6 mayo 1977

El ex mandatario aceptó que el entrevistador tuviera un tono impertinente a cambio de cobrar

Seguimiento mundial a las entrevistas de Robert Frost al ex presidente de Estados Unidos, Richard Nixon sobre Watergate y Chile

Hechos

El 6.05.1977 y el 27.05.1977 la prensa española se hizo eco de las entrevistas de Robert Frost a Richard Nixon.

Lecturas

Nixon dimitió como presidente de EEUU en agosto de 1974

Las entrevistas de Richard Nixon realizadas por el periodista David Frost logran gran popularidad en todo el mundo. En ellas habla del caso Watergate y también del papel de Estados Unidos en la Guerra Fría. Justificó el apoyo al golpe de Estado de Pinochet en Chile que su dictadura puede ser brutal, pero no es comunista ni enemiga de Estados Unidos.

LAS FRASES

Richard Nixon: «Yo me hice caer a mí mismo. Les di una espada y me la clavaron y la retorcieron con gusto. Creoq ue si yo hubiera estado en su puesto hubiera hecho lo mismo».

Richard Nixon: «Intenté impedir en 1970 la elección de Salvador Allende como presidente porque temía que una alianza Chile-Cuba provocaría una revolución comunista en América del Sur».

Richard Nixon: «No había duda de que Salvador Allende hacia todo lo posible por transformar a Chile en un Estado marxista. No había duda de que cooperaba con Castro. No había duda de que Chile era utilizado por agentes castristas como punto de partida para la exportación del terrorismo hacia Argentina, Bolivia y Brasil, nosotros sabíamos esos».

David Frost: «La imagen de Salvador Allende, comparada con la de los miembros de la Junta Militar que preside Pinochet que gobierna el país, es la de un santo».

Richard Nixon: «Los generales actualmente en el poder de Chile pueden ser brutales. Pero ellos no son comunistas, no son enemigos de los Estados Unidos y no amenazan a ninguno de sus vecinos».

El Análisis

Nixon frente a la pantalla: confesión o estrategia

JF Lamata

En la primavera de 1977, Richard Nixon volvió a asomarse a la televisión estadounidense, no desde el Despacho Oval, sino desde una silla de entrevistado frente a David Frost, un periodista británico más conocido por su carisma televisivo que por su rigor judicial. Las entrevistas, emitidas a través de una red de cadenas sindicadas en EE. UU. y grabadas en California, fueron el regreso mediático del presidente caído en desgracia. Y también un negocio: Nixon habría cobrado en torno a seiscientos mil dólares —una cifra que levantó polémica— por participar en un programa que prometía ser, a la vez, confesión pública y rehabilitación personal.

Durante doce sesiones, Frost llevó al expresidente a repasar Vietnam, su política exterior y, sobre todo, el elefante en la habitación: Watergate. Nixon, que nunca se había enfrentado a un tribunal gracias al indulto de Gerald Ford, afrontó las preguntas con una mezcla de defensa propia y mea culpa calculado. El momento más recordado llegó cuando, acorralado por la insistencia de Frost, pronunció su célebre frase: “When the president does it, that means it is not illegal” (“Cuando el presidente lo hace, significa que no es ilegal”). Fue la frase que definió su concepción del poder… y el motivo por el que tantos lo consideraron un peligro para la democracia.

La serie de entrevistas pasó a la historia porque fue lo más parecido a un juicio público que Nixon afrontó, y porque demostró que la televisión podía arrancar confesiones y titulares que ningún tribunal logró obtener. Para Frost, fue la cima de su carrera periodística; para Nixon, una apuesta arriesgada para moldear su legado. Lo que quedó claro es que el presidente caído seguía siendo un comunicador formidable y, al mismo tiempo, un hombre incapaz de admitir plenamente su responsabilidad. El público, dividido entre compasión y desconfianza, vio en esas horas de conversación el eco final de una presidencia que terminó no en las urnas, sino en la renuncia.

J. F. Lamata