1 diciembre 1966
El sustituto de Ludwin Erhard fue miembro del Partido Nazi
Cambio en la República Federal Alemana: El democristiano Kiesinger es elegido canciller mediante un pacto con los socialdemócratas
Hechos
El 1.12.1966 Kurt Georg Kiesinger tomó posesión como nuevo canciller de la República Federal de Alemania.
Lecturas
PRIMERA ‘GRAN COALICIÓN’ EN ALEMANIA.
La crisis de gobierno en la RFA ha culminado con la primera dimisión de un canciller federal en ejercicio. Los partidos han trabajado sin pausa para hallar una solución a la crisis, y el SPD plantea la posibilidad de gobernar con el FDP.
El 10 de noviembre el CDU propone elegir un nuevo canciller, el primer ministro de Baden-Wurttemberg Kurt Georg Kiesinger, sustituye en el cargo a Erhard, que ha ocupado el cargo desde 1963.
En las siguientes dos semanas se llevan a cabo intensas negociaciones que culminan en una gran coalición entre el CDU y el SPD. Kiesinger ha sido elegido canciller federal el día 1 de diciembre, tan pronto como el presidente federal Heinrich Lubke ha aceptado a dimisión de Erhard.
Por primera vez en la historia de la República Federal Alemana, el canciller se puede apoyar en una ‘gran coalición’, una coalición formada por los dos grandes partidos CDU/CSU a la derecha y SPD a la izquierda.
El mandato de Kiesinger durará hasta octubre de 1969.
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«¡KIESINGER NAZI!»
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El Análisis
El mes de diciembre de 1966 marca un giro en la política de la República Federal Alemana (RFA): tras la dimisión de Ludwig Erhard, símbolo del “milagro económico”, asciende a la cancillería Kurt Georg Kiesinger. Erhard, heredero político de Adenauer, había perdido el rumbo en plena crisis económica y sin capacidad para mantener unido a un gobierno desgastado. Su salida abrió paso a una fórmula inédita en la joven república: una gran coalición entre la CDU/CSU y el SPD, partidos que hasta entonces se habían disputado el poder como adversarios. Por primera vez socialdemócratas y democristianos compartían gabinete, con Willy Brandt como vicecanciller y ministro de Exteriores.
El nuevo gobierno, nacido de la necesidad más que del entusiasmo, prometía estabilidad en un momento de incertidumbre económica y social. Alemania buscaba una voz firme en Europa y en la OTAN, pero también respuestas internas: reformas institucionales, un mayor desarrollo del Estado social y un equilibrio entre modernización y orden. Sin embargo, la figura de Kiesinger llegaba marcada por una carga difícil de ocultar: su pasado como miembro del Partido Nazi, en el que militó desde 1933 y en cuyo aparato propagandístico trabajó durante la guerra.
Ese hecho lo convertía en el exnazi de mayor rango en llegar a la cancillería. No era un caso aislado: la RFA de posguerra había integrado a numerosos cuadros con pasado en el Tercer Reich en posiciones relevantes. Hans Globke, redactor de las leyes raciales de Núremberg, fue durante años el hombre fuerte de Adenauer en la Cancillería; Theodor Oberländer, con historial en las SA y en la ocupación de Polonia, fue ministro de Refugiados hasta 1960; y hasta el propio presidente Theodor Heuss había tenido una relación ambigua con el régimen en los años treinta. El pragmatismo de la reconstrucción llevó a tolerar, cuando no a blanquear, la continuidad de esas biografías, algo que nunca dejó de ser polémico.
Con Kiesinger, esa tensión se hacía carne en la jefatura del gobierno: un canciller que representaba la democracia parlamentaria, pero con un pasado que recordaba las sombras del nazismo. La gran coalición CDU-SPD, pese a sus avances en estabilidad y reforma, estaría inevitablemente marcada por esa contradicción. Alemania seguía avanzando como democracia occidental, pero lo hacía llevando aún a cuestas fantasmas que tardarían en exorcizarse.
J. F. Lamata