21 febrero 1965

Asesinado en EEUU Malcolm X, líder de las ‘panteras negras’

Hechos

El 21 de febrero de 1965 fue asesinado a tiros el líder de la organización Panteras Negras, Malcolm X /(Malcolm Little)

Lecturas

Martin Luther King logró el Premio Nobel de la Paz de diciembre de 1964. 

El presidente de la organización negra ‘Pro Unidad África-América’, Malcolm Little, llamado Malcolm X es asesinado a tiros durante un mitin en una bolera cercana a Broadway.

Malcolm X propugnaba la defensa de los derechos de la población negra por medios violentos a diferencia del pacifismo de Luther King.

La policía ha acordonado la vivienda de Elijah Muhammad, líder de los Black Muslims (Musulmanes Negros) a quien los partidarios de Malcolm responsabilizan del crimen. Las diferencias entre Elijah y Malcolm eran conocidas por toda la comunidad negra, sobre todo desde que Malcolm abandonó a los Musulmanes Negros en 1964.

En abril de 1968 morirá asesinato Martín Luther King. 

El Análisis

La bala que mató a Malcolm, pero no su eco

JF Lamata
Hoy, en un salón de Harlem, las balas silenciaron a Malcolm X, el hombre que nunca tuvo miedo de decir lo que otros susurraban. El líder, alguna vez conocido como Malcolm Little, cayó bajo una ráfaga de disparos, y aunque la policía señala a Talmadge Hayer —quien confesó— y a otros dos sospechosos, Butler y Johnson, que lo niegan, el dedo acusador de los seguidores de Malcolm apunta a Elijah Muhammad y sus Musulmanes Negros. Las calles hierven con rumores de traición, de una ruptura que se volvió mortal cuando Malcolm abandonó la Nación del Islam en 1964. Mientras los agentes acordonan la casa de Elijah, una cosa queda clara: este asesinato no es solo un crimen, es un terremoto en una comunidad negra que ya está partida entre la furia y la esperanza.

Malcolm X no era Martin Luther King, y no se cansaba de recordarlo. Donde King predicaba mesas compartidas y no violencia, Malcolm exigía justicia a puño alzado, sin pedir permiso. Eso lo convirtió en el villano favorito de los sureños blancos y en el blanco perfecto para el FBI de J. Edgar Hoover, que lo vigilaba como si fuera el mismísimo diablo. Pero su enemigo no vino de Washington ni de Alabama; al parecer, vino de su propio pasado. Las tensiones con los Musulmanes Negros, tras su salida del grupo, eran un secreto a voces. Malcolm, con su retórica afilada y su evolución hacia un activismo más global, se había convertido en una amenaza para los que preferían el statu quo, incluso dentro de su propia comunidad. Y ahora, con su cuerpo en el suelo, uno se pregunta si esas balas buscaban matar a un hombre o a una idea.

El asesinato de Malcolm X no resuelve nada; al contrario, abre heridas. Los sureños segregacionistas, como el senador Russell o el gobernador Wallace, probablemente brindarán en privado, mientras Hoover seguirá tomando notas desde su despacho. Pero la muerte de Malcolm no apaga su mensaje, ni el de King, ni el de los Panteras Negras que él inspiró. La comunidad negra pierde una voz, pero no su rabia ni su lucha. Mientras la policía busca culpables y los titulares se llenan de conjeturas, el eco de Malcolm resuena: no basta con soñar la igualdad, hay que pelear por ella. América, con su racismo enquistado y sus promesas vacías, sigue siendo el escenario de esta tragedia. Hoy mataron a un hombre, pero su lucha no muere con él. ¿O sí?
JF Lamata