8 marzo 1976
Satisfacción en el ejército, malestar en la oposición democrática
Sentencia del Caso UMD: Luis Otero y sus compañeros son expulsados del ejército por conspirar contra sus superiores
Hechos
- El 8 de marzo de 1976 se celebró el Consejo de Guerra contra los fundadores de la Unión Militar Democrática (UMD).
Lecturas
la UMD fue desenmascarada en julio de 1975.
El 8 de marzo de 1976 se celebró el Consejo de Guerra contra los nueve militares fundadores de la Unión Militar Democrática (UMD) acusados de conspirar contra sus superiores militares.
El resultado es el siguiente:
- D. Luis Otero Fernández – 12 años de prisión.
- D. Restituto Valero Ramos – 8 años de prisión.
- D. Antonio García Márquez – 4 años de prisión.
- D. José Fernando Reinlein García-Miranda – 6 años de prisión.
- D. Fermín Ibarra Renés – 12 años de prisión.
- D. Manuel Fernández Lago – 8 años de prisión.
- D. Jesús Marí Consuegra López de la Nieta – 8 años de prisión.
En el consejo de guerra no es juzgado D. José Ignacio Domínguez Martín-Sánchez por encontrarse fugado en Francia.
Las condenas superiores equivalen la inmediata expulsión del Ejército de todos ellos.
–
AUDIO DE INTERVENCIÓN DESDE EL EXILIO DE PORTAVOZ UMD D. José Ignacio Domínguez Martín-Sánchez
El Análisis
El 8 de marzo de 1976, en pleno deshielo del franquismo, se celebró el Consejo de Guerra contra los nueve oficiales fundadores de la Unión Militar Democrática (UMD), acusados de conspirar contra sus superiores. Las condenas fueron duras —Luis Otero, 12 años de prisión; Fernando Reinlein, 6 años—, pero revelaban una paradoja cada vez más visible: mientras la opinión pública democrática comenzaba a mirar con simpatía a aquel pequeño grupo de militares que quiso imitar en España la revolución de los claveles portuguesa, dentro del Ejército su conducta seguía viéndose como una traición imperdonable. Para los mandos, tanto los sectores “duros” como los “aperturistas”, la disciplina castrense era intocable, y la UMD había quebrado ese principio básico.
La paradoja se acentuaría en los años siguientes. En el mismo Congreso en el que un antiguo miembro de la UMD, Julio Busquets, sería elegido diputado por el PSC-PSOE, la gran amnistía de 1977 excluiría expresamente a los oficiales procesados de esta organización. La decisión tuvo un trasfondo claro: el Ejército, a través del vicepresidente Gutiérrez Mellado, advirtió a Suárez de que ya era bastante doloroso para los militares aceptar la amnistía a etarras y comunistas, como para tener que perdonar también a los suyos que habían “traicionado a la familia militar”. El resultado fue grotesco: la amnistía alcanzaba a terroristas, golpistas y torturadores, pero no a los oficiales que habían conspirado por la democracia.
La UMD quedó así como un símbolo incómodo, querido por la sociedad civil pero repudiado por los cuarteles. Sus condenas y exclusiones mostraron hasta qué punto la Transición fue un delicado equilibrio, donde los avances democráticos se pactaban a costa de concesiones a un Ejército que aún era el garante último del régimen. La democracia llegaría, pero los pioneros militares que osaron soñar con ella pagarían un alto precio personal, mientras su reivindicación quedaba pospuesta durante décadas.
J. F. Lamata