26 junio 1945
Sucede a la fracasada Sociedad de Naciones, que desapareció al estallar el conflicto
Se funda la Organización Naciones Unidas (ONU) por los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial
Hechos
El 26.06.1945 se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Lecturas
Representantes de 51 estados soberanos, reunidos en la ciudad norteamericana de San Francisco, ratificaron este 26 de junio de 1945 el acta de fundación de la nueva Organización de Naciones Unidas (ONU), foro encargado de regular las relaciones entre países y que expresa el nuevo orden internacional, surgido tras la victoria de los aliados. La carta de las Naciones Unidas entrará en vigor el miércoles 24 de octubre de este año. Entre los 51 estados miembros de la organización, sólo un estado, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tendrá tres votos, por las tres principales repúblicas que lo forman y son consideradas tres estados independientes, Rusia, Ucrania y Bielorrusia, aunque las tres estén mandadas por Stalin. Era una exigencia de Moscú que los fundadores de la ONU han aceptado.
La carta fundacional de la ONU toma como base la carta Atlántica de agosto de 1941, y expone en un prólogo y 19 capítulos los objetivos de la organización, así como los requisitios que deberá reunir todo país que aspire a ingresar en ella. El documento prohíbe a sus estados miembros cualquier forma de injerencia en los asuntos internos de otros estados. Sin embargo, la restricción se muestra desde el principio inoperante, dado que – a partir de la conferencia de Yalta – los tres grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial en Europa – Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética, luchan sordadamente por extender sus áreas de influencia en el nuevo orden europeo.
El acuerdo para luchar unidos contra la Alemania nazi no ha impedido a los aliados mantenerse alerta en defensa de sus interese individuales. En Reino Unido y Estados Unidos se levantan voces contra las excesivas concesiones que los aliados occidentales han hecho a los soviéticos en la Europa del Este.
Las Naciones Unidas estarán regidas por una serie de instituciones; la Asamblea plenaria deberá reunir al menos una vez al año a todos los miembros de la ONU y habrá de tomar sus decisiones por mayoría; cada miembro dispone de un voto (menos la URSS, que tiente tres).
El Consejo de Seguridad constituye el órgano ejecutivo de la organización; su cometido consiste fundamentalmente, en mediar en los conflictos internacionales. Este Consejo se compondrá de cuatro miembros permanentes (Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia) que tienen derecho a veto y de seis miembros rotativos; estos últimos serán elegidos cada dos años, mediante votación de la Asamblea General. El derecho de veto cabe prever que causará problemas.
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EL primer secretario general de la ONU será Gladwyng Jecc (1945-1946) y el segundo Trygve Lie, cuyo mandato durará hasta 1953.
El Análisis
En un planeta recién salido de su mayor matanza, las potencias vencedoras se han reunido en San Francisco para proclamar, entre discursos solemnes y promesas de paz, el nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas. La ONU, dicen, será el escudo moral del mundo, el foro donde los conflictos se resolverán con palabras y no con bombas. El problema es que la última vez que se intentó algo parecido —la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial— el resultado fue el desastre absoluto. Hitler no la escuchó. Mussolini la despreció. Y ni siquiera EE.UU. quiso formar parte.
Ahora la nueva criatura nace con más poder, sí, pero también con más trampas. El Consejo de Seguridad tendrá cinco miembros permanentes —EE.UU., URSS, Reino Unido, Francia y China— con derecho de veto. Es decir: los mismos que lideraron la victoria pueden bloquear cualquier decisión que les incomode. Una paz, sí, pero a medida de los vencedores. Al frente de la estructura ha estado, en su arranque, el británico Gladwyn Jebb, y desde 1946, el noruego Trygve Lie, cuya buena voluntad no puede disimular que el mando real está en Washington y Moscú.
Porque mientras las banderas ondean en la sede de la ONU, la realidad es otra: Estados Unidos y la Unión Soviética ya no se miran como aliados, sino como futuros enemigos. Ambos se han reservado armas atómicas, se espían, se enfrentan por países enteros. La ONU servirá para debatir, para votar resoluciones, para mandar cascos azules. Pero la paz duradera no depende de ella, sino de que los dos gigantes decidan no matarse… y, con suerte, no matarnos a todos con ellos.
J. F. Lamata