31 octubre 1951

Purga stalinista en Polonia: Vladislav Gomulka es destituido de todos sus cargos y encarcelado acusado de ‘titoista’

Hechos

El 31.10.1951 Vladislav Gomulka fue arrestado.

Lecturas

Ha sido arrestado en Varsovia el ex dirigente comunista Vladislav Gomulka este 31 de octubre de 1951. Hasta 1949 en que fue despojado de todos sus cargos, Gomulka llegó a convertirse en primer secretario del partido, viceprimer ministro y ministro para los territorios de la Polonia occidental.

Por su tendencia a un ‘comunismo nacional’, que le enfrentaba con el sector más radical del partido, cayó en el curso de las purgas que siguieron a la ruptura de Stalin con la Yugoslavia del mariscal Tito, único país comunista que no se integró en el bloque del Este.

Bolesław Bierut: dictador comunista de Polonia

Boleslaw Bierut ocupa el cargo de secretario general del Partido Comunista de Polonia [Partido Obrero Unificado Polaco, partido único] desde 22 de diciembre de 1948 cargo en el que reemplazó precísamente a Gomulka. Actualmente ocupa además la jefatura del Estado de Polonia aunque en los países comunistas la clave de poder es estar a mando del partido. Bierut, el máximo referente del stalinismo en Polonia, ha sido el encargado de pilotar la neutralización política de Gomulka.

Beirut será el dictador absoluto de la Polonia comunista hasta su muerte en marzo de 1956.

El Análisis

Gomulka en prisión: ecos de Moscú en Varsovia

JF Lamata

El arresto de Vladislav Gomulka marca un nuevo capítulo en la sombría expansión del estalinismo por Europa del Este. Alguna vez el rostro más visible del comunismo polaco y figura central en la administración de los territorios recuperados del oeste, Gomulka ha sido apartado, despojado y finalmente encarcelado por el régimen de Boleslaw Bierut. Su “pecado” no ha sido otro que haber intentado imprimir a su comunismo un acento polaco, una vía nacional y no enteramente sumisa a Moscú. En tiempos de Tito, esta inclinación se paga con la marginación… o la muerte.

Gomulka puede al menos considerarse afortunado de seguir con vida. No ha corrido la misma suerte que Ladislao Rajk en Budapest o Rudolf Slansky en Praga, cuyas ejecuciones han mostrado al mundo que el comunismo en Europa oriental ya no tolera disidencias internas, ni siquiera dentro de sus propios partidos. Como en la URSS de los años treinta, también aquí las purgas se amparan en nuevas etiquetas ideológicas: ayer «trotskistas», hoy «titoístas». En realidad, son simplemente independientes. Y eso, en esta nueva Europa moldeada a imagen de Stalin, es imperdonable.

J. F. Lamata