16 abril 1952
Una insurrección popular entrega el poder en Bolivia a Víctor Paz Estenssoro y al Movimiento Nacional Revolucionario (MNR)
Hechos
El 16 de abril de 1952 Víctor Paz Estenssoro asumió el poder en Bolivia.
Lecturas
Víctor Paz Estenssoro, líder del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que regresó ayer de su exilio en Buenos Aires, ha asumido la presidencia de Bolivia.
Una semana atrás, el miércoles 9 triunfaba en todo el país la insurrección popular que ha permitido al MNR llegar al poder, al que tenía legítimo derecho por haber triunfado en las elecciones en mayo de 1951.
Desconociendo ese resultado el presidente Mamerto Urrolagoitia entregó entonces el mando a las Fuerzas Armadas, que instituyeron una Junta Militar de gobierno.
En sólo tres días, la insurrección emprendida por el MNR, con participación de obreros y mineros, y el apoyo de efectivos policiales, llegó a imponerse en la capital boliviana, donde fueron apresados los miembros de la Junta Militar.
Hernán Siles, del MNR y el general Antonio Selene, asumieron en el acto la dirección de los asuntos civiles y militares, y aun cuando elementos progubernamentales trataron de reaccionar, se vieron obligados a aceptar la condiciones impuestas, entre ellas la retirada de las tropas a sus cuarteles y el reconocimiento de la autoridad de facto ejercida por Hernán Siles. En cuanto al general Selene, se había refugiado en la embajada de Chile.
Constituido el gobierno el día 14, se decidió aguardar la llegada de Paz Estenssoro antes de iniciar ninguna actividad.
El nuevo presidente, en su primera declaración, reiteró el propósito de nacionalizar las minas de estaño, medida con que el MNR pretende contrarrestar el enorme desnivel socioeconómico entre las clases del país, acabando así con la usurpación de los monopolios.
El Análisis
Bolivia amaneció aquel 16 de abril de 1952 con un vuelco histórico: el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) tomó definitivamente el poder, tras una insurrección popular que desbordó y derrotó a las Fuerzas Armadas. En apenas tres días de combates, obreros mineros armados de dinamita, campesinos movilizados y sectores urbanos afines lograron lo que se había negado en las urnas un año antes: que Víctor Paz Estenssoro, desde el exilio, fuese proclamado presidente de Bolivia. Su lugar lo ocupó de inmediato Hernán Siles Zuazo, compañero de fórmula y pieza clave en la dirección del levantamiento, garantizando la continuidad del liderazgo del MNR hasta el retorno de Paz.
Los ganadores de este proceso fueron, sin duda, las clases populares. El MNR no sólo accedió al poder, sino que se apoyó en los mineros de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y en las milicias obreras y campesinas que se convirtieron en columna vertebral del nuevo régimen. El ejército tradicional, derrotado y deslegitimado, salió como el gran perdedor, desmantelado en gran parte y sustituido por esas milicias populares. La oligarquía minera, hasta entonces dueña del país, perdió su hegemonía política y económica, preludio de la nacionalización de las minas que llegaría poco después.
Entre las figuras clave, además de Siles Zuazo, estuvo Antonio Seleme, jefe militar que, al pasarse al lado del MNR, inclinó la balanza y facilitó la caída de la junta gobernante. Seleme encarnó el quiebre dentro de las propias Fuerzas Armadas, que dejó al régimen incapaz de resistir. Así, el 16 de abril de 1952 no sólo marcó el ascenso de Paz Estenssoro y del MNR, sino también el inicio de una nueva Bolivia: la del voto universal, la reforma agraria y la nacionalización de las minas. Un país donde los viejos poderes quedaron arrinconados y donde los sectores históricamente excluidos empezaron a escribir, por primera vez, la política nacional con su propia voz.
J. F. Lamata