21 octubre 1969
En su discurso respetó la existencia de la comunista República Democrática de Alemania (RDA)
Willy Brandt (SPD) se convierte en el nuevo canciller de Alemania con un gobierno de coalición entre socialdemócratas y liberales
Hechos
El 28 octubre de 1969 Willy Brandt (SPD) fue elegido nuevo canciller de República Federal de Alemania.
Lecturas
Kiesinger era canciller alemán desde 1966.
Se pone fin a 20 años de gobiernos de los cristianodemóratas (CDU) con los liberales (FDP), con Konrad Adenauer, luego con Ludwig Erhard y finalmente con Kurt Georg Kiesinger.
El parlamento de la República Federal de Alemania ha elegido este 21 de octubre de 1969 a Willy Brandt, del Partido Socialdemócrata (SPD) como nuevo canciller. Brandt, ex alcalde de Berlín, es el primer socialdemócrata que accede a la cancillería.
Un acuerdo con el Partido Liberal, sellado el 3 último ha permitido su elección; Brandt fue investido con 251 votos a favor, 235 en contra, 4 votos nulos y 5 abstenciones.
El nuevo canciller formará gobierno de coalición de socialdemócratas y liberales (FDP).
29 Octubre 1969
Nuevo realismo
La declaración del nuevo canciller federal alemán, Willy Brandt, pronunciada, ayer ante el Bundestag, constituye un documento de extraordinario valor político. Representa, en pocas palabras: el plan político que piensa desarrollar durante su etapa gubernamental, el Primer Ministro del más poderoso país de la Europa occidental.
Hoy merece ser destacado inmediatamente el realismo de que está impregnado el documento del canciller. Hasta ahora, los socialistas, hacían el papel más o menos de utópicos. El jefe del más importante partido socialdemócrata del Continente, Brandt, ha demostrado ser extraordinariamente realista. Con su discurso ante el Bundestag, por lo demás, ha confirmado ya la impresión que había dado desde su puesto de Vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores, en el Gobierno del a gran coalición. Pero, el realismo de un socialista corre siempre el peligro de convertirse en inmovilismo, más inmovilismo aún que el de un conservador. Willy Brandt salva ese peligro con amplitud. Su realismo es, precisamente, todo lo contrario del inmovilismo, puesto que trata de dar pasos hacia el reconocimiento de unas verdades políticas sin el cual es difícil, o imposible, el sucesivo desarrollo de una política activa y constructiva. Sin duda, la impresión de que Brandt y su equipo pueden, por lo menos, intentar salir del estancamiento a que había llegado la política de la República Federal, es lo que ha dado a los socialistas alemanes la posibilidad de volver al Poder por primera vez desde la República de Weimar. Los cristiano-demócratas han desempeñado un papel extraordinario, decisivo, vital en el nacimiento, consolidación y desarrollo de Alemania. Pero su programa estaba ya exhausto. De lo cual resultaba una verdadera congelación de palabras, gestos, actitudes y decisiones. Era preciso cambiar de equipo.
Y lo era justamente gracias a la grandeza de la política cristianodemócrata, en cuanto ha sido, como decimos líneas arriba, decisiva en la existencia misma de la República Federal. Esa política, conseguidos sus objetivos, estaba agotada. La señal de ese agotamiento había venido quizá ya con la ligera recesión que se produjo durante la cancillería de Erhard que, sin embargo, como ministro de Hacienda de Adenauer, había sido considerado el padre del milagro alemán. El Gobierno de la gran coalición que siguió al de Erhard ha levantado la situación con lo que se ha llamado segundo milagro alemán.
Y, recuérdese el detalle: el padre de ese segundo milagro ha sido precisamente un socialista, el doctor Schiller. De la misma manera que éste desde su puesto en el Gabinete Kiesinger, había dibujado los trazos de una nueva orientación económica, Brandt, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, planteaba las líneas generales de una nueva política exterior. Llegados a la dirección responsable de los asuntos públicos, los miembros del equipo socialista, con Brandt a la cabeza, se aprestan a aplicar la política que veían señalando al país.
Uno de los aspectos más interesantes de esa temática gubernamental es el relacionado con ‘la otra’ Alemania. Indudablemente para los alemanes, la política ideal sigue siendo, y será siempre sin duda, la reunificación. Pero, como decía Cánovas, todo lo que no es posible, es falso en política. En la política alemana es falsa, por imposible, la idea de que la unidad pueda ser restaurada en un periodo de tiempo políticamente previsible y hábil.
En esas condiciones Willy Brandt viene a proponer una nueva política: la de las dos Alemanias, política que no significa, desde luego, el reconocimiento de la llamada República Democrática Alemana como un Estado ‘extranjero’. Pero sí de la realidad de su existencia como organismo estatal de hecho. Hasta qué punto ese enfrentamiento sea posible de llevar a la práctica, los hechos lo dirán. La Unión Soviética y, desde luego, la Alemania de Pankow, quieren el reconocimiento de ésta como un Estado ‘de jure’. Pero se trata de unos matices que, por muy importantes que sean, pueden ser objeto de negociación. Willy Brandt y su Gabinete están dispuestos a que esa negociación sea iniciada.
Nuevo Gobierno, nueva política, nuevo realismo. He ahí lo que significa la entrada en funciones de la pequeña coalición socialista-liberal a la cabeza de la República Federal. Al general optimismo que ha saludado la llegada de Brandt al Poder seguirá un periodo de expectación y curiosidad. Cierto que ha señalado unos caminos para salir del inmovilismo, salida que ex una exigencia misma del poderío que ha llegado el país, pero no es menos cierto que para andar por esos caminos se necesita que la otra parte no ponga obstáculos insuperables.
El Análisis
El octubre de 1969 abrió un nuevo capítulo en la historia de la República Federal Alemana: la llegada de Willy Brandt a la cancillería. Tras tres años de gran coalición entre la CDU/CSU y el SPD bajo Kurt Georg Kiesinger, el electorado quiso un giro. La CDU había perdido fuerza y arrastraba el desgaste de un canciller marcado por su pasado nacionalsocialista, lo que había alimentado críticas dentro y fuera del país. Brandt, con un perfil internacional sólido y con la imagen de dirigente moderno, supo capitalizar ese cansancio y, apoyado en una inédita alianza con el Partido Liberal (FDP) de Walter Scheel, llevó al SPD al poder por primera vez en la RFA.
El nuevo canciller llegaba con una biografía distinta a la de casi todos sus antecesores: exiliado en Noruega durante el nazismo, opositor al régimen hitleriano, periodista y resistente, Brandt representaba la ruptura con el lastre de quienes habían hecho carrera bajo el Tercer Reich. Como alcalde de Berlín Oeste en los años más duros de la Guerra Fría, había ganado prestigio internacional, especialmente durante la crisis del Muro de Berlín en 1961. Ese perfil le convirtió en una figura respetada en Washington y París, pero también en un líder capaz de tender puentes hacia el Este.
Su proyecto político, que él mismo bautizó como “Más democracia”, buscaba modernizar el país en lo social, lo cultural y lo internacional. Internamente, apostaba por la ampliación del Estado social y por una mayor participación ciudadana. Exteriormente, lanzaba su gran seña de identidad: la Ostpolitik, la política de apertura y reconocimiento hacia la RDA, Polonia y la URSS, un giro pragmático que rompía con la línea dura de la CDU de Adenauer y Kiesinger.
La caída de Kiesinger fue consecuencia de varios factores: su imagen de hombre del pasado, el rechazo de sectores juveniles que reclamaban una RFA más abierta y moderna, y la habilidad del SPD para pactar con los liberales, que abandonaron la coalición con la CDU tras percibir que el verdadero futuro estaba con Brandt. Así, el cambio de gobierno de 1969 no fue solo un relevo político, sino un salto generacional y moral, con el que la RFA buscaba reconciliarse consigo misma y proyectar una nueva identidad en el mundo.
J. F. Lamata