6 noviembre 1966

Tanto la Reina de Gran Bretaña, Isabel II, como el primer ministro Harold Wilson, muestran su radical oposición a la decisión unilateral de Smith

Ian Smith proclama la independencia de Zimbabue con el nombre de ‘Rhodesia’ y bajo un sistema racista de ‘apartheid’

Hechos

El 11.11.1965 El primer ministro de Rhodesia proclamó la independencia del país en una declaración radiofónica.

Lecturas

El proceso de negociación de Ian Smith continuó y continuará incluso tras las elecciones de 1978.

El Análisis

Rhodesia: una independencia sin reconocimiento

JF Lamata

El 11 de noviembre pasado, el primer ministro de Rhodesia, Ian Smith, proclamó por radio la independencia de este territorio del sur de África, rompiendo formalmente con el Reino Unido y la Corona británica. No se trató de una independencia negociada ni consensuada, sino de un acto unilateral que desató la indignación del Gobierno de Londres, presidido por Harold Wilson, y que encontró la condena inmediata de la reina Isabel II, a quien Smith todavía juraba lealtad hasta ayer. Pero la ruptura no fue solo con la metrópoli: también ha provocado un rechazo cerrado en la totalidad de los países del África negra, para quienes la independencia de Rhodesia bajo su actual régimen es una prolongación del colonialismo por otros medios.

El núcleo del conflicto radica en la estructura política y social del Estado rodesiano. La minoría blanca, de origen principalmente británico, controla el poder político, la tierra y la economía, mientras la mayoría negra —abrumadoramente mayoritaria— queda excluida de cualquier papel relevante en la administración del país. El sistema es, de hecho, un ‘apartheid’ a la manera sudafricana: leyes de segregación, censos raciales y ausencia total de sufragio universal. Por eso, aunque Smith hable de “libertad” y “soberanía”, la comunidad internacional ve en su proclamación un intento de blindar el dominio de una minoría frente a las demandas de igualdad. Naciones Unidas ha condenado la declaración, los países africanos impulsan sanciones y boicots, y el Reino Unido estudia medidas económicas y diplomáticas para forzar a Smith a retroceder.

Hasta ahora, ningún Estado miembro de la Commonwealth ha reconocido la independencia de Rhodesia, y ni siquiera Sudáfrica, su aliado natural por afinidad racial y modelo político, se atreve a un respaldo oficial explícito, aunque su cooperación económica y política con Smith es un secreto a voces. La mayoría de países, del Este y del Oeste, ven en el caso rodesiano un peligroso precedente: un territorio colonial que rompe con la metrópoli para perpetuar un régimen racial en lugar de abrirse a la autodeterminación de su pueblo. Las sanciones internacionales se acumulan, pero Smith, respaldado por una minoría blanca que teme perderlo todo, parece dispuesto a resistir. El pulso entre Rhodesia y el mundo ha comenzado, y su desenlace marcará no solo el futuro del país, sino el rumbo de toda África austral.

J. F. Lamata