22 abril 1993

El Coordinador General les quitó de los primeros puestos, para favorecer a dirigentes del PCE

Listas Izquierda Unida 1993: Los afines a Anguita ‘castigaron’ a los renovadores Sartorius, Almeida y Castellano

Hechos

  • El 23.04.1993 D. Nicolás Sartorius, Dña. Cristina Almeida y D. Pablo Castellano,  firmaron ayer una carta en la que renunciaban a repetir como candidatos en las listas de Izquierda Unida por entender que el hecho de la dirección de IU les hubiera colocado por debajo del quinto puesto en la candidatura- suponeía «una desautorización».

Lecturas

Los desplazados de la lista, Dña. Cristina Almeida, D. Nicolás Sartorius y D. Pablo Castellano, dieron una rueda conjunta para comunicar que renunciaban a figurar en la lista de Izquierda Unida si no figuraban en un puesto de elección.

D. Julio Anguita aseguró que la ubicación de puestos había sido de una votación abierta de los militantes de Izquierda Unida, en una votación en la que el PCE, que lidera el Sr. Anguita, cuenta siempre con ventaja por tener más afiliados que la corriente Nueva Izquierda (a la que pertenecen los Sres. Sartorius y Almeida) o el partido PASOC (al que pertenece el Sr. Castellano).

LA LISTA DEFINITIVA ACABÓ CONTANDO CON DIRIGENTES CRÍTICOS A ANGUITA:

Primeros puestos de la lista de IU en las Generales de 1993:

  • 1- D. Julio Anguita (PCE)
  • 2- D. Diego López Garrido (Nueva Izquierda)
  • 3- D. Francisco Frutos (PCE)
  • 4- D. Franco González (PASOC)
  • 5- Dña. Ángeles Maestro (PCE, sector ‘corriente roja’)

GERARDO IGLESIAS CONTRA JULIO ANGUITA

Gerardo_Iglesias El ex coordinador de Izquierda Unida y ex secretario general del PCE, D. Gerardo Iglesias rompió el silencio que había mantenido desde su destrucción política en 1989 para criticar la gestión del Sr. Anguita. Aseguró estar perplejo y defendió a los Sres. Almeida, Sartorius y Castellano como las figuras más apreciadas de Izquierda Unida.

23 Abril 1993

Anguita tiene el deber de arreglarlo

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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LA elaboración de la candidatura por Madrid ha servido para que se reproduzcan los comportamientos que han enfrentado a los dos sectores que conviven -o cohabitan- en Izquierda Unida. Por un lado, la mayoría que encabeza Anguita tratando de imponer a la corriente «Nueva Izquierda» su hegemonía entre las bases de la coalición. Por otro, la resistencia, no exenta de cierta soberbia aristocrática, por parte de los renovadores, a aceptar su carácter minoritario, recurriendo a planteamientos maximalistas -como el órdago de Almeida, Sartorius y Castellano- que dan un escaso margen a la flexibilidad. Todas estas actitudes han estado, además, salpicadas por algo tan dañino para las expectativas electorales de la coalición como las mutuas imputaciones que reflejan los recelos existentes entre los dos sectores. Los representantes de la línea oficial piensan que los renovadores tienen el empeño de pactar con el PSOE. Los críticos ven -injustamente- en Anguita el inmovilismo ideológico que no se adecúa a lo que necesita y desea la izquierda real de la sociedad. No podían haber elegido, unos y otros, peor momento para hacer aflorar de nuevo sus diferencias. La crisis del PSOE está dando a IU unas bazas inmejorables para incrementar sus votos y hacer valer su condición de fuerza verdaderamente progresista. La situación internacional, además, está ofreciendo nuevas oportunidades para movimientos de izquierda en los que se encuadran ex comunistas. El ejemplo más destacado está en Italia, donde el PDS de Achille Ochetto se configura como pieza clave de la renovación política. Ese papel, el de la regeneración pública, es el reto histórico que encara IU. Por eso debe aunar esfuerzos para someterse al veredicto de los ciudadanos con todo su capital político. Hacer un dogma de la opinión de las bases es peligroso. El proceso de selección de los candidatos elegido por IU es, por supuesto, más democrático que el de otros partidos que dan prácticamente todo el poder a los respectivos «aparatos». Pero tampoco se puede decir que los 1.800 votos alcanzados por ejemplo por Anguita, sean la máxima expresión de la voluntad de la izquierda social. Especialmente cuando en las asambleas perviven ciertos tics organizativos del viejo PCE. Una candidatura electoral afecta a mucha más gente que a los militantes. Si de verdad se quiere hacer unas primarias, lo lógico sería conocer también cuál es la opinión de cuantos se puedan considerar simpatizantes o votantes de IU; en ese caso, los Almeida, Castellano o Sartorius habrían tenido mejor suerte. Su tirón electoral es evidente. Y es un patrimonio de la coalición que nadie tiene derecho a dilapidar. Por eso Julio Anguita debe responder al envite que se le plantea. La capacidad de arbitraje del líder de IU, su moderación y sentido de responsabilidad están en juego. Por eso debe dejar a un lado viejos agravios y encontrar una fórmula satisfactoria que beneficie a la coalición y a los ciudadanos que se sienten de izquierdas.

24 Abril 1993

Los rojos

Francisco Umbral

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No tienen derecho los hombres de Izquierda Unida a hacernos esto. Hacernos esto a sus votantes, me refiero. Nos han dejado compuestos y sin voto. Es irónico que el partido con más vocación de masas tenga en cuenta las corrientes, las bases, las luchas intestinas, las personalidades de la casa, y no nos tenga en cuenta a los votantes, que no podemos quedarnos de pronto sin referente. Como alguien ha escrito en estos días, parece que la izquierda tiene una vocación de suicidio, de mártir de la Historia, de autodestrucción. Stalin mata a Trotski. En España, el asunto Carrillo todavía no está claro. En Italia (el mayor partido comunista de Europa), siempre han preferido gobernar desde la oposición, que quizá sea la ubicación ideal de la izquierda. De Francia para qué hablar. Y ahora, aquí, cuando este milagro político que es IU, tan prometedor y tan frágil, va a más y más que nunca, las contiendas personales entre el ortodoxo Anguita y el heterodoxo Sartorius nos dejan en dos días sin partido, o sin unidad, que viene a ser lo mismo. ¿Por qué no piensan un poco en nosotros, insisto, en sus electores? ¿Es que se le puede hacer esto a todo un electorado creciente y difícil? Les importa más su guerra que nuestra esperanza, y pagarán por ello en el futuro, cuando definitivamente no existan. La cabecera Sartorius/Almeida/Castellano era un cartel como para emocionar a cualquiera. Tres nombres con mucho tirón en la calle, con mucho encanto popular, con mucha fuerza. Sartorius o el duque rojo, el candidato de los intelectuales, o sea. Almeida o la alegoría gorda de la liberación femenina, con un aura de guerras y mercados. Castellano o el poeta maldito, el jurisconsulto que predica justicia social por las tabernas, un «hijo del limo», como diría Octavio Paz. ¿Es que se puede prescindir de estos tres monstruos políticos? Por encima de ellos, la Santísima Trinidad, en una sola persona, de Julio Anguita, que no puede estar mejor elegido y que encima, como me dice Pere Gimferrer, es guapo. Hijos del limo que están limpios del estiércol del dinero que tiene emporcados a los demás partidos. ¿Y es que eso se puede arruinar por unas diferencias personales, porque Sartorius y Anguita han tenido unas diferencias? ¿Es que alguna vez se han dado dos políticos clónicos, salvo en el fascismo? Lo primero son la elecciones y luego ya se verá. ¿Por qué no aprenden de Aznar, que no presenta fisuras, o de Felipe González, que las resuelve de golpe? Están alegrando la vida de la competencia, mayormente del PSOE. Lo primero a por los escaños, tíos, los que sean, y luego ya se verá si hay alianzas y con quién: a lo mejor salían tan puestos que podían imponer condiciones. Pero lo han hecho al revés. Insisto, primero ganar las elecciones y luego hablar de alianzas o no. Ya se acabaron los rojos que iban por el monte solos. A mí es que me han creado una crisis de identidad, oyes. No se lo perdono, o sea. No son conscientes de lo que representan en España, de cuántos tránsfugas del PSOE les iban a votar. La soberbia, que es el cáncer del político, les ha comido a todos. El trío glorioso, incluso al final de las listas, habría salido muy bien y dado mucho juego. Hacen mal en retirarse. El ademán no es democrático, pues que la decisión ha sido de las bases y hay que aceptarla. Anguita se ha descartado de tres naipes ilustres, la sota, el caballo lírico y el rey, o cuando menos noble. Sólo cabe exigirles a todos que se recompongan inmediatamente, que se reúnan en un botánico, como Aznar con los suyos, o en una casa de putas, pero que salgan adelante. Yo es que no se lo perdono, ya digo. A mí estos tíos no me dejan compuesta y sin novio.

26 Abril 1993

IU: ruleta rusa

Gabriel Albiac

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NO logro reprimir del todo un cierto malestar ante la lacrimosa retórica desplegado en torno a la dimisión de los tres de IU. Es un malestar que confieso indiferente en cuanto al fondo. Izquierda Unida me es tan ajena cuanto pueda sérmelo la gastronomía zulú. La organización de Anguita, de Almeida o de Sartorius es hoy tan sin remedio anacrónica, tan arqueológica, que uno no puede evitar hacia ella una sonrisa de ternura. De benevolencia, incluso. Es todo. Pero mantener en pie a los cadáveres es sólo degradar lo que queda de su memoria. Y la memoria del comunismo español es estupenda. Con independencia de la desdichada casta de dirigentes que le cupo en suerte. Es la lucha de los militantes del PCE bajo la dictadura, lo único decente de aquellos años de cobardía sin límites, de humillación abyecta y cómplice de la inmensa mayoría de nuestros compatriotas. Sólo los comunistas resistieron -quien pretenda otra cosa es sencillamente un mentiroso- en un país envilecido hasta la médula por el terror. Me importa un comino que su línea política fuera o no correcta, o que sus dirigentes fueran con demasiada frecuencia un atajo de impresentables. Los comunistas han sido la conciencia moral -la única- de este país durante cuarenta años. Izquierda Unida hoy no es ni siquiera la heredera de ese capital de dolor y dignidad acumulado con costes biográficos altísimos. IU es sólo un simulacro. Una caricatura del pasado, hecha de ausencia de la menor idea y de rancia retórica populista. Nadie se engaña. IU tiene ahora su ocasión de ascenso electoral porque todo se conjuga para ello. El asco, esencialmente, hacia un Partido Socialista enfangado en la corrupción más allá de cuanto podíamos prever. Y la desesperación del elector condenado a elegir entre conceder su voto a una de las dos fuerzas políticas operativas -y, en diferentes grados, deplorables- o bien jugar la baza testimonial: dejar caer en la urna un voto en favor del vacío: esto es, de Izquierda Unida. Respeto esa apuesta nihilista. Es honorable. No la comparto. Vacío por vacío, prefiero quedarme en mi biblioteca, el 6 de junio, haciendo algo menos tétrico que votar a gentes a las cuales, sin distinción, desprecio. Intelectual y moralmente. Pero comprendo -repito- la apuesta por IU. Con una condición: que esos candidatos del vacío sobre los que se vehicula el voto de una sociedad desesperada, no estén ya dispuestos a capitalizar ese voto en inmediata transación con los amigos de González. Sartorius o Almeida están en su derecho de desear un gobierno de lo que ellos llaman «izquierda» y que no es en realidad sino variante someramente enjalbegada del PSOE. Están en su derecho. Las listas de IU no debieran ser, sin embargo, el lugar de ese mercadeo. A no ser que IU desee de veras el suicidio. Y, en ese caso sí, Almeida y Sartorius son óptimas bazas.

24 Abril 1993

Listas tontas

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

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LAS BATALLAS internas destinadas a decidir la composición de las listas electorales dan ocasión de comprobar hasta qué punto hay impostura en esa pretensión de falta de apego al cargo que forma parte del autorretrato que los políticos ofrecen a los votantes. Sin embargo, desde el momento en que la actividad política se ha profesionalizado, escandalizarse por esas batallas sería tan hipócrita. como hacerlo porque los futbolistas quieran cobrar por practicar su deporte favorito. E incluso podría hallarse un resto de noble emulación en el hecho de que las peleas no se produzcan sólo por ir en los lugares con posibilidades de salir, sino también por lograr el reconocimiento que los propios interesados atribuyen a su posición en el ranking puramente honorífico de los lugares de relleno. Esta vez la primera bronca se ha producido en Izquierda Unida (IU), pero podría apostarse porque otros partidos vivirán pronto situaciones similares.La renuncia de Sartorius, Almeida y Castellano -tres destacados miembros del sector renovador de IU que se han sentido desautorizados por las bases- a formar parte de las listas por Madrid podría perjudicar seriamente las posibilidades electorales de esa coalición (y no sólo en la capital). Coalición, porque eso es lo que sigue siendo IU, en contra del criterio de tales renovadores, partidarios de disolver en una sola formación a los colectivos que la integran. La resistencia de julio Anguita a aceptar la desaparición del Partido Comunista de España -del que es secretario general y al que pertenecen cuatro de cada cinco miembros de IU- impidió prosperar ese proyecto. Es una opción legítima, pero no muy coherente con la decisión de Anguita de acabar con el sistema de cuotas anteriormente vigente en la coalición para la designación de los candidatos.

La alternativa aplicada ha sido trasladar la de cisión a las bases mediante una votación secreta. Pero eso que al secretario general del PCE le parece el no va más de la democracia puede no ser suficientemente democrático. Los renovadores de Sartorius obtuvieron en la asamblea federal el 40% de los votos, frente al 60% de la mayoría liderada por Anguita. La misma proporción se registró en la federación de Madrid, por lo que hubiera sido razonable reservar de entrada a ese sector minoritario una parte significativa de los siete u ocho puestos con posibilidades de salir según los sondeos. También podía haberse contemplado la posibilidad de colocar en alguna otra circunscripción a dirigentes de indudable proyección nacional sin posibilidades de entrar en la lista de Madrid. Es lo que se acostumbra a hacer en todos los partidos democráticos, porque la democracia es algo más que la aplicación de la regla de la mayoría: implica también garantías de representación para las minorías.

Pero esa incoherencia organizativa refleja otra de signo político. Anguita, que no ha ahorrado reticencias hacia su ex colega italiano Achille Occhetto, ha rechazado reiteradamente que IU sea sólo la etiqueta electoral del partido comunista. Se trataría, por el contrario, de un proyecto político que aspira a recoger en su seno a todas las corrientes progresistas con voluntad transformadora. Pero un proyecto que pretende ser el catalizador de la izquierda, y no sólo su componente comunista, difícilmente podrá prescindir del sector que representan los ahora (implícitamente) desautorizados. Al negarse simultáneamente a la disolución del PCE y a otorgar a la minoría no comunista garantías de representación, da la razón a quienes vieron en IU una simple maniobra de camuflaje electoral.

La decisión de los tres conocidos dirigentes de retirarse de manera irrevocable pero a la vez apoyar a otros candidatos de su corriente renovadora resulta, de otro lado, tan insólita como estimulante, pues con frecuencia se confunde renovación con presencia de los que así se proclaman en puestos de,7mando. Sartorius, Almeida y Castellano han roto ese esquema, predicando con el ejemplo de hacer hueco a otros: la renovación bien entendida comienza por uno mismo.

El Análisis

DISCUTIR CON EL LÍDER NO SALE GRATIS

JF Lamata

‘El que se mueva no sale en la foto’ es la frase atribuida a D. Alfonso Guerra pero que es fácilmente atribuible a la práctica totalidad de grandes partidos políticos. Pero la actitud del Coordinador General de Izquierda Unida, D. Julio Anguita, y sus principales colaboradores (D. Antonio Romero, D. Mariano Santiso o D. Francisco Frutos) era bastante desesperanzadora para quienes creían ver en Izquierda Unida una nueva forma de entender la democracia interna en los partidos políticos. D. Nicolás Sartorius, Dña. Cristina Almeida y D. Pablo Castellano habían osado enfrentarse a D. Julio Anguita en los de Maastricht y también en la III Asamblea de IU, y la reacción inmediata de los partidarios de D. Julio Anguita al votar a los miembros de la lista en los siguientes comicios fue relegarles a las últimas posiciones de las listas, forzando a su retirada temporal de la primera fila política. La cruda naturaleza política.

J. F. Lamata