Muere Antonio Bruned Mompeón, ninguneado por EL HERALDO DE ARAGÓN, periódico que él mismo dirigiera durante 48 años

HECHOS

El 13.02.2001 la prensa informó del fallecimiento de D. Antonio Bruned Mompeón.

15 - Febrero - 2001

Una vida unida a un periódico

Javier Ortega

Toda su vida estuvo ligada al periódico Heraldo de Aragón, del que fue hasta hace cuatro meses director y copropietario. Era casi un niño cuando ya andaba entre linotipias y mesas de redacción y comenzó a leer la colección del periódico que habían fundado sus antepasados. Cogió el testigo familiar y estuvo casi medio siglo al frente del diario.

Antonio Bruned Mompeón ha fallecido a los 71 años, cuando parecía estar recuperándose de una reciente operación quirúrgica. Viudo, deja cuatro hijas, alguna de ellas también unida a la profesión periodística.

Cursó estudios de Periodismo y Derecho y su biografía estuvo pronto vinculada al Heraldo de Aragón, como nieto que era de Antonio Mompeón Motos, quien había modernizado el centenario periódico.

Entró como redactor en 1951, pasó por todas las secciones y, un año después, fue nombrado director. Tenía sólo 21 años, por lo que se convirtió en el director de periódico más joven de España y era el decano de dicha categoría profesional cuando cesó.

En una ocasión confesó: «Dediqué prácticamente mi juventud al periódico, la entrega fue total, en aquella época había que funcionar así, pues era cuestión de supervivencia». El esfuerzo tuvo pronto su recompensa, ya que en apenas 10 años duplicó la tirada.

Se sentía orgulloso de haber mantenido el diario como independiente, «al margen de presiones externas, económicas o de cualquier tipo de poder fáctico; con un constante equilibrio, de moderación y de defensa de la ética». Esto incluso en los años difíciles de la época franquista, lo que le acarreó no pocos problemas con la censura, pues llegó a ser uno de los directores más expedientados, aunque nunca presumió de ello.

Uno de los últimos actos públicos a los que asistió como director del Heraldo de Aragón fue, precisamente, el homenaje celebrado en Andoain el pasado mes de mayo en recuerdo de José Luis López de Lacalle, colaborador de EL MUNDO asesinado por ETA. Antonio Bruned compartió aquel momento con los directores de los principales periódicos de España.

Permaneció en el cargo durante 48 años, hasta que hace cuatro meses dejó la dirección y la copropiedad del diario. Le sustituyó Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Zaragoza.

Bruned Mompeón fue nombrado en 1965 consejero delegado de la empresa editora del Heraldo de Aragón. A su tarea periodística se sumó la institucional y empresarial. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Zaragoza, vocal del Patronato de la Universidad de Zaragoza, consejero de la Institución Fernando el Católico y miembro del Instituto Internacional de Prensa.

Ocupó puestos de consejero en la Asociación de Editores de Diarios Españoles, la agencia LID y el Consorcio de Diarios Españoles; fue, asimismo, presidente de la agencia Colpisa entre 1988 y 1990.

Su dedicación y preocupación por los temas de Aragón, especialmente el agua y el regreso de los emigrantes, le proporcionaron diversas distinciones: la Medalla de Comendador de la Orden del Mérito Agrícola, la encomienda de la Orden del Mérito Civil y la Cruz al Mérito Militar.

En 1995, con motivo de cumplirse el centenario de Heraldo de Aragón, se sucedieron los reconocimientos para el diario y su director: la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza, el Premio de la Asociación de la Prensa de Aragón, la Medalla de Santa Isabel, de la Diputación de Zaragoza, y el Premio Aragón, máximo galardón que otorga el Gobierno autonómico.

Los cambios acaecidos hace cuatro meses en la propiedad del Heraldo de Aragón le forzaron a abandonar la empresa editora y la dirección del periódico. Atrás quedaban 48 años al frente del diario, que lo fue todo en su vida.

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15 - Julio - 2003

Desafortunado olvido en Aragón

Víctor de la Serna Arenillas

Permitan que por una vez hojeemos una carta manuscrita y no un periódico, aunque un periódico, el Heraldo de Aragón, esté en el centro de la polémica. Se trata de una carta de Josefina Bruned Mompeón al director de EL MUNDO sobre un incidente que no tiene cabida en nuestro espacio de Cartas al director, ya que no se refiere a nada publicado por nosotros, sino por el propio decano de la prensa aragonesa.

Hace unos días, con motivo de la inauguración de sus nuevas rotativas por los Reyes de España, la editora del diario, Pilar de Yarza Mompeón, trazó una historia de la empresa que, escribe nuestra comunicante «no es en absoluto la realidad comprobable». Y es que, según publicaba el rotativo, su editora se refirió a sus abuelos, a sus padres y a su hermano Antonio de Yarza Mompeón, fallecido en 1991, pero para nada a Antonio Bruned Mompeón, también desaparecido, pese a que éste dirigió el diario durante más de 48 años, de 1951 a septiembre de 2000. Y eso le duele a su hermana Josefina.

Es evidente que las diferencias entre las dos ramas de la familia Mompeón, que ha controlado el diario desde los años 30, habían crecido a lo largo del último decenio y que se pasó de la parálisis a la ruptura cuando los Bruned aceptaron al fin vender sus acciones y abandonar la nave; los Yarza argumentaban que sus primos querían vender el periódico al Grupo Correo, y que con ellos seguiría -como así ha sido- en manos aragonesas. Pero al cabo del tiempo, tres años después de la muerte del veterano director, y pese a las heridas familiares tan comunes en tantas empresas periodísticas españolas, probablemente habría sido de justicia, en el día -tan excepcional- de la visita de los Reyes, pronunciar el nombre de Bruned y rendir un justo homenaje a su medio siglo como santo y seña de la veterana nave.

Desde aquí uno no puede más que recordar al Antonio Bruned abierto y dialogante que conoció en los años 70 y 80 dentro de la Asociación de Editores de Diarios Españoles: uno de los pocos directores de periódicos importantes españoles que hicieron bien la transición, siempre delicada, de trabajar bajo la semilibertad tutelada del tardofranquismo a ejercer en un régimen de libertades a partir de 1975 y, sobre todo, de 1978. Su talante liberal le ayudó sin duda a ello. No, no fueron muchos los que lo consiguieron sin arrastrar consigo hábitos represivos o autocensores.

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