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Diputados en el PCE protestan en el parlamento por considerar que los artículos de Almendros son un llamamiento a la intervención del Ejército en política

Inquietud por los artículos del columnista anónimo ‘Almendros’ en EL ALCÁZAR solicitando la intervención de ‘otras instituciones’

HECHOS

  • En el diario EL ALCÁZAR se publicaron tres artículos firmados por el seudónimo ‘Almendros’: El 17 de diciembre de 1980, el 22 de enero de 1980 y el 1 de febrero de 1981, este último tras la dimisión de D. Adolfo Suárez como presidente del Gobierno.

Audio: El General Sáenz de Santamaría habla sobre EL ALCÁZAR:

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El diario EL ALCÁZAR cuya editora, DYRSA, presidía el ex ministro D. José Antonio Girón, había sido el matutino que más recelos despertaba en la profesión (tras el fin de EL IMPARCIAL era el único periódico de ámbito nacional contrario a la Constitución del 78).

Su director, don Antonio Izquierdo, intentaba dejar claro que EL ALCÁZAR no era de extrema derecha, como dijo en una carta al diario EL PAÍS.

No es cuestión ahora de explicarte lo que personalmente entiendo por extrema derecha, pero sí de decirte (…) que el conferenciante nada tiene que ver con la extrema derecha; ni siquiera con la derecha; como tampoco tienen nada que ver con la izquierda o con la extrema izquierda. (…) Los males que aquejan a España (…) sólo podrán resolverse cuando la mayoría política esté compuesta por hombres y mujeres que, desdeñando una y otra posición teórica, antepongan a sus filias o fobias lo que se considere el supremo interés de España. Y esa fuerza será más democrática que aquellas que por vía democrática aspiran exclusivamente a la implantación de la dictadura marxista. (D. Antonio Izquierdo, carta al director de EL PAÍS, 10-12-1978)

Desde su llegada a la dirección en 1977, el Sr. Izquierdo hablaba  en primera persona de “los que aceptamos el sistema democrático”. El diario, aunque no renegaba del franquismo, aseguraba acatar el sistema democrático, aunque criticaba duramente a los periodistas “franquistas-conversos” como el ex director de ARRIBA, don Jaime Campmany, columnista diario en ABC.

La línea de EL ALCÁZAR era visceralmente anti-Suárez, anti-Gobierno y anti-UCD, lo que estaba costando caro pues el Gobierno hizo todo lo posible para disminuir al mínimo la influencia del rotativo, mandó que sus ejemplares no aparecieran por ningún cuartel militar y ordenó a Iberia borrar la suscripción con el periódico. Todo ello fue denunciado por los columnistas del diario, pero el tema que más desataba sus iras era el terrorismo, el periódico acusaba abiertamente de debilidad al Gobierno e insinuaba complicidad de los terroristas con los partidos de izquierda. Un buen ejemplo es el editorial de noviembre del 79, en el que el director se refería al terrorismo y a la orden de secuestro de la edición de EL ACÁZAR por un artículo del falangista don Rafael García Serrano.

Pero no fue el Sr. García Serrano el que más asustó a Gobierno ni a Oposición, sino los editoriales que aparecieron firmados por “Almendros”. La cuestión es que desde esos reportajes se aseguraba la necesidad de que las Fuerzas Armadas tomaran partido para salvar la situación.

La Constitución, tal y como está, no funciona. Hace ingobernable la nación, suministra excesivas ambigüedades (…) ¿Puede el desguazador reconstruir la misma nave que ha desmantelado? En este imperativo lógico se detiene nuestra reflexión. Ahora bien, cuando nadie en el Estado parece poder desarrollar esta función, quizá sea la hora, no de apelar a congresos, partidos, Gobierno, de los que nada decisivo ya puede salir, sino a las restantes instituciones del Estado. (Almendros, EL ALCÁZAR, 22-1-1981)

Sobra decir que “el desguazador” debía ser el duque de Suárez con la ayuda de los otros políticos y la “restante institución del Estado” era la militar. Tras la dimisión del duque, Almendros publica un editorial similar:

Hemos entrado en un tiempo protagónico para las otras Instituciones: el Rey y las Fuerzas Armadas (…) Ha llegado la hora de recordar que el orden de prioridades es: España como patria común e indivisible, las instituciones del Estado y las libertades. (Almendros, EL ALCÁZAR, 1-2-1981)

Antes incluso del 23-F los diputados del PCE protestaron por aquellos artículos de Almendros en el Congreso y pidieron la intervención de la fiscalía. Por un lado resultaba irónico que los comunistas, tan defensores de la libertad de expresión con los periodistas de izquierda pidieran medidas policiales contra los periodistas franquistas como lo era EL ALCÁZAR. Ahora bien, puestos a comparar, resultaba aún más irónico aún la actitud de la Fiscalía y el Tribunal Supremo que, después haber cargado contra el Sr. Cebrián por su crítica a la justicia en EL PAÍS,  no tomaran ninguna medida contra Almendros, que arremetía abiertamente contra la Carta Magna de las leyes del Estado español.

La responsabilidad del director de EL ALCÁZAR en la publicación de aquellos artículos era evidente, pero igual de evidente es que él no compartía el criterio de sus colaboradores, puesto que así lo dejó claro en su editorial firmado al día siguiente de la dimisión del duque de Suárez de la presidencia.

Hecho el tránsito de la dictadura a la democracia, es hora de mantener a las Fuerzas Armadas alejadas de la clase política. La presencia de un general en el Gabinete no beneficiaría en absoluto a las Fuerzas Armadas, hay políticos que desean embarcarlas otra vez. Ya no existe justificación alguna. Se hizo la transición. Es la hora de los políticos. Es la hora, mejor dicho, de que los políticos asuman por entero su responsabilidad. (D. Antonio Izquierdo, EL ALCÁZAR, 30-1-1981).

19 - Diciembre - 1980

El documento 'Almendros'

Emilio Romero

Por primera vez en la Prensa española se ha producido, probablemente, una manifestación militar clectiva respecto a la situaicón. Podría decirse mejor ‘que ha estallado’. Se trata de un texto que analiza la situación política de estos momentos, e informa sobre unos sucesos militares de gran significación, y todo eso firmado con un colectivo que se denomina ‘Almendros’. No quiero averiguar intenciones, pero la flor del almendro es la primera manifestación floral después del invierno. Mi indagación íntima me dice que ‘Almendros’ es un colectivo militar. El texto ha aparecido en EL ALCÁZAR. Es una actitud frente a la situación. Señala entre una información copiosa, y muy resuelta, y muy grave, y al tiempo muy moderada – ajena al panfleto y a la soflama – que la dignidad y el honor militares estarían llamados a entrar institucionalmente en el juego.

¿Qué es esto de entrar constitucionalmente en el juego? No puede ser otra cosa que privar de la identidad de golpe a una acción militar. El artículo octavo de la Constitución dice que las Fuerzas Armadas ‘tienen como misión garnatizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional’. La perplejidad, o las incógnitas, de este artículo están en el modo de oparar o de actuar. Las Fuerzas Armadas tienen una organización jerárquica. De acuerdo con el artículo 97 el Gobierno dirige la Administración civil y militar, y la primera contradicción a esto es que el jefe de Estado, que es el Rey, ejerce el manod supremo de las Fuerzas Armadas, según se establece en el artículo 62, que enumera las atribuciones de la Corona. El ejfe del Estado no puede depender del GObierno en asuntos de la Administración, o de la organización, militares. Esto tuvo que tener otro planteamiento constitucional, puede burlar la Constitución, o hacerse el distraído con ella, en asuntos que se refieren a todo eso que las Fuerzas Armadas tienen que garantizar. ¿Qué pasa entonces? ¿Se callan las Fuerzas Armadas, infringiendo sus deberes? Esta es la cuestión.

El escritor político es nuestro país, aquel que no está en ninguna salsa – que ese es mi aso – tiene la obligación de no hacerse el distraído con ningún problema grave, aunque quemara en las manos. En estos momentos se palpa en la ivda española algo que ya ha trascendido a los grandes periodos del exterior. El proceso constituyente, tal como se está haciendo, ha agotado la esperanza de mucho, y los primeros alarmados son los pol´tiicos. Toda ‘la ofensiva anti Suárez’ y todo eso de los ‘Gobiernos de gestión’ no es otra cosa que el deseo de salir de una situación sin salida. Por eso el documento ‘Almendros’ es especialmente valioso y trasendente.

Emilio Romero

22 - Enero - 1981

LA HORA DE LAS OTRAS INSTITUCIONES

Almendros

A esa realización histórica, que a través de generaciones ha otorgado sentido convergente y convivencial a los sacrificios y esfuerzos, coincidentes o encontrados, de hombres y grupos sociales y territoriales que llamamos España, se le ha sumido hoy en una profunda crisis de identidad. Para determinados políticos de este momento no nos hallamos ante un hecho del que se parte – en contra de lo que pudiere advertirse en la más destacadas páginas de la Historia Universal – sino de un supuesto a partir del cual cabe la apertura de un debate muy extendido, y que configure tal vez una meta a lograr algún día en un postrer esfuerzo del consenso, en lugar de aceptaría sencillamente como Patria común y matriz de los españoles.

Y esta España de hoy, como nación y como Estado, se adentra cada vez más en una crisis radical, cuyas características resultan ya históricas por la gravedad y el sentido inverso del conjunto de su historia. Sorprendidos quizá por el ritmo de los acontecimientos y perplejos por la confusión de apariencias y realidades, sólo ahora se empieza a traslucir la tensión subyaciente en el quietismo, esa suerte de fatalismo de la sociedad española, al margen de que en la clase política siga sin detectarse, ni menos aún se intente modificar el tratamiento de un tal estado de cosas. De proseguir el actual curso de los acontecimientos en los meses inmediatos se habrán consumado situaciones en el curso del proceso autonímico con alta potencialidad disgregadora por lo que constituyen de institución, fuerza, cultura y privilegio insolidario. Y, pero aún, enmarcado todo ello por una coyuntura de depresión económica, de inensidad ddesconcoida en los últimos lustros, de profundo e inquietante desconcierto moral. La salida necesaria de este fracasado ensayo democrático a partir de estas bases se veía probablemente forzado a transcurrir en medio de dolorosas tensiones, o por las amargas horcas del brutal enfretnamiento entre españoles con sus secuelas, ya clásicas por conocidas, de precedentes, rencores y desilusiones a la hora de reconstruir de nuevo un sistema realista que posibilite una convivencia plural, eficaz y digna. Es decir, mientras se endurece la gravedad de los acontecimientos, se reduce en consecuencia la capacdida para resolverlos. Lo acaba de corroborar el político catalán Josep Tarradellas desde su perspectiva de la experiencia. ‘Me asusta un poco este quietismo, este fatalismo español, que reconoce una vez más: hay que hacer algo’ (DIARIO16, 14.1.81)

Nos encontramos en el punto crítico

Ante una semejante perspectica cuyos tonos dramáticos se insinúan a diario en detalles que parecen nimios, no deja de sorprender que la mayor dificultad de este momento, lejos de ser la puesta en marcha del proceso de corrección, lo constituya la insuficiente conciencia por parte de algunos sectores civiles de que nos encontramos ya en el punto crítico. La opinión de que mal andan las cosas está ciertamente generalizada, si bien de manera difusa. Se da el pesimismo y la alarma, pero a su vez un bloqueo de la voluntad, por prejuicios y falta de vitor para ingyectar la esperanza en torno a la posibilidad de una solución por otra parte necesaria. A veces, como si de una pesadilla tragicómica se tratare, desearíamos despertar repentinamente, y al advertir recompuesto lo deshacuado, sentirnos liberados del a frustración democrática que nos acongoja. Y, eludiendo el desafío, evitar o asumir el riesgo o el sentimiento de cobardía moral consiguiente (….)

El ensayo democrático ha fracasado

A fin de clarificar las situaciones y serenar los juicios, es preciso evitar la coartada dialéctica de centrar el problema en estar a favor o en contra de los sistemas democráticos. Aquí y ahora, noblemente, se ha de afrontar el imperativo de la realidad: es decir, el fracaso definitivo de este ensayo llevado a cabo con ilusión y esperanza, pero al mismo tiempo con exceso de improvisaciones, arpiorismos, reflejos regresivos y sin sentido del Estado, ni menos aún del liderazg. La Constitución, tal y como está, no funciona. Hace ingobernable la nación, suministra excesivas ambigüedades, se convierte en un arca de subterfugios legales para ser utilizados según las razones coyunturales y los pactos – a la larga fraticidas – de cada momento de apuro. Que urge su reforma ya lo expresan en privado y algunos en público, los principales líderes políticos. Amplios sectores de la opinión dejan traslucir sus decepciones, cuando no su defintiivo divorcio de las instituciones políticas. Lo que, sin ningún género de dudas se viene verificando a lo largo de los último sprocesos electorales posteriores a la consulta en referéndum nacional sobre la Ley de la Reforma Política. Fue aquella convocatoria la que mayor entusiasmo suscitó entre los españoles. Y, precisamente n aquella oportunidad – lo que no deja de ser sintomático – se pronunciaron en contra los políticos que presumen de su mayor pedigree democrático. Por el contrario, en los más recientes referéndums y elecciones de origen autonómico, sólo el triunfalismo oficial habitaul pudo oculta la gravedad – en el caso gallego extrema- de los resultados por lo que tienen expresión de voluntad popular.

Resulta tan innegable el divorcio entre ciudadanos y políticos, que de ello se deduce que éstos buscan desesperadamente las disculpas, como las del ministro antes citado tratando de arroparse en la deficiencia de los liderados: ‘Estamos (…).

Almendros

30 - Enero - 1981

UCD busca un General

Antonio Izquierdo

Hecho el tránsito de la dictadura a la democracia, es hora de mantener a las Fuerzas Armadas alejadas de la clave política.

El presidente del Gobierno ha dimitido. Y aunque de su mensaje no puede deducirse la causa última de esa grave decisión, en sus palabras existe una declaración de parte que a mi ver (…)

Desde que se hizo pública la información de que Adolfo Suárez había quedado fuera de combate, tras la suspensión sine die del Congreso de UCD se han barajado diversos nombres para la sustitución, entre ellos el de los señores Calvo Sotelo, López de Letona… ¿Y Landelino Lavilla? Hace tiempo que en estas páginas se advertía al llamado grupo azul de UCD – ¡Que también es humor! – de lo que se les venía encima: habían sido utilizados para el desmantelamiento del Régimen de Franco y para la puesta en marcha del sistema democrático. Fueron colchón amortiguador. Ya no interesan.

Desde mi punto de vista de observador político, creo que la verdadera crisis o mejor dicho que la clave para la resolución de la crisis o mejor dicho que la clave para la resolución de la crisis no está en la figura del presidente, sino, en la del vicepresidente para Asuntos de Defensa. ¿Estará algún general dispuesto a pasar a la reserva para sustituir a don Manuel Gutiérrez Mellado? Esta es, a mi juicio, la clave. Tengo mi opinión al respecto. Hecho el tránsito de la dictadura a la democracia, es hora de mantener a las Fuerzas Armadas alejadas de la clave política. La presencia de un general en el Gabinete – aunque ese general sea, en razón constitucional, un general ‘dimisionario – no beneficiaría en absoluto a las Fuerzas Armada. Hay políticos que desean embarcarlas otra vez, que buscan apresuradamente un general. Pero ya no existe justificación alguna. Se hizo la transición. Es la hora de los políticos. Es la hora, mejor dicho, que que los políticos asuman por entero su responsabilidad.

Antonio Izquierdo

04 - Febrero - 1981

'Almendros' que no florecerán

DIARIO16 (Director: Pedro J. Ramírez)

Un sospechoso seudónimo, ‘Almendros’, está incitando a las Fuerzas Armadas desde el diario EL ALCÁZAR para que se intervengan en el curso político. En el tercero de sus artículos, publicado el domingo pasado, día 1, llega todavía a más: pide que actúe el Rey.
Su técnica es simple y engañosa: no acaba en una conclusión a partir de hechos observados por todos, sino en una conclusión previamente establecida gracias a unos hechos caprichosamente seleccionados. Así, la actual crisis no es un episodio más en la vida de una nación, por muy grave que parezca, sino el fondo de una decadencia que justifica intervenciones extraordinarias.

‘Almendros’ atribuye a la Corona y al Ejército funciones distintas de las que prevé nuestro ordenamiento constitucional. Intenta comprometer gravemente a la institución monárquica en una borrosa operación y sitúa a las Fuerzas Armadas por encima del poder político.

Lo que hace ‘Almendros’ es incitar a la quiebra del normal curso democrático. Y lo hace desde un periódico, bien a las claras, ante los ojos del propio Govierno, que se queda tan frío, como si oyera llover.

En algunos medios militares se han escuchado últimamente ciertas ‘claves’ que bien podrían tener relación con la actividad del seudónimo. Se ha oído, por ejemplo, que ‘los almendros florecen en primavera’.

Nosotros, que confiamos y deseamos, como la mayoría de los españoles, que las instituciones cumplan con los exactos objetivos que tienen encomendados, estamos seguros de que esos ‘Almendros’ de EL ALCÁZAR no florecerán. Su burda maniobra, tantas veces propuesta en la etapa de transición, tiene que quedar descuartizada por los mecanismos de autodefensa de la democracia.

El Análisis

¿QUIÉN ERA ALMENDROS?

JF Lamata

Los tres artículos de Almendros se podrían resumir en ‘todo funciona fatal en España’, ‘todo se ha hecho mal’ y ‘hacen falta que se vayan los que están y vengan nuevos’ . ¿Era Almendros un nostálgico del franquismo? Seguramente. ¿Simpatizaría con la idea del Ejército en el poder? Tal vez. ¿Era un cómplice del 23-F? No parece haber suficiente material como para agarrarse a eso.

Lo más extraño en torno a Almendros fue la obsesión que tuvieron muchos periodistas en asegurar que Almendros era ‘un colectivo’. El propio director de EL ALCÁZAR, D. Antonio Izquierdo, aseguró en un debate en TVE sobre el 23-F que Almendros era una única persona con ‘carné’ de identidad, información confirmada también por otros periodistas del citado diario consultados por La Hemeroteca del Buitre como D. Antonio Gibello o D. Juan Blanco. Sin embargo los investigadores de ‘la trama civil’ del 23-F se centraron en Almendros para buscar a las conspiradores y los apodaron ‘colectivo Almendros’. El famoso libro ‘Todos al Suelo’ era, en gran parte, una especulación sobre quiénes podían ser el colectivo Almendros, aunque al final resultara que era un coronel retirado del ejército en solitario.

Pero si se trata de mirar llamamientos al golpe de Estado desde las páginas de EL ALCÁZAR, quizá fue más destacado el artículo ‘Situación Límite’ del ex vicepresidente del Gobierno, General De Santiago.

J. F. Lamata

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