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Acuerdo 'in extremis' para evitar la repetición de elecciones tras tres meses de bloqueo en el Parlament

Artur Mas forzado a renunciar a presidir Catalunya: Junts pel Sí y CUP acuerdan que el presidente sea el radical Carles Puigdemont

HECHOS

El 9.01.2010 el Parlament de Catalunya invistió a D. Carles Puigdemunt como nuevo Presidente de la Generalitat de Catalunya.

VanguCUP La prensa catalana había dado por segura ya la repetición de las elecciones cuando el último día D. Artur Mas aceptó tirar la toalla y renunciar a la presidencia de la Generalitat en favor del hasta ese momento alcalde de Girona, D. Carles Puigdemont, que pese a pertenecer a CiU contaba con el favor de la CUP por su radicalismo independentista.

D. Artur Mas, líder de CiU, aceptó dar un ‘paso al costado’ y retirarse al ser vetado por la CUP como Presidente de la Generalitat.

D. Carles Puigdemont, también de CiU, será el nuevo Presidente de la Generalitat, dado que él sí cuenta con el respaldo de la CUP.
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La portavoz de la CUP, Dña. Anna Gabriel (que sustituyó al dimitido D. Antonio Baños), celebró haber mandado ‘a la papelera de la historia’ a D. Artur Mas, para poder seguir la hoja de ruta independentista.

Dña. Inés Arrimadas será la lideresa de la oposición al Sr. Puigdemont al frente del grupo de Ciudadanos.

D. Miquel Iceta (PSC) también negó su apoyo al Sr. Puigdemont.

D. Lluís Rabell de Catalunya Sí que es Pot (Podemos) trata de mantenerse al margen del bloque independentista sin por ello respaldar al bloque constitucionalista.

D. Xavier García Albiol defendió el ‘No’ al Sr. Puigdemont del PP catalán.

10 Enero 2016

La última derrota

Salvador Sostres

Después de romper su partido, de perder la hegemonía en la política catalana y en el soberanismo, Mas ha acabado perdiendo su tesoro más preciado, la presidencia de la Generalitat

Mas ha perdido. Es la última derrota después de haber perdido todo o casi todo lo que en 2002 heredó de Convergència i Unió. En su afán por conservar el poder ha interpretado todos los papeles del teatrillo: y ha fracturado la política catalana, ha puesto a Cataluña al borde del abismo, ha desfigurado el centroderecha favoreciendo el auge de los populismos, y finalmente ha tenido que renunciar a la presidencia, no por el gesto heroico de ningún patriotismo, sino porque todo su entorno le ha hecho ver, teniendo que insistir mucho, que las próximas elecciones las perdería y su paso a la oposición iba a ser más humillante todavía.

La derrota de Artur Mas i Gavarró (Barcelona, 1956) no es la derrota de una persona, sino de un sistema, de una manera de concebir y ejercer la política. También de una idea del orden que Mas ha forzado hasta cargársela regalándole una victoria monumental a la CUP. En la primera reunión que tuvo con Anna Gabriel a principios de octubre, para ver cómo las dos formaciones podían entenderse tras los resultados del 27 de septiembre, la líder antisistema se lo dijo muy claro: «No te vamos a investir porque sino continuareis mandando los mismos». Es una frase fundamental, que explica lo que en estos últimos meses se ha estado debatiendo, negociando, e intentando destruir. No ha sido la independencia sino el sistema. No ha sido la política, sino la trama. No ha sido Cataluña contra España sino los resentidos contra los dueños.

Minoritario

La independencia de Cataluña es un sentimiento minoritario, que ha crecido últimamente pero que no llega a ser compartido, ni siquiera como especulación teórica, por la mitad de los catalanes. Habría que ver, además, si estos independentistas de última hora lo continuarían siendo ante la posibilidad real de la independencia y de tener que asumir todos los riesgos, sacrificios y violencia que comportaría.

Pero el drama del independentismo no es que sea minoritario, o que parta de un planteamiento idealista y demagógico, sino que este sentimiento, más o menos estomacal o elaborado, dependiendo de cada caso, no tiene una articulación política honesta, y los partidos políticos que se llaman independentistas –Convergència, Esquerra y la CUP– usan la independencia como arma estratégica para defender sus intereses partidistas, mucho más determinantes y potentes, como se ha visto desde el 27 de septiembre, que la supuesta liberación nacional de Cataluña.

Infantilismo

Por ello las manifestaciones funcionan y las negociaciones se encallan, por ello la sensación de que son muchos es a veces abrumadora, pero cuando se trata luego de hacer política los partidos–todos– quedan en evidencia y son incapaces de ponerse de acuerdo en asuntos elementales, que cualquier pueblo que va en serio es capaz de resolver sin pestañear.

Entre el infantilismo de unos políticos de muy mala calidad, una argumentación simple cuando no ramplona, unos intelectuales de vergüenza ajena que en todo este tiempo no han sido capaces de inspirar ninguna grandeza; y una agenda partidista legítima, pero decididamente cínica cuando de cara a la galería exaltas a la gente a mantenerse unida, el llamado «proceso» se ha convertido en esta agonía para los independentistas, sin que España tenga que inmutarse.

Retener el poder

La derecha ha usado siempre el sentimiento independentista para retener el poder y para hacer sus negocios. La tensión nacional no resuelta de Cataluña la administró Pujol con maestría, haciéndose en Barcelona el imprescindible para el gran sueño de ser catalanes y ser libres; y presentándose en Madrid como el dique de contención contra el independentismo, para obtener a cambio impunidad para sus negocios y los de su familia. La independencia para la derecha es la justificación amable y heroica de la trama de poder y dinero que subyace y que es el único y verdadero objetivo y razón de ser de su actividad política.

Pujol, siendo probablemente mucho más independentista que Mas, jugó al autogobierno porque calculó –con acierto– que ahí estaban su fuerza, sus votos, su legitimidad y su capacidad de maniobra. Mas, que siempre fue un autonomista de perfil bajo, y que cuando le preguntaban por la independencia decía que era un «concepto anticuado» y que le daba «pereza», interpretó, equivocándose, que tenía que liderar el independentismo para mantenerse en el poder, y que ahí estaban la fuerza y los votos de una sociedad que había cambiado.

«La CUP acaba con Mas y descabeza a la trama convergente

Mas se equivocó, se desangró en favor de Esquerra Republicana, favoreció el crecimiento del submundo antisistema, como siempre que el centro derecha invita a saltarse la Ley y se pone revolucionario; rompió su federación, propició que incluso Unió se rompiera, y puso al PSC al límite de sus contradicciones, forzando también su debacle, en favor de Ciudadanos –en parte– y de Podemos.

Ensoñación romántica

La izquierda usa la independencia como ensoñación romántica, para dotar de contenido su idea de libertad, y como arma arrojadiza contra la derecha, a quien acusa, no sin razón, aunque tal vez exagerando un poco, de corrupta y de cínica, y de usar la estelada para mandar y robar. Pero luego, entre la izquierda y la independencia siempre se decantan por la izquierda, y el independentismo acaba reducido a excusa.

La Esquerra de Carod-Rovira prefirió el tripartito de izquierdas que apoyar a Mas y trabajar la vía «nacional». En el Ayuntamiento de Barcelona, la Esquerra actual se ha sentido perfectamente cómoda pactando con Ada Colau.

«CDC se queda sin líder, sin proyecto y sin la hegemonía en la política catalana»

El no de la CUP a Artur Mas no es por lo tanto un concepto nuevo, ni novedoso, en la política catalana:las izquierdas siempre se acaban entendiendo entre ellas, y aunque el próximo presidente de la Generalitat sea convergente, haber liquidado a Artur Mas es un trofeo considerable, un golpe moral de los resentidos contra la trama, de un inequívoco valor simbólico –la izquierda siempre es simbólica, en su propaganda– y que deja a la derecha catalana descabezada, con un alcalde de provincias como líder, y sin un proyecto de partido claro e identificable.

Presidente de la trama

En su última jugada, Mas se va fiel a su estilo de presidente de la trama: cede, pero a cambio de que los diputados de la CUP dejen su escaño, que dos de ellos se incorporen a la dinámica de Junts pel Sí, y que todos ellos no voten nunca en el mismo sentido de los partidos que se oponen a la independencia. La democracia que tanto le exige a Rajoy, en nombre del derecho a decidir, la vulnera del modo más clamoroso pervirtiendo en los despachos lo que la gente ha votado.

La CUP acaba con Mas. También acaban con ellos mismos, en parte, pero como destruir es lo suyo y tampoco vinieron a construir nada, ellos lo están celebrando, absolutamente encantados.

10 Enero 2016

Al Everest sin sherpa

Marius Carol

Pero¿no habíamos quedado en que la investidura no se podía confundir con una subasta de pescado ? (5 de enero). ¿Y no estaba claro que no se podían salvar los muebles a cualquier precio si en su interior había la carcoma de la exclusión? (7 de enero). Artur Mas se fue a dormir el viernes convencido de que no debía dar un paso al lado (fue muy explícito en su respuesta a Xavi Coral el jueves en TV3 al respecto) y se levantó con la idea contraria. Qué ocurrió en las horas siguientes resulta un misterio. Es como si alguien le hubiera cambiado los zapatos de pie al vestirse. El presidente de la Generalitat rescató ayer de su manual de metáforas la frase para intentar explicarse: “No se puede subir al Everest en alpargatas”. Una alegoría que había pronunciado hace tres años, en el inicio del procés, con la que quería resaltar que el acuerdo alcanzado con la CUP garantiza la estabilidad parlamentaria en los próximos 18 meses de hoja de ruta soberanista. Pero es evidente que el procés pierde su sherpa, y nadie escala los ochomiles del Himalaya sin ellos. Mas era un activo de la aventura independentista. Le daba credibilidad que estuviera delante un político moderado, que habla idiomas, que viste traje y corbata y que sabe improvisar un discurso. El hombre propuesto para sucederle –se enteró ayer mismo del ofrecimiento– es Carles Puigdemont, periodista, alcalde de Girona y presidente de la AMI. Es un valor emergente en CDC, aunque no figuraba entre los barones que aspiraban a suceder a Mas al frente del partido.

La CUP, con 300.000 votos y 10 diputados, dijo desde la noche del 27-S que Mas no sería presidente y ha conseguido su propósito. Los anticapitalistas van a estar marcando la agenda en los próximos meses. El acuerdo puede facilitar indirectamente la investidura de Mariano Rajoy, ante la amenaza que supone el desafío independentista. El proceso no puede ser más kafkiano.

11 Enero 2016

'Pujoldemunt' o 'Masdelomismo'

Federico Jiménez Losantos

A los que no hablan catalán ni en la intimidad les resultará difícil pronunciar el apellido del nuevo presidente de la Particularidad, que no Generalidad. Y es que nada en su discurso xenófobo y ridículo evoca lo general y como todo separatista empezó por excluir de Cataluña a más de la mitad de los catalanes, los no separatistas. Tampoco ayuda a su identificación que aparezca bajo un pelucón que en una vida anterior más aseada pudo pertenecer al actor Flotats; ni que su primera pieza oratoria consistiera en recitar largos párrafos de Mas, salpicados de elogios a su predecesor como candidato de JuntsxSí. Por cierto, que en homenaje a los diputados prestados por la CUP para investir lo que jamás iban a investir debería rebautizarse CUPASI, o sea, Candidatura de Unidad Popular Para Arrejuntar el Sí.

Pero reconozco que «candidato de la CUPASI» es un poco largo; y como el investido por los anticapitalistas catalanes es el ‘vell xicot’ del partido de Pujol, de la corrupción y los recortes, de la pasta y el ‘Tres per Cent’, al ‘Nou Molt Poc Honorable’ podríamos llamarle, aquende el Ebro, ‘Pujoldemunt’. Pocos han elogiado tan fervorosamente al mayor ladrón de Europa Occidental, cuando Pujolya había confesado que llevaba robando desde antes de nacer, porque los primeros robos se los adjudicó a su padre. Y como dice Cercas, con razón, que debemos evitar el penoso espectáculo de los ‘teletubis’ diciendo ‘Chirona’ y ‘Yeida’, a lo que ahora añadirían, qué sé yo, ‘Puchdamón’ o ‘Pusdemún’, vaya el ‘pujol’ por delante y nos entenderemos.

No obstante, Inés Arrimadas ha dado con otro apodo para designar al nuevo ‘patufet’ de la democracia orgánica catalana -orgánica porque su designación clandestina «para corregir lo salido en las urnas», huele que apesta y catalana porque la democracia sigue allí tan orgánica como en el Franquismo y se eligen Honorables a dedo y en LA VANGUARDIA como antaño gobernadores civiles-. Al ‘hereu del hereu’ de Pujol, la jefa de la Oposición catalana y española, democrática y cívica, le llamó ayer Señor ‘Masdelomismo’. Será más fácil de recordar para los que no han conocido la democracia orgánica, ni LA VANGUARDIA azul mahón, ni la sopa juliana del editorial de inserción obligatoria, ni el patriotismo con sede en Suiza.

En fin, Sr. ‘Pujoldemont’ o Sr. ‘Masdelomismo’: que ha sido usted muy malvenido.

16 Enero 2016

La alternativa y la oposición en Cataluña

Inés Arrimadas

El pasado domingo en el Parlament de Cataluña asistimos, in extremis, a la investidura del nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont. El resultado de la votación fue diferente, pero el discurso fue el mismo que el del señor Mas: seguirá con su plan secesionista y no respetará ni las leyes ni las sentencias de los tribunales que no considere legítimos; no gobernará para la mayoría de catalanes que votamos el 27-S por la unión y la igualdad de todos los españoles; no hará autocrítica sobre los errores de gestión de la Generalitat; ni tendrá como prioridad terminar con la lacra de la corrupción, porque en todas sus intervenciones no la mencionó ni una sola vez. En definitiva, Puigdemont es Mas… más de lo mismo.

Ante un Gobierno irresponsable y encabezado por un president que ni se presentó a las elecciones como candidato a presidir la Generalitat es necesaria más que nunca una oposición responsable, sensata y constructiva. En Cataluña llevamos mucho tiempo sin una oposición que ejerza como tal. De hecho, la última oposición del sueño Junqueras ha terminado en la misma lista que Artur Mas y como vicepresidente de su Gobierno. Si el Gobierno renuncia a representar a todos los catalanes, desde Ciudadanos, como líderes de la oposición en Cataluña, debemos esforzarnos por velar por sus intereses: si el presidentrenuncia a negociar con el Gobierno de España, trabajaremos por tender puentes para que las necesidades de los catalanes también se tengan en cuenta; y cuanto más hermetismo se quiera imponer ante la oposición, más generosidad y diálogo debemos impulsar.

En definitiva, cuanta más distancia se recorra en este camino hacia la ilegalidad y la confrontación, más trabajo tendremos para promover de nuevo el diálogo y la negociación legítima con el Gobierno de España y con el resto de los ciudadanos de este país. Y así lo haremos. Lo haremos desde el Parlamento de Cataluña y desde el Congreso de los Diputados con lealtad y responsabilidad y siendo conscientes del momento crucial en el que nos encontramos. Nunca un partido de origen catalán había tenido tantos diputados en el Congreso y había liderado a la vez la oposición en Cataluña como hoy representa Ciudadanos.

El cambio político que podemos conseguir para toda España debería ser visto como una auténtica oportunidad para impulsar las reformas que necesita este país y los catalanes debemos ser también partícipes e impulsores de las mismas como lo hemos sido en otros momentos de nuestra historia. La actitud del Gobierno de Cataluña de los últimos años es, sin embargo, la estrategia más errónea para conseguirlo. Hay acciones que se hacen en nombre de Cataluña pero que perjudican gravemente a los catalanes, no representan a su mayoría social y ponen en peligro la igualdad y la solidaridad entre españoles.

El señor Puigdemont dijo que se dejaría la piel para separar a Cataluña del conjunto de España. Pues bien, en Ciudadanos nos dejaremos la piel para solucionar los problemas de todos los catalanes y devolver el diálogo, el sentido común y la estabilidad a nuestro país sin renunciar a participar de las reformas de España que hagan que los catalanes, junto al conjunto de españoles, recuperemos la esperanza en el futuro. Porque la mejor alternativa para los catalanes es reformar España y no romperla.

Inés Arrimadas

12 Enero 2016

Un israelí por diez palestinos

Jaime González

La prueba del nueve de un Estado de Derecho no es que se cumpla la ley en Cataluña, sino que la justicia empitone a la hermana del Rey para poder presumir de que por fin somos un país de hombres libres e iguales. Todo sea por un tiempo nuevo: anticapitalistas y burgueses catalanes se unen para romper España mientras la cabra hispánica se echa al monte y se sube a lo alto de un risco para comprobar si es verdad que somos una democracia asentada. Dios nos coja confesados si el tribunal exonera a la Infanta Cristina de responder como cooperadora necesaria de dos delitos fiscales: la Constitución será papel mojado, la prueba irrefutable de que la transición democrática fue una engañifa y un camelo. Pero si el Parlamento catalán promueve un golpe institucional lo que urge es un proceso constituyente que garantice la plurinacionalidad del Estado y el derecho a decidir de los pueblos, porque no podemos seguir negando que la ‘realidad catalana’ obliga a abrir en canal la Carta Magna.

Carles Puigdemunt es investido presidente de la Generalitat con el mandato expreso de que la República independiente de Cataluña sea una realidad en dieciocho meses, y las fuerzas progresistas critican al Gobierno por inmovilista. No se arregla el problema – sostienen – aplicando la ley, pero a la hermana del Rey hay que condenarla en todo caso adaptando la ley – si fuera necesario – a la realidad social de un país que está reclamando a gritos justicia.

La CUP dice que la presidenta del Parlamento de Cataluña no puede reunirse con un Rey que tiene una hermana corrupta, pero la CUP se ha metido a pares en la bolsa marsupial de Convergencia, que lleva la corrupción anidada a la cintura. Todo sea por un tiempo nuevo: los antisistema se adhieren a los bajos del sistema y aceptan cambiar ‘un israelí por diez palestinos’ (Artur Mas por una decena de anticapitalistas), expresión convergente que a Anna Gabriel, musa de la CUP, le parece intolerable, pero se la traga por el bien del procés.

España es un gigantesco embudo; por su lado más ancho, las ‘fuerzas progresistas’; el resto, por el lado más estrecho.

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