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El periodista aseguró en un artículo en EL PAÍS que la muerte de Antonio Herrero le producía indiferencia

RNE despide definitivamente a Haro Tecglen como colaborador tras un artículo pidiendo el cierre de RTVE y otro contra Antonio Herrero

HECHOS

El 5.05.1998 D. Eduardo Haro Tecglen publicó una columna en EL PAÍS relativa al fallecimiento en accidente del locutor de la COPE, D. Antonio Herrero. El 07.05.1998 la cadena RTVE decidió despedir al citado tertuliano

El 7.05.1998 RNE anunció el despido de D. Eduardo Haro Tecglen como tertuliano de Radio Exterior (emisora de RNE), con la que colaboraba desde hacía 17 años y de la que, por un breve tiempo, fue director. El periodista pasaría a ser comentarista en la Cadena SER. Según la dirección de Radio Exterior el despido era por haber escrito un artículo en EL PAÍS pidiendo el cierre de RTVE (incluida RNE), pero varios medios – incluyendo el Grupo PRISA, al que pertenecía el Sr. Haro Tecglen – vincularon el despido con otro artículo en EL PAÍS contra el difunto D. Antonio Herrero tras su muerte en accidente. Se daba la circunstancia de que la cuñada  del difunto Sr. Herrero, Dña. Beatriz Pécker, era directiva de RTVE.

zap_alejogarcia D. Alejo García, director de Radio Exterior, aseguró ser el único responsable del despido del Sr. Haro Tecglen, y desvinculó de tal medida a la directiva de RNE, Dña. Beatriz Pécker.

La actitud del Sr. Haro Tecglen contra el Sr. Herrero Lima, desató la protesta de sus compañeros de la COPE expresada en una carta mandada a EL PAÍS, aunque también contó con la rotunda defensa del Sr. Reig Tapia desde esas páginas.

La encendida defensa del Sr. Reig Tapia con el Sr. Haro Tecglen en 1998 contrasta con la desilusión del Sr. Reig Tapia hacia la misma persona en 2001  por su actitud ante el tema del terrorismo vasco.

05 Mayo 1998

¿QUÉ MÁS DÁ?

Antonio Herrero

Busco mis sentimientos por la muerte de Antonio Herrero: no tengo. La muerte de un enemigo ya es insignificante: otro saldrá. Deposito mi flor en la tumba: es blanca, como la indiferencia.

Busco mis sentimientos por la muerte de Antonio Herrero: no tengo. La pura muerte deja de impresionar a quien se ve cerca de ella: no queda la sensación de culpa de quedarse aquí, porque se queda para poco. La muerte de un enemigo ya es insignificante: otro saldrá y, además, es igual: son gentes de otras estructuras. Yo no fui enemigo de él; él lo era mío y supongo que, por mucho que me maldijese, no le importé nada.

No le oía: a su hora no puedo. Me llamaban para contármelo. Lo de él, lo de Jiménez Losantos, lo de otros que no recuerdo (ah, sí, Carlos Semprún). Hace muchos años me impresionaban estas cosas: cuando murió Franco y la censura se abrió. Era lógico: se abrió para todos: buenos y malos, justos y canallas. Para la verdad y para la calumnia. ¡La abrieron ellos! Pero la verdad es siempre dudosa y la calumnia deja mucho. Tuve entonces, hace 20 años, algún susto: vi que se podía mentir, se podía minar la fama, la moral de los hombres; se podía alterar sus pensamientos, falsificar sus palabras, crearles el personaje que no eran. Sabía que era un arma de Estado: el de Franco, o de Stalin, o de Hitler, qué sé yo; pero que en la democracia no podía prevalecer. Podía: y prevalece. Quizá éste sea su mejor régimen. En los totalitarismos no se cree en nada; en las democracias se puede ser crédulo del mal. Qué grave. «Qué fuerte», dicen ahora. No le oí nunca, pero me lo contaban. Ni le conocí. Pasados los años largos de este régimen, ya me dan igual todos ellos. Sé que los suyos trataron de desmontar este periódico donde me guarezco; y, con él, una línea política que no continuaba las grandes de su afiliación. O que daría las prebendas a otros. Algunos de entre ellos, de entre sus sindicados, sólo tenían rabia porque no escribían aquí, no tenían esta difusión. Otros, porque se habían transformado hacia su propio opuesto y no aceptaban que hubiera personas que las mantuvieran. Otros hasta por fe religiosa. Deposito mi flor en la tumba: es blanca, como la indiferencia.

Quisiera tener algún sentimiento de pena por una muerte, de malestar por una pérdida o de alegría por el silencio definitivo de una voz adversa. La que me duele es otra, la de «un mendigo de la Historia española», como dice su hijo (le salió muy raro: José Luis Martín Prieto): la de un inválido del Quinto Regimiento. Al que yo vi, en aquella lejanía, como salvador. Qué curiosa es la vejez; se duele uno de lo antiguo y de lo lejano. Desprecias a algunos contemporáneos.

Eduardo Haro Tecglen

17 Abril 1998

¡Viva la televisión!

Eduardo Haro Tecglen

La televisión pública: mejor cerrarlas. No se les ve utilidad, y la que hay no está en razón del gasto financiero desbocado por la mala administración desde que nació.

Ronda la idea de un canon para la radio y la televisión pública: mejor cerrarlas. No se les ve utilidad, y la que hay no está en razón del gasto financiero desbocado por la mala administración desde que nació. Cuando la democracia se infiltró algo en la sólida sociedad elaborada por 40 años enemigos, cerró la ‘prensa del movimiento’, por una decisión justa: La prensa tiene que ser independiente. Liberó la información, quitó la censura, amplió las radios. Pero se guardó la televisión. Esas son las corrupciones clandestinas con que se falseó el régimen montado por los que se educaron durante el franquismo. La televisión fue arma política; al menos de vanidad – vaciedad – policía. Suárez venía de ella. González la absorbió con ansiedad, pero con cierta delicadeza: la derecha creyó que los socialistas la poseían enteramente y, cuando ganó, hicieron lo que creían que habían hecho los otros. Ésta es la idea principal de que nadie quiera deshacerse de la televisión oficial, cuando centenares de canales privados o semiprivados la hacen innecesaria. Sería mejor, como los teatros nacionales, como la ópera: en forma de regulación cultural (prescindiendo de que la cultura se crea desde abajo). Pero la utilización política necesita, sobre todo, masas, expansión: la televisión nacional y sus hijuelas del despilfarro autonómico se vulgarizan para tener la audiencia máxima para el discurso del político en el tránsito. Deja de ser necesaria para una verdadera democracia. Yo sería partidario de una televisión y una radio nacionales cultas, serias, trabajadas: y de entera libertad para las demás, para todo el que quisiera abrir una emisora. Sin ninguna norma de contenidos: como un quiosco. Con espectadores y oyentes libres. Yo lo soy: entre los cientos de canales que los satélites ponen a mi disposición, encuentro siempre algo que deseo, algo que cubre mi rato de contemplación y escucha. Siempre me asombran los asaltos al medio, la denominación de ‘basura’, los tratos despectivos. Es una conquista de la civilización como lo fue la imprenta: en una librería tampoco encontraré más de un 5% de títulos para mí, como en una cartelera de teatro o de cine. No encuentro razón para que se glorifique el libro y se descalifique la televisión. A no ser que tenga la ansiedad de que todos los programas de todas las emisoras del mundo respondan a mis necesidades, y me dedique a llamar basura a todo lo demás, y a pedir que se suprima.

Eduardo Haro Tecglen

06 Mayo 1998

NO PASAMOS POR EL 'HARO'

Matias Antolín (y 16 firmas)

Estimado amigo, desde este rincón de libertad que nos ofreció Antonio Herrero en La Mañana de la Cadena COPE, no podemos contar mentiras ni callar verdades. Somos conscientes de nuestras limitaciones pero también de nuestras posibilidades. Te contamos que el pasado 5 de mayo, Don Eduardo Haro Tecglen se encaramó a su columna en el periódico que diriges para exclamar «¡Qué más da!» desde donde escupió baba ruin sobre la tumba de Antonio Herrero, con quien tanto amamos esta profesión de periodistas.Sin resentimiento, con sentimiento, sin acritud, con dolor, el equipo de La Mañana no pasará por el «haro», respetable director de EL PAÍS; tú sabes que para ser dragón hay que tragar muchos sapos y culebras, sólo queremos que sepas lo que sentimos ayer: vergüenza ajena ante las desvergüenza de Haro Tecglen. Ser grosero con él, sería cortesía por nuestra parte. Don Eduardo clavó espinas de mezquindad en el corazón herido de esta redacción, de estos colegas tuyos. Su lengua no tiene dientes pero muerde la manzana de la discordia, aunque nosotros queremos respirar con el corazón, no con los pulmones, en días como éstos en que Antonio Herrero ha sido el ahogado y nosotros los náufragos (como expresó Antonio García Barbeito).

Seguiremos usando una de las armas más antiguas: la palabra. La Mañana seguirá desbocada de noticias. Nos gustaría ser buenos aurigas y saber conducir el carromato del programa con diligencia y objetividad, manteniendo las riendas que frenan el ímpetu de los caballos de la subjetividad. Decía Eduardo Haro Tecglen que jamás escuchó a Antonio Herrero. No nos callará su «sordera». Nosotros, si nos interesa lo que dice, quizá sigamos leyendo a tu ilustre colaborador.

(Permítenos injertar este comentario de Carola Herrero Lima: «He leído su artículo, Eduardo. Me gustaría contestarle que no nos importa nada su falta de sentimientos, su ausencia de pena. No nos importa absolutamente nada porque usted no es nadie, nadie. Su pena no vale nada. Nosotros hemos nacido y crecido oyendo hablar de cosas como amistad, lealtad, honestidad, cosas como la libertad; porque yo creo en esa libertad, acepto que usted, Eduardo, no sienta la muerte de mi hermano Antonio y así lo exprese junto con sus resentimientos. La pena es libre».

Gracias por tu atención. Hasta siempre en la libertad de expresión.

Redacción de La Mañana (COPE).

13 Mayo 1998

Haro Tecglen

Alberto Reig Pla

El señor Matías Antolín, la Redacción de La mañana, de la COPE, y 16 firmas más dicen no pasar por el «haro» de Haro Tecglen y se indignan por la frialdad con que ha glosado la muerte de Antonio Herrero. Es perfectamente comprensible tratándose de amigos y colaboradores del periodista trágicamente desaparecido, y yo en su lugar habría reaccionado de manera similar. Pero el fondo e incluso la superficie de la cuestión es muy otro o, por mejor decir, puede calibrarse desde una perspectiva abiertamente diferente.Dicen escribir «desde este rincón de libertad» (?) (evidentemente la suya; no la de todos. «Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira»). Libertad que les ofreció (a ellos) Antonio Herrero en la COPE. «¡Libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen (y cuántas tonterías se dicen) en tu nombre!». Haro, al parecer, escupió «baba ruin», pero de las sus bocas (las de los tertulianos de la COPE y adláteres), al parecer también, sólo emanaban dulces cantos de sirena, ingeniosos y brillantes comentarios, profundísimas reflexiones llenas de ingenio, perspicacia y sentido común. Son tantos los que a diario se avergüenzan de la desvergüenza ajena que a qué avergonzarse ahora. ¿Por qué no se avergüenzan los firmantes cada vez que su ilustre colaborador Jiménez Losantos, bajo la libre e independiente batuta de Antonio Herrero, llama «momia» por sistema a Haro Tecglen o no se avergonzaban cuando llamaba «paranoico de la Moncloa» al anterior jefe del Gobierno de España? ¿«Mezquindad», mordiscos, discordia…?; no repitamos inútilmente la cita de Campoamor. Terminan reproduciendo unas palabras de Carola Herrero, quien dice que Haro «no es nadie». Se equivoca. Usted no es nadie. Nadie se forja una biografía en cinco minutos ni nadie es nadie por ser «hermana de». Por lo demás -ya lo he dicho-, comprendo perfectamente su dolor, que es humano.

Cuando José Antonio Primo de Rivera se indignaba en el Parlamento republicano por las críticas a Miguel Primo de Rivera y llegaba a la agresión personal, «le comprendemos» como hijo, pero «nos deja fríos, indiferentes», como líder fascista defendiendo la memoria del dictador. Naturalmente, no establezco analogía alguna, simplemente resalto la conveniencia de no confundir sentimientos personales e intransferibles con planteamientos ideológicos o políticos. «Nosotros», dice, y dice muy bien, «hemos nacido y crecido oyendo hablar de cosas como amistad, lealtad, honestidad, cosas como la libertad…», que, entre otros muchos me permito yo decir, hemos aprendido de hombres como Eduardo Haro, que si no existiera -aun en los casos en que su libre opinión no nos guste o nos irrite- habría que inventarlo, y si fuera el caso, subvencionar sus opiniones, pues si alguien desde el periodismo nos ha enseñado libertad, independencia, criterio, ética, tolerancia, sinceridad…, ése ha sido Eduardo Haro Tecglen, al que Jiménez Losantos llama «estalinista». Si lo sabrá él.

Alberto Reig Tapia.

El Análisis

Bondad indiscreta

JF Lamata

El Sr. Haro Tecglen justificó que con su artículo – en el que, además de a D. Antonio Herrero, también aludía a otros entrañables enemigos como D. Carlos Semprún, Sr. Martín Prieto o Sr. Jiménez Losantos) quería demostrar lo bueno que era por el hecho de no alegrarse de la muerte de D. Antonio Herrero, que tanto le insultaba. Recuerda un poco a lo del entrenador de fútbol D. Javier Clemente, que alardearía de no alegrarse porque el periodista Sr. Manolo Lama que tanto le criticaba estuviera a punto de matarse en un accidente). Son sentimientos muy loables, pero serían aún más loables si no se hicieran públicos.

¿Fue despedido por ello de RNE como represalia? Ciertamente, es mucha casualidad que fuera a los pocos días de que fuera publicado, y era conocido lo mal que sentó ese artículo en la derecha (perdón, en la no-izquierda). Pero, por otro lado el Sr. Haro Tecglen ya había sido apartado como tertuliano del programa nocturno de RNE ’24 Horas’ por D. Manuel Antonio Rico al inicio de la temporada, por lo que, poco a poco, iba siendo apartado de puestos en la radio gubernamental (del PP).

El columnista de EL PAÍS de PRISA pasaría a ser comentarista de la Cadena SER de PRISA, aunque no sería vetado de RTVE, pues se le vería en algún programa, tanto en TVE, como en la propia RNE, donde mantendría una célebre discusión con el Sr. Vargas Llosa.

J. F. Lamata

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