5 agosto 1936
El temor al comunismo ha llevado al régimen
Se instaura una dictadura militar en Grecia por parte del general Iannis Metaxas respaldada por el Rey Jorge
Hechos
El 5 de agosto de 1936 se estableció el Gobierno de Iannis Metaxas en Grecia.
Lecturas
Desde 1935 volvió a ser Rey Jorge II.
Sin efusión se sangre, y al tiempo que la huelga general estallaba en todo el país, el general Iannis Metaxas ha proclamado la dictadura militar en Grecia. La decisión fue aprobada por el Rey Jorge, que también dio su consentimiento – según afirmó Metaxas en su proclama a toda la nación – al establecimiento de la ley marcial y la disolución del parlamento.
«He asumido la totalidad del poder – dijo Metaxas en su ardorosa proclama – que necesito para salvar a Grecia de las catástrofes que la amenazan».
En realidad, lo que temía el gobierno eran las consecuencias de la huelga general, convocadas ayer por la federación de sindicatos de izquierda.
Podía ser el paso inicial para la constitución de un Frente Popular entre la oposición y los sindicatos de los obreros.
La tropa y la policía están acuarteladas y se ha montado una fuerte guardia en las fábricas de gas y de electricidad.
En 1941 Grecia se rendirá ante Alemania e Italia en la Segunda Guerra Mundial.
El Análisis
La primavera de 1936 marcó un punto de inflexión en la política griega. El rey Jorge II, recién restituido en el trono, entregó el poder a Ioannis Metaxás, un general monárquico de larga trayectoria, que pronto impondría un régimen autoritario. Oficialmente, su nombramiento se presentó como un remedio de urgencia frente al caos político: un parlamento fragmentado, huelgas obreras, la amenaza comunista y un sistema parlamentario que parecía incapaz de ofrecer estabilidad. Pero lo que empezó como una “medida temporal” se transformó en una dictadura que suspendería las libertades políticas, clausuraría partidos y censuraría la prensa.
El ascenso de Metaxás no puede entenderse sin mirar el mapa europeo. En esos mismos años, Hitler y Mussolini consolidaban sus regímenes totalitarios en Alemania e Italia; en Rumanía, Bulgaria y Hungría, los gobiernos militares o autoritarios se multiplicaban como respuesta a la inestabilidad social y económica. Grecia, como tantas otras naciones, se vio atrapada en esa ola que convertía a los generales en salvadores de la patria. En este clima, el discurso de Metaxás —orden, disciplina, tradición y lucha contra el comunismo— encontró terreno fértil.
La paradoja griega fue que su rey, restaurado tras años de inestabilidad republicana, se apoyó en un dictador para garantizar la estabilidad que el sistema parlamentario no pudo ofrecer. Así nació el llamado “Régimen del 4 de Agosto”, una dictadura que miraba a los fascismos europeos como modelos, aunque adaptada a la idiosincrasia helénica. Para muchos griegos, Metaxás representaba una garantía frente al caos; para otros, el final de las esperanzas democráticas. Lo cierto es que Grecia, como el resto de Europa, había entrado en la peligrosa deriva de los “hombres fuertes” que prometían orden a costa de la libertad.
J. F. Lamata