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Gibello les acusó de 'barbarie' y 'zafiedad' por despreciar al retrato del fundador de su periódico, José Antonio Primo de Rivera

La redacción de ARRIBA se querella contra el director de EL ALCÁZAR, Antonio Gibello por un artículo acusándoles de ‘intolerable atentado’

HECHOS

El director de EL ALCÁZAR, D. Antonio Gibello, publicó el 26.01.1976 el artículo ‘Intolerable Atentado’ que motivó que la redacción del periódico ARRIBA se querellara contra él.

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Con la llegada de D. Adolfo Suárez a la Secretaría General del Movimiento (y más tarde a la Presidencia del Gobierno) el diario ARRIBA pasaría a estar directamente controlado por él.

En enero de 1976 D. Adolfo Suárez aún no había colocado a sus hombres al frente de la Prensa del Movimiento, donde aún seguía reinando D. Emilio Romero (nombrado en febrero de 1975) con D. Cristobal Páez de director de ARRIBA. Los cambios no se producirían hasta febrero de 1976.

Aún así para ese momento el Sr. Romero había permitido que quitaran enseñas y logos falangistas en un periódico cuyo símbolo habían sido el yugo y las flechas (que fueron retirados de la cabecera del periódico). Todo ello tenía una significación especial por ser ARRIBA el periódico fundado por D. José Antonio Primo de Rivera y, durante años, referente de la dictadura franquista. 

A principios de 1976 se difundió a noticia (no se sabe real o exagerada) de que varios redactores del diario ARRIBA – supuestamente vinculados con el PCE – habían despreciado el retrato de D. José Antonio Primo de Rivera. Motivando la ira del director del diario EL ALCÁZAR, el falangista D. Antonio Gibello: que escribió un artículo (‘Intolerable Atentado’) deplorando el giro del ARRIBA. Aquel artículo causó que toda la redacción del diario ARRIBA se querellara contra el Sr. Gibello.

D. Antonio Gibello, director de EL ALCÁZAR, habla con J. F. Lamata sobre aquel pleito con el ARRIBA:

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26 Enero 1976

INTOLERABLE ATENTADO

Antonio Gibello

Mas que las palabras – sometidas hoy a tantas manipulaciones – son los actos cotidianos los que testifican la talla espiritual de los hombres y de las ideas en que dicen inspirarse.

Desde esta certeza moral, no quiero dejar pasar ni un instante sin manifestar, por mi honrosa condición de profesional del periodismo y mi inalterable e política falangista, la condena que merece el atentado que, con cobarde alevosía, perpetraron el pasado viernes en la redacción de ARRIBA ciertos sujetos, ostentadores jactanciosos de un marxismo de salón.

Aunque el hecho no ha sido pudorosamente velado a la trascendencia pública – no sé si con ánimo protector hacia los viles autores de la salvajada o por el natural sonrojo que debe producir en ARRIBA el que en su redacción que atente contra la memoria y la efigie de su fundador y contra los símbolos que amparan su portada y respaldan su limpia ejecutoria histórica – sus consecuencias no deben demorarse ni ocultarse.

Por higiene mental, por rigor de estilo, por simple y elemental sentido de la decencia, quienes tienen el deber de velar por la pureza doctrinal de ese patrimonio político falangista que se titula ARRIBA, no pueden tolerar por más tiempo en su redacción el enquistamiento de la barbarie y la zafiedad comunista, por muy disfrazadas que se encuentren de intelectualismo. Sería torpe, a estas alturas, que la ofensa quedara impune. Los símbolos del Movimiento todavía están amparados por las leyes. Que nadie se extrañe de que, si éstas amparados por las leyes. Que nadie se extrañe de que, si éstas no se cumplieran, fuera legión quienes sinteiran la necesidad de tomarse la justicia por su mano.

Antonio Gibello

El Análisis

¿EVOLUCIONAR AL COMPÁS DE SU TIEMPO?

JF Lamata

El diario ARRIBA era el periódico que sólo por su denominación histórica, estaba innegablemente vinculado a la dictadura del General Franco. Tras el fin de su etapa puramente franquista bajo las alas de D. Antonio Izquierdo con su destitución en febrero de 1975 – que incluyó episodios tan célebres como ‘El Gironazo’ – aquel periódico intentó como pudo adaptarse al compás de los nuevos tiempos, es decir, a apoyar la democracia, y eso incluía dar rienda suelta a los miembros de su redacción que manifestaban ideologías izquierdistas. Eso fue lo que intento durante el periodo 1976-1979. Pero su suerte estaba echada, aunque su muerte no llegará hasta tres años después.

J. F. Lamata

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