Digno resultado para los comunistas de Guennadi Ziugánov que seguirán siendo la minoría mayoritaria del parlamento ruso

Elecciones Legislativas Rusia 1999 – Yelstin y Putin logran salvar los muebles al tiempo que se derrumba la alternativa de Primakov

HECHOS

El 22.12.1999 se conocieron los resultados de las elecciones legislativas a la Duma

SE HUNDE LA CARRERA POLÍTICA DE PRIMAKOV

Primakov_ Los pobres resultados logrados por ‘Patria Rusia’, la formación política creada por el ex primer ministro Primakov acaban con sus esperanzas de llegar a la presidencia de Rusia. Primakov confiaba que unos buenos resultados en las legislativas le catapultaran para la jefatura del Estado. Su fracaso pone fin a aquella maniobra.

22 - Diciembre - 1999

Algunos datos sobre Putin

Dario Valcárcel

Vladimir Putin, teórico triunfador (no se presentaba) de las elecciones del domingo a la Duma rusa tiene, a sus 47 años, una singular biografía con amplios periodos de sombra. Entró joven en el KGB, a poco de licenciarse en Leningrado. Apenas se tiene noticias de él en quince años, cubierto por los servicios. Putin habla bien alemán. A finales de los años 80 es director de relaciones exteriores del Ayuntamiento de Leningrado, cuando era alcalde Anatoli Sbtchak, un defensor de la perestroika. Pero no entra en el círculo de Yelstin más que en agosto de 1996 de la mano de Anatoli Chubais. En uno de sus golpes de instinto, Yeltsin se deshará un día de Chubais, manteniendo a Putin. ¿Por qué? Porque entretanto el silencioso gestor se ha ocupado del inventario de los bienes del círculo yeltsiniano fuera de Rusia: en total, el equivalente a siete billones de pesetas. El regreso de Putin a la cabeza del FSB (antes KGB) se produce en julio de 1998. Desde la dirección de los servicios tapará el escándalo Mabetex – dos hijas de Yeltsin implicadas en los sobornos – y logrará que se expulse al fiscal general Skuratov. ¿Qué ha impulsado a EEUU a jugar a fondo la carta de Putin? Probablemente su conocimiento del tratado Start-II de reducción de armas nucleares, que la Duma anterior no quiso ratificar. Putin intentará que el tratado sea aceptado por la nueva Cámara Baja, siempre que el Senado norteamericano vuelva sobre su negativa a ratificar el CTBT, contra las pruebas nucleares.

Vladimir Putin, no candidato en estas elecciones, era un personaje desconocido hace tres años, sólo parcialmente conocido hoy, dispuesto quizá a borrar del mapa el recuerdo de Boris Yelstin, un hombre detestado por la mayor parte de los rusos. Putin tratará de enlazar con quienes le han votado: un conglomerado de gentes despolitizadas, dispuestas a respaldar a un partido que no existía hace tres meses, instaladas en regiones remotas, defensoras de una visión elemental de la política, protestatarias, que optaron antes por el voto comunista, el patido más corrompido hoy. Putin sabe que su situación es precaria. La guerra en Chechenia, Yeltsin y sobre todo la descomunial corrupción pueden tragárselo. Aunque cuente con los servicios secretos, una pieza de gran tradición en el mundo soviético.

Dario Valcárcel

21 - Diciembre - 1999

Dividendo checheno

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Las elecciones en Rusia suponen, ante todo, un éxito de la estrategia de Borís Yeltsin y su primer ministro, Vladímir Putin. Aunque el Partido Comunista vuelva a ser, por muy estrecho margen, la formación más votada, la espectacular irrupción del bloque Unidad en el escenario parlamentario, con más de un 23%, y los buenos resultados de la Unión de Fuerzas de Derechas y los menos buenos de Yábloko (los liberales) ponen de hecho fin a la capacidad de los comunistas para controlar el Parlamento, como en parte pasaba hasta ahora. El revés del partido de la Patria Rusia, de Yevgueni Primakov, que se perfilaba hace poco como un firme candidato a suceder a Yeltsin, y que podría haber supuesto un peligro para el futuro del círculo de poderosos en torno al presidente -la Familia-, refuerza aún más el éxito de los cálculos de Yeltsin y su primer ministro-delfín. Unidad, un bloque inventado a la medida del jefe del Gobierno, ni siquiera existía hace tres meses.Primakov y su aliado el alcalde de Moscú, Luzhkov, no han llegado al 13% de los votos, en gran parte por la intensa campaña de propaganda contra ambos por parte de la televisión estatal. Unos cien independientes elegidos de forma directa completarán la Duma o Cámara baja. Muchos de ellos son dirigentes locales o poderosos hombres de negocios -los oligarcas-, y no es previsible que sean en su mayoría muy combativos a la hora de fiscalizar la corrupción o exigir luz y taquígrafos en los negocios del entorno presidencial. Los resultados electorales parecen alejar definitivamente el fantasma de la investigación de las finanzas de la familia Yeltsin y sus allegados.

El nuevo Parlamento será mucho menos hostil al Kremlin que el saliente, pero además será también mucho más benevolente con el primer ministro, que ya se perfila como claro aspirante a suceder a Yeltsin el año próximo. Hace tres meses, el decrépito presidente parecía desahuciado y acosado por informaciones sobre los escándalos financieros de su familia y amigos. Entonces nombró a Putin jefe de Gobierno. Y comenzó la guerra de Chechenia.

La guerra ha sido un insuperable caballo electoral. Ha dominado la campaña y eclipsado cualquier discusión provechosa sobre ideas o soluciones para un país en el tobogán. Los problemas reales de Rusia -su inflación, una producción que no alcanza el 50% de la de una década atrás, sus amplios sectores sociales sumidos en la miseria- han sido completamente ignorados durante la campaña. El Kremlin no ha escatimado medios para mantener a una desinformada opinión pública en permanente agitación bélica y hostilidad antichechena. Los resultados de las urnas demuestran que no podía haber mejor estrategia. De los seis partidos que han logrado acceder al Parlamento, sólo el de los reformistas ilustrados de Yábloko -alrededor del 6% del voto, más o menos el porcentaje de los ultranacionalistas fascistoides de Zhirinovski- se ha manifestado abiertamente en contra de la guerra de exterminio y la ha calificado como lo que es, un asalto masivo contra la población civil, y no la operación antiterrorista que Vladímir Putin, su organizador y principal beneficiario, sigue pretendiendo. La guerra victoriosa está induciendo en los rusos un renovado sentimiento de autoestima, muy añorado después de años de humillación.

Es previsible que los resultados de estas elecciones parlamentarias -las cuartas desde el colapso de la Unión Soviética- consoliden la retórica dura de un nuevo orgullo nacional en las relaciones de Moscú con el exterior, en especial con Estados Unidos y Europa. No en vano, todos los partidos, salvo Yábloko, han recurrido al nacionalismo como catalizador electoral. En cualquier caso, el fortalecido primer ministro Putin debe agradecer la falta de músculo de las potencias occidentales a propósito de Chechenia.

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