20 noviembre 1936

La muerte, en su propia trinchera, se produce en medio del enfrentamiento radical entre comunistas, anarquistas y trotskistas

Confusa muerte del líder anarquista español, Buenaventura Durruti, de un tiro mientras luchaba en la Guerra Civil

Hechos

El 20.11.1936 murió D. Buenaventura Durruti de un disparo en su propia trinchera.

Lecturas

El líder anarquista D. Buenaventura Durruti ha fallecido esta mañana en el hotel Ritz de Madrid, a consecuencia de las heridas recibidas en la defensa de Madrid.

Hijo de un ferroviario socialista, conoció su primer exilio con motivo de la huelga revolucionaria de 1917, permaneciendo en Francia hasta 1920. A su regreso marchó a Barcelona, donde organizó el grupo anarquista ‘Los Solidarios’ junto con los hermanos Ascaso, García Oliver, Jover y otros. Este grupo vinculado a la Federación Anarquista Ibérica, preparó un frustrado intento de asesinato contra el Rey D. Alfonso XIII, participó en el atraco al Banco de España en Gijón, y en el asesinato del cardenal Soldevilla en junio de 1923, lo que motivó que Durruti tuviera que huir a Sudamérica. Allí organizó diversos sindicatos anarquistas. De regreso a España, al proclamarse la II República Durruti reemprendió sus actividades revolucionarias, que le valieron periodos de destierro y cárcel. En 1932 se le detuvo a raíz del levantamiento anarquista en el Alto Llobregat, de nuevo en 1933 y en octubre de 1934 con la revolución de Asturias.

Amnistiado tras el triunfo de del Frente Popular, al estallar la sublevación militar se convirtió en una de las figuras más destacadas de la defensa de Barcelona. Inmediatamente sofocada la sublevación en la ciudad condal, Durruti organizó columnas de milicianos para ir en defensa de Zaragoza. A su paso por Aragón fue extenido el comunismo libertario, con las colectivizaciones que tantas discusiones han desencadenado.

Llamado por García Oliver y Federica Montseny había acudido a la defensa de Madrid, con los 3.000 hombres de su columna, donde se le encomendó la defensa de un sector de Ciudad Universitaria.

Respecto a la forma en que resultó muerto, corren varias versiones, incluso la que accidentalmente se le disparó su pistola ametralladora al salir del coche, aunque otros señalan a miembros del PCE, los principales enemigos del anarquismo dentro del Frente Popular.

LAS DISTINTAS TEORÍAS

La muerte de Durruti ocurrió en oscuras circunstancias que han propiciado la aparición de diversas hipótesis para explicar su deceso. Según la CNT, escuetamente fue una «bala fascista». Las emisoras de radio de la zona nacional les atribuyeron el hecho a los comunistas, quienes a su vez aseguraron que el atentado había sido ocasionado por trotskistas o hasta por los mismos anarquistas debido al enfrentamiento de éste con su propia dirección. Se ha dicho también que fue víctima de unos desertores que él mismo intentaba detener. También se asegura que fue un disparo salido de su propia arma: algunos afirman que se le cayó su «naranjero», mientras que otros aseguran que Durruti sólo portaba una Colt.

El Análisis

Fractura de la Revolución

JF Lamata

La muerte de Buenaventura Durruti en el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid no es solo la pérdida de uno de los líderes más carismáticos del anarquismo español, sino un golpe simbólico a todo un proyecto revolucionario que aspiraba a transformar la guerra contra el fascismo en una revolución social sin precedentes. Obrero, miliciano, sindicalista y exiliado, Durruti encarnó la idea del hombre nuevo libertario, dispuesto a combatir la injusticia con las armas en la mano y a morir sin pedir nada a cambio. Su muerte ha sido atribuida a un disparo en combate, pero las circunstancias siguen siendo oscuras, y las teorías sobre un posible crimen interno no han dejado de multiplicarse. ¿Fue una bala enemiga o un ajuste de cuentas en el frente republicano?

La pregunta no es menor, pues la tensión creciente entre anarquistas y comunistas ya ha cruzado el umbral de la sospecha. Mientras Durruti y sus milicianos venían a Madrid a reforzar la defensa de la capital, sus columnas anarquistas chocaban con la progresiva militarización impuesta por el PCE y los asesores soviéticos, que veían en los anarquistas un obstáculo tan grande como los propios nacionales. La posibilidad de que alguien haya querido silenciar a Durruti no puede tomarse a la ligera en un contexto donde los enemigos internos se perciben ya casi tan peligrosos como los externos, y donde los distintos sectores del Frente Popular parecen más dispuestos a enfrentarse entre sí que a consensuar una estrategia común.

Con Durruti muere más que un combatiente: muere un símbolo de la utopía libertaria en plena guerra, un hombre que creía que se podía derrotar al fascismo sin renunciar a la revolución. Para muchos obreros, campesinos y jóvenes idealistas, su muerte representa la traición de un bando que en teoría luchaba por la libertad, pero que cada vez muestra más signos de sectarismo, represión interna y burocracia autoritaria. A partir de hoy, el mito de Durruti servirá para recordar que no todos en el bando republicano peleaban por lo mismo, y que la guerra civil no es solo una lucha entre dos Españas, sino también una lucha dentro de cada una de ellas.

J. F. Lamata