12 abril 1953

Funcionario que ha ocupado puestos de gran relevancia para su país en Exteriores y Finanzas

El sueco Dag Hammerskjoeld es nombrado nuevo Secretario General de la ONU en sustitución del dimitido Trygve Lie

Hechos

El 11.04.1953 Dag Hammerskjoeld asumió el cargo de Secretario General de la Organización de Naciones Unidas.

Lecturas

El 11.04.1953 Dag Hammerskjoeld asumió el cargo de Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, entidad que fue fundada en 1945.

Ocupará el cargo hasta su muerte en 1961. 

El Análisis

Naciones Unidas cambia de voz, pero no de juego

JF Lamata

Con la designación del sueco Dag Hammarskjöld como nuevo Secretario General, la ONU inicia una etapa más diplomática tras la convulsa gestión de Trygve Lie. La renuncia del noruego, acorralado por la URSS que jamás le perdonó su respaldo a la intervención en Corea, es una muestra clara de que en esta organización, tan global como idealista en sus principios, quien no tiene el respaldo de Washington o Moscú, tiene los días contados.

Desde su fundación en 1945, la ONU ha contado con tres secretarios generales: el británico Gladwyn Jebb, quien ejerció provisionalmente tras la Segunda Guerra Mundial; Trygve Lie, primer titular formal que creyó que podía defender principios antes que equilibrios; y ahora Hammarskjöld, elegido por su perfil técnico y neutral, en el mejor estilo escandinavo. Suecia, país no alineado, ofrece una figura sin pasado incómodo, con suficiente sobriedad como para no molestar ni a Truman ni a Stalin (o a sus respectivos herederos).

A diferencia de la fracasada Sociedad de Naciones, la ONU sobrevive porque los verdaderos dueños del tablero —EEUU y la URSS— la utilizan como escenario, más que como árbitro. Que siga en pie no es mérito tanto de sus ideales como de su utilidad: sirve para hablar cuando no se puede disparar. Hammarskjöld asume con esa realidad en mente. No será un líder con poder real, pero quizás sí un mediador útil. En tiempos en que la paz se mide por la contención más que por la concordia, eso ya es mucho decir.

J. F. Lamata