22 febrero 1921
Reza Shah [Reza Pahlaví] da un Golpe de Estado en Persia [Irán] para tomar el Gobierno que el sha Ahmad Shah Qayar se ve obligado a apoyar
Hechos
El Golpe de Estado se produjo el 22 de febrero de 1921.
Lecturas
El 22 de febrero de 1921 el general persa Reza Khan derrocó al gobierno de Persia y se adueñó del poder tras ocupar Teherán al frente de unos pocos miles de cosacos.
Jefe del Movimiento nacionalista iraním Reza Khan recibió el apoyo del sha, que se muestra partidario de establecer una dictadura militar.
El objetivo de Reza Khan consiste en recuperar la independencia de Persia y en suprimir la influencia extranjera en el país. Los planes de Reza se han visto facilitados por el compromiso de la Rusia soviética, que renuncia a toda reivindicación sobre Persia y reconoce explícitamente la frontera establecida en 1881.
El Análisis
El 22 de febrero de 1921, Persia despertó bajo el estruendo de los cascos de los cosacos que acompañaban a un nuevo protagonista de su historia moderna: Reza Khan. Con una operación relámpago, el general nacionalista ocupó Teherán al frente de unos pocos miles de hombres, desmanteló al gobierno existente y, con el respaldo del propio sha Ahmad, puso los cimientos de lo que pronto sería una dictadura militar. Su golpe no solo sacudió las estructuras internas del país, sino que marcó un punto de inflexión decisivo para una nación sometida durante décadas a injerencias extranjeras y desgobierno crónico.
Reza Khan no es un revolucionario al uso ni un títere de intereses externos. Al contrario, ha levantado la bandera del nacionalismo persa con una claridad poco común en el tablero asiático de entreguerras. Su ambición es clara: restaurar la soberanía del país, modernizar sus instituciones y liberarlo de las garras de potencias extranjeras, especialmente británicos y rusos, que durante años trataron a Persia como un tablero de ajedrez imperial. Su tarea no será sencilla, pero el contexto le es propicio: la nueva Rusia soviética, lejos del viejo expansionismo zarista, ha renunciado oficialmente a sus pretensiones sobre Persia y ha reconocido sus fronteras, abriendo un inédito margen de maniobra para el nuevo líder.
Aunque aún queda mucho por definir, el golpe de Reza Khan podría marcar el inicio de un proceso de modernización autoritaria que transforme profundamente la estructura del Estado persa. Si su discurso nacionalista se traduce en reformas tangibles y en un verdadero fortalecimiento de la independencia, Persia podría dejar atrás su estatus semicolonial y emerger como un actor soberano en Oriente Medio. Pero si el poder absoluto se convierte en fin en sí mismo, el sueño de reconstrucción nacional podría terminar, una vez más, traicionado desde dentro.