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Jaime Campmany se mete en la polémica asegurando que Umbral también se condundió

Francisco Umbral (EL PAÍS) se pitorrea de Pedro Rodríguez (ABC) por confundir a Sócrates con Platón

HECHOS

  • El 21.02.1983 D. Pedro Rodríguez publicó en ABC un artículo sobre la disolución de UCD aludiendo a Platón. D. Francisco Umbral en EL PAÍS y D. Jaime Campmany en ABC aludieron aquel artículo considerando que el Sr. Rodríguez confundía a Platón con Sócrates.

El arma más poderosa que tenía EL PAÍS de D. Juan Luis Cebrián no era D. Javier Pradera, con todo lo temible que era este, con conexión directa a La Moncloa vía La Bodeguilla (la zona de la residencia presidencial en la que D. Felipe González se reunías con sus periodistas de confianza como el citado Sr. Pradera o D. Miguel Ángel Aguilar). Su arma más poderosa era D. Francisco Umbral el columnista más poderoso del momento por ser el más leído y que no tenía problemas en ser despiadado si hacía falta. La locutora Dña. Encarna Sánchez se había visto apeada de la emisora pública LA VOZ DE MADRID después de un artículo del Sr. Umbral contra ella.

Pero si había que atacar a EL PAÍS, había que intentar desprestigiar al Sr. Umbral. Y el ABC se pondría a ello durante el año 1983. El origen de esta gresca entre columnistas lo había iniciado el Sr. Umbral que, a lo que se ve, estaba pendiente de lo que publicaba el competidor. El 21 de febrero D. Pedro Rodríguez, antiguo franquista, después suarista y ahora centro-derecha y considerado uno de los mejores entrevistadores de la historia periodística era columnista de referencia en ABC y el Grup Zeta. Ese día publicó un artículo en ABC en el que decía que antes de suicidarse ‘Platón pidió que se le pagara a Esculapio el gallo que se le debía’. Grave error.

Los conocedores de la historia antigua no habrían tardado en caer en la cuenta de que D. Pedro Rodríguez había cometido un lapsus, ya que fue Sócrates y no Platón el que antes de suicidarse pidió que le pagara un gallo a Esculapio.

D. Francisco Umbral no perdió la ocasión en su artículo del día siguiente en el diario EL PAÍS arremetió burlonamente contra el Sr. Rodríguez y de paso contra toda la derecha por semejante nivel de incultura: “Es un tema de BUP y COU” (grados académicos de secundario en aquel momento).

D. Pedro Rodríguez tuvo que reconocer humildemente su error y pedir perdón desde las páginas de ABC aunque con la picardía de referirse al Sr. Umbral como ‘uno de mis lectores’:

“Pido disculpas a mis lectores y muy especialmente de entre ellos a Francisco Umbral, que es el que más se ha sentido afectado”.

Pero el hecho de que el Sr. Umbral quisiera jugar a maestro de historia dio la excusa de primeros espada del columnismo de derecha dispararan contra él por sus errores. El primero en hacerlo fue D. Jaime Campmany también en ABC ese mismo día 24 al explicar cómo el Sr. Umbral se confunde al decir que Sócrates pidió el gallo a su mujer ‘Xantipa’, cuando en realidad fue a su criado Critón. Xantipa en el momento del suicidio ya no estaba con él. Lo que permitía al Sr. Campmany dictar sentencia:

Total que también Francisco Umbral se equivocó o sea, que le pueden hacer igualmente ministro de Cultura”…

El Sr. Campmany estaba intentando acuñar la imagen de que el ministro de Cultura, D. Javier Solana, era un metepatas y por ello cuando alguien cometía un error fuerte decía que ‘le debían nombrar ministro de Cultura’.

21 Febrero 1983

EL CORTO VUELO DEL GALLO

Pedro Rodríguez

A UCD le sobraron cuatro años y le faltaron ciento uno y tuvo la misma elegancia patética de Platón al morir, advirtiendo que ‘Debo un gallo a Esculapio; pagádselo, por favor’.

¿Habéis visto? No se formó remolino, como en los grandes naufragios. Ni se guardó un minuto de silencio. Ni apenas se la citó en el orden del día. Ucedé murió, al fin, por autanasia. Como todos los partidos que Suárez ha llevado a la tumba: van tres y antes que el gallo cante serán cuatro. Hacía tiempo que la línea del encefalograma daba plana, pero Ucedé falleció, a efectos de certificado, entre el capítuli final de Ike donde se refndía, al fin, El Reich de los mil años y El Hundimiento del Titanic, con las lanchas salvavidas alejándose frenéticamente del buque insumergible por la calle Cedaceros. Calviño va acertando en la programación. A Ucedé le sobraron cuatro años y le faltaron ciento uno y tuvo la misma elegancia patética de Platón al morir, advirtiendo que ‘Debo un gallo a Esculapio; pagádselo, por favor’.

Estaba escrito. En la arena de la playa de la Toja, ouro quente n´a mañán’ estaba escrito aquel verano del 79, cuando las meigas le metieron a Suárez todas las depres, y se fueron ‘secando las pilas de todos los timbres que os apretás. Por que lo que se ha derrumbado este 17 de febrero, festividad de los Siete Fundadores, no ha sido el Centro español, sino los hombres. Unos hombres. No se había votado Ucedé, sino Adolfo; no se había votado Pesoé, sino Felipe. Acaba de morir, entre dos telefimes, una raza política. Eran un ejército de fortuna, un orfeón de verbena; pero fueron, políticamente, el colchón , uno de los colchones, sobre los que dimos el salto mortal de la transición. Los que fletaron, de encargo, el arca de Noé: una pareja socialista, una pareja comunista, una pareja derechista, para el diluvio del franquismo. Ni ‘Isidoro’, ni Fraga podrían ir a las Cortes como fue Adolfo, vestido de flautista de Hamelin y conseguir que se suicidaran para siempre. Ni ‘Isidoro’, ni Fraga podrían sentarse en Moncloa a legalizar el Pecé, a reformar al Ejército, a acorralar el golpismo, a pactar una Constitución

Acaba de caer a tierra el cohete portador, la carcasa inútil de una operación histórica. Su tragedia fue griega: “Tenemos demasiados reyes, pero también mucha tierra para enterrarlos’. Su error, quizá, no hacer sangre. No se lo permitía su mala conciencia; les pesaban las biografías, estúpidamente, como ruedas de molino al cuello. Nunca pensaron, como Guerra, meter diez mil tíos en la cárcel por fraude fiscal. Entregaban hasta la camisa, y ahora, ahí los tenéis fichando ocho horas, pegan recortes con engrudo en despachitos de tres o montan su bufetito mientras hablan de la transición, como de la guerra de Cuba: ‘Pues nosotros, a Narcis Serra, por ejemplo, lo hubiéramos hecho, como mucho, gobernador de Barcelona, pero vigilándole. Y Calviño, con nosotros, donde lo tenía Suárez: para traer café’. Missings, inolvidables, queridos missings.

No toméis a broma el entierro del Centro español. Queda un terrible agujero negro en el espacio sociológico español.  Cinco millones de frustraciones. Estamos, quizá, fletando un monstruo: La España de las Dos Efes, Felipe juega a la petanca; Fraga al mus, y en un triste callejón del Centro, de Madrid, ha fracasado lo que la mayoría de este país llevaba años pidiendo: una pasada por el centro.

Menos mal que se ha formado el segundo Gobierno Laina y a los dos años del 23-F. Los viejos equipos nunca mueren y la Gente Rosón ha instalado – sin Rosón – un bufete de gestiones en un apartotel a un tiro de piedra, je, de la actual Administración ‘Laina, Izarra y Corral’ ofrecen servicios plenos del antiguo equipo de Interior.

Pedro Rodríguez.

22 Febrero 1983

SÓCRATES

Francisco Umbral

No fue Platón quien, al morir, tuvo la "elegancia patética" de recordar a los circunstantes que debía un gallo a alguien. Fue Sócrates, mayormente. El "pagádselo" colectivo de Platón/Sócrates tampoco vale, porque el maestro no hacía el encargo a la colectividad, sino a su mujer, Xantipa, que naturalmente le adoraba.

No, nada, hombre, si no es nada, para qué hablar de ello, mayormente, a cualquiera le pasa, sólo que no fue Platón quien, al morir, tuvo la «elegancia patética» de recordar a los circunstantes que debía un gallo a alguien. Fue Sócrates, mayormente.Pero ya digo que a cualquier columnista le pasa. O a cualquier locutor de la teleuve, como Dragó, sobre cuya «bofetada nacional» de incultura, en la entrevista con Eco, ha escrito un artículo muy guapo Lázaro Carreter, sin nombrar a nadie. Yo la había visto antes, la rosa, me refiero. En directo/directo. «Debo un gallo a Esculapio; pagádselo, por favor». Ni era Platón ni era Esculapio, cómo rayos le iba a deber un gallo Platón a Esculapio, cómo rayos le iba a deber un gallo Esculapio a Sócrates, cómo rayos le iba a deber el gallo un gallo a nadie.

Más que como corte de la derecha en un tema de BUP/COU, el dato me interesa como «olvido voluntario»‘ (Freud acierta siempre en lo pequeño, como todos los grandes), ya que el nacionalcatolicismo se dice que viene de la democracia cristiana, la democracia cristiana, de Balmes, pero en más ferroviario, Balmes de Platón y Platón de Cristo, o a la viceversa, que a los autores de religiones comparadas en fascículos ya les da igual, y la cosa es enchufar el integrismo a un sincretismo casi griego, porque las genealogías de la derecha/derecha, quién nos lo iba a decir, carecen de genealogía.

Santo Tomás, un suponer, acaba diciendo que su Summa es paja y abjurando de tanto Aristóteles beatificado (no consta si Aristóteles le debía un gallo a alguien, que los griegos parece que se traían mucho trapicheo de gallos y efebos unos con otros).

Quede claro: todo el idealismo/ inmanentismo de la derecha viene de Platón a través de Cristo. Platón no es sino el snob de Sócrates, que lo malversa, como hacemos siempre los snobs. De ahí que los escritores de derechas tengan siempre un momento dominical y tonto -se escribe en domingo para el lunes, en los papers- en que confunden a Sócrates con Platón y un gallo con otro. En la noche de los tiempos, todos los gallos son pardos. Pero en qué estaría yo pensando, oyes, si es que tengo demasiado trabajo, Matilde, todos los días te lo digo, y luego viene el tío Paco (Umbral) con la rebaja. Quede claro, repito: todo el racionalismo / descriptivo/ historicismo viene de Sócrates y llega hasta un oscuro tipógrafo madrileño de capital, don Pablo Iglesias, pasando por Descartes, Spinoza y Marx. Es lo que la horda/hidra llama «la izquierda». Nada, Sócrates tuvo la sabiduría de no escribir nada, y Cristo le imitó con instinto judeo, salvo unos signos con el dedo, para que los leyese el mar, borrándolos. Platón no es el traductor de Sócrates, sino su traidor, según el dicho conocido que define como traidor a todo traductor (y me alegra no tener que aplicar eso a los míos/mías).

Como Abril Martorell no era el traductor de los silencios machos de Suárez, sino su traidor. Como don Cierva no era/es el traductor de los párrafos verbales que se echa Fraga, sino su traidor (y Fraga, que no es tonto, lo sabe). Como los litoralistas rama Lerroux (otros prefieren Cambó, por variar), que conspiran en el filo de un sable como en un club, no son los traductores (a las lenguas de fuego peninsulares) de ninguna leal oposición, sino unos desleales. O sea, que toda la derecha universal e histórica viene de Platón, y toda la izquierda, de Sócrates.

Lo cual que no tiene importancia, y así se explica, claro, que los «columneros de Castilla» (Juan Cueto), humanicen al discípulo con la inmensa humanidad del maestro.

Ah, y una cosa: que el «pagádselo» colectivo de Platón/Sócrates tampoco vale, porque el maestro no hacía el encargo a la colectividad, sino a su mujer, Xantipa, que naturalmente le adoraba.

Francisco Umbral

24 Febrero 1983

UN GALLO PARA ESCULAPIO

Jaime Campmany

A quien Sócrates dio ese encargo fue a Critón. También Francisco Umbral se equivocó. O sea, que le pueden hacer igualmente ministro de Cultura los socialistas. Ya son tres. Como yo también me equivocaré alguna vez, pues que sean cuatro.

Bueno, pues vamos con los griegos, o sea, los clásicos, no los socialistas, a ver si se nos pega algo de ellos, que falta nos hace. Si los señores ministros tuviesen que empezar sus discursos diciendo: ¡Oh, atenienses!’, en vez de empezar con el ‘amigos y amigas’, otro gallo nos cantara. Y va de gallos. Desde sus dos columnas, Pedro Rodríguez y Francisco Umbral andan estos días a vueltas con el gallo para Esculapio. El gallo que empezó en la columna salomónica de Emilio Romero, vuela ahora desde la columna dórica de Pedro a la columna corintia de Paco. O sea que viene en columna de a tres. Pues que sean cuatro.

Dijo Pedro Rodríguez aquí a mi lado, que quien encargó a la hora de morir que le pagaran a Esculapio un gallo que le debía fue Platón. Y le aclara Paco que no fue Platón, sino Sócrates, que en esto lleva toda la razón. Pedro Rodríguez se equivocó. O sea, que ya le podemos hacer ministro de Cultura. Ya se sabe que la costumbre del ministro de Cultura es levantar el puño y meter la pata. Pero Umbral no se detiene ahí, que el pescozón erudito hubiese sido discreto, sino que sigue con la lección y dice que el encargo de pagar el gallo a Esculapio lo hizo Sócrates a su mujer Xantipa. Pues no señor.

A quien Sócrates dio ese encargo fue a Critón, aquel discípulo que le propuso a Söcrates ugarse y librarse de la muerte y que dio ocasión al maestro para hacer una hermosa lección sobre el acatamiento de las leyes. Xantipa y los tres hijo de Sócrates ya no estaban allí. Les había hecho salir el propio Sócrates para que no alborotaran con sus  sollozos los últimos instantes de su vida. Habría tenido que regañarles por ello, y a la hora de la muerte no debemos decir otras palabras que las amables. El frío de la cicuta le subía ya por el vientre, camino del corazón. Sócrates descubrió el rostro y dijo a Critón: ‘Debemos un gallo a Esculapio; no te olvides de pagar esa deuda’. Y esas fueron sus últimas palabras. Mejor dicho, no. Porque Critón le había respondido: ‘Lo haré. Pero piensa si no tienes nada más que decirme’. Y Sócrates dijo: ‘Nada’. Se murió con la ‘nada’ en los labios, como si estuviese nombrándonos a todos nosotros.

A eso de pagarle un gallo a Esculapio después de morir se le puede sacar la punta que queráis. Porque Esculapio era el dios de la Medicina ya Sócrates lo habían condenado por no creer en los dioses de la religión del Estado. Y a lo mejor es a la hora de morir cuando hay que hacer ofrendas al dios de la Medicina, porque sólo la muerte es el remedio infalible contra las enfermedades y dolores de la vida. A Esculapio le pintan con una copa, un bastón, un gallo y una serpiente, y en esos símbolos me divierto yo, con encontrar señales de mis contemporáneos en el periodismo. La copa, digo yo que será de Manolo Alcántara. El bastón, de Antonio Gala. El gallo, de Emilio Romero. Y la serpiente, de Francisco Umbral. Cuentan que a Esculapio le mandó un rayo Júpiter para castigarle por la petulancia de resucitar a los muertos, y no sólo de sanar a los enfermos. El rayo podéis atribuirlo a mí. A quien le plazca que me fulmine.

Total, que también Francisco Umbral se equivocó. O sea, que le pueden hacer igualmente ministro de Cultura los socialistas. Ya son tres. Como yo también me equivocaré alguna vez, pues que sean cuatro. Para enmendar el error, podríamos hacer alguna depuración, que dice Umbral que hay que empezar con las ‘depuraciones’. Podíamos depurar a Critón, que recibe el encago. A Fedón, que cuenta la historia. A Echecrates, que la escucha. A Platón, que se la hace contar a Fedón. ¿Me siguen? A Xantipa, que no estaba allí. Y si no bastase, a Sócrates, por querer pagar gallos. Y a Esculapio, por recibirlos. En cuanto al gallo, no hay que preocuparse demasiado. Al final, el gaño para Esculapio se lo quedan los socialistas.

Jaime Campmany

24 Febrero 1983

ERROR PLATÓNICO

Pedro Rodríguez

Pido disculpas a mis lectores

Imperdonablemente, he confundido a Platón con Sócrates (Papeleta del lunes pasado) Pido disculpas a mis lectores y, muy especialmente de entre ellos, a Francisco Umbral, que es el que más se ha sentido afectado.

Pedro Rodríguez

El Análisis

La satisfacción de ejercer de repelente niño Vicente

JF Lamata

¿Para qué negarlo? Hacer una pillada a alguien en algún dato, algún lapsus con algún nombre, algún dato o alguna fecha provoca satisfacción. Cuando eres tú el ‘pillador’ en ti, y cuando eres ‘el pillado’ puedes percibirlo en tu pillador. D. Francisco Umbral detectó el error socrático-platónico de D. Pedro Rodríguez, aunque no le cite por su nombre, pero en su propia réplica cometió otro error, que sirvió de regocijo para el Sr. Campmany (el Sr. Campmany bromea diciendo que a los que se equivoquen se le puede hacer ministro de Cultura, porque en aquellas fechas el nuevo ministro del ramo, D. Javier Solana, había cometido un célebre error al usar un número fraccionario).

La polémica de buscar-errores seguiría y en el diario YA, D. Ricardo de la Cierva dedicaría varias columnas a buscar errores del Sr. Umbral. Por su parte si el Sr. Campmany disfrutó aquel febrero 1983 se su ‘pillada’ al Sr. Umbral por confundir a Xantiva con Critón, pero en noviembre de 1983 sería él el pillado al atribuir en un artículo (‘El Burro explosivo’, 13.11.1983) a D. Gerardo Diego los versos «El coñac de las botellas se disfrazó de noviembre», que son del Sr. García Lorca. Naturalmente el encargado de echárselo en cara fue D. Francisco Umbral (‘Moratalaz’, 15.11.1983 y ‘Lorca’, 16.09.1985). Ley de vida. Hoy pillas, mañana te pillan.

J. F. Lamata

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