25 agosto 1961
Brasil: Dimite el presidente Jânio da Silva Quadros, toma el poder João Goulart (Jango)
Hechos
El 25 de agosto de 1961 dimitió el presidente de Brasil.
Lecturas
En 1930 fue depuesto el presidente de Brasil y se dio paso a la dictadura de Vargas.
La dictadura de Vargas finalizó con su muerte por suicidio en 1954.
A siete meses escasos de haber asumido el poder, el presidente brasileño Janio Quadros ha presentado la renuncia.
Según ha declarado Quadros, su dimisión se debe a las presiones de fuerzas de la reacción y de intereses extranjeros. Es una alusión directa por una parte, a Carlos Lacerda, el hombre que provocó la caída de Vargas y hoy gobernador del Estado de Guanabara.
Por otra parte, la política internacional de Quadros sólo puede ser vista con recelo por el gobierno de Washington.
El presidente brasileño ha abogado por el reconocimiento de la República Popular China de Mao Zedong en la ONU. La dictadura maoista, a pesar de ser una realidad innegable desde 1949, no está reconocida oficialmente por la ONU, que sigue considerado como gobierno oficial de China al Chiang Kai-Shek («República Nacional China»), situado en Taiwan, gracias al apoyo de Estados Unidos o Japón.
Además Quadros ha restablecido relaciones con los países socialistas, y ha llegado a condecorar al Che con la Orden de la Cruz del Sur.
Sin embargo, la renuncia de Quadros pudo ser muy bien un jugada política que le permitiera recuperar el poder por aclamación popular y emprender una nueva etapa de gobierno dotado de plenos poderes.
Contra este riesgo, reaccionaron inmediatamente las fuerzas armadas bajo la dirección del ministro de Guerra, Odilio Denis, y tomaron el poder.
El sucesor constitucional de Quadros, el vicepresidente Joao Goulart, se encontraba en estos momentos en China. Si los militares recelaban de Quadros, no confiaban más en Goulart, a quien tachaban de comunista.
La movilización popular, sin embargo, se produce. Especialmente en Porto Alegre, donde la encabeza el gobernador Lionel Brizzola. Desde el palacio de gobierno comienza a transmitir Radio Legalidad, convocando a una concentración en defensa del precepto constitucional que establece la entrega del poder al sucesor legal, el vicepresidente Joao Goulart.
Pocos días más tarde, el ejército daba marcha atrás y proclamaba la defensa del orden legal vigente.
Goulart será depuesto por un golpe de Estado militar en 1964.
El Análisis
El 25 de agosto de 1961, Brasil quedó sacudido por la inesperada dimisión de su presidente, Jânio da Silva Quadros, elegido democráticamente apenas siete meses antes con un amplio respaldo popular. Quadros había llegado al poder como un outsider con fama de austero y honesto, presentándose como alternativa al tradicional dominio de los partidos. Su renuncia, que justificó con vagas alusiones a “fuerzas ocultas” que le impedían gobernar, dejó al país en un vacío de poder y generó la sospecha de que su intención era forzar un regreso a la presidencia con mayores poderes, lo cual no ocurrió.
El episodio se entiende mejor a la luz de la historia política reciente de Brasil. Desde 1930, el país osciló entre períodos de autoritarismo y aperturas democráticas: Vargas gobernó primero como dictador hasta 1945 y luego como presidente electo hasta su suicidio en 1954; lo sucedieron gobiernos constitucionales, pero siempre bajo la sombra de los militares, que intervenían cuando percibían riesgo de inestabilidad. En ese contexto, Quadros representaba la esperanza de una política distinta, pero sus excentricidades, su política exterior independiente —acercándose tanto a Estados Unidos como a Cuba y la URSS— y su estilo personalista acabaron aislándolo tanto de la élite como de sus propios apoyos políticos.
Tras su dimisión, según marca la Constitución, debería asumir el vicepresidente João Goulart (Jango), del Partido Laborista Brasileño. Sin embargo, su llegada al poder se enfrenta a la resistencia de sectores militares que lo ven demasiado cercano a la izquierda y al sindicalismo. Brasil, por tanto, se adentra en un nuevo ciclo de tensiones entre democracia y tutela militar, con el riesgo de que la frágil institucionalidad republicana vuelva a quedar en entredicho. La caída de Quadros no solo refleja un fracaso personal: es también síntoma de un sistema político que aún no encuentra estabilidad entre la urna y el cuartel.
J. F. Lamata