15 julio 1945

Pasó de ser el líder de la resistencia contra la invasión nazi a - según sus enemigos - ofrecer una alianza a estos contra los comunistas

Yugoslavia: La dictadura comunista de Tito condena muerte y ejecuta al mariscal Draza Mihailovic [Dragoljub Mihajlović]

Hechos

El 15 de julio de 1945 se conoció la sentencia a muerte a Dragoljub «Draža» Mihajlović.

Lecturas

En el término de dos días ha de ser ejecutada la sentencia de muerte que se impuso este 15 de julio de 1945 a Draza Mihailovich, ex ministro de la Guerra de la monarquía de Yugoslavia en el Gobierno en el exilio y jefe de la guerrilla chetnik que inicialmente luchó contra los invasores de la Alemania nazi. No obstante más adelante las tropas de Mihailovich también compatieron a las tropas comunistas de Tito.

El tribunal popular que le juzgó en Belgrado le ha condenado por traición al pueblo de Yugoslavia por esa lucha contra los comunistas, ahora en el poder.

Desde fines de 1941, mientras luchaba contra las fuerzas de ocupación alemanas, Mihailovich también emprendió acciones contra los partisanos de Tito y, según estos, para combatirlos, llegó a ofrecer una alianza a alemanes e italianos contra los comunistas de Tito.

Poco a poco los aliados británicos y franceses le fueron retirando su apoyo en base a estos para otorgárselo a Tito, que en ese momento aparecía como el gran protegido de Stalin, aunque otras fuentes cuestionan que tan real es la sintonía entre Tito y Stalin.

El 30 de noviembre de 1945 se oficializará el régimen comunista de partido único en Yugoslavia con Tito como dictador. 

El Análisis

Las contradicciones de Mihailovic

JF Lamata

La ejecución del mariscal Draža Mihailović en julio de 1945 cierra con dramatismo una etapa convulsa en la historia reciente de Yugoslavia y sella la victoria definitiva de Josip Broz “Tito” y sus partisanos comunistas sobre cualquier atisbo de alternativa política o militar. Para muchos en Occidente, Mihailović fue durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial un símbolo de la resistencia yugoslava contra la ocupación nazi, y no en vano recibió condecoraciones e incluso elogios del presidente de Estados Unidos, Harry Truman, y del general De Gaulle en Francia. Que hoy haya sido ejecutado por sus compatriotas bajo cargos de colaboración con el enemigo representa, para esos aliados, más que una sentencia judicial: un asesinato político.

Sin embargo, la figura de Mihailović no está exenta de sombras. Comandante de los chetniks —monárquicos serbios—, al inicio de la guerra encabezó con firmeza la lucha contra los invasores alemanes. Pero a medida que el conflicto se prolongó y los comunistas de Tito comenzaron a ganar terreno y apoyo interno, hay testimonios e informes que indican que sectores bajo el mando de Mihailović —quizá sin su total control— establecieron entendimientos ocasionales con fuerzas de ocupación, con la idea de contener a los partisanos. Esto permitió a Tito acusarlo de traición y colaboración, y eliminar así al único rival con verdadero prestigio militar y popular para disputarle el nuevo régimen.

Con su muerte, el mensaje es claro: Tito manda en Yugoslavia. La monarquía ha sido desplazada, la resistencia nacional no comunista ha sido barrida, y el país camina hacia un régimen de partido único bajo el modelo que dicta Moscú. La ejecución de Mihailović no sólo borra a un hombre, sino a toda una posibilidad de una Yugoslavia no comunista. La nueva Yugoslavia será la de Tito, y sólo la de Tito.

JF Lamata