20 octubre 1956
La 'destalinización' llega a Varsovia
Crisis en Polonia: la Unión Soviética se ve obligada a restituir a Gomulka como dictador comunista de ese país
Hechos
El 20.10.1956 Vlaseslav Gomulka fue nombrado secretario general del Partido Obrero de Unificación Polaca reemplazando a Ochab.
Lecturas
En una reunión extraordinaria del comité central del Partido Obrero de Unificación Polaca (partido comunista, el partido único que sustenta el poder en Polonia), ha sido nuevamente elegido Secretario General y, por tanto, dictador de hecho del país Wladislaw Gomulka, sustituye en el cargo a Edward Ochab, que lo ocupaba desde la muerte de Bierut.
Víctima de la represión estalinista Gomulka había sido expulsado del partido y encarcelado en 1951.
En 1956 dentro del proceso de desestalinización fue rehabilitado plenamente. Gomulka ha elaborado un informe sobre la situación económica, y ha calificado de catastrófica la gestión del último gobierno polaco. Como resultado del nuevo ascenso de Gomulka, los estalinistas que componían el politburó han sido apartados de sus cargos, entre ellos el general Konstantin Rokossovski.
21 Octubre 1956
El Ejército ruso penetra en Polonia para aplastar un movimiento generalizada de independencia
De la fugaz permanencia en Varsovia de los camaradas Kruschef, Molotof, Mikoyan y Kaganovich, se han dado en Inglaterra noticias moderadas. Se diría que el interés de Londres consiste, por ahora, en no alentar el exagerado optimismo de los que esperan una reacción violenta de Polonia contra el yugo soviético. Pero es evidente que la salida a uña de cabalo de lacapital de Polonia en las primeras horas de la madrugada de hoy, del grupo que intentaba presionar al partido comunista de aquella nación contra su naciente titotismo y contra la apología del ‘martir’ Wladyslaw Gomulka, prubea sin duda, que el regreso a Moscú de tan poderosos personajes fue inspirado por una prudencia elemental. Kruschef y su pequeña tropa aprovecharon las sombras de la noche a las seis de la mañana todavía no ha nacido la luz en Varsovia en esta época.
La impresión que ha causado en Moscú la arriesgada aventura que corrieron en menos de 24 horas los emisarios soviéticos, se refleja en el editorial de PRAVDA de hoy. PRAVDA salía esta mañana blanca de ira. Desde que en 1948 se declaraba traidor al presidente Tito y se le expulsaba del Kominform, ninguna nación satelitaria ha sido tan ultrajada.
Kruschef debe ser particularmente odiado en Polonia, donde nadie ignora que participó con entusiasta actividad en los crímenes de Stalin, denunciado por él más tarde, que tantas víctimas polacas consumía y tanta miseria ha extendido por la nación.
J. Miquelarena
El Análisis
La designación de Władysław Gomułka como nuevo secretario general del Partido Obrero Unificado Polaco marca el clímax de un mes convulso en Varsovia y otras ciudades del país. El llamado “Octubre polaco” ha sido el resultado de una profunda presión popular, alimentada por la miseria económica, el descrédito del legado estalinista de Bolesław Bierut y el deseo creciente de los polacos por un socialismo con rostro nacional. Miles salieron a las calles, los intelectuales alzaron la voz, los obreros exigieron reformas… y Moscú contuvo la respiración.
Pero lo ocurrido en Polonia no fue una réplica de la revolución húngara. A diferencia de Imre Nagy —el primer ministro reformista húngaro que quiso abandonar el Pacto de Varsovia y abrir paso al multipartidismo—, Gomułka supo modular sus aspiraciones. Reivindicó autonomía para Polonia, sí, pero reafirmó la lealtad al bloque socialista, al Pacto de Varsovia y al régimen de partido único. Esa doble jugada le salvó: los tanques soviéticos, que ya habían cruzado la frontera, se detuvieron antes de intervenir. Gomułka se convirtió en el primer líder del Este en imponer cierto margen de soberanía a Moscú… aunque el precio fuera decepcionar pronto a quienes soñaban con una apertura genuina.
Para la prensa occidental, que por un breve instante saludó a Gomułka como un símbolo de cambio, su gobierno terminó pareciéndose más al del opresor que al del liberador. ¿Fue por convicción o por temor? La historia no ha dado aún una respuesta clara. Tal vez Gomułka supo que en Polonia, más aún que en Hungría, cualquier desafío real al Kremlin podía pagarse con fuego de artillería. Por eso, su revolución fue de gestos, no de estructuras. Y su Octubre, una revolución… que nunca fue.
J. F. Lamata