Utrera D. José Utrera, ministro de Vivienda

El falangista D. José Utrera entró en el Gobierno como ministro de la Vivienda. El Sr. Utrera estaba considerado un franquista ortodoxo (con lealtad total y personal al a figura del dictador) y escéptico con la posibilidad de ‘democratizar’ el régimen.

JULIO RODRÍGUEZ, ¿MINISTRO POR ERROR?

1973.Julio

Uno de los rumores anecdóticos más curiosos que circularon sobre aquel Gobierno fue en torno al ministro de Educación, D. Julio Rodríguez, tachado como representante del ‘sector duro’ de la derecha franquista. El rumor decía que fue designado ministro por error, que el objetivo del Almirante Carrero era dar a ese cargo a otro D. Julio Rodríguez, pero la coincidencia de apellidos llevó a que fuera nombrado por error otro. ¿Verdad o bulo?

27 Mayo 1969

El almirante Carrero, presidente del Gobierno

YA (Director: Aquilino Morcillo)

El nombramiento de don Luis Carrero Blanco como presidente del Gobierno se presta a tres consideraciones: sobre el hecho del nombramiento en general, sobre la designación concreta de presidente y, por último sobre la orientación del Gobierno futuro.

En cuanto a lo primero, desde hace muchos años hemos pedido lo que ahora ha hecho el Jefe del Estado. Nos parece una decisión patriótica y clarividente.

Ha sido ahora y ha recaído en una persona, el almirante Carrero Blanco, que no necesita presentación. Si entre los colaboradores del Jefe del Estado alguno ha encarnado la más constante fidelidad y vocación de servicio, la mejor identificación con la persona y la política de Franco, ése ha sido el señor Carrero.

En cuanto a la política que puede esperarse del nuevo presidente del Gobierno, contamos con el testimonio más autorizado: sus propias palabras cuando, hace poco más de tres meses, y como vicepresidente, presentó al Consejo Nacional del Movimiento el informe político del Gobierno. Era natural que se apoyase en el mensaje que el Jefe del Estado había pronunciado a fines del año pasado, mensaje que en su día calificamos de esperanzador y que no era solamente el despliegue perspicaz de un ambicioso programa político, sino el mandato para su realización. Nada más lógico sino que el vicepresidente del Gobierno lo recogiera; nada más explicable sino que veamos en él la pauta para la futura actuación del nuevo Presidente…

En la estela de esas palabras el señor Carrero Blanco habló ante el Consejo Nacional de un orden abierto sin ninguna clase de quietismo, sin ninguna pero los caminos deben ser abiertos y pueden ser diversos.

Pues bien; ése es todo un programa. No es nuevo en nosotros el criterio de que para realizarlo harán falta Gobiernos de matización muy amplia, de coloración muy variada, tan amplia y tan variada como permitan las Leyes ha sido el criterio seguido por el Jefe del Estado durante tantos años. En cualquier caso, lo indispensable será que se tenga en cuenta lo que, con frase afortunada, el almirante Carrero definió en la ocasión citada como ‘saber cuánto porvenir cabe introducir en el presente’.

09 Junio 1973

El primer presidente de la Ley Orgánica

Lucio del Álamo

Desde 1936 ha habido un solo Presidente del Gobierno: Francisco Franco. Vicepresidentes – si no falla el cómputo – tres: el teniente general Gómez Jordana – que era además ministro de Asuntos Exteriores – en aquel primer Gobierno de Franco, en plena guerra todavía; el capitán general Muñoz Grandes, muchos años después, cuando el orden de batalla de la larga paz se empezaba a llamar desarrollo, y el almirante Carrero Blanco, desde hace cerca de seis años. El almirante ha ascendido esta mañana: es el primer presidente de Gobierno de la ley Orgánica. La noticia está en la fecha del decreto de Franco: 8 de junio de 1973. Nada más. Porque el hecho y el nombre del elegido son una lógica política tan congruente como inaluctable. Es la continuidad de las líneas maestras del Régimen en el camino de la institucionalización de la Monarquía del 18 de Julio.

El  almirante Carrero Blanco, como primer Presidente de Gobierno de la ley Orgánica ‘dirige la política general, asegura la coordinación de todos los órganos de gobierno y administración’ y – naturalmente – representa al Gobierno de la Nación. Algo hay, sin embargo, que queda cerrado todavía del título III: el almirante Carrero no ejercerá la Jefatura Nacional del Movimiento, que desempeñará el Presidente cuando haya Rey en ejercicio. Mientras Franco viva, la Jefatura Nacional del Movimiento corresponde a Franco, Caudillo de España, según la disposición transitoria primera de la propia ley.

El mandato legal es de cinco años a partir de hoy. Pueden ser más, por nueva designación; pueden ser menos: por dimisión, por destitución o por declaración de incapacidad. Y aquí entra en juego – para ser oído en la dimisión, para dar su conformidad en el supuesto de cese, para declarar la incapacidad por dos tercios de mayoría – el Consejo del Reino. La voluntaria y constante limitación de los poderes excepcionales del Caudillo tiene aquí una nueva e importante comprobación.

Pero el tema de los insaciables corrillos expectantes no está ya enla normativa legal sino en el paso de mañana por la mañana; la confirmación o la renovación de los ministros. La ha de hacer Franco a propuesta del almirante Carrero, Presidente del Gobierno. ¿También el puesto vacante de vicepresidente? Aclaramos que puede no haber vacante en la Vicepresidencia o que puede haber más de una. La ley Orgánica dice: “El vicepresidente o vicepresidentes, si los hubiere…” Podría parecer que la posibilidad de que no los haya se refiere solamente a los vicepresidentes, en plural. Pero la aclaración – de ser necesaria – está dos artículos más allá: la sustitución interina del Presidente corresponde al Vicepresidente o vicepresidentes… si no hubiera vicepresidente…”  agrega. Concretemos, pues que en esa lista que usted, como casi todos los españoles tiene en su bolsillo derecho de la chaqueta puede sobrar el vicepresidente; o faltar el segundo y aun el tercer vicepresidente.

Ahora, a esperar. Y desear de corazón, limpiamente, como españoles de a pie, una feliz navegación al almirante Carrero Blanco. Porque el barco es de todos y se llama España.

Lucio del Álamo

12 Junio 1973

La primera presidencia del Gobierno en vida de Franco

Emilio Romero

Es antigua la pretensión de que se nombrase Presidente de Gobierno, principalmente a partir de la aprobación de la Ley Orgánica del Estado por Referéndum nacional en diciembre de 1966. Pero el Jefe del Estado tiene una idea del tiempo político, o del tiempo histórico, que difiere bastante de la sostenida por los demás. Es más parsimoniosa y realista. Un examen de las circunstancias en que fueron apareciendo las Leyes Fundamentales pone claramente de manifiesto el fino sentido de la oportunidad de Franco, que, hasta la fecha, ninguna presión de nerviosos o de interesados ha conseguido modificar.

Cuando en 1938 promulgó el Fuero del Trabajo, era como una réplica social al hecho verdadero y preocupante de que en la zona republicana estaba toda la izquierda, que era revolucionaria o reformadora; al país había que darle, desde Burgos, una promesa social avanzada, pues en esa zona se había alistado fervorosamente y temerosamente, la derecha de los privilegios y del conservadurismo. En 1947 se promulgó la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, que constituía a España en Reino, cuando la maquinación internacional, según han revelado los papeles secretos del Pentágono, manejaba entre los variados argumentos, el de observar sin salida institucional al nuevo Régimen aparecido tras la victoria. Esa Ley desenvolvería al Régimen en una reinstauración monárquica. En 1958, promulgaría la Ley de Principios del Movimiento Nacional, o la propia ideología del sistema, cuando el pluralismo social del progreso y la distensión política producida tras el enterramiento del Partido único aconsejaban una base de coincidencias ideológicas de aceptación general, y de inspiración de todo el orden político. Y, finalmente, en 1988 sometió a Referéndum nacional una ley de poderes (la Ley Orgánica del Estado), al tiempo que actualizaba y corregía las antiguas Leyes de todo el proceso constituyente abierto en 1938.

Cuando se aprobó la Ley Orgánica del Estado en 1966, se recrudecieron las instancias a Franco para que nombrara Presidente del Gobierno; sin embargo, lo que hizo fue designar sucesor a la Jefatura del Estado, que era asunto de más entidad y gravedad, porque el capitulo sucesorio fundamental aparecía peligrosamente polemizado por las distintas pretensiones y los variados derechos.

A raíz de su accidente de caza se apresuró a nombrar Vicepresidente, entonces en la persona del general Muñoz Grandes. Pero el Estado requería otra naturaleza de Vicepresidencia, que estuviera incardinada eficazmente con el Gobierno y la Administración pública, más que con los nombres gloriosos. Unos años más tarde fue nombrado el almirante Carrero Blanco, colaborador directo del Jefe del Estado y Presidente del Gobierno en las tareas y negocios públicos desde 1941. Finalmente y mediante un Decreto, otorgaba la automatización a la Presidencia del Vicepresidente, dentro de las previsiones sucesorias, para no dejar el poder ejecutivo en una situación de debilidad de autoridad, cuando más necesitaba la situación de ella.

Ahora, cuando nadie hablaba ya de la Presidencia del Gobierno e incluso cuando nadie creía que podría hacer esto Franco en vida, una vez que todo parecía atado para el momento de la sucesión se produce el nombramiento de Presidente del Gobierno con arreglo al mecanismo de la Ley Orgánica del Estado, pidiendo al Consejo del Reino una terna de nombres, que fue atendido en la tarde del miércoles, pero las paredes de las instituciones herméticas son filtrables. Un nombre, el del almirante Luis Carrero Blanco, había tneido la unanimidad del Consejo, y después siete nombres tuvieron votos para el segundo y el tercer puesto. Los odos nombres con más votos acompañaron al del almirante en la terna. EL Jefe del Estado nombró, por primera vez, presidente del Gobierno. EL acontecimiento ha sido importante:

Porque se van cumpliendo en vida de Franco las estipulaciones de las Leyes Fundamentales.

Porque un equipo de Gobierno con su presidente al frente queda sometido al desgaste de las personas y de los acontecimeintos y es bueno que el jefe del Estado esté alejado de aquellas contingencias y haga resplandecer su poder institucional de moderación y árbitro político en las circunstancias graves.

Porque una vez producida la sucesión en la Jefatura del Estado, el Gobierno puede continuar en sus funciones hasta agotar el plazo señalado por la ley Orgánica del Estado, y no poner al Rey, y al país en situación de nerviosismo político y de improvisación que obligaría a fabricar un gobierno de la noche a la mañana, precisamente en el primer tiempo de un Monarca, al que le conviene en esa situación de arranque, estabilidad y normalidad en el Gobierno y en las instituciones.

Por todo lo que queda dicho y mucho más, la suspensión de la vinculación de los cargos de Jefe de Estado y Presidente del Gobierno ha sido un acierto.

La personalidad de Carrero

La personalidad política de Carrero no proviene de ninguno de los sectores o tendencias políticas del Régimen. Esta alejado, por ello, de vinculaciones, obediencias y lealtades a grupos, o a familias políticas. Es, exclusivamente, un marino de guerra llamado por Franco en 1941 a su servicio y colaboración en los asuntos de la Presidencia del Gobierno. Treinta años en estas tareas le convierten en una de las experiencias más indiscutibles en el tratamiento de los actos de gobierno. Treinta años en estas tareas le convierten en una de las experiencias más indiscutibles en el tratamiento de los actos de gobierno y de la Administración pública. Una permanencia tan larga, por otra parte, acredita unas condiciones de tacto personal, de prudencia política y de conocimiento del pensamiento de Franco, sin par entre todos los políticos y estadistas al servicio del Régimen en este tercio de siglo. Carece de vanidades sociales; lleva una vida sencilla; la carrera política, y tiene una escuela militar de deberes, de servicios y de comportamientos.

Una vez le pedí que se definiera políticamente para los españoles, y lo hizo de esta manera: “Nuestro Régimen ha venido a superar la división entre derechas e izquierdas y todo cuanto suponga enfrentamiento implacable y sistemático de los españoles. Hay una libertad que no queremos: la de la autodestrucción. No sé si siempre es el interesado el mejor definidor de sí mismo, pero si usted me pide que me defina políticamente, no tengo ningún inconveniente en hacerlo con toda claridad. Soy un hombre totalmente identificado con la obra política del Caudillo, plasmada doctrinalmente en los principios del Movimiento Nacional y en las Leyes Fundamentales del Reino; mi lealtad a su persona y a su obra es total, clara y limpia, sin sombra de ningún íntimo condicionamiento ni mácula de reserva mental alguna”.

Una personalidad de estos perfiles es quien abre la nueva experiencia española y acaba de ser nombrado Presidente del Gobierno en vida del Generalísimo Franco. Una vez que el almirante Carrero juró su cargo ante el Jefe del Estado acudió a saludar al Príncipe de España. No hay pasados archivados ni porvenires inciertos. Todo sigue lo mismo y, sin embargo, todo parece más seguro. Lo curioso es que Franco ha hecho este largo recorrido desde octubre de 1936 hasta este mes de junio de 1973, como si el tiempo hubiera sido un gran tablero de ajedrez, donde ha ido moviendo, inexorablemente y con toda la reflexión necesaria, las piezas. Parece como un asombroso pacto entre lo que tenía que hacer y su propia vida.

El Nuevo Gobierno

El nuevo Gobierno tiene algunas novedades y ciertas resonancias. No es una recomposición, aunque es extensa, sino una remodelación. El espíritu de los cambios de 1969 fue otro.

El cambio de Asuntos Exteriores constituye una gran novedad. Gregorio López Bravo ha sido un Ministro de intenso y positivo dinamismo: de gran imagen exterior: y puntual, audaz y directo en los retos de la política internacional de España. Últimamente, los elogios de Giscard d´Estaing en París fueron muy justos. España todavía soporta algunas melodías de incomprensión, y tenemos escenarios necesitados de resortes permanentes de esquiva, de penetración y de equilibrio. Los innumerables y famosos viajes de López Bravo han representado el enfrentamiento directo de las situaciones con un tratamiento más político que diplomático, que era lo que necesitábamos, después de una prolongada hibernación, aunque con relaciones diplomáticas normales. El temperamento de ese Ministro ha sido de choque, de claridad, de sacrificio y de imaginación. Con las cámaras de la nación ha sido abierto y explícito. Le sustituye Laureano López Rodó, que es un político menos expansivo, acreditado estratega de política interior, más componedor hacia dentro que largo hacia fuera. Algún diabolismo de política interior, proyectando hacia el exterior, podría ser muy útil. Aquí ha desconcertado, hábilmente, a no pocos. En este nuevo terreno debe extremar sus excepcionales condiciones. Su primer éxito diplomático de alto nivel, antes de ser Ministro de Exteriores, ha sido el reciente Congreso de Ministros Iberoamericanos de Desarrollo en Madrid. En el tablero tiene Roma, Inglaterra y Marruecos – las tres últimas borrascas de López Bravo – Recibirá a los chinos de Mao, procurará dar satisfacciones inminentes a la nueva Argentina justicialista y habrá de modelar la decisión y las etapas de nuestro camino hacia Europa. Mi curiosidad predilecta será su comportamiento con Roma.

La gran resonancia de este nuevo Gabinete es el nombramiento de Torcuato Fernández Miranda como Vicepresidente del Gobierno. Asistimos a la devolución de la política interior a su verdadero lugar, que no es otro que el Movimiento. Es como la réplica auroral al crepúsculo de las ideologías.. La Cámara de más esperanza en estos instantes es el Consejo Nacional. En la otra hay demasiados, y estimulados florencimientos silvestres, Fernández Miranda. Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Madrid, encontró, por fin, el sitio del Consejo Nacional en nuestro cuadro de instituciones; es su grande y feliz hallazgo; terminó con las impresiones y los recelos. En un régimen de deliberación abierta y constante se ocupa ahora mismo esta Cámara de ofrecer una respuesta al Gobierno mediante un informe de gran entidad política. La presencia de Fernández Miranda al frente de estas deliberaciones con su rigor y brillantez dialécticos y su causticidad moderamente dosificada de corte sajón y asturiano a partes iguales hacen viable unas relaciones entre el Consejo Nacional del Movimiento por delegación del Jefe del Estado, es lógico que el Vicepresidente del Consejo Nacional fuera Vicepresidente del Gobierno. Así es ocmo se cumple ‘la unidad de poder y la coordinación de funciones’. La más importante significación del cambio político es este episodio.

Las incorporaciones de Cruz Martínez Esteruelas, Ministro de la Planificación del Desarrollo, y de José Utrera Molina, Ministro de Vivienda, desde las bases maduramente jóvenes, esperanzadoras y típicas del Movimiento, expresan otra significación política de gran valor orientador, José Utrera estaba en órbita desde el pasado 4 de marzo en Valladolid.

Las apariciones de Fernando Liñán, Ministro de Información, José María Gamazo Manglano, Ministro Subsecretario de la Presidencia, y Agustín Cotorruelo, Ministro de Comercio, con orígenes de estudio y especialización en la Presidencia del Gobierno que rodearse y de respaldarse de eficacia y de confianza.

El nombramiento de Francisco Ruiz Jarabo, Presidente del Tribunal Supremo como Ministro de Justicia, expresa la voluntad de entregar esta difícil actividad de la Magistratura a uno de sus representantes más insignes. Hasta ahora, ese ministerio había sido gobernado, preferentemente por políticos tradicionalistas. Ahora entra un juez. En el conjunto de los problemas de la justicia figura la incardinación de los Tribunales en el marco de las leyes y en la armonía de la Constitución. La renovación necesaria de nuestros Códigos; y a escala menor, la agitación de los profesionales de derecho.

Al Ministerio de la Gobernación llega el actual alcalde de Madrid, Carlos Arias, que ha tenido una gestión admirable en una dificilísima etapa de nuestra capital, sobre la que se echó encima la expansión industrial, el crecimiento de población, el tráfico intenso, el rebasamiento de sus límites y las exigencias ineludibles de la capitalidad. Es un hombre con autoridad y con flexibilidad: una difícil mezcla de energía y de buenos modales.

La experiencia de Educación es siempre problemática. EL nombramiento ha sido a un catedrático, a un rector. Cualquier profecía en los tiempos que queremos, sería aventurada. La gran demanda que se lo va a hacer es de reducir la tensión conflictiva de la Universidad: y desarrollar la ley de Educación (obra importante de su antecesor Villar Palasí) con todos los accidentes se marcha que padece.

A Hacienda llega, después de los rumores de los últimos diez años, Barrera de Irimo. Sucede a un gran ministro de Hacienda, a Alberto Monreal, que deja ahí, no se sabe con qué destino, una reforma tributaria. La política de los relevos no es siempre por desgaste de la función, ¡no por otros imponderables. Hay momentos en que la Política impone sus dictados, y la necesidad de crear una nueva situación es más fuerte  que todo lo demás. En el Gobierno anterior ha habido verdaderos desgastes personales que están en todas las conciencias. Pero toros nombres han sucumbido en el turbión. Ese es el caso de Alberto Monreal, un hombre difícilmente olvidable en la función pública.

Permanecen los ministros de Relaciones Sindicales de Agricultura de Industria y de Trabajo. Las gestiones de estos cuatro ministros han sido brillantes, no cuestionadas, y se entiende por ello muy bien la confirmación.

Sigue en el cargo el ministro de Obras Públicas.

Y la renovación de dos ministros militares, en la voz del almirante Gabriel Pita da Veiga (Marina) y teniente general Francisco Coloma Gallegos (ejército) se hace con arreglo a otros planteamientos que los civiles o políticos.

La imagen del Gobierno es joven, animosa, con autoridad; estará necesitada de estímulos para su cohesión, porque tiene mimbres más difíciles de entramar que el Gobierno anterior. Después no estaría de más aliviar algunos desconsuelos, mitigar algunas amarguras y animar algunas decepciones. Todo ello en personalidades importantes. Tenemos todavía Gabinetes reducidos, y el censo de políticos es numeroso y brillante. La batalla de los arrabales, que empieza ahora, tiene menos interés.

¿Y tiene perdedores esta renovación ministerial? Pues sí. Todos estos: la oposición (de dentro del sistema y de fuera); la subversión; la democracia cristiana (en todas sus formas); el extremismo de todos los signos; los tecnócratas de una sola cuerda; y aquellos que aspiraban a representar al Movimiento fuera del Movimiento, o desde otro lugar del Movimiento.

Emilio Romero

01 Septiembre 1973

EL APERTURISMO DEL VICEPRESIDENTE Y LA PERSONALIDAD POLÍTICA DEL PRESIDENTE

CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO (Editor: Joaquín Ruiz Giménez)

No voy a detenerme en un análisis del programa del nuevo Gobierno. Y no lo hago por dos razones, para mí importantes. En el último número de esta revista se ha hecho un juicio sumamente equilibrado, generoso, aperturista diríamos de este programa. Ciertamente que yo, personalmente, mantengo al respecto posiciones un tanto diferentes. Más de cara al a realidad inmediata, al as posibilidades que ofrece la Ley de Prensa y al mismo tono político de gran parte de nuestros lectores, doy por extremadamente correcto el mencionado editorial. Por otra parte, y ya aludo al hecho en mi último artículo, personalmente no concedo especial importancia ni significación práctica al citado programa. Si me centrara en su análisis, muy rápidamente encontraría enormes sombras en todo lo que se refiere a nuestra política internacional, y más acusadamente al a forma de aplazar sine die las decisiones en cuanto a la relación con la Europa de las Comunidades.

De un momento, y puede ser que con valor para bastante tiempo, lo más importante va a ser el conocimiento correcto de la dinámica representada por el binomio Carrero Blanco – Fernández Miranda. Y para introducirme en el tema, procederé a abocetar con muy pocos rasgos la personalidad política del presidente.

Soy plenamente consciente de lo mucho que ya se ha dicho al respecto. Machaconamente se ha expuesto e interpretado su biografía política, resaltando al máximo, y como valor prioritario, su lealtad a Franco y su estilo de acción: eficacia y poca palabrería. También se ha escrito bastante sobre la ideología del almirante, su vocación más bien conservadora, su exaltación de la autoridad y de la disciplina, una forma muy castrense de interpretar la acción política, las lealtades políticas y una ostensible animadversión a las construcciones políticas del mundo occidental (especialmente en relación con el concepto de libetad, igualdad, participación de las masas, acción del derecho, etc.)

Yo doy por supuesto el conocimiento de todo lo anterior. No tengo especial interés en convertirme en dialogante dentro de esa peculiar discusión. Lo que ahora me preocupa es ‘entender’ cuál puede ser la acción política de Carrero Blanco como presidente del Gobierno.

Carrero ha pronunciado un discurso ante las Cortes explicando su nombramiento y el alcance político del mismo, que para mí tiene un valor claro y rotundo. Ante todo, creo advertir en las palabras del almirante una concepción de su acción política que en modo alguno concuerda con la de una serie de ‘círculos aperturistas’ que creían ver en la designación de una presidente del Gobierno el cauce institucional más directo para facilitar el relevo en el Gobierno de las distintas corrientes, familias o tendencias ideológicas que conviven en el seno del Movimiento Nacional. La concepción de Carrero difiere por completo de esta versión.

El presidente del Gobierno no niega la existencia de esas tendencias, corrientes, etc; pero él personalmente, afirma solemnemente que no pertenece a ninguna de ellas. Esta declaración es tremendamente relevante. Y la es por cuanto que con ella Carrero viene, a su escala a reproducir el fenómeno de Franco. Al igual que el fundador del actual sistema, su actual sucesor se presenta como trascendiendo de los grupos para encarnar personalmente la máxima representatividad (a su nivel) del mismo sistema. Y Carrero acentúa con unos pequeños toques economicistas eta representatividad, este estar ‘por encima de los grupos’ al declarar que jamás ha tenido intereses económicos, financieros, etc, que pudieran en el terreno de las realidades económicas, adscribirle a lo que venimos llamando grupos de presión o grupos de poder. Ni siquiera por la vía de la tecnocracia podría atribuírsele al presidente una etiqueta política, ya que su saber técnico – que no niego – se proyecta en unas zonas que no son especialmente operativas en el quehacer político español.

A este presidente del Gobierno presta una lealtad, un entusiasmo y una adhesión espectacular el actual vicepresidente. También a su nivel puede verse en las palabras de felicitación del vicepresidente al señor Carrero, con motivo de su intervención en las Cortes, una cierta similitud con la que en diversas ocasiones pronunciaba el almirante refiriéndose al actual Jefe del Estado. El segundo ‘eslabón’ en mi hipótesis de trabajo es el análisis de la personalidad política, del aperturismo, del señor Fernández Miranda.

Una nota muy destacada en el desarrollo de la última crisis ministerial es la defensa de la continuidad. Una continuidad tan total y mecánica que incita a no pocos (entre ellos al ministro de Obras Públicas) a defender la tesis de un franquismo aún después de Franco. Esta continuidad se quiere hacer reposar, en lo fundamental, en estos elementos: legitimidad del franquismo por el hecho del juramento del príncipe (tesis de Gabriel Cisneros), un abanico más o menos amplio de lealtades (versión particularizada del principio base de legitimidad), una versión acaso tradicional del poder monárquico y una peculiar forma de entender la acción histórica del Movimiento Nacional.

En la continuidad con tanta pasión y riesgo predicada (riesgo al contrastar esta pasión de continuidad por la realidad movediza de nuestro tiempo, de todos los tiempos históricos) hay que encuadrar la que tiene que reflejarse en el mismo Movimiento Nacional. Para los que con irresponsable ligereza nos hablan del Consejo Nacional como de la Cámara de las Ideas, habría que decirles, si lo dicho por ellos fuera medianamente cierto, que en el mundo de las ideas la continuidad no existe. De cualquier modo que se entiendan las ideas y las ideologías (como con versión clásica hubiera dicho Jaime Vera o con ropaje más científico Tuñón de Lara) lo que es esencial en ellas es el cambio, la evolución, en ocasiones la ruptura propia de una auténtica crisis histórica, de lo que Pabón llamaría una ‘verdadera subversión’. Y, no obstante, se persigue del Movimiento Nacional la continuidad, apoyándose en la existencia de un patrimonio completo, y de valor eterno, de los Principios Fundamentales.

¿Cómo lograr en el Movimiento Nacional esta continuidad? Hay una explicación fácil e inmediata. Hacer del Movimiento Nacional un dogmatismo y una encarnación burocrática. Esta hubiera sido la respuesta rotunda de un hombre de formación trotskista. Moviéndonos a nivel de la realidad española, diremos que esto se puede lograr por la vía de la abstracción, de la generalización que elude toda precisión de lo concreto. Y para esto se necesita un ‘director de orquesta’. Es aquí donde yo sitúo la ‘personalidad política’ del actual vicepresidente. Lo afirmado en el editorial de CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO, al que antes hice alusión, respecto de la ficha política e ideología del señor Fernández Miranda puede darse en lo fundamental como certero. Este apunte sólo nos introduciría en el problema. A manera de ‘agenda’ de trabajo, yo pienso que es apremiante reflexionar sobre estos puntos. Con Fernández Miranda llega a la vicepresidencia un hombre civil, un profesor de Derecho político. Estas dos notas han sido muy comentadas por los periodistas y políticos, en espera de protagonismo. Ahora lo que deberíamos hacer es proceder a un examen comparativo (y todo estudio comparativo tiene que ser cualitativo y crítico) que abarcara a los tres vicepresidentes que ha tenido el Régimen. Habría que anotar una serie de diferencias (además de la dos ya señaladas), y una de ellas, importante, es la que hace del actual vicepresidente al mismo tiempo titular de la Secretaría del Movimiento.

En épocas estivales la imaginación se hace más calenturienta. Permítame el lector que yo me entregue a esta inclinación temperamental y estacional. La personalidad política del actual vicepresidente le ha colocado en privilegiada situación para cumplir esta misión de vigilante de la continuidad del Movimiento. Fernández Miranda ha ocupado la Secretaría del Movimiento más mirando al edificio del Senado que al de la calle Alcalá. Mas ha pasado a la vicepresidencia para actuar al mismo tiempo en ambos centros de poder o de institucionalización dogmática y burocrática de un pasado ideológico. Y es así como yo me explico el discurso pronunciado en Guadalajara y el trivial discurrir sobre el uso de la camisa blanca o de la camisa azul. El vicepresidente procede ‘en su orden’ a completar la política de continuidad que encarna al nombramiento de Carrero. Y para ello es necesario que esa ‘trascendencia’ que se da en la persona del almirante, pase a reproducirse en la institución del Movimiento. De hecho, el Movimiento pierde su garra política (que, de existir, puede decirse que se apagó al terminar la guerra mundial) y se convierte en una pieza más de un complejo de legitimidad.

A título de corolario calenturiento de esta divagación me atreveré a sugerir una reflexión comparativa entre lo que han significado en sus distintas épocas los señores Serrano Suñer y ahora Fernández Miranda. Serrano fue, de hecho, el autor de la unificación; pero, como lo ha explicado en estos últimos tiempos, su medida era de carácter transitorio. Serrano ‘instrumentó’ un procedimiento político para hacer frente a la guerra. En el lenguaje de Trotsky, diríamos que aquella era la ‘Falange en período de guerra’ (comunismo de guerra en el genial ruso) y ahora con Fernández Miranda se pretende instaurar, un poco variado, el mismo sistema, pero para tiempos que quieren ser de paz y de adaptación a la historia mundial.

M. A. N.

Fragmento de una representación del nombramiento del almirante Carrero Blanco como Presidente de Gobierno. En la primera secuencia se le ve con su familia, en la segunda ante Las Cortes franquistas y en la tercera hablando con el ex ministro D. Gregorio López Bravo y el ministro D. Laureano López Rodó. Ambos tecnócratas del sector liberal opusdeista.

El Análisis

UN GOBIERNO PARA PREPARAR LA MONARQUÍA QUE CAYÓ ANTES DE QUE ESTA LLEGARA

JF Lamata

Viendo la composición del Gobierno parece evidente que el Almirante Carrero Blanco contaba con que a ese Gobierno es al que le tocaría vivir la muerte del dictador, el General Franco, y la llegada del Rey Juan Carlos, por lo que incluyó en el Gobierno a figuras partidarias del príncipe, pero situados en diferentes familias políticas de la derecha, como eran lo casos de D. Torcuato Fernández Miranda, D. Laureano López Rodó, D. Cruz Martínez Esteruelas o D. Gonzalo Fernández de la Mora.

Sin embargo no sería ese Gobierno el que viviría aquella transición en la jefatura del Estado. La ‘Operación Ogro’ de unos terroristas liquidaría aquel proyecto apenas cinco meses después de que se hubiera formado.

J. F. Lamata

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