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Desde que rompiera con los pro-etarras de EH, el Gobierno del PNV se encuentra bloqueado ya que, en ausencia de estos, hay más diputados de en contra que a favor

PSE y PP presentan sendas mociones de censura contra Ibarretxe (PNV) que las supera pese a tener más votos en contra que a favor

HECHOS

El 5.10.2000 el Parlamento Vasco rechazó la dos mociones de censura que tanto el PSE como el PP habían presentado contra el lehendakari D. Juan José Ibarretxe.

Iturgaiz_Redondo D. Carlos Iturgaiz (PP) y D. Nicolás Redondo Terreros (PSE) eran los candidatos a lehendakarie en cada una de las mociones de censura que se votaron a la vez y cada uno apoyó a la del otro.

A favor de las mociones de censura: 32 votos (PP + PSE + Unidad Alavesa) 

En contra de las mociones de censura: 29 votos (PNV + Eusko Alkartasuna + IU – Ezker Batua)

Ausencias: Euskal Herritarrock 

A pesar de que hubo más votos a favor que en contra la moción fue rechazada, ya que el reglamento implica para apoyar una moción de censura que tenga el apoyo de la mayoría absoluta, que en el caso del Parlamento Vasco son 38 diputados.

06 Octubre 2000

Una censura justificada

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El tenso debate celebrado ayer en el Parlamento de Vitoria no fue más que el reflejo de la situación de excepcionalidad política -de emergencia, dijo algún orador- que vive el País Vasco. Por primera vez en la historia de la democracia, el lehendakari se enfrentó nada menos que a dos mociones de censura. Presentadas, además, por dos partidos rivales, con electorados e ideologías distintas y distantes. Esto -lejos de ser un fraude, como sostuvo Ibarretxe- es la demostración del grado de deterioro político al que se ha llegado por culpa de los errores del PNV. Porque, como muy bien defendió Nicolás Redondo, lo que está en juego en el País Vasco es una cuestión de principios, previa a ideologías y proyectos: es la libertad de miles de vascos que no sólo se sienten amenazados de muerte por los terroristas, sino que tienen un Gobierno que, lo admita o no, legitima la violencia desde que firmó el pacto con EH.

En sentido estricto, tiene razón Ibarretxe en que las mociones de censura del PSOE y del PP no se presentaron para los fines que están previstas en la ley porque no disponen de la mayoría de la Cámara para elegir a otro presidente. Pero quien ha obligado a ambas formaciones a tomar este camino es el propio lehendakari, al estar gobernando en una situación agónica e insostenible en cualquier país democrático. El mejor reflejo de ello fue la patética estampa de Ibarretxe en la tribuna. Y ya lo de menos es que perdiera los nervios de forma tan rastrera como para acusar al PP de no apoyar a la familia de uno de sus concejales asesinados. De hecho, tuvo que pedir perdón y retiró sus palabras del diario de sesiones. Es que no encontró escapatoria -porque no la tiene- ante las contundentes y certeras acusaciones de Nicolás Redondo y Carlos Iturgaiz. Sólo pudo defenderse echando mano del victimismo y haciendo afirmaciones tan disparatadas como que Aznar y el PP han convertido la cuestión vasca en el nuevo «opio del pueblo».

Ibarretxe ha sido censurado por 32 parlamentarios que representan al 40% del electorado. Le han apoyado 29 escaños. Hay que estar muy ciego o muy ofuscado por Arzalluz para no darse cuenta de que sólo tiene un camino: la convocatoria inmediata de elecciones.

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07 Octubre 2000

Lógica democrática

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El Gobierno vasco consideró ayer, por boca de su portavoz, que las mociones de censura contra el lehendakari votadas la víspera fueron derrotadas legal y políticamente, por lo que «nada ha cambiado». Sin embargo, las propuestas de actuación que adelantó para los próximos meses tienen más que ver con aquello que la oposición le reprochó no haber hecho que con la reafirmación de su política de estos años. Parece dudoso, en todo caso, que esas propuestas puedan evitar la convocatoria de elecciones anticipadas.El portavoz anunció una gran manifestación por la disolución de ETA y un acto a favor del pleno desarrollo del Estatuto de Gernika con motivo del 21º aniversario de su aprobación. Al mismo tiempo pidió a la oposición buscar espacios de entendimiento en torno a principios como la defensa de las libertades, la oposición al terrorismo, el compromiso por el estatuto y el diálogo en busca de consensos más amplios. Lo que se reprochaba a los nacionalistas era justamente su impasibilidad ante la pérdida de libertad e indefensión de los no nacionalistas, su abandono del estatuto a favor de un soberanismo más o menos sobrevenido y la sustitución de un consenso del 80% de los ciudadanos por otro que como mucho podría abarcar a la mitad de la población. La duda es si se trata del esbozo de una autocrítica por vía de hecho o sólo de un intento de romper el ensayo de alianza entre el PP y el PSOE que se apuntó en la sesión parlamentaria del jueves.

Las razones para la presentación de las mociones son de lógica democrática; las mismas que hay para convocar elecciones anticipadas: que Ibarretxe ha perdido la mayoría y carece de alternativa; que las elecciones de 1998 fueron convocadas bajo la bandera del estatuto, ocultando la existencia de un pacto con ETA, y que la política efectivamente desplegada luego ha sido de desbordamiento del marco autonómico mediante iniciativas como la participación en la asamblea de electos, Udalbiltza, que el PNV y EA siguen considerando válida (y subvencionándola).

Son razones de mucho peso político y moral. Ibarretxe fue incapaz de refutarlas, prefiriendo descalificar las mociones como incoherentes, por juntar votos de la derecha y de la izquierda. Pero el hecho mismo de que fuerzas tan distantes en otros terrenos como el PP y el PSOE se unieran a la hora de censurarle debería entenderse como un síntoma más de la excepcionalidad de la situación vasca. Lo más descorazonador fue que, frente al drama de un país en el que la mitad de la población se siente amenazada y con su libertad condicionada por una banda terrorista cuyo brazo político ha sido aliado del partido del lehendakari, éste respondiera preguntando a sus críticos si aceptaban o no el ámbito vasco de decisión.

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