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El finaciero catalán es visto como un aliado económico de EL MUNDO

El periodista Jesús Cacho publica en EL MUNDO un artículo de elogio al financiero catalán Javier de la Rosa (KIO)

HECHOS

El 29.12.1989 D. Jesús Cacho publicó en EL MUNDO un artículo de elogio al financiero D. Javier de la Rosa.

El 29.12.1989 D. Jesús Cacho publicó en EL MUNDO un artículo de elogio al financiero D. Javier de la Rosa, al que le unía una amistad como reconocería el propio Sr. Cacho en un artículo durante la polémica mediática con EL PAÍS en 1992.

29 - Diciembre - 1989

LA ROSA DE DON JAVIER FLORECE EN DICIEMBRE

Jesús Cacho

Un financiero que ha abandonando el tiburoneo y los precios del «hot money», para ingresar en la corta nómina de los pilares de la sociedad civil, sacudiéndose el padrinazgo del Poder político, vencidos los temores hacia los poderes fácticos de la prensa, cierta prensa, y su magnate [Jesús Polanco]. Es la oportunidad de un hombre que debe y puede crear riqueza y proponer, nadie mejor situado que él, la gran multinacional española.

De los jesuitas de Caspe le queda a Javier de la Rosa su horror por los platos de verdura, sea humilde repollo o exquisita lombarda, como aquella que le preparó la mujer de Antonio Navalón en la noche, hace ahora exactamente un año, en que el catalán se reunió en secreto con un Mario Conde acosado para fumar la pipa de la paz. De los jesuitas de Caspe y del Opus Dei le ha quedado a Javier de la Rosa ese acentuado sentimiento religioso de la vida, que comienza por su aversión a jurar el nombre de Dios en vano o permitir que se jure en su presencia. Sin llegar a la frontera del meapilas, es Javier hombre de invariable misa dominical y marido cariñoso, respetuoso, solícito y obsequioso, pendiente al último detalle de mujer y retoños. Porque, al contrario que otros millonarios venidos a menos, la familia es el verdadero baluarte de este «tycoon» catalán, y lo es más por sentimiento que por ideología, más por corazón que por tripas. Del clericato le ha quedado también a Javier de la Rosa su altruismo y afición por la caridad. Pero Javier es un caso atípico de filántropo, porque no sólo hace caridad con los pobres, sino también con los ricos. Y siempre, eso sí, con discreción, que no sepa la izquierda lo que hace la derecha, como en la parábola bíblica. A los pobres, Javier suele soltarles la pasta gansa a finales de año, en tomo a la Navidad. A veces con resultados calamitosos, como cuando contribuía al sostén de aquella casa de la Obra, en Barcelona, en la que se educaban futuros periodistas, y de la que salió un día uno que le puso a caldo en una conocida publicación vinculada a la cosa. Con los ricos, la caridad de Javier rinde más frutos. Javier ha aprendido que en este país de calima mediterránea es preciso calentar algunas faltriqueras, engrasar algún que otro gozne que ayude a abrir las puertas del deseo. Y Javier no tiene problema para hacer caridad con Los Albertos en el tema los terrenos de la Plaza de Castilla, o con el mismo Sarasola, o con gente aún de mayor postín. Y ¿dónde aprendió Javier de la Rosa ese sexto sentido para los negocios, para las grandes operaciones financieras? Sin duda también del curato, a Dios rogando y con el mazo dando, que este amable catalán, «suponer» del Real Club Deportivo Español y del Real Madrid (en secreto), sometido cada dos por tres a estrictos regímenes de adelgazamiento por culpa de su tendencia a la obesidad, es uno de esos especímenes financieros que suelen crecer en la América rica del dólar, casi nunca, desgraciadamente, por estos pagos. El sí, él ha revolucionado el panorama empresarial y financiero de este país, y en dos años ha hecho más cosas que toda la clase empresarial de los últimos cuarenta. ¿Quién no recuerda el grito despavorido de buena parte de la clase empresarial española a partir de 1987? ¡Que está detrás De la Rosa…!, sonaba la alarma en cuanto alguien olía algo raro. Javier es para algún que otro empresario español como el Duque de Alba para los niños holandeses: un malvado salteador de sillones, sillones, por cierto, heredados por gracia divina, o al menos eso se creían ellos hasta que asomó su rostro mofletudo este catalán dispuesto a revolucionar el status quo. ¡Todos contra el «moro»!, se dijeron en la estepa castellana a la altura del verano de 1987, ¡tendrá que pasar por encima de nuestro despacho! Del clero aprendió De la Rosa su particular estrategia para el golpe financiero. Como aquella coplilla del XVIII: «El guerrero prudente y recatado jamás de pronto embiste a su enemigo Le observa, avanza en la apariencia y cede Hasta que le da el punto que es vencido». También «el hombre de la manguera» avanza, templado y circunspecto, para descargar de pronto todo el potencial de sus millones kuwaitíes o de los suyos propios, en cifras que dejan helado al personal, la fuerza del dinero en su estado más prepotente y duro. Sólo su 18% en el grupo Torras vale hoy, a precios de OPA, sus buenos 32.000 millones de pesetas. Y eso es seguramente un entremés. Del cabildo le queda también a Javier de la Rosa cierto temor reverencial hacia el poder. El poder político, sobre todo. Maltratado antaño por la prensa, a cuenta del affaire Garriga Nogués, ahora respetado, De la Rosa sigue mirando con sumo respeto desde su suite de Villamagna, tan cerca y tan lejos de Banesto, al Madrid que destesta, le exaspera y pone sus nervios a flor de piel… Y no mira propiamente a ese Madrid ruidoso de la abogacía, el favor, la corruptela, el rumor envenenado, del dime y direte, que si Mariano no te puede ver, que si los Albertos han dicho, que si Mario anda enredando, no, él mira a la colina de La Moncloa, ¿qué piensa La Moncloa?, el corazón en un puño, que en La Zarzuela es bien visto y recibido, pero ¿y La Moncloa? Afortunadamente para eso está el amigo Sarasola, el gran descubrimiento del gran disgusto que fue Cartera Central y los Albertos, para llevar y traer el correo. Porque uno de los puntos débiles de este heterodoxo de las finanzas que en Wall Street tendría seguramente estatua a su nombre, es que circula por libre por el proceloso mundo de la banca y los negocios, cual perro sin collar, ni Opus, ni beautiful, ni PSOE, ni nada de nada.

El es sencillamente un catalán cuya referencia política es Madrid, como a la postre lo fueron tantos otros catalanes ilustres. A él esa libertad le cuesta sus buenos duros, que cuando uno en el mar de la vida no cuenta con un punto de amarre concreto tiene que estar pendiente de muchas sisgas para seguir a flote. Pero a flote se mantiene el más rico de nuestros nuevos millonarios y el más humano de de nuestros ricos, una humanidad que, le hace a veces parecer desvalido y tímido, tan cercano, en suma, al resto de los mortales. Ahora Javier anuncia su gran golpe. Y eran muchos los que pesaban que De la Rosa Martí estaba condenado de por vida a ser el hombre de KIO en España. Simplemente, un «outsider» con mucho dinero, sí, pero sin proyecto personal e industrial, vital, concreto, un financiero avezado, acostumbrado a pegar sustos en Bolsa y a menudo liado en la retama de extraños regates en que veces se sumerge por culpa de su aparente doble personalidad. Craso error. Su tiempo ha llegado. Sacar a Torras, con la ayuda de KIO, del circuito bursátil es una operación audaz, y no sólo por el hecho de convertirla en la mayor empresa privada de este país, con varias lecturas. Una de ellas es que convertirá a Torras, el primer holding privado español, en una sociedad entera o básicamente española. Es la nacionalización de Torras a medio plazo. Y ello de la mano de un segundo movimiento de gran envergadura que puede hacer de Javier de la Rosa, sin las muletillas de KIO, en el gran empresario industrial de este país, por encima de otros personajes con campanillas. Es el salto adelante de un financiero que quiere alcanzar con esta operación su verdadera mayoría de edad y condición, abandonando el tiburoneo y los precios del «hot money», para ingresar en la corta nómina de los pilares de la sociedad civil, sacudiéndose el padrinazgo del Poder político, vencidos los temores hacia los poderes fácticos de la prensa, cierta prensa, y su magnate. Es la oportunidad de un hombre que debe y puede crear riqueza y proponer, nadie mejor situado que él, la gran multinacional española. Ahora o nunca. Es la hora de Javier de la Rosa.

Jesús Cacho

El Análisis

Los intereses mediáticos de De la Rosa

JF Lamata

D. Jesús Cacho había roto con EL PAÍS en 1988 acusado de ser una especie de ‘ficha’ del representante kuwaití Sr. De la Rosa en el diario de PRISA. Ahora el mismo periodista reaparecía en EL MUNDO y escribía un artículo, precisamente para elogiar al Sr. De la Rosa, verificando el rumor y criticando a su antiguo jefe, el Sr. Polanco. Eso incrementó el rumor de que el Sr. De la Rosa tenía intereses en EL MUNDO-Unidad Editorila, aunque a efectos prácticos no se demostrara nada, más allá de la presencia del Sr. Cacho y de que EL MUNDO le dejara publicar Tribunas durante la primera Guerra del Golfo.

Dónde sí estarían más claros los intereses del Sr. De la Rosa sería en el Grupo Zeta de D. Antonio Asensio, donde el financiero llegaría a tener capital de la compañía y, después, del canal privado TELECINCO, donde el financiero catalán llegaría a colocar a una ficha suya como Vicepresidente del canal.

J. F. Lamata

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