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Tras el 'caso Matesa' el Sr. López Rodó continuará en el Gobierno en el que Torcuato Fernández Miranda será el nuevo ministro del Movimiento

Cambio de Gobierno franquista: los liberales del Opus Dei ganan a los falangistas Fraga, Solís y Nieto Antúnez que son apartados

HECHOS

En octubre de 1969 el General Franco formó un nuevo Gobierno con D. Luis Carrero Blanco como Vicepresidente del Gobierno.

NUEVO GOBIERNO

  • Presidente-General Francisco Franco
  • Vicepresidente-Almirante Carrero Blanco
  • Exteriores-D. Gregorio López Bravo (Opus Dei)
  • Gobernación- D. Tomás Garicano Goñi
  • Justicia  – D. Antonio María de Oriol y Urquijo
  • Ejército- Teniente general Juan Castañón de Mena
  • Marina- Almirante Adolfo Saturno Colombo
  • Hacienda – D. Alberto Montreal Luque
  • Obras Públicas- D. Federico Silva (Opus Dei)
  • Educación- D. José Luis Villar Palasí
  • Trabajo- D. Licinio de la Fuente
  • Industria- D. José María López de Letona
  • Agricultura- D. Tomás Allende
  • Sec. General Movimiento- D. Torcuato Fernández Miranda
  • Aire- General Julio Salvador
  • Comercio- D. Enrique Feotona
  • Información- D. Alfredo Sánchez Bella (Opus Dei)
  • Plan de Desarrollo- D. Laureano López Rodó (Opus Dei)
  • Vivienda- D. Vicente Mortea Alfonso
  • Organización Sindical- D. Enrique García Remal

MINISTROS CLAVE

1967.Carrero_vicepresidente Almirante Carrero Blanco, como vicepresidente del Gobierno seguía siendo ‘el número 2’ de la Dictadura y había apostado claramente por apoyar a los tecnócratas del Opus Dei.

1965.LopezRodo D. Laureano López Rodó,  ministro de Plan de Desarrollo, su permanencia en el consejo de ministros era el triunfo del sector Tecnócrata-Opus Dei, que tras el ‘caso Matesa’ sólo había tenido que sacrificar a los dos ministros directamente implicados (Sr. Espinosa y Sr. García), mientras que sus principales enemigos ‘caían’ del Gobierno.

1969.LopezBravo D. Gregorio López Bravo, también tecnócrata y del Opus Dei ascendió al dejar el ministerio de Industria para asumir el cargo de ministro de Asuntos Exteriores. Reemplazaba en el cargo a D. Fernando García Castiella.

1969.sanchezbella El nombramiento del tecnócrata D. Alfredo Sánchez Bella como nuevo ministro de Información desplazando al Sr. Fraga era el mejor símbolo del triunfo del Opus Dei.

1969.lopez de Letona D. José María López de Letona, también tecnócrata y también miembro del Opus Dei asumió el cargo de ministro de Industria reemplazando a D. Gregorio López Bravo, que pasó a Exteriores.

1969.Torcuato D. Torcuato Fernández Miranda asumió el cargo de ministro Secretario General del Movimiento. Los tecnócratas habían conseguido que el dictador Franco apartara de ese cargo a su ‘enemigo’, el falangista D. José Solís y pusiera en su lugar a otro falangista como el Sr. Fernández Miranda, de un perfil más independiente y con menos enemistades. Figura cercana al príncipe D. Juan Carlos de Borbón.

1969.Licinio D. Licinio de la Fuente, ministro de Trabajo.

El franquista D. Licinio de la Fuente asumió el cargo de ministro de Trabajo. Su perfil era tímidamente aperturista, en su carrera política intentaría mantener sintonías tanto con el Sr. Fraga como con los tecnócratas.

LOS PERDEDORES: FUERA DEL GOBIERNO

Fraga_Antunez1957.Solis

Almirante Nieto Antúnez, D. Manuel Fraga y D. José Solís, los grandes derrotados de la crisis desatada por el ‘caso Matesa’.

EL DIARIO PUEBLO HOMENAJEA A SOLÍS

RecuadroSolis El diario PUEBLO dedicó un amplio recuadro a elogiar al ya ex ministro D. José Solís. Al margen de los aspectos positivos de su gestión, el director de PUEBLO, D. Emilio Romero, debía gratitud al Sr. Solís, que había sido uno de sus principales apoyos políticos.

30 Octubre 1969

Una explicación

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Sospechamos que el jefe del Estado no hubiera precipitado la crisis sin las tormentas de otoño. Las conjeturas diferían el cambio de Gobierno hasta después de la aprobación de las leyes pendientes, algunas de ellas de superior importancia y que culminaban, casi enteramente el proceso de desarrollo de la ley Orgánica del Estado en 1957. El relevo ministerial resultaba, en cualquier fecha, necesario. La crisis se ha adelantado en función de los acontecimientos han extravasado todas las hipótesis. Estos acontecimientos han sido, preferentemente dos: el estallido económico y las vicisitudes políticas del asunto Matesa; y el rumbo tomado por el proyecto de Ley Sindical en la opinión y en su canalización parlamentaria.

En el primer caso, la polémica levantada extramuros del Gobierno, y la controversia sostenida dentro de él, deterioraba una política económcia de conjunto, con una necesidad apremiante de remodelamiento para dejar congeladas en el pasado las responsabilidades individuales. Aparece bien clara esta situación en cuanto a que, en el mismo lindero de la crisis, el vicepresidente del Gobierno ha remitido a las dos Cámaras de la nación el informe Matesa para que sea examinado por las comisiones designadas al efecto y, seguramente, con amplia información pública. Estaba claro que el viejo Gobierno no podía comparecer en las cortes en medio de una agitación donde se mezclaban, por partes iguales, los testimonios verdaderos y las descalificaciones políticas. El asunto a pesar del cambio, no va a remitir de itnerés; pero una nueva imagen del Gobierno ofrecerá el distanciamiento necesario para ver las cosas como una experiencia aleccionadora y con una óptica más cauterizadora que beligerante.

El otro acontecimiento es el del proyecto de Ley Sindical, cuyo plazo de presentación de enmiendas acaba de terminar, y que, como se esperaba, el número de éstas ha sido considerable. La ardua, tenas y prolongada elaboración de este proyecto ofreció al país la noticia de fuertes diferencias de opinión en el seno del Gobierno. Una vez hecho público el proyecto comenzaron a manifestarse las diferencias de criterio a cargo del mundo representativo sindical, así como las de otros sectores. La sensibilidad de una gran parte de los gobernantes muestra su preocupación porque el sindicalismo – fuerza de encuadramiento obligatorio, y de participación en la actividad política, social, económica y legislativa del Régimen – no debe desentenderse de la responsabilidad de los actos del Gobierno. Se teme que un Sindicalismo como éste, sin parangón en el mundo libre, se adjudique un aislamiento, en su autonomía, que pueda dificultar la acción de gobernar, por su número y su fuerza en la calle y en el Estado. El artículo 30 del proyecto de Ley es la respuesta a esa preocupación: el Presidente del Gobierno propondrá el nombramiento de Presidente de la Organización Sindical, y éste designará a su vez a lo que hoy llamamos la línea política o de dirección.

Por otro lado, el mundo sindical y últimamente el de un grupo relevante de Consejeros Nacionales, sostiene que los marcos de vinculación de este Sindicalismo original español, con las responsabilidades acarreadas por su participación en la estructura del Estado debe tener menos rigidez – salvando así mejor los principios de autonomía y de presentatividad – que los de su adscripción a la esfera administrativa.
Alrededor de estas dos grandes cuestiones se había creado un clima de refriega y de apasionamiento que era lógico que alcanzara su cénit en los próximos debates de las Cortes. Por todo ello, también añadido por una etapa prolongada de poder, la crisis política o el cambio de Gobierno se hizo inminente en los últimos días; su chispazo fue la dimisión del Ministro de Hacienda.

Ahora lo más importante es ver la constitución del Nuevo GObierno, al hijo de los nombres para abocetear un semblante político de la nueva situación. A estas alturas del Régimen, cuando ya campea por la política y la sociedad española un pluralismo de opiniones y de intereses, el examen de los nombres concluye forzosamente en una identificación política y de propósitos. El colega YA se refería ayer a la necesidad de seguir constituyendo Gobiernos de concentración que es la tradición del Régimen y no Gobiernos de monopolio. El examen de la lista del nuevo Gobierno concluye en el testimonio de un Gobierno de concentración, auqnue aliviada ésta, eso sí, por una autoridad que emana más poderosamente de Castellana, 3, de la Vicepresidencia del GObierno. La variedad resulta sometida, por primera vez, a la idea de componer un Gobierno no convocado exclusivamente por una invocación de lealtades o servicios al Jefe del Estado, sino por un propósito de constituir un programa sin disidentes, arbitrar unas fórmulas con más acatamientos y obtener un equipo mejor coaligado.
Desde un periódico serio como quiere ser éste, respetuoso con la autoridad y no siempre de acuerdo con ella, no se deben ofrecer juicios apriorísticos globales, por determinadas preponderancias, descalificaciones prematuras o elogios indecorosos.

Un Gobierno nuevo abre siempre una expectación nacional. Nuestra actitud no es otra que la de esta expectación. Confiamos en que la libertad que hemos disfrutado hasta la fecha, encuadrada en el acatamiento de la Ley de Prensa, nos permita en el desarrollo de los hechos prestar al servicio recto o inteligente de la colaboración, mediante el aplauso o la disconformidad, según nuestro punto de vista, PUEBLO quiere y debe seguir siendo un periódico de opinión social y no un diario gubernamental, de avisos y de criterios manufacturados. A este fin hemos de reseñar estas apreciaciones iniciales de pura y veloz observación.

Alcanza el primer plano de la predilección, en este neuvo Gobierno, el desarrollo Económico-Social. Se mantiene al frente de este organismo Laureano López Rodó, cuyos tres subcomisarioes, señores Mortes, López de Letona y Allende, se hacen cargo de los ministerios de Vivienda, de Industria y de Agricultura. Una fulgurante carrera política es la del nuevo ministro de Hacienda, señor MOnreal, que ha tenido sus raíces en al propia Presidencia del Gobierno y, dentro de ella, en las actividades del Desarrollo; pero su verdadera plataforma de lanzamiento fue la Subsecretaría de Obras Públicas como colaborador predilecto de Silva Muñoz, el ‘Ministro Eficacía’, como fue definido por nosotros. El nuevo Ministro de Comercio, señor Fontana Codina, presidía un organismo bilateral de dependencias con COmercio y Agricultura como es la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes. EL bloque de lo que llamamos Ministerios Económicos tiene, por lo que se ve, una misma raíz y por ello es de esperar la óptima soldadura que se deseaba.
A las áreas políticas se ha llevado a un hombre del COnsejo Nacional del Movimiento, brillantísimo parlamentario, catedrática de la Universidad de Madrid. Su perfil intelectual reside a los encuadramientos parciales de factores ideológicos secundarios. Carece de marchamo o de credenciales históricas definitorias, pero posee como resulta lógico por su profesión de una gran sagacidad creadora y es, lógicamente, poroso a las corrientes de la época. El Movimiento, a través de sus hombres más representativos, le daría el espaldarazo político hacia las altas cotas, en el célebre banquete del MIndanao. Entonces decíamos: «El Movimiento no es lo suficientemente fuerte para hacer sólo la política; ni es tan débil para que se pueda hacer sin él». Si su poder de convicción ante una Cámara fuera parecido al que ha de ejercer en la mesa del Consejo de Ministros, debe constituir necesariamente una esperanza. Al Ministerio de la Gobernación llega un hombre que, procedente de las ramas jurídicas del Ejército, acostumbra a mezclar bien – así lo ha hehco en su última gestión de Barcelona – afabilidad y modos civiles con cierta firmeza que le viene de su formación jurídica y castrense.

Al frente de la Información aparece un hombre singular, con una larga historia de dinamismo de penetración y de experiencia políticas; que, por otro lado ha recibido el baño necesario de información universal, mediante sus largos servicios de embajador, últimamente en un escenario tan sugestivo y escalrecedor como el de Italia. El señor Sánchez Bella no es cuadriculable políticamente. Tiene más realismo que prejuicios. Es una poderosa mente política asistida por la seguridad y el tesón.

Una de las novedades es la composición de este Gobiernoo ha sido llevar a la dirección de nuestra política exterior a Gregorio López Bravo, pero lo que no resulta injustificado es el nombramiento. Gregorio López Bravo se sabe muy muy bien la papeleta económica social española que es indispensable conocer en este tiempo, no solamente a nivel de un ministro de Asuntos Exteriores, sino de embajadores, porque viene siendo triste el suceso de que por la formación y la desaclimitación de muchos de nuestros representantes en el exterior, se ofrece a veces una imagen retórica y de escaso valor de nuestro país. Al lado de esta formación básica de López Bravo, se ve asistido por una curiosidad intelectual vigilante, y tiene buena fachada personal, con disposición dialogante, amén del conocimiento de los intereses mundiales que se debaten.

Al Ministro de Trabajo va otro hombre del Consejo Nacional del Movimiento. El primer secretario de la Alta Cámara. Es un universitario meritorio que procede de abajo a arriba, desde una modesta extracción social hasta la solemnidad de un ministerio. Ya estuvo una temporada en Previsión al lado de Labadíe. Donde va ahora es una herencia difícil, por el alto lugar que puso Girón al Departamento, y donde últimamente Romeo había sido intrépido creador.

Por último nos vamos a referir al ministro de la Organización Sindical, que por primera vez se alcanza este rango, ya que su antecesor José Solís, era ministro, no por su calidad de máximo dirigente de la ORganización Sindical, sino como secretario general del MOvimiento. Enrique García del Ramal es un miembro de la Organización Sindical de larga historia, activiades y servicios. Presidió en una época el poderoso Sindicato del Metal, y de allí salió para dirigir empresas; no se ha desvinculado del mundo sindical a través de la vía representativa, y es en estos momentos procurador en Cortes en representación de las actividades económicas de su sector. Es un gran dialéctico y un especialista riguroso de los temas económico-sociales. Es natural que este periódico exprese sus mejores deseos de acierto a Enrique García del Ramal en esta nueva etapa del Sindicalismo. Creemos que la España de la producción y del trabajo constituye la parte más amplia, numerosa y decisiva de la población española. Deseamos, por ello, que se la interprete bien, que se la sirva, y que se disipen urgentemente todas las nebulosas que tiene en estos momentos históricos, por la propia refriega a que está sometida, y porque su carta magna figura en estos momentos en la nómina de grandes cuestiones a debatir en las Cortes. El sindicalismo ha contado siempre con dirigentes sindicales de cuya mente se ha apoderado en seguida un ambiente interior de gran solidaridad, fidelidades y compromisos. La difícil etapa fundacional de Gerardo Salvador Merino; la que echó a andar el dispositivo representativo encabezada por Fermin Sanz Orrío; y últimamente, el logro de una espléndida madurez representativa, amorosamente y eficazmaente cuidada, por José Solís. El nuevo Ministro sabe esta historia perfectamente, y llega en un momento en que tendrá que proyectar su experimentada personalidad en la trascendental tarea de colocar en su sitio definitivo al Sindicalismo, que, por una parte mantiene sus exigencias de reivindicación o de gestión económica-social, y por otra, ha alcanzado constitucionalmente los beneficios de la participación. Estamos seguros que asumirá estas altas funciones, o entrará en ellas, con respeto y comprensión.
Los ministros que se mantienen donde estbaan – con la excepción de López Rodó ya mencionaba – son Federico Silva, cuya eficacia de gran asentimiento y adhesión nacionales le ha revalidado nesesariamente, justamente; José Luis Villar Palasí, con su trascendental Ley de Educación bajo el brazo, y Antonio Oriol, cuyo apellido y significación política en los tiempos fundacionales del Estado, le han ratificado en su lugar abierto también a excepciones y creaciones próximas e importantes en las áreas de la Justicia y del Derecho.

La provisión de las carteras de las Fuerzas Armadas carecen de otra significación que las puramente técnicas o de relevancia en las Armas respectivas. Son personalidades respetables no sometidas a los vientos de la política.

Respecto a la ratificación del vicepresidente, almirante Carrero Blanco, recordaremos lo que se dijo aquí no hace mucho tiempo: «Mientras algunos políticos de estos últimos años lucían el esplendor de sus días de alza o de éxito, el almeriante Carrero Blanco parecía como si vegetara burocráticamente en ese palacio, de corte restauracionista de la Castellana. Algunos, torpemente, creían uqe era una pieza técnica en el aparato presidencial cuando era, de verdad, un político con estrategia naval, que es la más difícil y brillante, porque está obligada a ocultarse en el oceano y a aparecer de improviso, y ser contundente».

De todo ello se deduce que este Gobierno aparece más conjuntando en bloque. En las áreas económicas, es una piña; en las políticas, el diálogo Movimiento-Gobernación va a ser más rranco en el cometido común del gobierno de las provincias. La política exterior no va a producir distanciamientos entre el palacio de Snata Cruz y la vicepresidencia. Unicamente este Gobierno debe hacer un repaso generoso de confianza entre la propia clase política, en ciertos sectores afectada o recelosa. Es éste un momento de la historia contemporánea española, acaso el más necesitado de sumar volutnades para la gran empresa de la continuidad.

PUEBLO

05 Noviembre 1969

EL NUEVO GOBIERNO

YA (Director: Aquilino Morcillo)

Pocas veces desde el año 1945, si alguna, asistieron los españoles a un cambio tan profundo y numeroso de titulares de departamentos ministeriales; nada menos que catorce son las carteras cubiertas en la última crisis.

Constituido por personalidades de valía acreditada, los españoles tienen el derecho a esperar mucho del Gobierno que ayer quedó formado. Es un Gobierno de notoria homogeneidad y, por lo mismo, está más obligado a proceder con riguroso respeto a los imperativos de la opinión pública que, en cada coyuntura, exprese la conciencia nacional. De lo contrario, correría el riesgo de irradiar fuera, por un mal entendido principio de autoridad, a aquellos sectores del Movimiento que no se sientan representados fielmente por el equipo ministerial. Estamos de acuerdo en la necesidad de un poder ejecutivo fuerte y eficaz, pero, al mismo tiempo, pensamos en la necesidad de contrapesos armonizadores que garanticen contra eventuales extralimitaciones. ¿Dónde están los contrapesos del poder? Lo hemos dicho muchas veces y lo repetimos hoy: en las Cortes, en el asociacionismo político y en el asociacionismo sindical que son las garantías que no pueden faltar en la ordenación futura.

El Gobierno tendrá que trabajar con ahínco y sin perder la sangre fría. Echando mano de sagacidad y de la política de conciliación y no acudiendo, salvo en casos extremos, a los estados de excepción. Las victorias obtenidas por la fuerza suelen ser pasajeras. Entre otras razones, porque gobernar es una delicada tarea de entendimiento y sintonía entre el poder y el pueblo.

Para salir airoso de las dificultades que en el plano interior y en el exterior le esperan, el Gobierno habrá de seguir una línea evolutiva, sin pasos atrás, y mantener siempre os oídos atentos a la voz auténtica de la opinión nacional. La acentuada homogeneidad – insistimos – que caracteriza a la mayoría del nuevo Gobierno le obliga más aún que si fuera un Gobierno parlamentario a no romper los vínculos con las presiones de la calle. Y en este menester, la prensa libre y responsable le servirá de barómetro seguro.

31 Octubre 1969

FRAGA, UN GRAN MINISTRO

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena Brunet)

El Jefe de Departamento de Información, don Manuel Fraga Iribarne, que acaba de cesar, ha sido un gran ministro. Llegado el momento de las valoraciones, ¿cómo no tener en cuenta cuál era la cota de la que tuvo que partir y cuál otra es, bien es distinta, ésta en la cual nos encontramos? Sin perdernos en disquiciones, ahora intempestivas, es de reconocer que aquella, la cota de partida, era bajísima.

Fraga supo, desde el principio, dirigir su esfuerzo político, con prudencia y con autoridad, hacia el ideal de armonizar la libertad y la responsabilidad de la Prensa. En esta noble y clara línea, la Ley de Prensa ha sido su gran obra.

Promovida y propuesta, debatida y aprobada en su etapa de gobierno, la Ley de Prensa ha tenido tan importante trascendencia en lo político, como pueda corresponder a la transformación y progreso del país en lo económico. Al proclamarlo no hacemos ninguna generosa o hiperbólica concesión.

Si asentamos nuestra opinión en la base inevitable de la realidad, de las posibilidades ciertas, la Ley de Prensa merece juicio favorable. Enmarcada en su particular circunstancia, es la mejor posible. Y la medida en que define un avance, una mejor ordenación de la información, unas garantías y unos derechos profesionales, no se deben regatear, y no la regateamos, la expresión de reconocimiento al ministro que fue su autor.

Por virtud de la apertura informativa, la mentalidad del país y de sus gobernantes ha cambiado radicalmente en los últimos años. Se ha consumado un proceso de sensibilización política de la opinión pública en todos sus niveles. Proceso conveniente, porque de él se ha derivado un fruto saludable para el contraste de pareceres comunitarios: la más depurada formación de los criterios, de las corrientes de opinión.

Antes de la vigencia de la Ley de Prensa, la actuación de Fraga Iribarne facilitó el camino. Solamente era preciso que el ministro se mantuviera en una equilibrada opción alternativa entre el necesario principio de autoridad y el principio imprescindible de libertad. El supo mantener este equilibrio y reconocer con amplitud apreciable, el principio de libertad, cuando todo era más o menos discrecional porque todavía no existía la ley.

Naturalmente, la aprobación de ésta inició un orden de superior valor jurídico. Siempre es más justo, y mejor, ordenar el ejercicio de los derechos por la autoridad objetiva de una ley que dejarlo pendiente de decisiones personales, por muy acertadas que éstas sean. El estado de Derecho, podríamos decir, quedó así extendido, aplicando, a la Prensa.

Bastaría únicamente esta actuación de Fraga Iribarne en el Ministerio para marcar con signo político su paso por él. Pero hay más datos que sumar en la partida favorable de su gestión.

Destacan, entre ellos, la ejemplaridad personal de su dedicación continua, denodada, sin reservas, al servicio del cargo; y su admirable capacidad de trabajo, que contrastada con la común y normal lentitud burocrática, podía, a veces, parecer vertiginosa.

Jamás perdió Fraga la virtud de su eficiencia.

También – cualidad política notable – Fraga Iribarne supo rodearse de un equipo completo de colaboradores inteligentes, capaces y capacitados; acierto suyo que, por desgracia no tuvo precedentes tan claros en anteriores etapas del mismo Ministerio. Y estas dos referencias arrojan un balance de indiscutible valor.

Igualmente merece de sobra ser recordado un dato significativo: el “boom” turístico, tan oportuno para la economía nacional, y que algún día puede eclipsarse, abandonarnos – ¡no lo olvidemos! – se ha producido, y no por razón de simple coincidencia, en los años de su gestión ministerial.

El paso de Fraga Iribarne al frente de un Departamento tan delicado como el que ha regentado hasta ayer no será fácilmente olvidado por cuantos han sido testigos, próximos o pasivos, de su larga cadena de aciertos.

No decirlo ahora, al tiempo de la despedida, sería – por omisión – una grave injusticia.

08 Noviembre 1969

UN ARTÍCULO INJUSTO

Emilio Romero

No se me olvida la toma de posesión  de Fraga hace unos años, con Gabriel Arias Salgado, que cesaba. Gabriel Arias-Salgado era un hombre que se oscurecía a propio intento; no se pudo decir nunca de él que era el ministro de Información de sí mismo; tampoco pensó – inocentemente – el día antes, que cesaba. Llegó al acto sobrecogido, apurado, desconcertado y con traje oscuro. Fraga, con bastantes más kilos que ahora, estaba rozagante, poderoso, inquieto; como Gabriel Arias-Salgado representó el tiempo de la censura, allí estaban muchos que iban a sacarse la espina. Su presencia era locuaz y hasta provocativa. Entre ellos, el más ruidoso de todos, Edgar Neville. Luego le pondría como chupa de domine en un periódico. Ahora, 1969, Fraga aparecía irritado, conmovido, sombrío y sin los kilos de antes. En fin: un espectáculo nada serio este de los relevos con estado y todo.

Ya que se ha mencionado a Gabriel Arias Salgado, es justo salir al paso de un artículo de ABC, donde, con el noble propósito de decir que Fraga ha sido un gran ministro – y es verdad que ha hecho una espléndida Ley de Prensa y ha desplegado una. Los colaboradores de Gabriel Arias-Salgado fueron, entre otros muy relevantes, Villar gran actividad –arremeten contra su antecesor, y hasta señalan que tuvo un deficiente equipo de colaboradores Palasí, el actual ministro de Educación; el consejero nacional y profesor de la Universidad de Madrid, Adolfo Muñoz Alonso; el famoso fundador de tanto lema e ideología contemporánea Juan Aparicio; el profesor Juan Beneyto; el que fue presidente de Sala del Tribunal Supremo, Cerviá; el profesor y actual director general de Bellas Artes, Florentino Pérez EMbid; el profesor de Historia Vicente Rodríguez Casado. El ministerio de Información y Turismo que hoy se levanta como una realidad física y administrativa nueva, en la Castellana, se hizo en tiempos de Arias-Salgado. Y la Escuela de Periodismo. Y Televisión Española. Y la Agencia EFE. Y Radio Nacional de España. Y el primer lanzamiento, a buena escala en aquel tiempo, de los Paradores de Turismo, cuando todavía no venía nadie, porque nadie viajaba. Pero todo ello se olvida o se oscurece, porque Arias-Salgado encarnaba la censura. Toda la censura. Y es verdad. Pero la censura pertenece a los tiempos de rigidez española en todos los terrenos. También el Movimiento amplio que es hoy era entonces un partido único. Y la Iglesia no era la conciliar de hoy, sino la retrógrada. Y las Cortes eran un gran aplaudiómetro. Y los Sindicatos no estaban al nivel democrático que ahora. Y no conocíamos las frases ‘concurrencia de criterios’ y ‘contraste de pareceres’. Pocos meses antes de cesar Arias-Salgado tenía ya un proyecto liberal de Ley de Prensa para corregir la de 1938. A esa comisión pertenecía yo y el propio Sr. Fraga. Allí había un representante de la Iglesia, que era el director de ECCLESIA, y que hoy es obispos. Es verdad también que Arias-Salgado era un hombre muy estrecho en materia religiosa y en asuntos políticos. Impuso el chal en la Televisión y creía que el pueblo era menor de edad. Pero gobernó en un tiempo donde tenían ambiente esas cosas. Ahora habría cambiado. Gabriel Arias-Salgado era honrado, humilde, afectuoso y conversador. Salía uno de su despacho sin sacar mucho en materia de apertura, pero satisfecho del trato. Manuel Fraga es destemplado, no da respiro al interlocutor, a veces es mal educado, nada humilde, desdeñoso y con un trepidante dinamismo en el servicio de su función. Arias tenía mano derecha y concedía poco. Fraga Iribarne concedía algo – en materia de apertura – sin mano derecha; no tenía ni una sola actitud diplomática a pesar de ser éste su oficio. Si Gabriel Arias-Salgado fue algo así como Pío XII y Fraga como Juan XXIII – aunque un poco menos – parece ser que Sánchez Bella, el nuevo ministro, será como Pablo VI. Y como esto es la historia – aunque historia pequeña – yo tengo el gusto de contarla; y me reservo algunas cosas porque, si las dijera todas, ¿qué materiales constituirían mi libro de Memorias, que ya tiene título y que se llama “sin marras”?

Emilio Romero

El Análisis

EL 'BOOMERANG' DEL CASO MATESA

JF Lamata

Generalmente los gobernantes, tanto en democracia como en dictaduras, suelen preferir que sus ministros no se peleen entre ellos y que – si esto es inevitable – lo hagan discretamente. No fue este el caso de la crisis del ‘caso Matesa’. Los salpicados por el escándalo eran dos ministros del Opus Dei, motivo por el cual D. Manuel Fraga Iribarne debió pensar que aireando el escándalo lograría la salida de sus rivales del Gobierno. Lo mismo debió pensar el ministro D. José Solís, cabecilla de los falangistas, no en balde fueron los medios más cercanos a sus posicionamiento (SP, PUEBLO, EL ALCÁZAR y ARRIBA) los que más habían atacado al Opus. Y también el Almirante Nieto Antúnez apoyaba aquella causa contra ‘la Obra’.

Pero el dictador – con el apoyo del Sr. Carrero Blanco – quiso mandar un mensaje claro contra las intrigas palaciegas. Apartó, en efecto a los dos ministros salpicados, pero apartó igualmente a los tres principales rivales del Opus en el Gobierno, Sres. Fraga, Solís y Nieto. Al final, la consecuencia política del ‘caso Matesa’ era un Gobierno opusdeista monocolor.

J. F. lamata

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