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El Partido Comunista de España (PCE) única organización de peso real entre las agrupaciones que forman la plataforma

La extrema izquierda liderada por Antonio Gala y la extrema derecha harán campañá por el NO a la OTAN en el referendum

HECHOS

El 25.01.1986 se celebró la Asamblea Constituyente para la salida de España en la OTAN presidida por D. Antonio Gala.

ANTONIO GALA A LA SOMBRA DE GERARDO IGLESIAS

Gerardo_Gala El Secretario General del Partido Comunista de España (PCE), D. Gerardo Iglesias, es el principal líder político con estructura presente en la plataforma.

Entre los que aparecieron como fundadores estuvieron el ex militar de la UMD, D uis Otero, en representación de la Asociación Pro Derechos Humanos; el dirigente del PCE y Secretario General de Comisiones Obreras, D. Marcelino Camacho, por CC OO; D. Enrique Curiel (vicesecretario del PCE), D. Gregorio López Raimundo (presidente del PSUC, brazo del PCE en Catalunya), D. Alonso Puerta (secretario general del Partido de Acción Socialista, PASOC), D. Ramón Tamames (ex miembro del PCE y presidente de la formación Federación Progresista), Dña. Cristina Almeida (ex miembro del PCE que agrupa a un conjunto identificado como ‘Nueva Izquierda’) y el periodista D. José Luis Balbín (considerado afín al PCE).

COINCIDENCIAS CURIOSAS: LA EXTREMA DERECHA TAMBIÉN PEDIRÁ EL ‘NO’ EN EL REFERENDUM

Consejo_Del_reino_GironAlcazar_OTAN_No La Confederación Nacional de Combatientes presidida por el ex ministro franquista D. José Antonio Girón de Velasco y su periódico, EL ALCÁZAR, que dirige D. Antonio Izquierdo, han anunciado que ellos harán campaña a favor de votar NO a la OTAN por lo que coincidirán en sus planteamientos con el Partido Comunista de España, dándose así una original coincidencia entre franquistas y comunistas.

Comunicado oficial:

  • La Junta Nacional de la Confederación Nacional de Hermandades y Asociaciones de Excombatientes de España y Asociaciones de Excombatientes de España, reunida en sesión extraordinaria, acordó por unanimidad hacer pública la siguiente declaración:
  • 1º Nos oponemos terminantemente a la cleberación del costoso referéndum anunciado sobre la OTAN.
  • Por considerarlo innecesario ya que estamos en la OTAN con arreglo a todos los requisitos constitucionales.
  • Por entender que el pueblo que habría de votar carece de la información necesaria para decidir su voto con conocimiento suficiente de tan complejo asunto.
  • Porque el radical cambio de postura socialista ha introducido un elemento de confusión que necesariamente perturbará la voluntad de la gran mayoría de los votantes viciándola gravemente.
  • 2º Nuestra pertenencia a la OTAN debe ser tan completa y sin restricciones como digna y decorosa.
  • Como quiera que el Gobierno socialista, por compromisos de partido y con ánimo electoralista de una parte convoca el referéndum y, de otra, limita nuestra pertenencia a la OTAN en términos que estimamos ofenden la dignidad nacional, la Confederación Nacional de Hermandades y Asociaciones de Excombatientes de España – cuya identidad sociopolítica es tan evidente que no permite confundirla con otras entidades que propugnen, por motivos opuestos, la misma respuesta – entiende que la contestación a la pregunta que realiza el Gobierno debe ser un rotundo NO.
  • Tenemos muy claro que OTAN, así, No.

«DESESTABILIZAR EL SISTEMA»

   El 9 de marzo de 1986 se celebró un acto en Salamanca de los líderes Hermandad de Excombatientes, D. Camilo Menéndez Vives (capitán de navio condenado por el 23-F) y del grupo Movimiento Católico Español, D. José Luis Corral, en la que explicó que harían campaña a favor del ‘NO’ en el referendum de la OTAN para desestabilizar el sistema.

04 Febrero 1986

Notas al margen

Antonio Izquierdo

En los ámbitos donde todavía reside un sentimiento nacional arraigado se ha producido una duda que era necesario despejar: establecer una coherencia sustantiva para replicar a una pregunta adjetiva e incoherente. La pregunta, ocioso resulta señalarlo, es la que el Gobierno del PSOE formula al pueblo en el referéndum convocado para el miércoles 12 de marzo en lo sustantivo, sin embargo, es la intención con que la pregunta se presenta por quienes hasta octubre de 1982 encabezaron todas las manifestaciones anti-OTAN, y al finalizar la década de los setenta se comprometieron con el PCUS, en Moscú, a incluir en su programa nuestro alejamiento del aparato defensivo de la Europa libre. Tengo la impresión de que la duda en esos ámbitos, reducidos, acaso, pero fecundos y probablemente  fértiles a no muy largo plazo, está determinada por el hecho del prolongado ‘No’ que la izquierda ofrece a la proposición gubernamental.

Bastaría con una atenta lectura de la redacción del texto que se someterá a la aprobación o el rechazo público, para que las cosas queden en su sitio. Se emita el sufragio en uno u otro sentido, todo permanecerá exactamente igual. Esto es: el referéndum no abre las puertas de la OTAN sino que cierra con carácter definitivo nuestra integración plena en el aparato defensivo militar de Europa. La Confederación Nacional de Hermandades y Asociaciones de Excombatientes celebró una junta de carácter extraordinario para adoptar una resolución inmediata. Junto a otro columnista del periódico, asistí a esa reunión con la excepcionalidad que la situación determinaba. Para informar y para recibir, por otra parte, el mandato de defender el voto en el sentido que el mayor servicio a España exigiese. Se produjeron escrúpulos a la hora de considerar que pudiera existir una coincidencia moral equivalente del sentido del voto de los españoles que apostamos por el mundo libre con el de los españoles que se agrupan bajo las banderas desplegadas e infiltradas en el mundo democrático por el Pacto de Varsocia. Creo que fue Luis Nieto, con su rotunda gallardía, sin rodeos, quien despejó la niebla. La coincidencia en el “sí” o el “no” no presupone una analogía moral en los fines perseguidos.

El comunismo vota ‘no’ a la OTAN, en la certidumbre de que bombardea un instrumento defensivo del mundo libre; nuestro ‘no’ nace de un sentido contrario: entendemos que el sí reduce las probabilidades defensivas de España a cero, al quedar encorsetados en un aparato civil sin participación militar y con el compromiso de desmantelar bases estratégicas nacidas de pactos soberanos y unilaterales con los Estados Unidos, al tiempo que el ministro Serra se encarga de reducir nuestros propios dispositivos de defensa a su mínima expresión. En principio, que Enders pueda estar convencido de que obtiene una victoria con el Gobierno socialista o de que Dubinin permanezca en un elocuente silencio, nos tiene sin cuidado.

05 Febrero 1986

Donde dije Diego, digo...

EL PAÍS (Director Juan Luis Cebrián)

El debate parlamentario sobre política exterior y de seguridad -aplazado en varias ocasiones y postergado hasta hacerlo coincidir con la discusión sobre la convocatoria del referéndum de la OTAN- se ha concentrado de forma casi exclusiva en el recordatorio de los cambios de posición de Felipe González y el PSOE en torno a la Alianza Atlántica y sobre la conveniencia de la consulta. El presidente del Gobierno subrayó la necesidad de un consenso de las fuerzas democráticas sobre las grandes líneas de la política internacional, consenso capaz de garantizar su estabilidad a largo plazo por encima de las alternancias en el poder.Los argumentos de Felipe González en favor de la permanencia de España en la OTAN fueron desarrollados con vigor y convicción por su parte. Sus críticas contra las alternativas neutralistas trataron de ajustarse a planteamientos geoestratégicos y no utilizaron argumentos demagógicos contra los movimientos pacifistas ni transformaron a la OTAN en una realidad celestial.

Pero era inevitable que tanto Manuel Fraga como Miquel Roca pusieran en evidencia las contradicciones de los socialistas, adversarios hasta su llegada al poder de la pertenencia de España a la Alianza y partidarios ahora de ésta. El presidente del Gobierno justificó el cambio de la actitud de los socialistas con argumentos orientados en buena parte a explicar su anterior postura: según estos, la decisión del Gobierno de Calvo Sotelo de entrar en la OTAN rompió el consenso entre las fuerzas políticas, modificó unilateralmente las prioridades de la transición democrática, alteró el statu quo internacional y resultó gratuita por la existencia previa de un tratado bilateral con Estados Unidos que nos vinculaba ya con la defensa occidental. El principal elemento autocrítico fue el reconocimiento por Felipe González de que sus temores a que el ingreso en la Alianza Atlántica significaran un recorte de la soberanía nacional española eran infundados. Esta reafirmación de que la soberanía queda intacta no es gratuita: Felipe González insistió en el bien de España y apeló a los valores nacionales en su defensa del sí al referendum y sí a la OTAN. Pero las soberanías, hoy, están todas recortadas por la existencia del poder atómico de las dos superpotencias, y halagar el espíritu patriotero no es el mejor sistema de ayudar a comprender el mundo.

Fraga y Roca no estaban dispuestos, por su parte, a prescindir de las hemerotecas (que el líder de Coalición Popular debe manejar con cuidado si no quiere encontrarse sorpresas desagradables para él). Los Congresos del PSOE y las declaraciones de prensa e intervenciones parlamentarias de González cuando estaba en la oposición suministran una cantera de citas demasiado rica para ser desaprovechada. Los análisis, descripciones y condenas de la OTAN realizados por los dirigentes socialistas hasta bien entrado 1983 contienen verdaderas perlas cultivadas, tanto más valiosas cuando se las compara con los actuales juicios -por ejemplo, las vinculaciones de hecho entre la CEE y la OTAN- sobre esa alianza militar. Lo espectacular del cambio es explicable sólo porque el poder define responsabilidades y realismos a veces macabros y, siempre crueles para quienes los padecen. El mensaje de Felipe González a los españoles, ayer, era: como yo y el Gobierno hemos cambiado, los ciudadanos todos deben hacerlo.

Junto a esa exhumación de textos de Felipe González y de otros dirigentes socialistas, no sólo contrarios a la pertenencia de España a la OTAN, sino también descalificadores de la Alianza misma, la primera sesión de un debate teóricamente dedicado a la política exterior y seguridad sirvió de escenario a las críticas vertidas por Fraga y Roca contra la convocatoria del referéndum, una maniobra de Felipe González y del PSOE para salvar la cara ante su propio electorado. El presidente del Gobierno justificó la consulta no sólo como el cumplimiento de una promesa electoral, sino como el instrumento para enraizar la decisión de permanencia en la Alianza en la voluntad popular, acortar la brecha existente entre los representantes y los representados y poner fin a una polémica histórica. Es obvio, sin embargo que esa polémica no se acabará si el referéndum se pierde por el Gobierno, si la abstención es aplastante o si los márgenes de victoria son ínfimos. Según González, una disolución anticipada de las Cámaras habría resultado para los socialistas una solución mas cómoda y menos traumática que la celebración del referéndum. Sin embargo, los intereses de España están mejor servidos, en su opinión, por la realización de la consulta. Fraga y Roca rechazaron los supuestos móviles patrióticos de la decisión, rebajándolos a maniobra electoralista.

El argumento de que la política exterior de consenso propuesta por los socialistas difícilmente puede descansar sobre la celebración de un referéndum repudiado por la oposición no carece de lógica, con independencia de los propósitos -igualmente electoralistas- subyacentes a su formulación. El dato más importante -tal vez el único con relevancia política- de la sesión fue la alusión de Fraga al eventual corrimiento del abstencionismo de la derecha hacia el no ante las urnas, predicado ya ayer a toda plana por EL ALCÁZAR, diario al que es difícil negar conexiones con sectores del Ejército. El planteamiento del referéndum hace factible esa alianza impía entre los neutralistas, pacifistas y comunistas, que hacen campaña abierta -con sus argumentos y razones propios- para que España se salga de la OTAN, y los proatlantistas -incluso si son de ultraderecha-, que pueden utilizar el referéndum para poner al Gobierno contra la pared.

Eso sí, de una cosa estamos seguros: los españoles no sacaron ayer nada en claro sobre cuál debe ser la política de seguridad de este país, cuáles son las amenazas y los riesgos, cuáles los eventuales caminos a el

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