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Primarias EEUU 2012: Los republicanos eligen a Mitt Romney y a Paul Ryan como candidatos a la presidencia y vicepresidencia como alternativa a Obama y Biden

HECHOS

En agosto de 2012 se celebraron las convenciones para la elección de candidatos a la presidencia y la vicepresidencia de los Estados Unidos de América.

14 Agosto 2012

Candidatura coherente

EL PAÍS

El ultraconservador Paul Ryan apuntala las aspiraciones republicanas a la Casa Blanca

La designación de Paul Ryan como aspirante republicano a la vicepresidencia de Estados Unidos podrá ser o no la más adecuada para desbancar a Obama de la Casa Blanca, pero vigoriza la campaña conservadora a menos de dos semanas de su convención en Florida y va a contribuir a centrar las elecciones de noviembre en los temas que más interesan a los estadounidenses. La irrupción de un personaje de perfiles tan nítidamente ultraconservadores como el representante por Wisconsin proporciona a Obama un enemigo aparentemente fácil, pero coloca en su camino a la reelección a un peso pesado de la argumentación fiscal y presupuestaria.

La designación de Ryan le ha sido en buena medida exigida a Mitt Romney por las biblias periodísticas conservadoras y por el Tea Party, para quienes el candidato presidencial republicano no es suficientemente rotundo en temas clave. Con Ryan, un absoluto convencido de la necesidad de jibarizar el Gobierno y el presupuesto, se liquida cualquier posible ambigüedad. Como demuestra su carrera, el aspirante a número dos de EE UU, jefe del Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes, cree profundamente en lo que afirma. Su meticuloso y radical corpus doctrinal se resume en la necesidad de reducir el gigantesco déficit de su país recortando partidas ministeriales y programas sociales. En su credo, las deseables rebajas de impuestos para individuos y empresas harán inevitable la necesidad de drásticos tajos presupuestarios. Ryan, adversario frontal de la reforma sanitaria de Obama, no conoce tabúes, ni siquiera Medicare, el valorado programa nacional de seguro médico para mayores de 65 años. Los pobres, los marginados estadounidenses serían las principales víctimas de un nítido giro a la derecha que tiene poco de folclórico (Palin) y mucho de concienzudo.

Si Ryan va a ayudar a Romney a llegar a la Casa Blanca o a privarle, por el contrario, de una parte de los votos del centro se irá viendo durante los próximos tres meses. Pero desde la lógica del partido opositor su designación es una medida acertada que apuntala la candidatura conservadora, ahora un compacto coherente. Aunque Romney pretenda que no todos los puntos de vista de su vicepresidente son dogma para los republicanos, por debajo de su afirmación alienta la convicción de que lo que Ryan abandera es lo que prefieren la mayoría de sus conciudadanos.

26 Agosto 2012

Romney puede ganar

EL PAÍS

La Convención de Tampa marcará si el Partido Republicano se radicaliza

El tique Romney-Ryan puede ganar el próximo 6 de noviembre. Aunque Obama aventaja a su rival en algunas encuestas, la pareja republicana lo hace en otras, si bien no en el puñado de Estados clave. Optar por Paul Ryan como candidato a vicepresidente parece haber sido un acierto para el aspirante a la Casa Blanca, pues ha dinamizado su campaña y la ha dotado de más solidez, para proponer una política económica que busca adelgazar radicalmente el Estado y reducir los impuestos. Pero refleja también la debilidad de Romney, que ha creído necesario tener a su lado una personalidad fuerte en un partido controlado por la derecha extrema. En la convención republicana que se abre mañana lunes en Tampa (Florida), tiene la oportunidad de crearse finalmente un perfil propio. Pues lo que puede ser Romney como presidente, si gana, sigue siendo una gran incógnita. Ahora bien, si después de la Convención no se pone por delante en las encuestas, se le podrá dar por fracasado.

Con una tasa de paro superior al 8% y un crecimiento económico lánguido, los precedentes dicen que el actual presidente, Barack Obama, tendría que estar claramente por detrás y perder en una campaña cuyo eje central es la economía. Pero Romney no ha calado aún lo suficiente y la candidatura despierta recelos en los votantes moderados, pues aunque Ryan no sea formalmente parte del movimiento del Tea Party, este lo mira con simpatía por sus posturas radicales en materia de reducción de las coberturas sociales y los impuestos, y también en lo referente al aborto. Romney ha asumido el discurso más conservador en materia social, aunque hubiera querido evitar el patinazo de Todd Akin, congresista y candidato al Senado por Misuri, que habló de violaciones “legítimas” de mujeres. Entre estas, el antiguo empresario pierde. Tiene que superar además las reticencias que provoca su condición de mormón, especialmente cuando, con un Ryan católico, forma el primer tique republicano sin un protestante.

En Tampa se verá si Romney puede controlar la derechización de su partido o se deja arrastrar por la corriente dominante. La convención puede marcar el punto en que los radicales se hayan hecho con el Partido Republicano. La presencia de Ryan está movilizando al electorado de la derecha, pero también puede despertar a los votantes hoy desilusionados que votaron en 2008 por Obama, y dejarle a este libre el centro. Es decir, la victoria en noviembre.

08 Septiembre 2012

Obama toca tierra

EL PAÍS

Su cauto discurso de reelección en la convención demócrata queda lejos del mesianismo de 2008

A diferencia de hace cuatro años, cuando en Denver vino a prometer que cambiaría América y de paso el mundo, el discurso de Barack Obama en Charlotte, aceptando la designación por su partido a la Casa Blanca, ha sido mucho más sobrio y menos ambicioso. El presidente en busca de la reelección conserva su vibrante retórica; pero, perdida la magia de 2008, se ha conformado con pedir a sus compatriotas más tiempo para enderezar la economía y completar su programa.

Obama se ha presentado ante sus correligionarios como el paladín de la clase media, ha eludido los futuros visionarios y ha hecho esta vez un mensaje de valores, de tiempos difíciles. Probablemente el fragmento más descollante de su alocución sea su defensa de un Gobierno comprometido con los más débiles y los discriminados, que garantice los derechos de todos, frente a las recetas inmisericordes de su rival republicano Mitt Romney, predicador del beneficio y crítico frontal del intervencionismo gubernamental.

El discurso de Obama, al igual que la convención demócrata y antes la republicana, no representará un antes y un después en sus posibilidades de reelección. El presidente de Estados Unidos, empatado en intención de voto con Romney, tiene por delante dos exigentes meses para intentar convencer a sus conciudadanos, sobre todo a aquellos que le votaron entusiasmados en 2008 y ahora se sienten decepcionados por la enorme distancia entre lo imaginado y lo conseguido. Hay tres millones más de desempleados, la deuda crece imparable, Guantánamo sigue abierto, las espadas están en alto en la reforma sanitaria, la inmigración es asignatura pendiente y la percepción de EE UU en muchas partes del mundo es tan hostil como la que prevalecía con Bush.

La mayor dificultad para Obama es que estas elecciones presidenciales se van a decidir con argumentos económicos, salvo la irrupción antes de noviembre de una crisis internacional de envergadura. Y en ese terreno crucial el presidente carece de una agenda convincente, más allá de su mantra de no castigar fiscalmente a la clase media, de sus promesas de reducir el astronómico déficit o su probado instinto de justicia social. Agenda tanto más necesaria cuanto que de ser reelegido tendrá que lidiar con una Cámara de Representantes en manos de un republicanismo irreconciliable.

Más del 60% de los estadounidenses cree que su país está mal gobernado. El Obama de Charlotte, más cauto y maduro (“los tiempos han cambiado, también yo”), ha apelado abiertamente a un difuso centrismo, sobre todo a los indecisos de uno y otro lado, que sentenciarán el duelo por la Casa Blanca. Una elección que el presidente tendría pocas probabilidades de ganar de no tener enfrente a un aspirante como Romney —demasiados puntos débiles en su cruda plutocracia, además de fácilmente ridiculizable por su visión de la política exterior— y a un partido tan radicalizado y montaraz como el republicano.

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