Search
Umbral declara: "Sé que Ricardo de la Cierva se mete conmigo en el YA, pero es que ese es un periódico que yo no leo"

Polémica entre columnistas: Ricardo de la Cierva Hoces (diario YA) contra Francisco Pérez Martínez ‘Paco Umbral’ (EL PAÍS), reproche a errores históricos

HECHOS

El columnista del diario YA, D. Ricardo de la Cierva, dedicó varias de sus columnas de junio de 1983 a analizar errores en artículos del columnista de EL PAÍS, D. Francisco Umbral (1-6-1983, 8-6-1983 y 19-6-1983)

Consolidado como columnista estrella del primer periódico de España, EL PAÍS, D. Francisco Umbral era un ‘blanco’ fue deseado por los enemigos de ese periódico, en especial por su actitud de ‘elefant terrible’ contra el resto de columnistas españoles.

Quien más se empeñó en cuestionar las habilidades históricas del Sr. Umbral fue D. Ricardo de la Cierva desde el YA, que dedicó una cadena de artículos consecutivos a marcar todos los errores que cometía el Sr. Umbral al hablar desde Sagunto hasta los romanos. “Sé que De la Cierva me critica desde el YA, pero es que yo no leo ese periódico” respondió en una ocasión el Sr. Umbral.

D. Luis María Anson, director de ABC, se unió personalmente a la ‘caza’ al Sr. Umbral. El 26.07.1983, el Sr. Anson publicaba en ABC un recuadro en el que se burlaba del Sr. Umbral por haber intentado ridiculizar a las personas que habían aclamado al Papa Juan Pablo II en un artículo en EL PAÍS publicado un día antes.

Y cuando el Sr. Umbral publicó por error que el Apostol Santiago había estado en las Navas de Tolosa, D. Luis María Anson recurrió a la burla más absoluta publicó la imagen del Sr. Umbral en la sección ‘actualidad gráfica’ con un título de chanza ‘Umbral, a la academia de la Historia’.

“El apóstol Santiago estuvo en las Navas de Tolosa. El descubrimiento umbrálico ha conmocionado al mundo de la investigación histórica”.

“Se espera que Ricardo de la Cierva glose las tareas investigadoras del autodidacta”.

27 Abril 1983

Guerra

Francisco Umbral

Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno, es el hombre/incógnita que tiene a la Oposición más préocupada. Ay si la derecha no fue-se tan de derecha. Me lo dijo Woody Allen, el hombre más parecido de América al europeo Guerra (como Poe se parecía a Baudelaire, sin saberlo), aquella vez que le entrevisté en Manhattan: Mire usted, Umbral (él pronunciaba Ámbrol), lo que a mi me pasa es que percibo la existencia en exceso.Lo mismo que le pasa al vicepresidente, que tiene el alma de nardo latigante/fustigante del árabe español. Que percibe la política en exceso, o sea que se entera de todo. Como Guerra no se sabe bien lo que hace, piensan que no hace nada. Son como los niños que, no sabiendo por qué rincón del dormitorio anda el coco, se autoconvencen de que no hay coco, y se duermen. No sabemos qué medidas, qué decisiones -de las más audaces, de las más venideras, de las más psocialistas- nacen de Guerra. A más de su función, Guerra ha elegido el silencio y la inactividad como un valor añadido. ¿Qué hace este hombre que nada hace y sabemos que no puede estarse sin hacer nada? Aprendeflauta, como Sócrates la última noche de su vida o el citado Allen la noche d e su óscar. Guerra ha elegido ser el no/Felipe, que es todo lo contrario de no ser Felipe. ¿Radical o coyuntural? Los tiene en un grito. Voy a por los análisis del doctor Cotarelo (con el apellido ya está dicho todo) y estoy corriendo total, o sea normalísimo. Me lo dijo una vez el doctor De Felipe en la Fundación Jiménez Díaz:

-Da usted un electro de libro. Nunca he visto un cerebro más equilibrado, aparte el de Carlos Saura, que se me cabreó mucho, porque quería un gramo de locura.

Lo que a mí también me falta, querido Carlos, grande y entrañabilísimo Carlos. Damos unos electros cartesianos sin ser Descartes. Imagino que los electros del vicepresidente también son así. Tan equilibrados que les desequilibran. En la Joven Cámara de Comercio me dan vinos semifmalistas, que parece una cosa de Blaise Cendrars: «Un vino semifinal». Ginés Liébana el último manierista (manierismo en la consagración a un detalle, con olvido del resto de la obra), el gran retratista, me guisa unas lentejas de hierro y hogar que nos tomamos como dos viudos, entre primores de pintura. «Y ya sin los miedos políticos de antaño, Ginés». «Eso». «Cuánto hemos pasado, Ginés». «Eso». Y lloramos sobre las lentejas. Iosette expone su moda en Seat (Castellana, números altos). Lita Trujillo me da toda su cordialidad esbeltísima. Jaime Ostos se me entrega de brazos abiertos a la nostalgia de los cincuenta, siempre cantando bajo la lluvia. Carey se lo monta de Feria de Abril en Sevilla, en su discoteca, y me obsequian con un coñac de 1866, un coñac isabelíno como para Valle-Inclán, que el otro día pude abrazar al Marqués de Bradomín, en La Zarzu, como dice Blanca Andreu, passando de todo. (Si Alfonso Sastre hubiera conocido a «las musas bestiales y profundas» del cheli, incluso la Louchette de Baudelaire, judía y leprosa, quizá no escribiese que el cheli no existe). Todos vivimos, siempre, en el pensamiento de un hombre, pensador o político, somos el sueño de su razón, y yo sé que todo esto me ocurre en el silencio pensante dé Alfonso Guerra. La derecha de derechas también lo sabe, y se cabrea, a ver qué vida. Yo es que les entiendo. A Guerra le basta con decir una cosa: «Terrorismo/gangsterismo». Máximo ya ha pintado en este periódico a los enpapuchados con su Consejo de Administración. Guerra tiene el don del laconismo, del fragmento lapidario, que fascinaran a Heráclito de Éfeso, Voltaire, Nietzsche, Cioran, Gide y Barthes. No es segundo ni primero, no es Serrano Súber ni Olivares. Es el que manda otros a las bodas tardías con la Historia de algunas reporteras. TVE me invita a una fiesta electoral el 8/M. Del silencio de Guerra vive hoy tanto psocialista palabrón. Y Soares ganando en Portugal.

Francisco Umbral

01 Junio 1983

La flauta de Sócrates

Ricardo de la Cierva

Tenía que ser entre canticos a las glorias de Guerra, en un artículo-tributo titulado precisamente así, Guerra, 27 de abril página 38. Llevaba Francisco Umbral, el Depurador, abiertos aún los arañazos socráticacos de una famos riña de gallos, aunque fuera un gallo solo, el que alguien ofreció a Esculapio. Alguien le había explicado, por encima, las diferencias entre inspiración socrática y recreación platónica. (Como Guerra, aquella tarde célebre en que dedicó a don Antonio Machado las tres heridas de Miguel Hernández). Para cantar a Guerra decidió el exgereta volver al lugar del crimen y depurar a Sócrates. ¿Qué hace este hombre – se preguntaba crítico – que nada hace y sabemos que no puede estarse sin hacer nada? Y se responde, genial: ‘Aprende flauta, como Sócrates la última noche de su vida’. No, esta vez no es un gazapo inocente, como los que cuela de cuatro en cuatro. Ya les demostré, a propósito del fiacre, que nunca leyó a Flaubert, ahora voy a probarles algo mucho más grave, que confunde a Sócrates con Bartolo. Porque como verán, no hubo aquella noche flauta… ni noche.

Platón nos legó, en dos diálogos sublimes, su testimonio casi filial sobre la prisión y muerte de Sócrates. Primero en el Critón, diálogo ingenuo de la juventud. Segundo en el Fedón, escrito en plena madurez. repasemos brevemente la historia.

La ejecución se retrasó un mes, hasta el retorno de la nave ritual que había zarpado la víspera del juicio para honrar en la isla de Delos a Apolo. Cuando avistaron la nave en el cabo Sunio, Critón llegó a la cárcel de madrugada. (Los diálogos de la prisión y muerte son diurnos, en los dos casos) Critón, discípulo incondicional y pudiente, propone a Sócrates la huida; tiene un plan seguro. Sócrates se niega, y fascina a Critón con la famosa prosopopeeya de las Leyes de la ciudad, que le exigen, aun aplicadas injustamente, la permanencia. Y se queda.

LLega al Pireo, un día después, la nave de Delos. Al anochecer se retiran los discípulos. Sócrates, aherrojado, duerme. Ya estamos en el Fedón, la cumpre del pensamiento en el mundo antiguo. Fedón era un discípulo de Sócrates que cuenta los sucesos de aquel altísimo día – Grecia vivía con el sol – a Ejécrates de Filonte. Unos veinte discípulos acompañan a Sócrates, que mandó retirar a su mujer, desesperada, Jantipa, y a sus hijos. Le quitaron los hierros y comenzó, a propósito del dolor de sus brazos, el diálogo que hacía llorar a Pablo de Taro y Agustín de Hipona.

Tras unos escarceos sobre poesía dos discípulos tebanos, Simmias y cebes (los atenienses consideraban obtusos incluso a los filósofos de aquella ciudad guerrera) tratan de acorralar a Sócrates a propósito de la inmortalidad. Todo el diálogo es música pura, pero música de palabras aladas; nadie llevó, ni pidió, ni quiso aprender uso de instrumento alguno. Y menos Sócrates: la música era él. Propone a Simmias una trampa dialéctica a propósito de la lira. (El Instrumento, imaginario, de la jornada fue la lira; no la flauta del Depurador) Resbala el tebano, tras identificar hermosa pero insuficiente el alma con la armonía; entonces Sócrates con las palabras más bellas de la Historia hasta las que pronunció, cuatro siglos más tarde, un ángel, en Nazaret, descarta la lira y juega con el alma inmortal entre la Verdad y la Idea y el Número.

Se acerca el ocaso. Sócrates pasa al baño, que toma despacio. Pide que vuelvan su mujer y sus hijos, les abraza y les despide. Entra, con el vaso mortal, el enviado de los Once. Una invocación antes de beber. No quiere apurar el tiempo; aún queda sol. ‘Debemos un gallo a Escapulario’, dice a Critón, que le pide algún encargo más Ya llegaba al corazón el veneno. ‘Nada’ fue su última palabra. Tenía la mirada fija, Critón le cerró los ojos.

Ahora resulta que tocaba la flauta esa noche sin noche, ese día radiante en que nos enseñó todo, válgame Dios.

Ricardo de la Cierva

05 Junio 1983

Mercedes Milà

Francisco Umbral

Mercedes Milá es medio fea, medio guapa, medio lista, medio catalana, tiene el encanto de la protagonista de Marty, ustedes no se acuerdan de aquella película, qué rayos se van a acordar, que luego fue la misma que hizo Calle Mayor, de Bardem. Mercedes Milá es buena lectura para la mañana/tarde del domingo, o sea, que en esto del periodismo hay que tenerlo todo muy pensado, aunque luego venga Otero Besteiro, con el corazón hecho una braga, y me diga que de periodista, nada, que lo mío son los libros, o sea que no sé. Mercedes Milá, marchosa, despistada y catalana, con un suéter encima de otro, coge a Óscar Alzaga, político sabio de la sabia derecha, lo mete en una movida televisual sobre el aborto y lo deja tieso. Este periódico matutino/manchego daba ayer la espantable crónica de cómo una mujer moría desangrada en Tánger en un aborto clandestino. He llamado a mi maestro Haro-Tecglen, que vivió mucho en Tánger (los hombres castos siempre hacen castidad en los sitios perversos, y Haro estaba en Tánger de duro, un poco como Bogart en Casablanca). Haro me echa el marciano/contestador y entonces decido hacer esta columna sin información, sin saber cómo se hacen los abortos de tribu (a los que ha de recurrir la española, gracias a don Marcelo) en Tánger. Parece que Mercedes Milá es una sirena del Mediterráneo industrial de Barcelona, tentadora de los Ulises de derechas, que, como el de Homero y el de Joyce, apenas se alejan de la puerta de su casa. (Lo que hizo aquel hombre griego que se parecía a Ulises no fue sino tomar un puente aéreo por agua, porque su nariz demasiado recta inquietaba a los fenicios de Itaca: no era una nariz fenicio/judía: su etopeya es racial, como la de Hitler.) Por lo que vi el otro día (y sin olvidar a Tom Wolfe: «El primer síntoma de decadencia de un columnista es glosar la tele»), varios millones de telespectadores comprobaron cómo el señor Alzaga enfrentaba sus briosas razones morales contra el aborto a las débiles científicas de los especialistas. A mí me parece que no hay como defender una causa perdida para conquistar la brillantez, pues que no hay en la existencia nada tan resplandeciente que el fracaso. En el mundo entero y en Tánger, el antiaborto es una causa perdida. El que fracasó triunfando con los claros clarines de sus razones, el que se llevó el botín de sombra del éxito -qué vergüenza, triunfar-, fue el doctor Vicente Navarro, de quien anoté esta frase:

-Eso de que la vida comienza en el momento de la concepción es un principio ideológico, pero no científico.

Mercedes Milá tiene sobre el ilustre político señor Alzaga y sobre el actualizado médico señor Navarro una humilde condición, la de ser mujer. Esto de decidir sobre las mujeres sin contar con ellas -miles de Giocondas en Madrid, ya se ha contado aquí- es como el decidir sobre los judíos (se les podía reciclar en jabón o mortadela, sin preguntarles si preferían el jabón o la mortadela), o como decidir sobre el obreraje, sin preguntarle tampoco, mayormente: el obreraj puede ser proletariat, según Marx, y podía ser «el productor», según Franco (aquellos Hogares del Productor, donde se jugaba tanto a las damas), también sin preguntarles a ellos lo que querían ser. Mercedes Milá, sin otra condición social, brillante, que su humilde condición de mujer -y de mujer adorablemente despistada-, convocó a unos cuantos hombres para hablar sobre el aborto, ante la telecosa, como los convoca a diario en cualquier tertulia, cena, reunión o invento. Y salió que los defensores de la mujer, dueña de su cuerpo/alma, se lo montaban mejor que los represores de la mujer portadora de valores eternos en su pierna quebrada de perfectas casadas de Fray Luis (lo cual que el Fray profano canta un amor de los amores más que sospechoso, y una sublime hembra no quebrada por parte alguna, salvo la inevitable). Kess me, Mercedes.

Francisco Umbral

08 Junio 1983

La depuración de Ulises

Francisco Umbral

No es obsesión ni siquiera marcaje al hombre; simple marcaje por zonas. Su zona es Malasaña, el Gayo Vallecano, las nuevas tierras, el culto a las Vulpes, el apoyo logístico a Mercedes Milá, esa reina de la encerrona;; y en un plano sociopolítico general, el tributo partidista con trasfondo de anarquistas, chorizos y macarra. Cuando juega en su zona no me preocupa; es lo suyo. Pero de vez en cuando el Depurados invade otras zonas; la clásica y la pastoral, casi siempre a la vez. Confío en que haya cancelado para los próximos diez años las citas de Sócrates, pero reincide con ignorancia todavía más jocosa en Ulises. Por partida doble, encima. ‘Decido hacer esta columna – confiesa el domingo pasado – sin información’. Con menos información todavía de la que reconoce. Se atreve, en efecto, con los Ulises de derechas, que como el de Homero y el de Joyce apenas se alejan de la puerta de su casa’. Le muerde de lejos el disparate presentido y quiere arreglarlo mediante esta penetrante explicación de la Odisea: el héroe tiene que echarse al mar porque su nariz demasiado recta inquietaba a los fenicios de Itaca.

No me lo podía creer, como me sucedió con la flauta de Söcrates. Pensé, comprensivo, que confundía a fenicios con feacios, que tampoco estaban en Itaca, pero navegaban cerca. Pues no, eran fenicios: «No era una nariz fenicio-judía, su etopeya es racial, como la de HItler». Renuncio a glosar el sentido umbraliano de la etopeya; sería ensañamiento, como un comentario al famoso desliz de Juan Benet sobre la guerra civil española. Vamos al grandioso descubrimiento de los fenicios en ITaca, que podría llevar como subtítulo ‘La depuración de Ulises’.

Ulises, victorioso, zarpa de Troya, teóricamente, a mediados del siglo XII antes de cristo. Homero, el rehén, unifica sus rasposias más de cinco siglos después, hacia el 700. El creador de la poesía occidental incurre con frecuencia en anacronismos: cuela algunas armas de hierro en sus fieles panoplias de bornce: y retrasa hasta el periodo micénico la expansión colonial fenicia. Nadie había señalado jamás y menos en la época en la ardió la Troya VII, colonias fenicias en Itaca hasta la sensacional revelación de uMbral, que considera a los fenicios de la isla suficientemente poderosos como para expulsar al propio Rey.

Ricardo de la Cierva

07 Octubre 1985

La historia del mundo según Umbral

Ricardo de la Cierva Hoces

Esta modesta sección histórica lleva varias semanas a muy alta tensión. Los lectores, y sobre todo el autor, necesitan una catarsis para reemprender, con la misma intensidad y rigor, el camino. La catarsis se llama Umbral. Durante varios años Umbral se permitió una permanente chirigota con el historiador que suscribe, hasta que un día el historiador se hartó y le dedicó dos docenas de artículos antológicos sobre los innumerables disparates que Umbral profería casi a diario sobre todo lo divino y lo humano.

Umbral ahogó la chirigota, y no acudió a una cita solemne en la Facultad de Ciencias de la información con Fernando Sánchez Dragó y conmigo; leímos entonces unos amables artículos sobre la vida y la obra de Umbral, que provocaron una hilaridad irreprimible en los dos mil mozos y mozas del periodismo discente.

Hoy no vuelvo a Umbral como crítico, ni menos como vengador; Umbral se venga solo. Pero es que en los últimos tiempos Umbral ha incrementado con tal decisión el ritmo y la entidad de sus disparates que debo intentar la antología histórica, sin conformarme con las sugerencia sin firma que a veces envío a los periódicos para que no decaiga el marcaje. Se trata, hoy, de una alta investigación histórica que ofrezco a mis lectores para que se regocijen y descansen un poco de la alta tensión; que también en la Grecia clásica, tan cultivada por Umbral, se imponía la comedia como colofón de la trilogía trágicas.

El director de esta revista, en aceradas glosas, no ha presentado muchas glorias del autodidacta. Yo prefiero llamarle Depurador, por su famosa propuesta de depurar y enviar a Siberia a toda una raza de escritores españoles que no parecen de su gusto. Gocen ustedes pues con la nueva visión de la historia del mundo que nos brinda Umbral en sus últimas temporadas.

Las puntas de la elipse

«La derecha pierde el tiempo buscando errores en mis textos» dice Umbral el 6-10-1985. Los errores de Umbral n ose buscan; saltan del texto, irresistiblemente. Su menosprecio por la ortografía es legendario. No da un nombre propio, ni casi un topónimo extranjero; se empeña en escribir Brookling (10-7-1983) habla, en el cerebro, de lóbulos pensatrices (10-12-1983); cree que la estatua sedente de la condesa de Pardo Bazán es un busto y se atreve a criticar a Orwell porque su Animal Farm es ‘una tautología’ ¡en inglés! (26-12-1983).

El latín de Umbral es mitológico, a veces en retahílas: in corpore in sepulto en vivo in vitro de una vez (5-2-1984). Pero son peccata minuta; vamos al contenido. Lo que más asombra en su interés por la ciencia, a la que contribuye con significados enteramente nuevos. Se obsesionó durante meses con la entropía sin averiguar jamás qué era esa degradación inexorable de la energía (Una vez la comparó con José María Areilza). Descubrió que la elipse de Kepler es el origen del gótico florado (14-10-1983) lo que nos sume entrance por averiguar lo que pensaba Umbral del gótico floreado, porque sobre la elipse ya lo sabemos: es una figura con puntas. Y con puntas muy politizadas: «Aquello era una elipse, en una punta Carrillo y en la otra Gerardin» (5-7-1983). La solución elíptica para la crisis del PCE, ya ven sólo falta Gallego en otra punta. Pero esto no es nada al lado de un descubrimiento mayor: «La rotación kantiana de los astros de la Edison» (4-11-1984). Edison inventó los astros, y les obligó a una rotación kantina, no dice Umbral si con la razón para o la razón práctica.

Pero si la ciencia pertenece sólo a la profunda cultura de Umbral, la literatura en su profesión; su fuerte. Por eso Brocense viene de bronce: «El bronce se supone cargar con mucho bronce» (10-6-1983). Y el bosque de Macbeth que según Shakespeare echó a andar en pleno día, para Umbral arrancó de noche: «en bosque que avanza hacia Macbeth, lleno de reflejos metálicos de luna (15-7-1983). Tirant lo Blanc fue concebido en Gandía para las letras valencianas, entre 1460 y 1468; pero Umbral cree que se trata de obra y autor catalán (20-12-1983). Pérez de Ayala era un ensayista sin ideas (8-1-1984). Pierre Drieu La Rochelle se llamó, según Umbral, Jean Pierre de la Rochelle (22-12-1983). Mariano de Cavia, cuyo premio de prensa Umbral busca casi con histeria, fue mítico y medioce (V-85). Menéndez Pelayo que vivía en la Academia de la Historia y pulverizó a Krause después de hacer sobre el krausismo un análisis exhaustivo, según Umbral ‘vivía en el Ateneo’ Krause se le escapaba un poco (V-85).

El Análisis

POLÉMICA ORIGINADA EN OTRO PERIÓDICO

JF Lamata

El tema Umbral-Cierva no era exactamente una polémica, era más bien un seguimiento del Sr. Cierva al Sr. Umbral. Es habitual que un medio pequeño siga a uno grande, para que al polemizar incremente su popularidad (y aunque el Sr. Cierva era todo un ex ministro, la columna del escritor de EL PAÍS era bastante más poderosa que la del YA).

El Sr. Cierva, en su primer artículo de seguimiento al Sr. Umbral dice que éste esta metido en peleas de gallos, se refiere a la polémica Umbral-Pedro Rodríguez-Campmany sobre el Gallo de Sócrates en las páginas de ABC. De paso, el Sr. Cierva se refiere al Sr. Umbral como ‘El Depurador’, en referencia a la polémica que mantuvo cuando pidió la depuración del Sr. Aguinaga, que este le replicó también desde ABC. Lo que no queda claro es porque el Sr. Cierva evita citar al ABC, si por elegancia o por no hacer la competencia a un diario rival al suyo.

J. F. Lamata

by BeHappy Co.