10 diciembre 1964

Martin Luther King es galardonado con el Premio Nobel de la Paz por su lucha en favor de los derechos civiles de los negros en EEUU

Hechos

El 10 de diciembre de 1964 Martin Luther King recibió oficialmente el Premio Nobel de la Paz.

Lecturas

En agosto de 1963 el Dr. King lideró la marcha sobre Whasingtong.

El pastor norteamericano Martin Luther King, máximo dirigente del movimiento en favor de los derechos de los negros de su país recibió este 10 de diciembre de 1964 en Oslo, de manos del rey de Noruega, el premio Nobel de la paz. El galardón reconoce la contribución del doctor King a la lucha por la igualdad de las razas y por el progreso de la justicia.

Al mismo tiempo, y todavía conmovido por el rechazo del filósofo Jean-Paul Sartre al premio de literatura que se le había conferido, el comité Nobel de Estocolmo entregó el 10 de diciembre los galardones restantes.

Malcolm X será asesinado en febrero de 1965.

El Análisis

Un Nobel para King, pero ¿un voto para los negros?

JF Lamata
En Oslo, el reverendo Martin Luther King Jr. recibió el Premio Nobel de la Paz de manos del rey de Noruega, un reconocimiento que huele a justicia, pero también a ironía. El comité Nobel alabó su lucha pacífica por la igualdad racial, esa terquedad de marchar sin violencia mientras los perros policiales muerden y los segregacionistas sureños escupen. King, con su sermón de no violencia, se alza como un faro en un país que aún no sabe si quiere encender la luz. Pero mientras el mundo aplaude, en Washington y en los estados del Sur, el FBI de J. Edgar Hoover sigue fisgoneando en su vida, etiquetándolo como amenaza comunista. ¿Un Nobel para la paz? Sí, pero en América, la paz de King parece más un desafío que una realidad.
No es que falten contrastes para amargar el champán de la celebración. Mientras King recoge su medalla, los negros en Alabama o Mississippi siguen peleando por un derecho al voto que, en teoría, ya tienen. Pueden morir en Vietnam por la bandera estrellada o ganar medallas en las Olimpiadas, pero intentar registrarse para votar es como pedirle peras al olmo. Los censos sureños, con sus trabas y sus trampas, son la prueba de que la ley dice una cosa y la realidad, otra. El presidente Johnson, sureño de cuna, parece atrapado entre la memoria de Kennedy y las zancadillas de sus viejos amigos, como el senador Russell o el gobernador Wallace, que ven en la igualdad un ataque personal. Y luego está Malcolm X, gritando desde otro rincón, con un mensaje más incendiario que hace que el pacifismo de King parezca casi subversivo por comparación.
El Nobel de King es un aplauso global, pero también un recordatorio de lo mucho que falta por hacer. Que Jean-Paul Sartre haya rechazado su Nobel de Literatura este mismo día solo añade un toque de absurdo: el filósofo francés renuncia al honor mientras King lo usa para amplificar su causa. Pero, ¿de qué sirve un premio si los negros siguen sentados en la parte trasera del autobús? El comité Nobel ha hecho su parte; ahora le toca a América decidir si el sueño de King es solo un bonito discurso o un compromiso real. Mientras Johnson titubea y Hoover espía, el Nobel brilla, pero el voto, la universidad y la igualdad siguen siendo un espejismo para millones. King tiene su medalla; ahora, América, ¿cuándo pagas la deuda?
J. F. Lamata